LLEGA MAURICIO KARTUN A MADRID

Claudio Da Passano,  Rafael Bruza y Claudio Martinez en “Terrenal” de Mauricio Kartun.

Comienza hoy la treinta y cinco edición del Festival de Otoño, deformado hasta la primavera. Su nuevo director, Carlos Aladro (electo en mayo de 2016, ya programó parte de la anterior edición),  ha anunciado que será la última edición alargada y que el año que viene el Festival  vuelve a su ser y tan solo tendrá lugar en noviembre. Ya no estamos en años de fastos, el festival llegó a tener 3 millones de presupuesto. Esta edición y la que viene la organización del festival nos comunica que el presupuesto de ambas estará “en torno a un millón de euros”.

Este año pasarán por el festival diez compañías. Destacan, aparte de Kartun, Mårten Spångberg en la Casa Encendida este mismo mes con una propuesta de siete horas, “Natten”; los mexicanos Los Colochos con un montaje en torno a Macbeth en noviembre; el “enfant terrible” francés Vincent Macaigne y el Théâtre Vidy-Lausanne que llegan en febrero con “En manque”; los portugueses de Chapitô que estarán en la Cuarta en febrero y marzo con dos montajes sobre Electra y Edipo; y la vuelta de Sara Molina en abril a la Casa Encendida con “Los hombres melancólicos”.

Pero hoy lo importante es Kartun, ese porteño que lleva ya más de cuarenta años dándole. Llega con “Terrenal”, obra que lleva representando cuatro temporadas en el Teatro del Pueblo. Es curioso que haya encontrado su sitio Kartun en este teatro al que llaman el primer teatro independiente de Buenos Aires, un espacio donde ya en los años treinta representaba sus obras Roberto Arlt y que con sus vaivenes sigue siendo un espacio imprescindible con su medio formato, en su sala caben unos doscientos espectadores. Entre medio camino del off y el teatro comercial de Buenos Aires ya fue este teatro quien rescató a Kartun en los ochentas después de una dura dictadura cuando se llamaba Teatro de la Campana. Y allí Kartun ha estrenado sus dos obras anteriores también dirigidas por él: “Ala de criados” en 2009 “Salomé de chacra” en 2011.

Pero quién es Kartun, quién es ese tipo por el que han pasado, por su talleres, cientos de los creadores argentinos, que dicen que es el tipo más influyente de la dramaturgia argentina y que aun así no ha creado escuela y que lleva dirigiendo sus obras más de tres lustros y dando pequeñas maravillas como “La madonita” (2003) o “El niño argentino” (2006). Ese tipo capaz de enfrentarte con un teatro que sobre el papel se diría tradicional y que cuando uno llega a verlo encuentra polisemia, libertad y el cuerpo del actor hecho palabra en un espacio que no está en este tiempo, que está fuera de él, volado y al mismo tiempo enraizado hasta la médula.

En Madrid se ha visto poco su teatro y tampoco tenemos bien editado sus textos. Directamente es un desconocido. Por eso, hemos recabado aquí cinco impresiones de gente que se cruzó con su trabajo. Como pequeño acto de justicia, como pequeña acción de bienvenida a Madrid y con la voluntad de dar contexto, de provocar que alguien se acerque.

Hace dos años mi padre y su mujer me llevaron a ver “Terrenal, pequeño misterio ácrata”, de Mauricio Kartun al Teatro del Pueblo, espacio que sabe lo que es nacer en la dictadura y armarse de solidaridad para ser mucho más que un superviviente.  La escenografía de Terrenal me hizo imaginar una compañía de teatro de mediados del siglo XX que viajaba por el campo argentino, con sus temáticas criollas y sus tres personajes en blanco y negro; como imagino a La Barraca recorrer los pueblos de España durante la II República.  El acento argentino, la erre aspirada de campo y los juegos de palabras llenaron el escenario. Al principio andaba perdida, quería aprehender todo, hasta que dejé de tener conciencia que estaba ahí, ya estaba dentro, absorbida por el lenguaje simbólico, mordiendo el polvo que salía cuando Caín pasaba al terreno de Abel, porque ya veía la valla que separa las posesiones de los hermanos. Terrenal no es una parte de la Historia de Argentina, es parte de la historia de la humanidad. Es el génesis del capitalismo, de las miserias humanas, del lado que quedas parado si construyes una valla, de la condena que cada uno elige. Y cuando acaba la representación sigues clavada en la butaca sin poder hablar, pensando en cómo vas a hacer para fletar aviones desde España para que todos los tuyos puedan verla. Manuela Bergerot: Espectadora y Responsable en nuestra Asamblea de Madrid de Memoria Democrática.

No recuerdo cuando conocí el teatro de Mauricio Kartun, lo que sí que tengo claro es que hubo un antes y un después. Textos como “Chau Misterix”, “La casita de los viejos”, “Cumbia morena cumbia” y, sobre todo, “El partener” se convirtieron en influencia y formación imprescindible. Años más tarde tuve la fortuna de asistir en Casa de América a un taller con Kartun en el que pude conocer al maestro, al docente, al pedagogo teatral, que me ayudó a poner en palabras lo imposible, a explicar lo que parecía inexplicable.  Laila Ripoll: directora de teatro, compañía Micomicon. Ripoll en estos momentos está con una “Cáscaras vacías” en cartel en la Sala Princesa del María Gerrero, CDN.

