“C’EST UN PENINSULE” O LAS NAVES DE MATADERO

Me cuentan que el lunes trece de marzo se reunieron siete personas en un piso céntrico de Madrid, actores, directores de teatro, teóricos y demás artistas de diferente pelaje. Que discutieron bastante, que se habló de diferencias, que nadie estaba convencido, uno porque firmar es poner símbolos en la inexistencias de los yoes, otros porque Mateo Feijóo no lo va a hacer bien, porque es incapaz y exclusivo y no se da cuenta en que cancha está jugando, otros porque podría dar a entender que esto va de bandos, otros porque el concurso ya salió mal parido al no haber respetado el anterior que eligió a Pérez de la Fuente… Me cuentan que tras algún vino se fue imponiendo cierto peso histórico: “que otra vez no, que ya está bien de exilio, de intermitencia, de claudicación; que ya está bien de entrar siempre por la puerta de servicio, que no se estudie en la RESAD, que cierto teatro no esté en el CDN, y que además siempre gane la tradición acomodada que además va escribiendo la historia a su antojo en las páginas de los medios”, dicen que se oía por esas mismas calles que Max Aub escribiera. Y me cuentan que lo que se impuso fue apoyar con todo a este nuevo espacio llamado Centro Internacional de Artes Vivas Matadero mas allá de direcciones, de ayuntamientos y de ruidos mediáticos.

Y me cuentan que escribieron un texto, éste que ahora leemos y que se pusieron a llamar a diestro y siniestro. Vi a alguno de esos siete durante la semana, y vi como se les iba poniendo pequeñas caras de conspiradores circunspectos. “¿Qué tal va?”, les preguntaba, y contestaban, como si de un mensaje cifrado se tratase, “los artistas escénicos tienen vulva”.

Y me cuentan hoy, con ya la carta publicada, que todo fue como una tormenta perfecta, que mail a mail y whatsup a whatsup fueron contactando  y confirmando a profesionales de todos los ámbitos, actores, artistas escénicos, músicos, profesores, periodistas, escenógrafos, premios nacionales,  iluminadores, cineastas, poetas que cuando firmaban ponían “artista”, artistas que se denominaban iluminadores; y me cuentan que recibieron noes, “es que no puedo firmar porque represento a una institución”, “es que es muy delicado”, “es que no estoy de acuerdo con el 100 por 100 lo que decís”. Pero que aquello fue deslizándose, que fueron cayendo nombres, y que toda esa gente que luego dicen que no trabaja en teatro, toda esa gente que luego dicen que no es público, se fue asomando y dicendo, “sí, firmo”. Mas de doscientas cincuenta firmas en menos de dos días, mail a mail, contacto a contacto.

Y pienso que me alegra, me alegra saber que esto no está muerto, que la gente tiene clara dos o tres cosas. Y me alegro porque quien vea esa lista se le va a atragantar decir que han echado al teatro de Matadero, tendrán que comenzar a decir que han echado a su teatro, a ese teatro que yo también disfruto y amo, como a éste, como a todos.

Y pienso y me alegra porque el INAEM está al caer, ¿no lo huelen? Se cae la máscara y cuando ha caído se ven todos los granos de la nariz deforme del Cyrano que llevan años disecando. A mí me mola Cyrano,  “c’est un roc! c’est un pic! c’est un cap!
Que dis-je, c’est un cap ? … c’est une péninsule !”,  grito ahora por el pasillo de mi casa. Me moló hasta la versión de Campmany en el Teatro Español, que tenía una dirección horrorosa. Pero todo debe tener sitio, lo que no puede ser es que los adictos al formol cierren ventanas para que no entre ni el aire. Habrá que compartir señores, macarrones con chorizo para todos, uno cuece, otro pone los platos, otro compra el vino… Y esto también lo va a aprender Mateo Feijóo, ya veréis, macarrones con chorizo.

Me cuentan que uno de aquellos siete en un momento de bajón decía que él quería ser fan de la Zarzuela, pero muy fan muy fan, para así no tener nada por delante, todo en el pasado, estar fuera del mundo, todo en el recuerdo; y beber vinos oscuros en pequeñas copas mientras escuchaba discos interminables y aprendía todo de Chapí. Yo le entiendo, ha sido demasiado fango estas últimas semanas, demasiado estos últimos decenios, dan ganas de reducir todo a un museo pequeñito y manejable.

