{"id":596,"date":"2019-12-10T14:51:20","date_gmt":"2019-12-10T13:51:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.tea-tron.com\/oscarcornago\/blog\/?p=596"},"modified":"2019-12-12T16:29:36","modified_gmt":"2019-12-12T15:29:36","slug":"artista-amateur-aprendiz","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.tea-tron.com\/oscarcornago\/blog\/2019\/12\/10\/artista-amateur-aprendiz\/","title":{"rendered":"artista \/ amateur \/ aprendiz"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Su cabeza ard\u00eda, su cuerpo estaba cubierto de una transpiraci\u00f3n pegajosa, le temblaban las piernas, le atormentaba una sed insaciable. <\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al final de <em>Muerte en Venecia <\/em>(1912), Gustav von Aschenbach, un prestigioso escritor e intelectual de principios de siglo XX, est\u00e1 ya el hombre fatal. El deseo que siente por Tadzio, un bello adolescente que no ha podido quitarse de la cabeza desde que lo viera por primera vez entrar con su familia en el vest\u00edbulo del hotel, lo va a llevar a la muerte. Cuando ya ha renunciado a toda posibilidad de escapar de Venecia, una ciudad fantasmal asolada por la peste de la que los turistas est\u00e1n huyendo, toma conciencia de su desastrosa situaci\u00f3n: \u201cAll\u00ed estaba el escritor de gloria oficial, cuyo nombre hab\u00eda sido ennoblecido, y cuyo estilo serv\u00eda para formar a los ni\u00f1os en las escuelas\u201d. <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"724\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/oscarcornago\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/muerte-en-venecia-II-724x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-597\" srcset=\"https:\/\/www.tea-tron.com\/oscarcornago\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/muerte-en-venecia-II-724x1024.jpg 724w, https:\/\/www.tea-tron.com\/oscarcornago\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/muerte-en-venecia-II-212x300.jpg 212w, https:\/\/www.tea-tron.com\/oscarcornago\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/muerte-en-venecia-II-768x1086.jpg 768w, https:\/\/www.tea-tron.com\/oscarcornago\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/muerte-en-venecia-II.jpg 1689w\" sizes=\"auto, (max-width: 724px) 100vw, 724px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero al mismo tiempo que se sabe hundido, siente nacer en \u00e9l una extra\u00f1a fuerza que le ilumina, una iluminaci\u00f3n no exenta de malicia, \u201cde vez en cuando brillaba un momento, burlona y avergonzada, una mirada\u201d. La fiebre termina convirtiendo esta reflexi\u00f3n en un ensue\u00f1o en el que se entrelaza un pasaje del Fed\u00f3n que, como tantos otros textos cl\u00e1sicos, el sabio escritor se sab\u00eda de memoria:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Porque la belleza, Fed\u00f3n, n\u00f3talo bien, s\u00f3lo la belleza es al mismo tiempo divina y perceptible, Por eso es el camino de lo sensible, el camino que lleva al artista hacia el esp\u00edritu. Pero \u00bfcrees t\u00fa amado m\u00edo, que podr\u00e1 alcanzar alguna vez sabidur\u00eda y verdadera dignidad humana aquel para quien el camino que lleva al esp\u00edritu pasa por los sentidos? \u00bfO crees m\u00e1s bien (abandono la decisi\u00f3n a tu criterio) que este es un camino peligroso, un camino de pecado y perdici\u00f3n, que necesariamente lleva al extrav\u00edo? Porque has de saber que nosotros, los poetas, no podemos andar el camino de la belleza sin que Eros nos acompa\u00f1e y nos sirva de gu\u00eda; y que si podemos ser h\u00e9roes y disciplinados guerreros a nuestro modo nos parecemos, sin embargo, a las mujeres, pues nuestro ensalzamiento es la pasi\u00f3n, y nuestras ansias han de ser de amor. Tal es nuestra gloria y tal es nuestra verg\u00fcenza. \u00bfComprendes ahora c\u00f3mo nosotros, los poetas, no podemos ser ni sabios ni dignos?, \u00bfcomprendes que necesariamente hemos de extraviarnos, que hemos de ser necesariamente concupiscentes y aventureros de los sentidos? La