Mauricio Kartun es el maestro de dramaturgos argentinos. Es el hombre que se empeñó en que la daramaturgia debía ser estudiada en una ciudad en la que su estudio carecía de sistema alguna y así se transformó en el formador de generaciones y acompañó estéticas de las más diversas. Si existe algo curioso de destacar es que no son tantos los autores contemporáneos que escriben como él. O sea, su influencia no fue la de fotocopiadora tan usada por muchos de los que se llaman grandes maestros. Eso es quizá lo que más me atrae de la singular manera de ver el teatro y las interconexiones a través de la transmisión que tiene Kartun. Este autor, que pertenecía a un territorio de autores y directores muy golpeado en la Buenos Aires de los 90 por los “nuevos” ahora bien maduros o casi viejos y bien acomodados, supo cuidar su espacio a fuerza de voluntad esclarecida sobre las modas y los ejercicios dominantes. Personalmente estoy muy agradecido por lo mucho que me enseñó y siempre recuerdo como fundante la noche que vi, escuché y sentí su obra “Desde la lona” (1997). Fernando Rubio: Director y autor teatral, en estos momentos estrena en Moscu, en el Festival Territory su obra “Everything by my side”.

Lo que más me gusta de Mauricio Kartun es su búsqueda constante por un tipo de expresión local. Hay algo muy porteño con raíces en la tradición del actor popular que se actualiza en el modo en que dirige a sus actores. En un país tan dado a arrodillarse ante estéticas europeas o yankees es toda una declaración de principios mantener esa búsqueda que, lejos de ser chauvinista, se ocupa de preguntarse acerca de cuál es su propia voz. De que modo encarna el propio pueblo sus ficciones. Me acuerdo mucho de “El niño argentino”, era muy buena, era en verso. Pablo Messiez: director y actor que ayer estrenó “Bodas de sangre” en el Teatro María Guerrero del CDN.

Si hubiese un punto que se pudiese afirmar que es “el punto”, el lugar en el que se intersectan las cosas de la tierra y las del cielo, yo diría que el Teatro de Kartun, y especialmente “Terrenal” aparece o se me aparece ahí. Sí, para mi el teatro de Kartun es eso, la elaboración poética de los cuerpos, la materia y los nombres de las cosas en tensión con el misterio y lo innombrable de la existencia. Donde lo expresivo de los cuerpos y las palabras resultan de la tensión con lo que no se puede nombrar ni tocar. Es nuestra pequeña humanidad, nuestras “cositas” de la tierra arañando el aire, lo imposible, empeñadas en hablar con Dios. Fernanda Orazzi: actriz y directora que hasta el 2 de noviembre está en el Teatro Pavón con “Barbados etcetera”.

Simplemente, terminar recomendando esta entrevista, y apuntar que Kartun es mucho más que un dramaturgo influyente, que un gran docente o que otro import&export del teatro argentino.

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RIGOLA

 

Àlex Rigola dimite como director artístico de los teatros del Canal de Madrid

 

Rigola acaba de dimitir de la dirección de Teatros del Canal en Madrid después de despertar uno de los intereses más manifiestos por la programación que acaba de comenzar.

Simplemente decir que me sorprende gratamente su actitud y su decisión que pone de manifiesto la relevancia de lo que está pasando y lo necesario que es tomar una posición, defenderla y, sin entrar en discursos de “colaboracionismo o no” , que cada uno determine desde lo personal dónde hay que ubicarse. Porque hay que ubicarse.

Esta es su carta:

 

Yo pasaba por aquí.

Soy un artista que ha trabajado como director y programador en equipamientos públicos con una gran variedad de colores políticos. Nunca he pensado que aceptar un cargo en un teatro o un festival implique la pertenencia política al partido que gobierna y, aunque parezca increíble, así me lo han demostrado todas las personas con las que he tenido que tratar en estos últimos veinte años.

Al grano: No soy ni independentista ni estaba a favor de ese referéndum. Pero igual que las detenciones del 20 de septiembre me hicieron ir a votar, la brutal violencia ejercida el pasado domingo 1 de octubre a los ciudadanos catalanes, ordenada por el mismo partido que gobierna la Comunidad de Madrid y la defensa de estos hechos, hacen que haya presentado mi dimisión como director artístico de los Teatros del Canal al Consejero de Cultura. Hemos pactado conjuntamente que, para no interferir en el buen funcionamiento del teatro, la dimisión se hará efectiva antes de que termine la temporada, dejando programada la próxima.

Agradecer a la Comunidad la posibilidad que me ha dado y al consejero de Cultura su mano tendida y su comprensión. Te quiero Jaime de los Santos. Pocas veces uno se encuentra a un político tan interesado, con esa capacidad de trabajo y con tanta sensibilidad por la cultura como tú. Hago extensivo este agradecimiento a Laura, María, Rubén, Daniela, Ruperto, Pedro y tantas y tantas personas que trabajan para la Comunidad. Natalia, no te dejo sola, este viaje está encaminado y estoy seguro que encontraréis nuevos marineros para continuarlo. Un abrazo de corazón para el personal de los Teatros del Canal.

Me gusta esta ciudad. Madrid. Me gustan sus calles y su gente. Me he sentido siempre bien tratado y dos de mis mejores amigos viven en ella. Es solo que, con tristeza, necesito hacer todo lo que pueda para mostrar mi total repulsa a los actos violentos que llegan del Gobierno del Estado. Un artista (siempre tengo dudas de si lo soy) creo que tiene que ser consecuente tanto en la vida como en los escenarios. No vale mantener un discurso en la escena y después no aplicarlo en la calle. Uno puede equivocarse, pero lo que no puede hacer, como decía Bolaño, es apartar la mirada conscientemente. Así que este es mi pequeño acto a lo bonzo. He llorado y me queda todavía mucho por llorar. Si a alguno le interesa mínimamente esta performance solo le pido una cosa de lo que está sucediendo: duda, la información llega muy contaminada.