Pero no es así. Me imagino que esta carta moverá a este país cainita de biznietos del Cid. Que habrá insultos que luego llamarán sarcasmo, desplantes y descalificaciones. Pero hay ciertas cosas que creo que se aprenden de esta carta y que dan por finiquitado varias cantinelas con las que hoy todavía se quiere manejar este país: el teatro no es lo que sale en El País, para crear opinión pública ya no solo sirven los periódicos, porque Zarra no metió gol con la cabeza, no fue de cabeza Vidales aunque te empeñes, aunque quieras dividir y decir que en la naves hacen performance, música y visuales; y ya no vale, tampoco, ir a Nuestra Señora de la Comunicaciones con El País debajo del brazo a pedir cargada de influencia mediática.

Ansón ya no mueve las direcciones de El Español. Bueno, eso quizá es demasiado triunfalista. Quizá hoy es un día proclive al triunfalismo. Pero ver ahí juntos a Nyamnyam y a Cambaleo, a Sara Molina y a Federico Vladimir Strate Pezdirc, a Israel Galván y a Elgatoconmoscas, pues te levanta el espíritu al ver que hay muchos que no ven la escena ni como disciplinas, ni como sectores, sino como posibilidades. Ver a catalanes, gallegos, andaluces, valencianos, navarros, vascos, madrileños, canarios.. Aunque sea un poco ilusorio, fugaz… te pone duro. Y más cuando me acuerdo de esos siete allá, el lunes pasado, discutiendo primero, yendo a lo esencial luego.

Ahora toda la responsabilidad queda sita, inmóvil, en el CIAV, deberán saber escuchar todo lo que ha pasado, deberán saber leer que esta carta es ante todo una exigencia para que este centro sea espacio de encuentro, sepa aglutinar, incluir, trabajar con y para esta ciudad.

Me cuentan que en el Ayuntamiento están contentos, cogen aire. Se fue la Magnani chueca de La Latina, Carmena se responsabiliza de toda la cultura… Pero Madrid clama: qué pasa con la música, con las plásticas, qué desastre habéis hecho con el cine. Descansen hoy si quieren, mantengan lo conseguido, pero esta ciudad se cae culturalmente a cachos después de más de veinte años de cultura de escaparate turístico de una derecha pacata y tradicionalista. Y ustedes están parados. Cojan aire si quieren pero comiencen a soplar fuerte.

Carta para leer: AQUÍ

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El inútil de Mateo Feijoo a mí no me invitó (texto de Rodrigo García)

 

Mateo Feijoo no me invitó. Yo no soy parte de su proyecto.

Ernesto Caballero no me invitó. Yo no soy parte de su proyecto.

Carme Portacelli no me invitó. Yo no soy parte de su proyecto.

¿Será mi vanidad el argumento que yo esgrima para menoscabar sus teatros, mancillar sus programas, agredir a su equipo?

Pobre comercio haría con mi inteligencia y mi honra actuando así.

Cada curador, director de una institución, sabe a quienes elige y por qué. ¿Y quién soy yo para figurar en sus planes puesto que artistas de postín los hay a punta pala?

Desconozco el plan a largo plazo trazado por Mateo para el Matadero de Madrid. Si como intuyo se trata de algo acorde a los tiempos que corren, cómo no le voy a dar una oportunidad cuando me batí treinta años contra el inmovilismo del teatro en España, esa barricada, esa trinchera empeñada en servir más como referencia del pasado para los niños de las escuelas y una burguesía necesaria (tienen para pagar la entrada) que como consumible poético de una polis a la vez saciada de todo y nada, ebria.

Soy director desde hace cuatro años de un Centro Dramático Nacional francés. Obré a mi modo una modesta revolución, sustituyendo el teatro de repertorio y colocando en su lugar a los creadores actuales y a la vez eliminando las malditas etiquetas: que si danza, que si teatro de texto, que si tal. Un público perdí, por contra otro descubrió una nueva droga: las artes de la escena del presente.

¿Cuántos espacios y eventos hay en mi ciudad perdida, Madrid, dedicados al teatro convencional y cuántos consagrados a la investigación y la experimentación? ¿Y cuánto dinero público invertido en unos y en otros?

