
{"id":626,"date":"2010-03-11T02:52:17","date_gmt":"2010-03-11T00:52:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.tea-tron.com\/nilogallego\/blog\/?page_id=626"},"modified":"2010-03-11T02:52:17","modified_gmt":"2010-03-11T00:52:17","slug":"pigmeuscronica1","status":"publish","type":"page","link":"http:\/\/www.tea-tron.com\/nilogallego\/blog\/orquestina-de-pigmeos\/pigmeus-do-mondego\/pigmeuscronica1\/","title":{"rendered":"UNA RAZA SEPTENTRIONAL Y PENINSULAR (Cr\u00f3nica de Pablo Caruana)"},"content":{"rendered":"<div><strong>Hacia el rio<\/strong><\/div>\n<div>La noche est\u00e1 hecha, cu\u00e1ntas veces ni la miramos. Ah\u00ed\u00ad empieza, con un camino entre huerta y maizales oscuros, \u201cPigmeos do Mondego\u201d. Un comienzo caminado por estas tierras de chopos, brisa atl\u00e1ntica, arrozales y un r\u00ed\u00ado, el Mondego, amansado por canalizaciones. Un r\u00ed\u00ado pausado que refleja como un espejo n\u00ed\u00adtido, donde las ranas se apostan en sus remansos y los peces de vez en cuando boquean y suenan.<br \/>\n Ya antes de llegar al r\u00ed\u00ado esta tribu paralela, septentrional y peninsular de pigmeos, de cazadores recolectores, nos avisan que entramos en un mundo de sonido y naturaleza. Diversos altavoces repartidos, escondidos por la vereda del camino nos hablan a los pies, como los grillos, con un sonido tambi\u00e9n entrecortado de arm\u00f3nica.<br \/>\n Comunicarse con la naturaleza a trav\u00e9s del sonido. Imitarla en sus reverberaciones, en su ruido que es el reflejo de su vida. Estos pigmeos cazan sonidos y recolectan ecos. Escuchar lo de fuera, hablarle con su mismo lenguaje. Escuchar para situarse en el mundo.<br \/>\n Ya en la vereda del r\u00ed\u00ado nos encontramos con el grillo transformado en hombre arm\u00f3nica. Que rodea al p\u00fablico y lo llena de ese frotar de alas de macho que quiere atraer a la hembra a trav\u00e9s de sus \u00f3rganos timp\u00e1nicos. Invitaci\u00f3n a la calma y la escucha.<br \/>\n <strong>De Pesca: <\/strong><br \/>\n Llegamos al r\u00ed\u00ado, el p\u00fablico mira el cielo estrellado y recortado de chopos en sus aguas. Chopos de llamas apagadas esperando que las enciendan (Miguel Torga). Vemos a un pescador que atrapa pieza. La ca\u00f1a se dobla, el hombre tira e impreca: \u201cHa ca\u00ed\u00addo uno gordo, uno gordo\u201d. El pez es una barcaza, primer habitante del r\u00ed\u00ado, habitante de otro mundo, en un barco de percusi\u00f3n lleno de objetos imposibles, Katsunori Nishimura en kimono canta una nana de madre ida, de tristeza de muerte que se va acercando y surge de la oscuridad ante el ojo del p\u00fablico. Nana f\u00fanebre ante un hijo muerto\u2026 Este percusionista imposible, de tres ritmos coincidentes y simult\u00e1neos en cada golpe, va resucitando al r\u00ed\u00ado, llen\u00e1ndolo de imprecaciones y ecos. La barcaza mecida por buzos va siguiendo una corriente inexistente. Asistimos a un encuentro, otra barcaza aparece. Vestido de mago, Markus Breuss, responde con viento. Con juguetes, trompetas, carracas de pl\u00e1stico y miles de aparatos, estos dos seres imaginarios del Mondego reproducen y se inventan fren\u00e9ticos los miles de sonidos del entorno. El encuentro est\u00e1 hecho. Desde ah\u00ed\u00ad, y en un bajar pausado, un experimental y peque\u00f1o concierto se dar\u00e1 hasta que lleguen al anfiteatro natural de esta obra: un puente de cemento en el que sus bajos oficiar\u00e1n de anfiteatro.<br \/>\n <strong>7 Acciones y un silencio<\/strong><br \/>\n Ya hemos bajado y el p\u00fablico se asienta y mira. La contemplaci\u00f3n es acci\u00f3n reflexiva. Las acciones que seguir\u00e1n tendr\u00e1n ese ritmo, esa tranquilidad donde la lentitud buscar\u00e1 la limpieza y abrir\u00e1 la escucha del detalle. La primera acci\u00f3n es declaraci\u00f3n de principios. Ana Cort\u00e9s, con una resoluci\u00f3n de claridad concentrada, rema en su barcaza con un tromb\u00f3n como herramienta, hundi\u00e9ndolo parsimoniosamente en el r\u00ed\u00ado. Lenta avanza y lenta se para. Introduce el tromb\u00f3n en el agua y le canta al fondo. Fuera se nos devuelven sonidos hechos burbuja, alg\u00fan gemido.<br \/>\n Las acciones son sonoras, no hay en ellas m\u00e1s que la b\u00fasqueda de sonidos que, esos s\u00ed\u00ad, generan encuentro unas veces, contemplaci\u00f3n otras, emoci\u00f3n contenida, emoci\u00f3n disparada\u2026 Acciones donde la disposici\u00f3n y energ\u00ed\u00ada del actuante las van marcando y dando sentido. Aunque tambi\u00e9n las acciones est\u00e1n cargadas, como la del tromb\u00f3n, de un poder de met\u00e1fora, de simbolog\u00ed\u00ada ritual y significante.