maestr\u00eda de nuestro estilo es falsa, fingida e insensata; nuestra gloria y estimaci\u00f3n, pura farsa; altamente rid\u00edcula, la confianza que el pueblo nos otorga. Empresa desatinada y condenable es querer educar por el arte al pueblo y a la juventud. \u00bfPues c\u00f3mo habr\u00eda de servir para educar a alguien aquel en quien alienta de un modo innato una tendencia natural e incorregible hacia el abismo? Cierto es que quisi\u00e9ramos negarlo y adquirir una actitud de dignidad; pero, como quiera que procedamos, ese abismo nos atrae. As\u00ed, por ejemplo, renegamos del conocimiento libertador, pues el conocimiento, Fed\u00f3n, carece de severidad y disciplina; es sabio, comprensivo, perdona, no tiene forma ni decoro posibles, simpatiza con el abismo; es ya el mismo abismo. Lo rechazamos, pues, con decisi\u00f3n, y en adelante nuestros esfuerzos se dirigen tan s\u00f3lo a la belleza; es decir, a la sencillez, a la grandeza, a la nueva disciplina, a la nueva inocencia y a la forma, pero inocencia y forma, Fed\u00f3n, conduce a la embriaguez y al deseo, dirigen quiz\u00e1s al esp\u00edritu noble hacia el espantoso delito del sentimiento que condena como infame su propia severidad est\u00e9tica; lo llevan al abismo, ellos tambi\u00e9n, lo llevan al abismo. Y nosotros, los poetas, caemos al abismo porque no podemos emprender el vuelo hacia arriba rectamente, s\u00f3lo podemos extraviarnos. Ahora me voy, Fed\u00f3n; qu\u00e9date t\u00fa aqu\u00ed, y s\u00f3lo cuando ya hayas dejado de verme, vete tambi\u00e9n t\u00fa.<\/p><cite> (Trad. Mart\u00edn Rivas) <\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Unas p\u00e1ginas m\u00e1s adelante, muere. Se desploma sobre la arena\ncuando trataba de levantarse para encontrar la mirada del joven Tadzio, que\ndesde la orilla de la playa se hab\u00eda vuelto hacia \u00e9l. \u201cLe llevaron a su\nhabitaci\u00f3n, y aquel mismo d\u00eda, el mundo respetuosamente estremecido, recibi\u00f3 la\nnoticia de su muerte\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Puede que a alguien le suene esta frase. La repet\u00eda hasta la saciedad Ang\u00e9lica Liddell en <em>La casa de la fuerza<\/em> mientras describ\u00eda su situaci\u00f3n emocional, arrasada, y la de los territorios palestinos, igualmente arrasados, pero por las bombas no de un amante, sino del ej\u00e9rcito israel\u00ed; dos tipos de demencia, pero de distinto orden.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace tiempo que este texto del <em>Fed\u00f3n<\/em>, pasado por la lente de Thomas Mann, me acompa\u00f1a. El otro d\u00eda, viendo la tercera entrega de <em>Amateur<\/em>, de Rub\u00e9n Ramos, volv\u00ed a acordarme de \u00e9l. Entre la larga lista de referencias a escritores, artistas y alguna cantante, de los que Rub\u00e9n dice haber aprendido algunas de las cosas m\u00e1s importantes de la vida y darles las gracias por ello \u201ccada noche y bien alto antes de dormir\u201d, y con la que acaba el mon\u00f3logo de N\u00faria Lloansi, no aparece el autor de <em>Muerte en Venecia<\/em>, pero supongo que podr\u00eda haber aparecido como tantos otros; la lista podr\u00eda ser interminable. Lo que me preguntaba entonces no era por la ausencia de un nombre en esa lista, que l\u00f3gicamente me daba lo mismo, sino por la ausencia de otros nombres o lugares o personas relacionados con otros \u00e1mbitos que no fuera el arte o la cultura. Me preguntaba esto porque cuando a veces me planteo de qui\u00e9n, de d\u00f3nde o cu\u00e1ndo he aprendido m\u00e1s, me salen antes nombres de gente, lugares y circunstancias que que de libros u obras, de las que evidentemente tambi\u00e9n he aprendido y disfrutado. Quiz\u00e1 sean distintos tipos de aprendizaje&#8230; <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El proyecto de Rub\u00e9n Ramos, como indica el t\u00edtulo, recupera la figura del que no domina bien un instrumento o un arte, un instrumento que en su caso carga adem\u00e1s con todas las connotaciones que tiene el piano (si fuera una bater\u00eda o unos bongos supongo que ser\u00eda distinto); el amateur, a pesar de no dominar lo que hace, insiste en ello porque le apasiona; insiste en ello como un modo distinto de estar y sentirse vivo, no como parte de ese medio art\u00edstico, que quiz\u00e1 todav\u00eda desconoce, sino en la vida en general, aprendiendo y disfrutando al margen de convenciones, prejuicios y actitudes propias de esos medios cuando te metes m\u00e1s en ellos. Pero el amateur<em> todav\u00eda est\u00e1 fuera, porque todav\u00eda no lo domina.