Me da a mi que es como el 6-1 del Barça al PSG.

¿Por qué algunos elegidos queréis ganar siempre 6-0? ¿No hay en vosotros, los alborotados ante lo diferente y ante la libertad creativa, un mínimo espacio para la generosidad? ¿Siempre tiene que ser todo tal y como exigís? ¿Acaso justo es sinónimo de lo que me beneficia en particular a mí y a mi colectivo? Como niños, igual que los niños, lo queréis sencillamente todo para vosotros. Pero no sois como los niños. Los niños se mueren de curiosidad. El niño, curioseando, aprende y crece.

Existe un público más allá del que os da palmaditas en la espalda cuando acaban las funciones de un Otelo. No lo conocéis porque no va a veros. Eligen. No. Ir. A. Veros. ¿Ellos se merecen un páramo? ¿Les vais a negar a ese otro público la posibilidad de disfrutar solo porque no conseguís seducirlo con vuestro teatro, porque ellos prefieren ese arte moderno que escapa a vuestro monopolio?

¡Hey! ¿Sindicato? ¡Teléfono! Cogedlo: las obras “modernas” emplean a mucha gente, tanto en su investigación, en los procesos, como más tarde en las giras. Esos trabajadores tienen los mismos derechos que cualquiera que ficha en la Zarzuela.

Ni sueño con un empate 3-3.

A pocos Ministerios de Cultura europeos podríamos pedir tanto, qué le vas a exigir a un país todavía con ramalazos franquistas. Firmaba un 4 a 2 ahora mismo. ¿Hola? ¿INAEM? Que se ponga…

Permitid que los otros tengan una voz. Vosotros os decís que sabéis escuchar: pero no era más que el eco de vuestro discurso devuelto por la montaña helada. Lleváis la vida entera creyendo que se trataba de un diálogo y es vuestra propia palabra la que regresa, rebotada, rota, pequeña, como todo balbucear sectario.

La guita no lo es todo, muchachos. Me lo dijo mi mamá y ya que estamos gracias, mamá.

Yo sí que he perdido lo más importante, que es la oportunidad de trabajar en mi país. A los que os sentís expulsados del proyecto del Matadero os diré: a mi sí que se me cerraron las puertas en mi país y bien que habría cambiado tantos años de Avignon, Paris, Berlín, Tokio o Bruselas, por una sala donde en el bar de enfrente sirven callos. Mi reino por un pincho de tortilla.

Yo sí tuve que irme con la música a otra parte, jodido; yo sí que no conseguí ayudas oficiales en mi país sino excepcionalmente y tuve que cerrar mi empresa y no por eso tiré mierda a nadie ni descalifiqué el proyecto de ninguno.

Me fui calladito la boca y sin armar jaleo.

A vivir y dejar vivir.

Eso.

Vivir.

Y dejarse un poquito de joder.

 

Rodrigo García

 

 

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NOTA QUE PATINA BASTARDA #1

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Jesús Ubera, junio 2016

A Fa Claes, poeta y lector

  Con las manos vacías
entrelazamos tiempos

Encendemos hogueras
para ver el fuego

Cuando llega la lluvia
miramos despacio

su luz en los cristales
y en las piedras

¿Qué buscamos?
¿Qué somos?

Antonio Fernández Lera [ 17 de noviembre de 2016 ].

 

Me llegan estas palabras vía mail de ese brujo que es Antonio Fdz Lera. Me siento agraciado (sentimiento tonto) y agradecido de que esté en su lista secreta de aquellos a quienes cada cierto tiempo nos llega un poema de Antonio al mail. Los leo con toda la atención, me pille en el curro, en casa, en la calle, da igual, los leo pensando cada frase e irremediablemente pensando en él. Son sencillos en la escritura, poemas que exiliaron hace mucho y para siempre la floritura y no tienen otro remedio que afrontar lo que resta. Y me siento un poco ladrón al compartirlo acá, sin autorización alguna.

En este último mes, con el puto festival El lugar sin límites ya terminado, en el que curré como cronista y coordinador del blog, con el sinsabor que siempre queda donde has puesto trabajo y ganas, he ido dando tumbos, como siempre, por otro lado, nada especial. Pero no tengo nada en el corazón, y cuando uno no tiene nada en el corazón es quizá cuando más vivo está, la falta apremia y uno engulle. Estas notas que patinan van de ese engullir vacío. Bastardeo al maestro Ramos, a quien quiero tanto, como si fuera el aparato médico de reanimación.

