Crónica del Primera Persona en La Casa Encendida

PRIMER ASALTO

Me cruzo con Ben Brooks como a eso de las 12 de la mañana cerca de la Casa Encendida. Me imagino que iría de camino para allí. Tiene pinta de chico formal, con su abrigo negro, sus gafas pasta negra y su paso directo. En la presentación aparece ya de otra guisa. Con algo de alcohol en sus venas, sus brazos tatuados al descubierto y dispuesto a realizar su show. Invitó a dos espectadores a beber con él en las pausas de la lectura de un relato, que intercalaba también, con algunos vídeos de youtube de cosas que le molan. La verdad, no me enteré mucho de lo que leyó. Estaba claro que el relato no era lo importante, sino que como repitió varias veces no quería que nadie se aburriese.  Es un chico que tiene ganas de que la gente se divierta con él. Me parece bien. A sus 24 años ya ha escrito siete novelas. No es poca cosa, desde luego. Incluso una de sus novelas tiene la bendición de Nick Cave. Sus libros despilfarran sexo, drogas, alcohol y juventud. No creo que esto tenga que ser la representación de una generación, pero sí el hecho de, como dice en una entrevista: “Si crecer rápido es madurar y convertirte en un ser independiente, capaz de mantenerse a sí mismo y a otros, ‘nosotros’ probablemente crecemos más despacio que ninguna otra generación en la historia”. Escribiendo es directo, sencillo, y a pesar de la apariencia alocada que destilan sus libros, su estilo se parece más a ese paso directo, como con el que caminaba cuando me lo crucé por la mañana. Un chico entrañable, vulnerable, en riesgo constante, que se enfrenta al alcohol, las drogas, el sexo como un salvavidas. Sus libros reflejan su manera de lidiar con eso de tratar de ser adulto fracasando en el intento. Algo así como un experimento en que cada año publica un libro documentándolo casi en tiempo real. Y, aunque ese fracaso no es el que más me divierte personalmente, no se puede negar que es honesto en su intento. Él es así. Hurra a la honestidad frente al cinismo, que no es más que el abrigo sibilino de la fobia.

benbrooks

SEGUNDO ASALTO

¡Renataaaa!!!! Me gusta gritar su nombre, cual fan, aunque ella dijo en una entrevista que no sentía que le pegara su nombre y que le hubiese gustado más llamarse Jane o algo así. A mí me parece que le va perfecto. Renata quiere decir “el vuelto a nacer”, “el nacido por segunda vez”. En una interpretación metafórica es “el que sobrevive”, “el que tiene la fuerza vital duplicada”. Y Renata Adler tiene una doble fascinante vertiente como periodista y como escritora de ficción. Si Ben Brooks desprendía vulnerabilidad por los cuatro costados, Adler es una mujer que con sus casi ochenta años ya desborda ese punto en la vida en que se sienta en el escenario como en el salón de su casa. Yo descubrí sus libros “Speed Boat” y “Pitch Dark” (“Lancha rápida” y “Oscuridad Total”) de forma accidental, cuando pajareaba en la maravillosa librería “192 Books” en el barrio de Chelsea en Nueva York. Me llamaron la atención las portadas de sus libros (la versión americana – NYRB Classics) y simplemente leyendo algunos fragmentos ya me quedé prendada. Estos libros no contienen una historia lineal, son una fiesta de lo más animada. Primero hablas con unos, luego con otros y por el medio te bebes una cerveza y te comes un bizcocho. Vamos saltando de una cosa a otra, pero manteniendo una unidad en el que como dice Aristóteles: “El todo es más que la suma de las partes”. Y eso es lo que consigue Adler. Todos esos fragmentos y saltos configuran una unidad que nos mantiene en un presente constante, interpelándonos a escribir la novela con ella, con cada frase, con cada anécdota. Lo de las expectativas nunca lo ha llevado bien. Como dijo en la entrevista le encanta la figura del “spoiler”, aquel que echa a perder, arruina, descompone la trama de algo. Esa tensión generada por saber cómo algo continúa se le hace insufrible, y cree que por ello es mala contadora de chistes. Eso de tener que esperar para contar el final no es lo suyo. Y me alegra mucho de que no lo sea, porque consigue un cortocircuito que a mí me deja poéticamente alterada. Pero lo que Adler nos contó es que a ella le gustaría escribir esa novela clásica en la que hay una trama en donde ocurren cosas siguiendo el arco narrativo, con su conflicto, su desarrollo y resolución,  y en donde hay una construcción de personajes que provoca que el lector crea en ellos y se preocupe por ellos. Lo que pasa es que Adler quiere conseguir estos mismos efectos, pero de otra manera. Yo diría más bien que a otra velocidad. Leer “Lancha rápida” y veréis. Deleuze y Guattari escriben en algún sitio que no se trata de estar en los márgenes produciendo una alternativa, sino estar en el medio cambiando la velocidad. Y la de Adler va a toda pastilla. Un viaje interestelar. Distancias enormes en cuestión de palabras. Fascinante.