Con permiso de todos, después de esta actuación no saldré a saludar. Estoy demasiado triste. No habrá declaraciones ni cóctel a la salida.

Àlex Rigola

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“C’EST UN PENINSULE” O LAS NAVES DE MATADERO

Me cuentan que el lunes trece de marzo se reunieron siete personas en un piso céntrico de Madrid, actores, directores de teatro, teóricos y demás artistas de diferente pelaje. Que discutieron bastante, que se habló de diferencias, que nadie estaba convencido, uno porque firmar es poner símbolos en la inexistencias de los yoes, otros porque Mateo Feijóo no lo va a hacer bien, porque es incapaz y exclusivo y no se da cuenta en que cancha está jugando, otros porque podría dar a entender que esto va de bandos, otros porque el concurso ya salió mal parido al no haber respetado el anterior que eligió a Pérez de la Fuente… Me cuentan que tras algún vino se fue imponiendo cierto peso histórico: “que otra vez no, que ya está bien de exilio, de intermitencia, de claudicación; que ya está bien de entrar siempre por la puerta de servicio, que no se estudie en la RESAD, que cierto teatro no esté en el CDN, y que además siempre gane la tradición acomodada que además va escribiendo la historia a su antojo en las páginas de los medios”, dicen que se oía por esas mismas calles que Max Aub escribiera. Y me cuentan que lo que se impuso fue apoyar con todo a este nuevo espacio llamado Centro Internacional de Artes Vivas Matadero mas allá de direcciones, de ayuntamientos y de ruidos mediáticos.

Y me cuentan que escribieron un texto, éste que ahora leemos y que se pusieron a llamar a diestro y siniestro. Vi a alguno de esos siete durante la semana, y vi como se les iba poniendo pequeñas caras de conspiradores circunspectos. “¿Qué tal va?”, les preguntaba, y contestaban, como si de un mensaje cifrado se tratase, “los artistas escénicos tienen vulva”.

Y me cuentan hoy, con ya la carta publicada, que todo fue como una tormenta perfecta, que mail a mail y whatsup a whatsup fueron contactando  y confirmando a profesionales de todos los ámbitos, actores, artistas escénicos, músicos, profesores, periodistas, escenógrafos, premios nacionales,  iluminadores, cineastas, poetas que cuando firmaban ponían “artista”, artistas que se denominaban iluminadores; y me cuentan que recibieron noes, “es que no puedo firmar porque represento a una institución”, “es que es muy delicado”, “es que no estoy de acuerdo con el 100 por 100 lo que decís”. Pero que aquello fue deslizándose, que fueron cayendo nombres, y que toda esa gente que luego dicen que no trabaja en teatro, toda esa gente que luego dicen que no es público, se fue asomando y dicendo, “sí, firmo”. Mas de doscientas cincuenta firmas en menos de dos días, mail a mail, contacto a contacto.

Y pienso que me alegra, me alegra saber que esto no está muerto, que la gente tiene clara dos o tres cosas. Y me alegro porque quien vea esa lista se le va a atragantar decir que han echado al teatro de Matadero, tendrán que comenzar a decir que han echado a su teatro, a ese teatro que yo también disfruto y amo, como a éste, como a todos.

Y pienso y me alegra porque el INAEM está al caer, ¿no lo huelen? Se cae la máscara y cuando ha caído se ven todos los granos de la nariz deforme del Cyrano que llevan años disecando. A mí me mola Cyrano,  “c’est un roc! c’est un pic! c’est un cap!
Que dis-je, c’est un cap ? … c’est une péninsule !”,  grito ahora por el pasillo de mi casa. Me moló hasta la versión de Campmany en el Teatro Español, que tenía una dirección horrorosa. Pero todo debe tener sitio, lo que no puede ser es que los adictos al formol cierren ventanas para que no entre ni el aire. Habrá que compartir señores, macarrones con chorizo para todos, uno cuece, otro pone los platos, otro compra el vino… Y esto también lo va a aprender Mateo Feijóo, ya veréis, macarrones con chorizo.

Me cuentan que uno de aquellos siete en un momento de bajón decía que él quería ser fan de la Zarzuela, pero muy fan muy fan, para así no tener nada por delante, todo en el pasado, estar fuera del mundo, todo en el recuerdo; y beber vinos oscuros en pequeñas copas mientras escuchaba discos interminables y aprendía todo de Chapí. Yo le entiendo, ha sido demasiado fango estas últimas semanas, demasiado estos últimos decenios, dan ganas de reducir todo a un museo pequeñito y manejable.

Pero no es así. Me imagino que esta carta moverá a este país cainita de biznietos del Cid. Que habrá insultos que luego llamarán sarcasmo, desplantes y descalificaciones. Pero hay ciertas cosas que creo que se aprenden de esta carta y que dan por finiquitado varias cantinelas con las que hoy todavía se quiere manejar este país: el teatro no es lo que sale en El País, para crear opinión pública ya no solo sirven los periódicos, porque Zarra no metió gol con la cabeza, no fue de cabeza Vidales aunque te empeñes, aunque quieras dividir y decir que en la naves hacen performance, música y visuales; y ya no vale, tampoco, ir a Nuestra Señora de la Comunicaciones con El País debajo del brazo a pedir cargada de influencia mediática.

Ansón ya no mueve las direcciones de El Español. Bueno, eso quizá es demasiado triunfalista. Quizá hoy es un día proclive al triunfalismo. Pero ver ahí juntos a Nyamnyam y a Cambaleo, a Sara Molina y a Federico Vladimir Strate Pezdirc, a Israel Galván y a Elgatoconmoscas, pues te levanta el espíritu al ver que hay muchos que no ven la escena ni como disciplinas, ni como sectores, sino como posibilidades. Ver a catalanes, gallegos, andaluces, valencianos, navarros, vascos, madrileños, canarios.. Aunque sea un poco ilusorio, fugaz… te pone duro. Y más cuando me acuerdo de esos siete allá, el lunes pasado, discutiendo primero, yendo a lo esencial luego.