Llevo más de tres meses mirando a distancia las fotos que está colgando Ubera en su blog de Teatron. 63 fotos de paisajes que son territorio de nadie y de todos. Y las miro con distancia porque se me pegan enseguida a la piel y no quiero, tengo una relación con las fotos de Jesús demasiado pegajosa. Y además, qué coño está haciendo. Hace diez años todos se pusieron a hacer este tipo de fotos donde gana la estructura y el objeto. Vendían bien, es más, acompañaban todo de un cierto “knowledge” sobre arquitectura y arte. Y nos reíamos de aquella pequeña moda minoritaria y monetaria, con sonrisa partida, porque a alguno les iba de puta madre, conseguían estar en todos los circuitos que te permiten editar bien, vender bien, vivir de estupendo y además hablar bajito entre colegas porque ya eres una personalidad y razonas bien pero tranquilo. Y ahora va Jesús y se pone a ello, diez años después, cuando ya no va.

Y llevo tres meses mirándolas,  las miro, y las vuelvo a mirar. Jesús publica una y yo la miro y vuelvo a ese agosto donde todo empezó con esta foto:

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comunication break down (titulo inventado for my self) 15 de agosto de 2016

Y me las veo todas otra vez. No puedo dejar de ver las fotos de Ubera en secuencia. Yo creo que siempre trabajó así, en secuencia y en collage. Siempre con las imágenes en relación. Y me digo que no tiene nada que ver con aquella moda exenta de vida, se fotografiaban espacios sin vida, edificios y estructuras que el hombre había transformado y que en cierta manera hablaban del vacío y la inutilidad al no haber nunca personas, al aislar edificios, por ejemplo, en paisajes asolados o inhóspitos. Nada que ver con estas fotos en las que aunque no hay mujeres ni hombres están en todo momento sus rastros, como si se hubieran ido hace cinco minutos en algunas ocasiones, como si todo estuviera preparado para recibirlos a las 8 en punto en otras, espacios donde su gente ha dejado rastros de una obsesión, el orden por ejemplo, o de una dignidad dentro de un naufragio, en otras.

Y me preocupan porque es, entre otras cosas, la historia de una devastación. La foto como un rayo x del alma que pulsa el disparador. Y me tranquilizo, porque también es la historia de muchos, y de este país, y de Madrid, y del proceso de la infancia a la madurez (que aunque uno luche es siempre muerta), y de la historia del desahuciado, del apartado de la partida de cartas, del que quedó fuera. Y me recreo porque en ellas está en subtexto todo. Sobre todo la ilusión. Ilusión perdida, ilusión peleada con el orden como si fueran Abel y Caín, ilusión encerrada, frustrada y en algunos pequeños resquicios ilusión inmanente, presente, aunque bajo siete sábanas de urbanismo y melancolía, como en las pintadas de esta foto:

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Clara loves Inés, 20 de septiembre de 2016

 ¿qué buscamos?, dice Lera, así llevo un mes, preguntándome eso, y eso me pregunto ante las fotos de Ubera. Qué busca Jesús al hacer estas fotos, qué busco yo al mirarlas como si fuera el reflejo del fuego en los cristales. Ni por asomo llego a qué somos, simplemente, después de haber sido niño, de ese torbellino de inconsciencia y presente, de pasar por la juventud en la que todo se rechaza y todo se absorbe, después de haber tenido que madurar por cojones, qué busco.

Me decía Cornago el otro día, acertadamente, con otras palabras pero diciéndolo, que ya me vale con el saber escribir un poco y ponerme emocional. Que así uno se gana al que lee pero que de esa lectura solo queda que tras un pequeño tiempo todo quede como cierta subyugación por gustar por parte del que escribe; y que ese tipo de escritura está abocada al olvido, que a poco llega, que a poco sirve. Y llevo todo este mes pensando en ello. Con el corazón vacío, que es como uno puede estar vivo porque lucha por llenarlo -me digo para insistir-.