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde que empez\u00f3 el proyecto de Rub\u00e9n ha ido pasando por\ndistintos momentos, desde las experiencias de juventud narradas en la primera\nentrega al hilo de la m\u00fasica de Gibbons, o ese cara a cara detenido, justo e intenso,\nte\u00f1ido todav\u00eda de una cierta ingenuidad, con ese monstruo del arte que son las <em>Variaciones Goldberg<\/em>, hasta esta suerte\nde ajuste de cuentas, si miramos la obra desde ese mon\u00f3logo final, no tanto con\nel mundo del arte sino con el mundo simplemente, con la vida, a trav\u00e9s del arte\ny la propia vida de Clara Schumann. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Inevitablemente, en esta tercera entrega se habla del Romanticismo, que es algo ya estaba latente en los otros cap\u00edtulos, porque es a partir de este movimiento que la pregunta por las relaciones entre arte y vida va a quedar sin resolver, pero ya claramente enunciada, a la espera de una respuesta que a\u00fan no han recibido. Los rom\u00e1nticos, como muchas otras corrientes que vendr\u00e1n despu\u00e9s, jugaron al todo o nada, que es algo muy del arte. Y, claro, perdieron, o seg\u00fan como lo veamos, ganaron. La apuesta del amateur parece encontrarse en un punto medio, pero no es menos compleja. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El mundo de la performance y toda la constelaci\u00f3n de  pr\u00e1cticas que giran a su alrededor arranca ya directamente de este rechazo expl\u00edcito de la profesionalidad del artista, lo cual no ha impedido parad\u00f3jicamente que algunos de sus practicantes reclamen para s\u00ed la ortodoxia de la verdadera performance frente a los advenedizos. No hace mucho un director de teatro colombiano me gritaba hecho una furia, tras una conferencia que acababa de dar, que la performance era un atajo para actores que no quer\u00edan pasar por la escuela. A mi vuelta se lo contaba a un performer ya hist\u00f3rico como Jaime Vallaure y me dec\u00eda, totalmente, eso es la performance, un atajo. No es casualidad que en <em>Amateur <\/em>confluyan estos dos aspectos: una reflexi\u00f3n puesta en pr\u00e1ctica del lado performativo y experiencial de  la interpretaci\u00f3n musical con la reinvidicaci\u00f3n del amateurismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hace mucho tambi\u00e9n un actor me hac\u00eda la siguiente reflexi\u00f3n, por qu\u00e9 los directores buscaban actores no profesionales y no buscaban directores de fotograf\u00eda no profesionales, t\u00e9cnicos amateurs o productores aficionados. Profesional es una palabra que en ciertos \u00e1mbitos del arte, cargados a\u00fan con buenas dosis de romanticismo, y que sea por mucho tiempo, causa rechazo; pero en realidad, si lo miramos bien, no tiene nada de malo. \u00bfQu\u00e9 hay de malo en saber hacer bien un trabajo? El problema no es hacer bien o mal algo, sino las actitudes, modas y convenciones, en muchos casos derivadas de la econom\u00eda del medio, unidas a este profesionalismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Rub\u00e9n, como dice a menudo a lo largo de la serie, no es un profesional del piano, como seguramente tampoco se considere un profesional de la cultura, aunque su nivel, como el de todos los que estamos relacionados con este mundillo, seguramente est\u00e1 por encima de la media, por ejemplo, de la media del p\u00fablico del auditorio del Centro Cultural del Distrito de La Latina en Madrid, en su mayor\u00eda gente del barrio ya jubilada que no se cort\u00f3 en