renata

TERCER ASALTO

Llega el último asalto, el más esperado por la mayoría de la gente. De hecho fue en este momento del evento en que la sala llegó a sus topes. Tengo que reconocer que yo sólo lo conocía de oídas. Básicamente que era un pianista de música clásica que había escrito una autobiografía en la que contaba todas sus abusos sexuales que ha sufrido y adicciones de forma escabrosa. La verdad es que me esperaba morbo y nada más. Pero tengo que decir que James Rodhes tiene carisma, y que entre canción y canción, que nos deleitó tocando al piano, le hicieron una entrevista en la que dijo cosas que dieron buen rollo y ganas  de escribir un libro, de aprender a tocar el piano, de aprovechar el tiempo con lo que a uno verdaderamente le gusta y disfruta cuando el sol aún no ha salido. Es lo que yo llamo presenciar algo performativo, vamos, que sales con ganas de hacer. Me encantó el momento en que, anunciando una de las piezas que iba a tocar, de la que ahora no me acuerdo el nombre del compositor, dijo: “pieza para piano y bebé”, porque justamente en ese momento un bebé entre el público comenzaba a sollozar. Y así comenzó la música, con el piano y el bebé a dúo. Maravilloso. Pena que solo durara unos momentos, porque al bebe se lo llevaron fuera. Supongo que pensaban que molestaba. Pues eso, ¡qué pena! Y sí, después de verle, un amigo me pasó su libro y me lo leí de un tirón. Dice cosas de su vida que te parten el alma, y cosas que aunque puedan sonar un poco a autoayuda, como consejos para ser un buen padre, una buen marido, un buen músico, lo hace de una manera que sabes que lo está haciendo desde la propia experiencia. Su tesón y su valentía contagian esperanza de que las cosas pueden ser de otra manera. Por eso entiendo que a la gente le enganche tanto. En el libro se cita a Beethoven: “Ser únicamente quien eres, en un mundo que hace todo  lo posible, continuamente, por convertirse en todo lo demás, implica luchar la batalla más difícil que pueda librar cualquier ser humano; y no dejar nunca de hacerlo”. Creo que esta frase resume bastante bien la esencia de su libro “Instrumental”, y por tanto, de su historia vital. Y sí, mientras escribo esta crónica tengo como banda sonora la playlist de Rodhes.

A mí ésta me saca las lágrimas.

shosta

EPÍLOGO

Me quedo con la honestidad de Ben, el tesón de James y la obra de Renata. Este curioso  collage que dio lugar la tarde del festival no te deja indiferente. Y me alegra que tres personajes con una primera persona tan marcada se juntasen en una misma tarde. Y, aunque no me pude quedar para el concierto de Megamix, seguro que fue un buen momento para celebrarlo. ¡Joeee! marcaron unos cuantos veranos, ¿no?, y, con la lluvia que tenemos a estas alturas en Madrid, supongo que los que se quedaron sintieron calorcito.

megamix

 

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