Pensé en las escrituras posibles, en realmente poner tu escritura en función y al servicio de algo y no de uno mismo, que es de lo que me acusaba Cornago. Y elucubré sobre Ubera haciendo estas fotos y compartiéndolas. y vi que en mi voluntad de escritura hay voluntad creativa, y me asusté. Ya no soy periodista, huelebraguetas con información que sintetizar, se fue la función de mis posts, escribo de manera disfuncional. Escribo para llenar el corazón, como Jesús con esas fotos, Ubera intenta llenar el corazón que tiene arrasado, casi con necrosis total. Y por eso son tan sobrecogedoras. Reflejo de una devastación y acto de voluntad heroica en el puto sentido griego.

Y comencé a ver todo, todo lo escrito en Teatron, todo lo escrito en los libros que me llevo a la cama u ojeo en el sofá, en el libro 4 de Rodrigo que tengo reservado para el WC; en todo, incluso en los telediarios de Piqueras, comencé a ver pechos vacíos que se hinchaban y emitían sonidos altos, graves, desaforados, ya fueran libros, obras o poemas que entran dentro de la esfera de lo creativo, ya fueran artículos informativos, notas centradas, análisis certeros, mails, whatsups, todo me resonaba como gritos en una cámara sorda. Vaya, que se me comenzaba a ir la fresa, a perder el norte, a desenfocar: Empacho de soledad y soliloquio unipersonal que es la conversación con uno mismo que nunca para y nunca compartimos.

Hasta que llegué el otro día a una premiere en la calle Gran Vía de Madrid para ver el documental sobre el disco OMEGA de Enrique Morente, Lagartija Nick y de algún modo Leonard Cohen, que ha realizado Sacromonte Films y ha dirigido Gervasio Iglesias. Estaban presentes su mujer Aurora Carbonel, y sus hijas Estrella y Solea. Fui solo. Y comenzó la película y desde el primer momento, tras unos horribles títulos de crédito de comienzo, me puse a llorar como un imbécil. Y he estado pensando qué es lo que nos dejamos en los artistas o trabajos artísticos que nos modifican y de alguna manera nos marcan. El Omega salió hace 20 años. Yo hice mi primera crónica en el año 1997, en el diario YA, sobre el primer concierto que dieron en Madrid ese año. Veinte putos años. Me la curré como un idiota, si la tuviese la ponía aquí mismo pero está perdida. Fue una nota respetando el género y estilo formal de un periódico de tirada nacional, aunque fuese en horas bajas. Y sí, el asunto imponía, la crónica no creo que valiese mucho, menos dos frases si recuerdo bien. Pero el caso es que me la curré a mansalva. A mí me gustaban los Lagartija Nick pero poco sabía de Morente, así que me embuí en discos que me pasó una amiga de mis padres: Sacromonte, Despegando, Alegro y Soleá… Morente, a partir de entonces, me ha ido acompañando siempre, su manera de hacer, su respeto por la tradición (siempre entra por el segundo verso, como queriendo explicitar que llega a un sitio donde todo ya comenzó, donde él simplemente continúa); y al mismo tiempo, su clarividencia e inteligencia para poder buscar, encontrar en otros lugares no propios del flamenco.

Del documental no sé deciros, está bien, sobre todo por las imágenes de la grabación del disco en Granada, por temas inéditos aunque sean salvaje e incomprensiblemente cortados porque sí a mitad, por ver a Morente paseando por Nueva York, por verlo cantar con veintipocos una versión de Estrella que no conocía, y por la crónica de la presentación del tema Omega en una sesión pura de flamenco que Morente estaba dando en el Albeniz. Ahí, Morente, frente a un público flamencólogo, se levanta solo en el escenario, con el telón detrás de él y grita “la hieeeeerrrrba”, momento en el que se levanta el telón y entra todo Lagartija. Ese acto, justificado, con una canción que lleva años pergeñando, tiene también toda la intención performática de la provocación. Tan necesaria, dice él en el propio documental. Y lo bueno es que vi ese momento en imágenes, Morente ahí solo diciendo: venga, vamos, decir lo que tengáis que decir, que tengo una claridad en mi cabeza y la voy a luchar hasta el final. ¿Os lo imagináis? ¿Os imagináis haber estado ahí?

La gente en el cine de Gran Vía aplaudía y yo lloraba como un mocoso, todo el tiempo, bochornoso.