ir compartiendo en voz alta lo que pensaba de lo que iba viendo, como si el mon\u00f3logo de N\u00faria fuera en realidad un di\u00e1logo con ellos, cosa que en cierto modo es as\u00ed, solo que la convenci\u00f3n teatral, impuesta por la profesi\u00f3n, establece otros modos. Charlando despu\u00e9s de la obra hubo quien coment\u00f3 que el p\u00fablico no conoc\u00eda esas convenciones. No creo que no las conociera, sino m\u00e1s bien que no les apeteci\u00f3 acatarlas, sabi\u00e9ndose con la seguridad que dan los a\u00f1os y sobre todo que jugaban en casa y estaban en su barrio. Aunque esto de estar por encima o por debajo de las medias es siempre relativo. Si esta suerte de recital esc\u00e9nico se hubiera presentado en el Palau de la M\u00fasica, hubiera sido distinto. Pero una de las ventajas de empezar poniendo por delante la figura del <em>amateur<\/em> es que se deja claro que aqu\u00ed no se trata de ver qui\u00e9n sabe m\u00e1s o quien la tiene m\u00e1s larga. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la salida, refiri\u00e9ndose a la actitud que hab\u00eda tenido el\np\u00fablico, Rub\u00e9n me contaba que en uno de los primeros bolos de <em>Amateur<\/em> la gente andaba por ah\u00ed tomando\ncervezas mientras \u00e9l, de espaldas al p\u00fablico, tocaba el piano, y tan pichi: de\neso se trata el proyecto justamente, me dec\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero si la pr\u00e1ctica del piano y por extensi\u00f3n del arte se mostraba\nal comienzo de la serie como una forma de estar en el mundo m\u00e1s vulnerable y al\nmismo tiempo m\u00e1s plena, aunque no por ello m\u00e1s alejada o distante, ahora, en\nesta tercera entrega, el mundo del arte se intuye como un refugio frente a las\ninclemencias de la vida, tanto para Clara Schumann como quiz\u00e1 tambi\u00e9n para el\namateur de hoy. No faltan razones para verlo as\u00ed, porque as\u00ed funcionaba para\nlas mujeres en el siglo XIX, como se nos cuenta en la obra, y as\u00ed sigue\nfuncionando hoy, tanto para amateurs como para profesionales. En este sentido\nno hay mucha diferencia entre unos y otros. Para ambos el arte puede ser un\nrefugio, la diferencia es que unos cobran y se hacen famosos, y otros no. No es\ncasualidad que sea en este mismo momento del Romanticismo, cuando parece que se\nabr\u00eda este coto privado del arte a cualquiera que con mejor o peor fortuna lo quisiera\npracticar, que los mismos que lo abrieron, gente como Schiller o Goethe, se\napresuraran a dise\u00f1ar una campa\u00f1a \u201ccontra el diletantismo\u201d asustados por los efectos\ny que estaba teniendo esto de que todos pudieran ser artistas. De este modo, aclararon\nque lo que todos pod\u00edan ser era diletantes, pero que verdaderos artistas,\ngenios, solo hab\u00eda unos pocos, que adem\u00e1s eso no se aprend\u00eda, sino que se\nnac\u00eda, y que adem\u00e1s posiblemente eran hombres, blancos y de cierta clase\nsocial. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso, me dec\u00eda el otro d\u00eda Diego Agull\u00f3 -una de esas referencias que yo incluir\u00eda en esa lista de obras vivas de las que aprendo-, que el diletante, a diferencia del amateur, no se construye ya en relaci\u00f3n con un maestro o profesional; aunque esa era justamente la intenci\u00f3n de Goethe y Schiller, ponerla en relaci\u00f3n con una norma superior, de modo que hubiera diletantes buenos y diletantes malos. En todo caso, la cuesti\u00f3n hoy parece que no es la de saber m\u00e1s o menos, o al menos eso nos gustar\u00eda creer, y en todo caso por ah\u00ed van los tiros en <em>Amateur<\/em>, sino qu\u00e9 hacemos o c\u00f3mo utilizamos eso que sabemos, o eso que nos gustar\u00eda saber, y a d\u00f3nde nos lleva ese deseo (de saber) que se canaliza a trav\u00e9s del medio art\u00edstico. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algo de esto me ven\u00eda a la cabeza mientras o\u00eda esa retah\u00edla\nde nombres, pronunciados con precisi\u00f3n, con ese timbre c\u00e1lido que tiene N\u00faria,\ny mientras retumbaban en mi cabeza, se me mezclaban con la imagen de Aschenbach\nhecho polvo en una playa de Venecia frente al majestuoso Hotel Lido observando\npor \u00faltima vez al joven Tadzio. En ese momento no sab\u00eda que me iba a pasar unos\nd\u00edas tratando de aclararme con todo esto: \u00bfarte y vida, deseo y muerte, arte y\nmuerte?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Empecemos por el principio, no por el lado del arte y de los\nprofesionales, sino de la vida, que para no liarnos digamos que es lo que est\u00e1 relacionado\ncon todos esos campos del saber y del arte, pero adem\u00e1s est\u00e1 tambi\u00e9n y sobre\ntodo por fuera de todos esos campos. Visto as\u00ed, la otra cara del amateur ser\u00eda\nsu relaci\u00f3n tambi\u00e9n como principiante, pero no con el mundo del arte, sino de la\nvida. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ser un principiante en la vida no es f\u00e1cil cuando van pasando los a\u00f1os, y esto es justamente lo que no se espera de un profesional, ingenuidad. Aunque el diccionario identifica ingenuo con sincero, inocente, sin dobleces (virtudes que Fed\u00f3n descubre en el poeta que realmente se deja llevar hasta perderse por lo que siente), socialmente se reconoce al ingenuo por su incapacidad para calibrar los efectos de lo que hace, ingenuo es aquel que no termina de enterarse de lo que est\u00e1 pasando, o se entera, pero a su manera. Por eso el ingenuo es aquel al que se puede enga\u00f1ar f\u00e1cilmente, el que la caga sin ni siquiera darse cuenta; o incluso d\u00e1ndose cuenta, sin que aparentemente le importe, porque en realidad est\u00e1 en otro lugar, y no haciendo c\u00e1lculos de los efectos que puede tener cada cosa que hace. El ingenuo necesita confiar en los dem\u00e1s, porque sabe que se equivoca con frecuencia, que sus c\u00e1lculos no siempre son correctos, pero no por falta de responsabilidad o de cuidado, sino porque es un ingenuo y no se entera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta actitud se suele perdonar cuando eres ni\u00f1o, adolescente\no incluso joven, pero con los a\u00f1os se perdona cada vez menos. Quiz\u00e1, si tienes\nsuerte, se te volver\u00e1 a perdonar de viejo. Pero un adulto se supone que no\npuede ser un ingenuo, como tampoco un profesional. A un adulto o a un\nprofesional ingenuo se le llama tonto. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, es por este fallo de medida que la ingenuidad est\u00e1\ntambi\u00e9n relacionada con la belleza, si entendemos por belleza el efecto\nproducido por la magnitud del desconocimiento que algo o alguien tiene acerca\nde s\u00ed mismo. En esto radica la belleza de Tadzio a los ojos de Aschebach, no\nsolo en su f\u00edsico, sino en su actitud y en su incapacidad para hacerse cargo de\nlos efectos que produce. El adolescente todav\u00eda no sabe utilizar su cuerpo con\ncorrecci\u00f3n, apenas est\u00e1 empezando a descubrirlo. Esta es la belleza de la\nadolescencia y de muchos no adolescentes que por momentos <em>recuperan<\/em> esa capacidad de no saber.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ingenuidad y la belleza abundan en el g\u00e9nero humano, que es\nla especie m\u00e1s ignorante que existe porque es la \u00fanica que ha establecido el\ncriterio del conocimiento como medida del sujeto; el sujeto se define como\nsujeto de conocimiento, de modo que quien es capaz de acreditar m\u00e1s saberes,\nm\u00e1s autorizado est\u00e1. Este hecho calificado por algunos fil\u00f3sofos y personas\nsensatas como un acto de arrogancia o de estupidez sin l\u00edmites, es considerado\npor otros, quiz\u00e1 menos sensatos, como un gesto de ingenuidad de efectos\nincalculables. Todo depende de c\u00f3mo se utilice o a d\u00f3nde nos lleve ese deseo de\nconocimiento, y en qu\u00e9 medida sea tambi\u00e9n un acto de desconocimiento acerca de\nnosotros mismos y lo que estamos haciendo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque a menudo va de duro y resulta insoportable, el ser humano es tierno como un osito y tiene una