Ahora toda la responsabilidad queda sita, inmóvil, en el CIAV, deberán saber escuchar todo lo que ha pasado, deberán saber leer que esta carta es ante todo una exigencia para que este centro sea espacio de encuentro, sepa aglutinar, incluir, trabajar con y para esta ciudad.

Me cuentan que en el Ayuntamiento están contentos, cogen aire. Se fue la Magnani chueca de La Latina, Carmena se responsabiliza de toda la cultura… Pero Madrid clama: qué pasa con la música, con las plásticas, qué desastre habéis hecho con el cine. Descansen hoy si quieren, mantengan lo conseguido, pero esta ciudad se cae culturalmente a cachos después de más de veinte años de cultura de escaparate turístico de una derecha pacata y tradicionalista. Y ustedes están parados. Cojan aire si quieren pero comiencen a soplar fuerte.

Carta para leer: AQUÍ

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El inútil de Mateo Feijoo a mí no me invitó (texto de Rodrigo García)

 

Mateo Feijoo no me invitó. Yo no soy parte de su proyecto.

Ernesto Caballero no me invitó. Yo no soy parte de su proyecto.

Carme Portacelli no me invitó. Yo no soy parte de su proyecto.

¿Será mi vanidad el argumento que yo esgrima para menoscabar sus teatros, mancillar sus programas, agredir a su equipo?

Pobre comercio haría con mi inteligencia y mi honra actuando así.

Cada curador, director de una institución, sabe a quienes elige y por qué. ¿Y quién soy yo para figurar en sus planes puesto que artistas de postín los hay a punta pala?

Desconozco el plan a largo plazo trazado por Mateo para el Matadero de Madrid. Si como intuyo se trata de algo acorde a los tiempos que corren, cómo no le voy a dar una oportunidad cuando me batí treinta años contra el inmovilismo del teatro en España, esa barricada, esa trinchera empeñada en servir más como referencia del pasado para los niños de las escuelas y una burguesía necesaria (tienen para pagar la entrada) que como consumible poético de una polis a la vez saciada de todo y nada, ebria.

Soy director desde hace cuatro años de un Centro Dramático Nacional francés. Obré a mi modo una modesta revolución, sustituyendo el teatro de repertorio y colocando en su lugar a los creadores actuales y a la vez eliminando las malditas etiquetas: que si danza, que si teatro de texto, que si tal. Un público perdí, por contra otro descubrió una nueva droga: las artes de la escena del presente.

¿Cuántos espacios y eventos hay en mi ciudad perdida, Madrid, dedicados al teatro convencional y cuántos consagrados a la investigación y la experimentación? ¿Y cuánto dinero público invertido en unos y en otros?

Me da a mi que es como el 6-1 del Barça al PSG.

¿Por qué algunos elegidos queréis ganar siempre 6-0? ¿No hay en vosotros, los alborotados ante lo diferente y ante la libertad creativa, un mínimo espacio para la generosidad? ¿Siempre tiene que ser todo tal y como exigís? ¿Acaso justo es sinónimo de lo que me beneficia en particular a mí y a mi colectivo? Como niños, igual que los niños, lo queréis sencillamente todo para vosotros. Pero no sois como los niños. Los niños se mueren de curiosidad. El niño, curioseando, aprende y crece.

Existe un público más allá del que os da palmaditas en la espalda cuando acaban las funciones de un Otelo. No lo conocéis porque no va a veros. Eligen. No. Ir. A. Veros. ¿Ellos se merecen un páramo? ¿Les vais a negar a ese otro público la posibilidad de disfrutar solo porque no conseguís seducirlo con vuestro teatro, porque ellos prefieren ese arte moderno que escapa a vuestro monopolio?

¡Hey! ¿Sindicato? ¡Teléfono! Cogedlo: las obras “modernas” emplean a mucha gente, tanto en su investigación, en los procesos, como más tarde en las giras. Esos trabajadores tienen los mismos derechos que cualquiera que ficha en la Zarzuela.

Ni sueño con un empate 3-3.

A pocos Ministerios de Cultura europeos podríamos pedir tanto, qué le vas a exigir a un país todavía con ramalazos franquistas. Firmaba un 4 a 2 ahora mismo. ¿Hola? ¿INAEM? Que se ponga…

Permitid que los otros tengan una voz. Vosotros os decís que sabéis escuchar: pero no era más que el eco de vuestro discurso devuelto por la montaña helada. Lleváis la vida entera creyendo que se trataba de un diálogo y es vuestra propia palabra la que regresa, rebotada, rota, pequeña, como todo balbucear sectario.

La guita no lo es todo, muchachos. Me lo dijo mi mamá y ya que estamos gracias, mamá.

Yo sí que he perdido lo más importante, que es la oportunidad de trabajar en mi país. A los que os sentís expulsados del proyecto del Matadero os diré: a mi sí que se me cerraron las puertas en mi país y bien que habría cambiado tantos años de Avignon, Paris, Berlín, Tokio o Bruselas, por una sala donde en el bar de enfrente sirven callos. Mi reino por un pincho de tortilla.

Yo sí tuve que irme con la música a otra parte, jodido; yo sí que no conseguí ayudas oficiales en mi país sino excepcionalmente y tuve que cerrar mi empresa y no por eso tiré mierda a nadie ni descalifiqué el proyecto de ninguno.

Me fui calladito la boca y sin armar jaleo.