Y podría enredarme en porqué lloraba, pero más quisiera decir una cosa. Que sí, que Morente está muerto, que Cohen (otro de los faros  que diría Baudelaire) acaba de morir, que aquello tenía algo de akelarre aunque fuera urbanita y mitómano, pero que lo que a mí me tenía pegadito a la butaca era una sensación de estar de alguna manera en casa, en una casa de la que me pierdo, lamentablemente, con facilidad. En casa con esos veinte años que me he pasado estudiando y pensando con Morente. Escuchando Mi pena, Estrella, Yo poeta decadente, etc. etc. Este último tema viene del disco Alegro, Soleá y Fantasía de Cante Jondo. Discos Probeticos, 1995, donde Morente toca con una filarmónica entera y va recogiendo palos antiguos y letras anónimas entre las que mete este poema de Manuel Machado. Y pensaba en ese akelarre en la Gran Vía donde se clamaba que Omega era la revolución porque entró el rock en el flamenco, pero pensaba que lo importante en Morente es que era capaz de hacer ese mismo gesto, el de abrir y encontrar, abrir y encontrar, con las poesías de Miguel Hernández o Manuel Machado, con un grupo de rock o una filarmónica, o con la Voces Búlgaras en la Catedral de Barcelona. Estaba en casa con todo eso en la cabeza, y lloraba porque la madurez es una lucha por no dejarse ir e ir muriéndose en una cotidianeidad apagada, por no dejar que la necrosis gane en esas partes del cerebro que avivan el alma y al final llegue al corazón ¿Qué buscamos? Quizá no morir.

Si yo encontrara la estrella que me guiara,
Yo la metería muy dentro de mi pecho y la venerara

Y siguiendo este mes sinuoso, me llegó también al mail una maravilla llamada “Prólogo a los detectives salvajes (versión)”, un video de 27 minutos que es antesala al proyecto que están realizando PLAY dramaturgia.

Proyecto a la Bolaño, de indagación en el pasado, de intentar reconstruir lo que fue a través de trazos ínfimos, quieren el avión entero, dicen, haciendo metáfora entre la escena de los últimos veinte años y el avión perdido en el Atlántico del que solo se ha recuperado un ala. No estuvimos allí, dicen, ¿os lo imagináis?, dicen refiriéndose al estreno de “Protegedme de lo que deseo” de García.

Buscan una compañía que decidió irse y dejar de ser visible, una Cesarea Tinarejo que uno se plantea si no está mejor perdida, para ello acaban de cruzar el Atlántico, por ahí andan en noches americanas buscando un telefonillo que presionar.

La historia de los que decidieron dejar de ser visibles. El acto de búsqueda y viaje. ¿Qué buscan los PLAY? No lo sé, no sé qué se busca cuando uno se centra en lo ido. En algo que ni se vivió, No estuvimos allí, dicen, buscan algo que les contaron, mitifican sobre un arte efímero sobre el que no hay casi registros, mito sobre mito, y bajo él una historia de nuestra escena, una de tantas.

Ulises Lima y Arturo Belano, estos dos perros aulladores, que inician la búsqueda de una compañía que les complete el realismo visceral que fue nuestra escena de los noventa y primer decenio del XXI. En el libro de Bolaño se disuelve poco a poco la búsqueda de Lima y Belano y entramos en el naufragio vital de estos dos huelebraguetas de la vanguardia literaria mexicana, dos hombres que buscaban para encontrar sus fundamentos artísticos y que se pierden en un mundo ancho y solitario. África, Israel, París, España… La vida es un naufragio que no siempre sale bien. Hay mucho de lo que hablar en lo que está haciendo PLAY dramaturgia, mucho que comentar y que pensar sobre lo que ha pasado en estos años con toda una corriente escénica, mucho sobre las estructuras culturales y de mercado. Y lo haremos. Pero a mí me interesan Lima y Belano, ¿porqué buscan? ¿qué buscan? Por apuntar algo, pienso en el miedo al naufragio, a naufragar ellos, a que se malogre tanto esfuerzo y voluntad.