capacidad abismal de hacer cosas que no responden a unos c\u00e1lculos previos. Es por esto tambi\u00e9n que en algunas culturas como la nuestra se insiste de forma obsesiva en la necesidad de conocernos a nosotros mismos, conocer el terreno en el que nos movemos y los efectos, el impacto o la rentabilidad, de lo que hacemos, incluso trat\u00e1ndose de un proyecto de creaci\u00f3n, ya hay que tener claro el punto de llegada. Estos fondos abismales, no por terribles sino por infundados, de todo aquello que yerra en sus c\u00e1lculos integran el mundo de lo sensible; aunque esto no impide que sea tambi\u00e9n parte de un tipo de demencia que puede llegar a cobrar proporciones hist\u00f3ricas, y esto tiene ya poco que ver con el arte, aunque sea f\u00e1cil sacarle r\u00e9ditos. Con esto no quiero decir que no haya que pensar en las consecuencias o los efectos de lo que hacemos, sino que no hay solo un tipo de l\u00f3gica para medir estos efectos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ser tierno o ingenuo en un mundo de machos no estaba bien\nvisto en la \u00e9poca de Plat\u00f3n y sigue sin estarlo en la nuestra, por eso ya Fed\u00f3n\nrelacionaba la actitud del poeta con una sensibilidad que identifica con la de\nlas mujeres, como si eso fuera una forma de restarle dignidad, sabidur\u00eda o\nrectitud, una relaci\u00f3n que 25 siglos despu\u00e9s sigue teniendo actualidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Resulta parad\u00f3jico que el arte te encierre, por un lado, en esa\nespecie de monta\u00f1a m\u00e1gica o sanatorio para una \u00e9lite de inadaptados\nhipersensibles, como lo describe Thomas Mann, y por otro te expulse hacia fuera,\nde cabeza a la vida, dej\u00e1ndote desnudo, a la intemperie, enfrentado con tus\npropios deseos, que son los que finalmente terminan llevando a Aschenbach a la\nmuerte. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La identificaci\u00f3n del deseo con la muerte es un cl\u00e1sico que cobra\nsello de marca en el Romanticismo. Pero hay otro tipo de muerte, menos\nrom\u00e1ntica y m\u00e1s ruin, que es la muerte de aquello que no tiene otro sentido que\nresponder del modo m\u00e1s eficaz posible al fin para el que ha sido programado.\nSon dos muertes distintas. El riesgo de los profesionales no es hacer bien las\ncosas, sino haber olvidado por qu\u00e9 hab\u00eda que hacerlas bien. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese otro mon\u00f3logo, no el que ocurre en la cabeza\nafiebrada de Aschenbach, sino el que dice N\u00faria mientras se despelota al final\nde <em>Amateur<\/em>, otro joven aprendiz, con\nun gesto de despecho, le reprocha al mundo ser tan cotilla y querer saberlo\ntodo, fingir ser adultos cuando en realidad nadie deja de ser un ni\u00f1o y meter\nla pata, a lo que el p\u00fablico, como dec\u00eda, no se priva de responderle que su\nvida no les interesaba una mierda (no lo dijeron as\u00ed, pero esa era la idea);\nciertamente, se dieron por aludidos; el mon\u00f3logo era bueno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La conclusi\u00f3n de este texto no es que al <em>amateur<\/em> de Rub\u00e9n (cuya obra que me ha servido para continuar con estos archivos y desarchivos de conceptos que no s\u00e9 bien a d\u00f3nde conducen), le falte ingenuidad, tampoco es la intenci\u00f3n justificar que este \u00faltimo amateur me haya parecido un poco m\u00e1s hecho, no s\u00e9 si por ello m\u00e1s profesional, pero s\u00ed m\u00e1s obra, m\u00e1s acabado, con m\u00e1s c\u00e1lculo acerca de los efectos que deb\u00eda producir cada cosa que se hac\u00eda o se dec\u00eda en escena. Fue distinta la impresi\u00f3n obviamente cuando la vi un d\u00eda antes en otra versi\u00f3n en la que estaba solo Rub\u00e9n con el piano, m\u00e1s desprovisto, m\u00e1s solo, sin el acompa\u00f1amiento de las performances, ni el mon\u00f3logo, ni ese tr\u00edo de cuerda que, por otro lado, es una aut\u00e9ntica gozada, ni el baile final del propio amateur-adolescente, que tambi\u00e9n es muy tierno. Pero l\u00f3gicamente