<br \/>\n Noem\u00ed\u00ad Fidalgo sale detr\u00e1s de una de las patas (hasta el nombre es teatral) del puente. La barcaza da una primera vuelta a la pata en silencio. Vuelve a aparecer con un sonido de gaita sostenido y monocorde. El puente resuena y rebota en el r\u00ed\u00ado y la noche. Los coches rompen con luces y motor al cruzar el puente. En una tercera vuelta se superponen dos sonidos, la resonancia crece. La contemplaci\u00f3n, en este caso un estado de alma y o\u00ed\u00addo, est\u00e1 hecha.<\/div>\n<div>No hay melod\u00ed\u00adas reconocibles. Como si componer fuese en contra de la relaci\u00f3n contra\u00ed\u00adda con el r\u00ed\u00ado y sus habitantes. Pero el r\u00ed\u00ado est\u00e1 para habitarlo, los Pigmeos tambi\u00e9n son sociedad. Llegan 9 canoas con remeros y gaiteros por la parte superior del r\u00ed\u00ado. Se encienden dos grandes focos cruzados, se ilumina en vaho el r\u00ed\u00ado, los chopos se encienden en blanco. Movimiento y un sin fin de gaitas se confunden, la escena va increschendo en viento y movimiento hasta llegar al sonido distorsionado y el choque de piraguas\u2026 Se juega al contraste.<br \/>\n La vida social contin\u00faa en el puente con un video donde se juega a la relaci\u00f3n de la imagen proyectada a ras de agua en la pata del puente. Desde ah\u00ed\u00ad, vemos (como antiguamente antes de que se canalizase este Mondego) un Montemor inundado, sus calles, sus plazas. Desde ellas se tiran pigmeos al r\u00ed\u00ado, con despreocupaci\u00f3n. Desde tejados, ventanas, toboganes, estos habitantes parecen admitir de buen grado lo que pudiera ser una tragedia. Se lavan el pelo en sus calles inundadas, nadan, descansan\u2026 Al mismo tiempo, tres int\u00e9rpretes se tiran al r\u00ed\u00ado e imitando la percusi\u00f3n en el agua que practican los otros pigmeos, los africanos, acompa\u00f1an con ritmos y sonido.<br \/>\n En el final se vuelve a la calma. Surge otra vez la barcaza del mago, que sigue y contin\u00faa buscando y encontrando sonoridades en el paraje. El agua se calma y parece que el espacio se ensanchara. Para acabar, aparece una maquina \u201cduchamptiana\u201d, s\u00ed\u00adntesis del quehacer y lenguaje del creador de esta pieza, Nilo Gallego. Inter\u00e9s por la tradici\u00f3n folk (la m\u00e1quina, una barcaza flotante, es un circuito con motor que mueve un sistema de cuerdas donde cuelgan cencerros leoneses de diferente tama\u00f1o), mirada \u2013no exenta de humor- a la tradici\u00f3n del arte contempor\u00e1neo con este\u00c2\u00a0readymade\u00c2\u00a0flotante; y final objetual y teatral con esta barcaza iluminada en el centro del r\u00ed\u00ado, solitaria y reflexiva.<br \/>\n Un aspecto destaca entre los muchos buenos haceres en este trabajo. La sensaci\u00f3n de que el proyecto, dirigido por Nilo Gallego, le ha supuesto a este creador leon\u00e9s poder estructurar y desarrollar un trabajo propio, de muchas cosas que ten\u00ed\u00ada metidas dentro y que entre tanto trabajo con otros, por generosidad propia de su car\u00e1cter y por la idiosincrasia del arte sonoro en Espa\u00f1a, no hab\u00ed\u00ada podido trabajar. Ah\u00ed\u00ad queda una manera de hacer y entender la acci\u00f3n sonora, la relaci\u00f3n con la composici\u00f3n en escena, el tiempo con el que establecer v\u00ed\u00adnculos con el p\u00fablico, la capacidad po\u00e9tica\u2026<br \/>\n Esta raza pigmeniana, fruto del cruce ib\u00e9rico entre el Reino de Le\u00f3n y el de Mondego, es raza que se quiere aparte y reinventada. Es respuesta a los hombres sin cara y apretados. Es una vuelta, sin edad de oro en la cabeza, a disfrutar de la relaci\u00f3n perdida del hombre con lo que le rodea. Nunca dicho a lo largo de toda la obra, nunca remarcado en significaciones, sino a trav\u00e9s de la acci\u00f3n, de la investigaci\u00f3n y de la b\u00fasqueda de entendimiento con el r\u00ed\u00ado y su espacio, toda esa mirada est\u00e1 ah\u00ed\u00ad: muda y presente. Sin desde\u00f1ar quienes somos, con toda la tecnolog\u00ed\u00ada posible al frente, mezclada con la percusi\u00f3n y el viento, \u201cPigmeos do Mondego\u201d, en el fondo, est\u00e1 abogando por otro tipo de vida. Mejor, donde la ra\u00ed\u00adz existe y no es opuesto de modernidad. Un mundo no explicitado pero en el que uno intuye que las enfermedades contempor\u00e1neas tienen quiz\u00e1 cura.<\/div>\n<div><em>Pablo Caruana H\u00fader<\/em><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hacia el rio La noche est\u00e1 hecha, cu\u00e1ntas veces ni la miramos. Ah\u00ed\u00ad empieza, con un camino entre huerta y maizales oscuros, \u201cPigmeos do Mondego\u201d. 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