A vivir y dejar vivir.

Eso.

Vivir.

Y dejarse un poquito de joder.

 

Rodrigo García

 

 

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NOTA QUE PATINA BASTARDA #1

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Jesús Ubera, junio 2016

A Fa Claes, poeta y lector

  Con las manos vacías
entrelazamos tiempos

Encendemos hogueras
para ver el fuego

Cuando llega la lluvia
miramos despacio

su luz en los cristales
y en las piedras

¿Qué buscamos?
¿Qué somos?

Antonio Fernández Lera [ 17 de noviembre de 2016 ].

 

Me llegan estas palabras vía mail de ese brujo que es Antonio Fdz Lera. Me siento agraciado (sentimiento tonto) y agradecido de que esté en su lista secreta de aquellos a quienes cada cierto tiempo nos llega un poema de Antonio al mail. Los leo con toda la atención, me pille en el curro, en casa, en la calle, da igual, los leo pensando cada frase e irremediablemente pensando en él. Son sencillos en la escritura, poemas que exiliaron hace mucho y para siempre la floritura y no tienen otro remedio que afrontar lo que resta. Y me siento un poco ladrón al compartirlo acá, sin autorización alguna.

En este último mes, con el puto festival El lugar sin límites ya terminado, en el que curré como cronista y coordinador del blog, con el sinsabor que siempre queda donde has puesto trabajo y ganas, he ido dando tumbos, como siempre, por otro lado, nada especial. Pero no tengo nada en el corazón, y cuando uno no tiene nada en el corazón es quizá cuando más vivo está, la falta apremia y uno engulle. Estas notas que patinan van de ese engullir vacío. Bastardeo al maestro Ramos, a quien quiero tanto, como si fuera el aparato médico de reanimación.

Llevo más de tres meses mirando a distancia las fotos que está colgando Ubera en su blog de Teatron. 63 fotos de paisajes que son territorio de nadie y de todos. Y las miro con distancia porque se me pegan enseguida a la piel y no quiero, tengo una relación con las fotos de Jesús demasiado pegajosa. Y además, qué coño está haciendo. Hace diez años todos se pusieron a hacer este tipo de fotos donde gana la estructura y el objeto. Vendían bien, es más, acompañaban todo de un cierto “knowledge” sobre arquitectura y arte. Y nos reíamos de aquella pequeña moda minoritaria y monetaria, con sonrisa partida, porque a alguno les iba de puta madre, conseguían estar en todos los circuitos que te permiten editar bien, vender bien, vivir de estupendo y además hablar bajito entre colegas porque ya eres una personalidad y razonas bien pero tranquilo. Y ahora va Jesús y se pone a ello, diez años después, cuando ya no va.

Y llevo tres meses mirándolas,  las miro, y las vuelvo a mirar. Jesús publica una y yo la miro y vuelvo a ese agosto donde todo empezó con esta foto:

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comunication break down (titulo inventado for my self) 15 de agosto de 2016

Y me las veo todas otra vez. No puedo dejar de ver las fotos de Ubera en secuencia. Yo creo que siempre trabajó así, en secuencia y en collage. Siempre con las imágenes en relación. Y me digo que no tiene nada que ver con aquella moda exenta de vida, se fotografiaban espacios sin vida, edificios y estructuras que el hombre había transformado y que en cierta manera hablaban del vacío y la inutilidad al no haber nunca personas, al aislar edificios, por ejemplo, en paisajes asolados o inhóspitos. Nada que ver con estas fotos en las que aunque no hay mujeres ni hombres están en todo momento sus rastros, como si se hubieran ido hace cinco minutos en algunas ocasiones, como si todo estuviera preparado para recibirlos a las 8 en punto en otras, espacios donde su gente ha dejado rastros de una obsesión, el orden por ejemplo, o de una dignidad dentro de un naufragio, en otras.

Y me preocupan porque es, entre otras cosas, la historia de una devastación. La foto como un rayo x del alma que pulsa el disparador. Y me tranquilizo, porque también es la historia de muchos, y de este país, y de Madrid, y del proceso de la infancia a la madurez (que aunque uno luche es siempre muerta), y de la historia del desahuciado, del apartado de la partida de cartas, del que quedó fuera. Y me recreo porque en ellas está en subtexto todo. Sobre todo la ilusión. Ilusión perdida, ilusión peleada con el orden como si fueran Abel y Caín, ilusión encerrada, frustrada y en algunos pequeños resquicios ilusión inmanente, presente, aunque bajo siete sábanas de urbanismo y melancolía, como en las pintadas de esta foto:

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Clara loves Inés, 20 de septiembre de 2016

 ¿qué buscamos?, dice Lera, así llevo un mes, preguntándome eso, y eso me pregunto ante las fotos de Ubera. Qué busca Jesús al hacer estas fotos, qué busco yo al mirarlas como si fuera el reflejo del fuego en los cristales. Ni por asomo llego a qué somos, simplemente, después de haber sido niño, de ese torbellino de inconsciencia y presente, de pasar por la juventud en la que todo se rechaza y todo se absorbe, después de haber tenido que madurar por cojones, qué busco.

Me decía Cornago el otro día, acertadamente, con otras palabras pero diciéndolo, que ya me vale con el saber escribir un poco y ponerme emocional. Que así uno se gana al que lee pero que de esa lectura solo queda que tras un pequeño tiempo todo quede como cierta subyugación por gustar por parte del que escribe; y que ese tipo de escritura está abocada al olvido, que a poco llega, que a poco sirve. Y llevo todo este mes pensando en ello. Con el corazón vacío, que es como uno puede estar vivo porque lucha por llenarlo -me digo para insistir-.