Me parece el proyecto “escénico” más atrayente que pasó por mi vera en estos últimos tiempos. Los sigo como otro detective, a distancia, sin entrar pero queriendo saber a cada paso. Y este mail que me llegó como un regalo, que salvó este mes de púas y silencios, quisiera compartirlo con ustedes. Tampoco sé si estoy autorizado pero es una maravilla y además anda en la red, así que…

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NUEVO DIRECTOR DE LAS NAVES DE MATADERO: MATEO FEIJÓO

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Una pequeña exclusiva. Ya hay fallo, ya hay nuevo director de las naves de Matadero: Mateo Feijóo, al que conocemos por sus direcciones del festival Escena Contemporánea y del Teatro La Laboral.

Se quedaron fuera, tres proyectos: Andrés Lima, el presentado por Marquerie Tomé y Dasi, y un tercero que desconozco.

Esa es la noticia. Para quien no conozcan a Feijóo. Aquí una pequeña resemblence…

 

Mateo Feijóo ha trabajado como actor en diferentes compañías nacionales e internacionales. Como regidor en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Como coordinador del área de Performance en varias ediciones del Festimad. Ha sido director de tres ediciones del Festival Escena Contemporánea y Asesor Internacional del mismo. Asesor del Centro Coreográfico Galego. Director del Teatro de la Laboral, proyecto escénico enmarcado en La Ciudad de la Cultura de Gijón (Asturias). Curador de Proyectos Internacionales en los Uferstudios de Berlín, Asesor de Teatro en el Consejo Estatal de las Artes del INAEM y forma parte del jurado de selección de proyectos de ayuda a la movilidad de Cimetta Found. Compagina su labor de programador con su trabajo como creador y director artístico.

 

ACTUALIZACIÓN DEL POST (DÍA 25/9/16 a las 20:10 horas)

Siguiendo la recomendación de Bárbara en comentario pongo aquí varios links para seguir la noticia y me permito una pequeña explicación. La exclusiva está dada muy poco tiempo después de que se fallara, sin nota de prensa del Ayuntamiento ni nada parecido. Tan solo un medio tradicional dio la noticia y TEATRON le ganó por hora y media. Ese medio, el ABC, firmado por Julio Bravo, da la exclusiva también y no tiene la información de quién componía todo el equipo liderado por Mateo Feijóo.

Ya más tarde con nota de prensa del Ayuntamiento salen las noticias esta mañana más completas. Quizá las exclusivas no sirvan para nada, eso es verdad, pero no había selección de información cuando se puso este post. Se contó todo lo que se sabía en ese momento. Anyway, gracias Bárbara por el apunte. Aquí teneís la del ABC y otras ya de hoy mismo:

ABC

LA RAZÓN (que carga las tintas por donde puede)

EL PAÍS (ya mencionada en el comentario)

EL ESPAÑOL 

Estos son los cuatro periódicos cortesanos, como ven EL MUNDO ya no se sabe qué es.

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LA CAÑA #9 | MÓNICA ELSL

Primera caña 2016 sobre este ciclo dedicado al relato y la casa. Relata Mónica, ciudadana que transita por la Calle Barco y alrededores.

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CONVERSACIÓN CON LOS COMISARIOS DE EL LUGAR SIN LÍMITES 2016

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Comenzamos con el blog de ELSL, primera entrada, seguimos, quien quiera leerla:

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EL BLOG DE EL LUGAR SIN LÍMITES, un encargo

 

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Esta mañana andaba ya inmerso en la que se avecina, en este mes de inmersión que va a suponer “El lugar sin límites”. Los directores del festival, Carlos Marquerie y Emilio Tomé, han centrado el tiro entre dos conceptos: la casa y el relato.

Y andando por la calle me encontré una edición setentera de “Bestiario” por dos euros, el libro de cuentos de Cortázar, y me acordé de “Casa Tomada”. Así que lo compré y lo leí de nuevo: cortito, tan extraño como evocador. Esos dos hermanos con la vida resuelta que van dejando sin lucha alguna que unos seres innominados les invadan la casa familiar hasta que acaban fuera de ella, expulsados, tirando las llaves a la alcantarilla. Y pensaba en nuestra casa, esta española, o madrileña, esa casa no familiar pero en la que vivimos. Y los paralelismos venían solos. Luego leí el prólogo, un prólogo que cargaba la tinta sobre lo político. “Casa Tomada”, escrito en los sesenta, con Perón al frente del gobierno, texto que se leyó como nítidamente “antiperonista” (esos pobres que nos echan del hogar familiar construido con años y tradición). Hasta llamaban “Gorila” a Cortázar, eso decían del que luego escribiría “Nicaragua tan violentamente dulce” o, si no quieren algo tan coyuntural, “El libro de Manuel” por ejemplo. Y pensaba en las lecturas que uno hace, en lo que uno lee en el arte y de lo que ahí hay. Y pensaba que quiere decir ese “ahí”, si es un lugar, si es posible que contenga.