uno solo est\u00e1 siempre m\u00e1s solo. Habr\u00eda que preguntarse c\u00f3mo transformar Amateur en <em>Amateurs<\/em> para que no queden unos en los m\u00e1rgenes y otro en el centro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La gracia del amateur no radica en hacerlo mejor o peor, sino en la posibilidad de recuperar esa cualidad de eterno aprendiz que cantaba Gonzaguinha en aquella samba, <em>vivir y no tener la verg\u00fcenza de ser feliz<\/em>; ser aprendiz m\u00e1s all\u00e1 de ser m\u00e1s o menos profesional, porque en lo esencial no se trata de ser aprendiz de artista o de cualquier otra profesi\u00f3n, sino aprendiz de la vida, hacer algo solo por la posibilidad de seguir aprendiendo, un territorio del que el error&nbsp;es una&nbsp;parte importante. <\/p>\n\n\n\n<iframe loading=\"lazy\" width=\"560\" height=\"315\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/27y6SFR_bbQ\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"\" allow=\"accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture\"><\/iframe>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Enamorarse, como le ocurre al personaje de Thomas Mann, es una oportunidad no solo de cagarla, sino tambi\u00e9n de volver a ser aprendiz, o volver a ser adolescente, de volver a estar lleno de conocimientos y desconocimientos, enamorarse de una persona, de un piano, de un paisaje o un libro, es igual, porque se trata siempre en definitiva de enamorarse de la vida. No se trata tampoco de comparar unos modos y otros, para ver si resulta m\u00e1s rentable enamorarse de los libros, del arte, del ayurveda o de un adolescente; la respuesta adem\u00e1s ser\u00eda f\u00e1cil. Tampoco consiste en meter la pata m\u00e1s o menos, esto es solamente un efecto secundario, producto no de la mala fe, ni de la falta de cuidados, sino de un error de c\u00e1lculos; un error que en alg\u00fan momento queda suspendido, porque todav\u00eda no es error; ese es el momento m\u00e1s bello, el momento en el que todav\u00eda no hay acierto o error, \u00e9xito o fracaso, cuando todav\u00eda est\u00e1s en ese lugar y al mismo tiempo en otro, cotidiano e insondable, volando, un estado de amor que te hace creer ciegamente en ese momento y en esas personas, incierto, ingenuo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"> Evidentemente, llegados a este punto, hemos de advertir que donde dice artista debe decir simplemente persona, porque cualquiera es en potencia un artista, o un aprendiz de artista, aunque no haya escrito nunca un libro, no haya salido a un escenario o no haya compuesto una canci\u00f3n; llegado un momento, dadas unas circunstancias y sobre todo unos tiempos, cualquiera terminar\u00eda derivando de un modo u otro hacia ese lugar. No hace mucho me preguntaba mi amigo Pablo si no ten\u00eda ganas de hacer mis propias obras en lugar de escribir sobre lo que hacen los dem\u00e1s. No es dif\u00edcil identificarse con la l\u00f3gica de este planteamiento, m\u00e1s dif\u00edcil quiz\u00e1 resulta sacudirse el asunto de los egos y ver c\u00f3mo viven las obras m\u00e1s all\u00e1 de su tiempo y sus autores, y c\u00f3mo nos llegan como parte de una tradici\u00f3n. Las obras no son de nadie, como tampoco las ideas o las teor\u00edas; las hace alguien como parte del g\u00e9nero humano al que pertenece y al que est\u00e1n dirigidas. Obviamente no es lo mismo participar de esa condici\u00f3n humana como artista, p\u00fablico, t\u00e9cnico o gestor, como no es lo mismo ser Rub\u00e9n Ramos que Thomas Mann, pero no estamos hablando ahora de los picos que sobresalen del iceberg, sino de la inmensa masa de hielo que los sostiene. No estamos hablando del arte y los artistas, sino de placeres intensos e idas de olla, de momentos de fuga y p\u00e9rdida, y otros de desidia y aburrimiento. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Su cabeza ard\u00eda, su cuerpo estaba cubierto de una transpiraci\u00f3n pegajosa, le temblaban las piernas, le atormentaba una sed insaciable. 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