Pensé en las escrituras posibles, en realmente poner tu escritura en función y al servicio de algo y no de uno mismo, que es de lo que me acusaba Cornago. Y elucubré sobre Ubera haciendo estas fotos y compartiéndolas. y vi que en mi voluntad de escritura hay voluntad creativa, y me asusté. Ya no soy periodista, huelebraguetas con información que sintetizar, se fue la función de mis posts, escribo de manera disfuncional. Escribo para llenar el corazón, como Jesús con esas fotos, Ubera intenta llenar el corazón que tiene arrasado, casi con necrosis total. Y por eso son tan sobrecogedoras. Reflejo de una devastación y acto de voluntad heroica en el puto sentido griego.

Y comencé a ver todo, todo lo escrito en Teatron, todo lo escrito en los libros que me llevo a la cama u ojeo en el sofá, en el libro 4 de Rodrigo que tengo reservado para el WC; en todo, incluso en los telediarios de Piqueras, comencé a ver pechos vacíos que se hinchaban y emitían sonidos altos, graves, desaforados, ya fueran libros, obras o poemas que entran dentro de la esfera de lo creativo, ya fueran artículos informativos, notas centradas, análisis certeros, mails, whatsups, todo me resonaba como gritos en una cámara sorda. Vaya, que se me comenzaba a ir la fresa, a perder el norte, a desenfocar: Empacho de soledad y soliloquio unipersonal que es la conversación con uno mismo que nunca para y nunca compartimos.

Hasta que llegué el otro día a una premiere en la calle Gran Vía de Madrid para ver el documental sobre el disco OMEGA de Enrique Morente, Lagartija Nick y de algún modo Leonard Cohen, que ha realizado Sacromonte Films y ha dirigido Gervasio Iglesias. Estaban presentes su mujer Aurora Carbonel, y sus hijas Estrella y Solea. Fui solo. Y comenzó la película y desde el primer momento, tras unos horribles títulos de crédito de comienzo, me puse a llorar como un imbécil. Y he estado pensando qué es lo que nos dejamos en los artistas o trabajos artísticos que nos modifican y de alguna manera nos marcan. El Omega salió hace 20 años. Yo hice mi primera crónica en el año 1997, en el diario YA, sobre el primer concierto que dieron en Madrid ese año. Veinte putos años. Me la curré como un idiota, si la tuviese la ponía aquí mismo pero está perdida. Fue una nota respetando el género y estilo formal de un periódico de tirada nacional, aunque fuese en horas bajas. Y sí, el asunto imponía, la crónica no creo que valiese mucho, menos dos frases si recuerdo bien. Pero el caso es que me la curré a mansalva. A mí me gustaban los Lagartija Nick pero poco sabía de Morente, así que me embuí en discos que me pasó una amiga de mis padres: Sacromonte, Despegando, Alegro y Soleá… Morente, a partir de entonces, me ha ido acompañando siempre, su manera de hacer, su respeto por la tradición (siempre entra por el segundo verso, como queriendo explicitar que llega a un sitio donde todo ya comenzó, donde él simplemente continúa); y al mismo tiempo, su clarividencia e inteligencia para poder buscar, encontrar en otros lugares no propios del flamenco.

Del documental no sé deciros, está bien, sobre todo por las imágenes de la grabación del disco en Granada, por temas inéditos aunque sean salvaje e incomprensiblemente cortados porque sí a mitad, por ver a Morente paseando por Nueva York, por verlo cantar con veintipocos una versión de Estrella que no conocía, y por la crónica de la presentación del tema Omega en una sesión pura de flamenco que Morente estaba dando en el Albeniz. Ahí, Morente, frente a un público flamencólogo, se levanta solo en el escenario, con el telón detrás de él y grita “la hieeeeerrrrba”, momento en el que se levanta el telón y entra todo Lagartija. Ese acto, justificado, con una canción que lleva años pergeñando, tiene también toda la intención performática de la provocación. Tan necesaria, dice él en el propio documental. Y lo bueno es que vi ese momento en imágenes, Morente ahí solo diciendo: venga, vamos, decir lo que tengáis que decir, que tengo una claridad en mi cabeza y la voy a luchar hasta el final. ¿Os lo imagináis? ¿Os imagináis haber estado ahí?

La gente en el cine de Gran Vía aplaudía y yo lloraba como un mocoso, todo el tiempo, bochornoso.

Y podría enredarme en porqué lloraba, pero más quisiera decir una cosa. Que sí, que Morente está muerto, que Cohen (otro de los faros  que diría Baudelaire) acaba de morir, que aquello tenía algo de akelarre aunque fuera urbanita y mitómano, pero que lo que a mí me tenía pegadito a la butaca era una sensación de estar de alguna manera en casa, en una casa de la que me pierdo, lamentablemente, con facilidad. En casa con esos veinte años que me he pasado estudiando y pensando con Morente. Escuchando Mi pena, Estrella, Yo poeta decadente, etc. etc. Este último tema viene del disco Alegro, Soleá y Fantasía de Cante Jondo. Discos Probeticos, 1995, donde Morente toca con una filarmónica entera y va recogiendo palos antiguos y letras anónimas entre las que mete este poema de Manuel Machado. Y pensaba en ese akelarre en la Gran Vía donde se clamaba que Omega era la revolución porque entró el rock en el flamenco, pero pensaba que lo importante en Morente es que era capaz de hacer ese mismo gesto, el de abrir y encontrar, abrir y encontrar, con las poesías de Miguel Hernández o Manuel Machado, con un grupo de rock o una filarmónica, o con la Voces Búlgaras en la Catedral de Barcelona. Estaba en casa con todo eso en la cabeza, y lloraba porque la madurez es una lucha por no dejarse ir e ir muriéndose en una cotidianeidad apagada, por no dejar que la necrosis gane en esas partes del cerebro que avivan el alma y al final llegue al corazón ¿Qué buscamos? Quizá no morir.

Si yo encontrara la estrella que me guiara,
Yo la metería muy dentro de mi pecho y la venerara

Y siguiendo este mes sinuoso, me llegó también al mail una maravilla llamada “Prólogo a los detectives salvajes (versión)”, un video de 27 minutos que es antesala al proyecto que están realizando PLAY dramaturgia.

Proyecto a la Bolaño, de indagación en el pasado, de intentar reconstruir lo que fue a través de trazos ínfimos, quieren el avión entero, dicen, haciendo metáfora entre la escena de los últimos veinte años y el avión perdido en el Atlántico del que solo se ha recuperado un ala. No estuvimos allí, dicen, ¿os lo imagináis?, dicen refiriéndose al estreno de “Protegedme de lo que deseo” de García.

Buscan una compañía que decidió irse y dejar de ser visible, una Cesarea Tinarejo que uno se plantea si no está mejor perdida, para ello acaban de cruzar el Atlántico, por ahí andan en noches americanas buscando un telefonillo que presionar.

La historia de los que decidieron dejar de ser visibles. El acto de búsqueda y viaje. ¿Qué buscan los PLAY? No lo sé, no sé qué se busca cuando uno se centra en lo ido. En algo que ni se vivió, No estuvimos allí, dicen, buscan algo que les contaron, mitifican sobre un arte efímero sobre el que no hay casi registros, mito sobre mito, y bajo él una historia de nuestra escena, una de tantas.

Ulises Lima y Arturo Belano, estos dos perros aulladores, que inician la búsqueda de una compañía que les complete el realismo visceral que fue nuestra escena de los noventa y primer decenio del XXI. En el libro de Bolaño se disuelve poco a poco la búsqueda de Lima y Belano y entramos en el naufragio vital de estos dos huelebraguetas de la vanguardia literaria mexicana, dos hombres que buscaban para encontrar sus fundamentos artísticos y que se pierden en un mundo ancho y solitario. África, Israel, París, España… La vida es un naufragio que no siempre sale bien. Hay mucho de lo que hablar en lo que está haciendo PLAY dramaturgia, mucho que comentar y que pensar sobre lo que ha pasado en estos años con toda una corriente escénica, mucho sobre las estructuras culturales y de mercado. Y lo haremos. Pero a mí me interesan Lima y Belano, ¿porqué buscan? ¿qué buscan? Por apuntar algo, pienso en el miedo al naufragio, a naufragar ellos, a que se malogre tanto esfuerzo y voluntad.

Me parece el proyecto “escénico” más atrayente que pasó por mi vera en estos últimos tiempos. Los sigo como otro detective, a distancia, sin entrar pero queriendo saber a cada paso. Y este mail que me llegó como un regalo, que salvó este mes de púas y silencios, quisiera compartirlo con ustedes. Tampoco sé si estoy autorizado pero es una maravilla y además anda en la red, así que…

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NUEVO DIRECTOR DE LAS NAVES DE MATADERO: MATEO FEIJÓO

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Una pequeña exclusiva. Ya hay fallo, ya hay nuevo director de las naves de Matadero: Mateo Feijóo, al que conocemos por sus direcciones del festival Escena Contemporánea y del Teatro La Laboral.

Se quedaron fuera, tres proyectos: Andrés Lima, el presentado por Marquerie Tomé y Dasi, y un tercero que desconozco.

Esa es la noticia. Para quien no conozcan a Feijóo. Aquí una pequeña resemblence…

 

Mateo Feijóo ha trabajado como actor en diferentes compañías nacionales e internacionales. Como regidor en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Como coordinador del área de Performance en varias ediciones del Festimad. Ha sido director de tres ediciones del Festival Escena Contemporánea y Asesor Internacional del mismo. Asesor del Centro Coreográfico Galego. Director del Teatro de la Laboral, proyecto escénico enmarcado en La Ciudad de la Cultura de Gijón (Asturias). Curador de Proyectos Internacionales en los Uferstudios de Berlín, Asesor de Teatro en el Consejo Estatal de las Artes del INAEM y forma parte del jurado de selección de proyectos de ayuda a la movilidad de Cimetta Found. Compagina su labor de programador con su trabajo como creador y director artístico.

 

ACTUALIZACIÓN DEL POST (DÍA 25/9/16 a las 20:10 horas)

Siguiendo la recomendación de Bárbara en comentario pongo aquí varios links para seguir la noticia y me permito una pequeña explicación. La exclusiva está dada muy poco tiempo después de que se fallara, sin nota de prensa del Ayuntamiento ni nada parecido. Tan solo un medio tradicional dio la noticia y TEATRON le ganó por hora y media. Ese medio, el ABC, firmado por Julio Bravo, da la exclusiva también y no tiene la información de quién componía todo el equipo liderado por Mateo Feijóo.

Ya más tarde con nota de prensa del Ayuntamiento salen las noticias esta mañana más completas. Quizá las exclusivas no sirvan para nada, eso es verdad, pero no había selección de información cuando se puso este post. Se contó todo lo que se sabía en ese momento. Anyway, gracias Bárbara por el apunte. Aquí teneís la del ABC y otras ya de hoy mismo:

ABC

LA RAZÓN (que carga las tintas por donde puede)

EL PAÍS (ya mencionada en el comentario)

EL ESPAÑOL 

Estos son los cuatro periódicos cortesanos, como ven EL MUNDO ya no se sabe qué es.

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LA CAÑA #9 | MÓNICA ELSL

Primera caña 2016 sobre este ciclo dedicado al relato y la casa. Relata Mónica, ciudadana que transita por la Calle Barco y alrededores.

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CONVERSACIÓN CON LOS COMISARIOS DE EL LUGAR SIN LÍMITES 2016

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Comenzamos con el blog de ELSL, primera entrada, seguimos, quien quiera leerla:

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EL BLOG DE EL LUGAR SIN LÍMITES, un encargo

 

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Esta mañana andaba ya inmerso en la que se avecina, en este mes de inmersión que va a suponer “El lugar sin límites”. Los directores del festival, Carlos Marquerie y Emilio Tomé, han centrado el tiro entre dos conceptos: la casa y el relato.

Y andando por la calle me encontré una edición setentera de “Bestiario” por dos euros, el libro de cuentos de Cortázar, y me acordé de “Casa Tomada”. Así que lo compré y lo leí de nuevo: cortito, tan extraño como evocador. Esos dos hermanos con la vida resuelta que van dejando sin lucha alguna que unos seres innominados les invadan la casa familiar hasta que acaban fuera de ella, expulsados, tirando las llaves a la alcantarilla. Y pensaba en nuestra casa, esta española, o madrileña, esa casa no familiar pero en la que vivimos. Y los paralelismos venían solos. Luego leí el prólogo, un prólogo que cargaba la tinta sobre lo político. “Casa Tomada”, escrito en los sesenta, con Perón al frente del gobierno, texto que se leyó como nítidamente “antiperonista” (esos pobres que nos echan del hogar familiar construido con años y tradición). Hasta llamaban “Gorila” a Cortázar, eso decían del que luego escribiría “Nicaragua tan violentamente dulce” o, si no quieren algo tan coyuntural, “El libro de Manuel” por ejemplo. Y pensaba en las lecturas que uno hace, en lo que uno lee en el arte y de lo que ahí hay. Y pensaba que quiere decir ese “ahí”, si es un lugar, si es posible que contenga.

Pensé en los cuentos, que son la quinta esencia del relato, pensé en el texto introductorio del festival que habla del relato contado en torno al fuego, ese lugar mítico donde creemos que nuestros ancestros construyeron la primera comunidad, la metáfora y el simbolismo. Y me acordé de no sé qué escritor que decía que las novelas y cuentos de Pio Baroja sonaban a relatos contados en tono bajo junto a un fuego. Y me acordé de mi amigo Óscar Cornago y de un texto que leyó en un Escena Contemporánea sobre la comunidad, concepto tan manoseado últimamente en las “prácticas escénicas” (sic). Un texto que hablaba del comienzo de sentimiento de comunidad describiendo una plaza, el justo momento en que un hombre apuñalaba a otro “ahí, en ese momento, comenzó el sentimiento de comunidad” explicaba Óscar.

Y escribí esto antes de comer:

“En esta segunda edición los organizadores se han centrado en dos conceptos: el relato y la casa. No sabemos si los trabajos que se mostrarán en el ciclo realmente los acogen, si hay, como se dice, una fina línea de programación que atraviesa y profundiza en estos dos conceptos. Veremos. Pero nosotros hemos decidido hacerlos nuestros. Acogemos como acólitos estos conceptos, los incardinamos, los asumimos dentro de este blog, para bastardearlos hasta el infinito, para exprimirlos hasta la brasa… Esa es la idea, seguir horizontalizando la mirada y la reflexión en torno a esto que ya no quiero nombrar (teatro experimental me apunta el compañero bloguero, ni de coña, dice el tercero en discordia, pues eso, digo, ni nombrarlo). Seguir invitándoos a escribir, a reflexionar, a mandarnos lo que consideréis. Y con toda la voluntad de seguir moviendo la cosa, la casa, esta madrileña y esta española, para ver si ese viento salgadeño que hoy parece parado sigue estando ahí… ¿Y qué mueve ese viento, qué ha movido en esta casa? ¿La decoración, los muebles de sitio, nada? Otros cuarenta años de democracia en la casa, casa del pueblo, casa de lenocinio y parricidio, casa de todos, la casa-cosa pública, ¿se movió, se moverá? Estamos barruntando, viendo quien tiene las llaves para robárselas por un rato y hacer copias y más copias, y más copias y más copias. Estamos barruntando, moviendo los sesos de un lado a otro, de otro a uno, hasta la risa incontinente. Que empiece esto, dice el bloguero, ahí estoy de acuerdo dice el otro en discordia: aquí lo que tiene que pasar es que esto empiece, que dejemos los sesos quietos de una vez y nos los empiecen a mover en platea. Yo, transcribo”.

Y ahora, tras la siesta he alargado el brazo y cogido un libro de ese traductor de Müller que además y sobre todo es buen poeta. Y leí esto: “LA CONDICION HUMANA I: NEGRA noche / más cerrada / que el portalón del Paraiso // y alguien errando / con una escoba en la mano / donde quizá debiera llevar una linterna” (“El común de los mortales”, Jorge Riechmann).

Y claro, me acordé de Emilo y Carlos, hace quince años estrenando en el Teatro Pradillo junto a Montse Penela “2004 (tres paisajes, tres retratos y una naturaleza muerta)”. Emilio y Montse interpretando, y Carlos dirigiendo y manipulando objetos en escena, hasta que en un momento se quedaba vestido con bata negra barriendo el espacio, con una linterna en la cabeza. Y congelaba el movimiento. Puta imagen grabada a conciencia.

A mis compañeros de blog: Fernando Gandasegui y Javier Marquerie.

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Adiós a José Monleón, el director que modernizó el teatro español en tiempos de Franco

 

Se fue Monleón, escribí este pequeño texto:

LEER

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