Pensé en los cuentos, que son la quinta esencia del relato, pensé en el texto introductorio del festival que habla del relato contado en torno al fuego, ese lugar mítico donde creemos que nuestros ancestros construyeron la primera comunidad, la metáfora y el simbolismo. Y me acordé de no sé qué escritor que decía que las novelas y cuentos de Pio Baroja sonaban a relatos contados en tono bajo junto a un fuego. Y me acordé de mi amigo Óscar Cornago y de un texto que leyó en un Escena Contemporánea sobre la comunidad, concepto tan manoseado últimamente en las “prácticas escénicas” (sic). Un texto que hablaba del comienzo de sentimiento de comunidad describiendo una plaza, el justo momento en que un hombre apuñalaba a otro “ahí, en ese momento, comenzó el sentimiento de comunidad” explicaba Óscar.

Y escribí esto antes de comer:

“En esta segunda edición los organizadores se han centrado en dos conceptos: el relato y la casa. No sabemos si los trabajos que se mostrarán en el ciclo realmente los acogen, si hay, como se dice, una fina línea de programación que atraviesa y profundiza en estos dos conceptos. Veremos. Pero nosotros hemos decidido hacerlos nuestros. Acogemos como acólitos estos conceptos, los incardinamos, los asumimos dentro de este blog, para bastardearlos hasta el infinito, para exprimirlos hasta la brasa… Esa es la idea, seguir horizontalizando la mirada y la reflexión en torno a esto que ya no quiero nombrar (teatro experimental me apunta el compañero bloguero, ni de coña, dice el tercero en discordia, pues eso, digo, ni nombrarlo). Seguir invitándoos a escribir, a reflexionar, a mandarnos lo que consideréis. Y con toda la voluntad de seguir moviendo la cosa, la casa, esta madrileña y esta española, para ver si ese viento salgadeño que hoy parece parado sigue estando ahí… ¿Y qué mueve ese viento, qué ha movido en esta casa? ¿La decoración, los muebles de sitio, nada? Otros cuarenta años de democracia en la casa, casa del pueblo, casa de lenocinio y parricidio, casa de todos, la casa-cosa pública, ¿se movió, se moverá? Estamos barruntando, viendo quien tiene las llaves para robárselas por un rato y hacer copias y más copias, y más copias y más copias. Estamos barruntando, moviendo los sesos de un lado a otro, de otro a uno, hasta la risa incontinente. Que empiece esto, dice el bloguero, ahí estoy de acuerdo dice el otro en discordia: aquí lo que tiene que pasar es que esto empiece, que dejemos los sesos quietos de una vez y nos los empiecen a mover en platea. Yo, transcribo”.

Y ahora, tras la siesta he alargado el brazo y cogido un libro de ese traductor de Müller que además y sobre todo es buen poeta. Y leí esto: “LA CONDICION HUMANA I: NEGRA noche / más cerrada / que el portalón del Paraiso // y alguien errando / con una escoba en la mano / donde quizá debiera llevar una linterna” (“El común de los mortales”, Jorge Riechmann).

Y claro, me acordé de Emilo y Carlos, hace quince años estrenando en el Teatro Pradillo junto a Montse Penela “2004 (tres paisajes, tres retratos y una naturaleza muerta)”. Emilio y Montse interpretando, y Carlos dirigiendo y manipulando objetos en escena, hasta que en un momento se quedaba vestido con bata negra barriendo el espacio, con una linterna en la cabeza. Y congelaba el movimiento. Puta imagen grabada a conciencia.

A mis compañeros de blog: Fernando Gandasegui y Javier Marquerie.

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Adiós a José Monleón, el director que modernizó el teatro español en tiempos de Franco

 

Se fue Monleón, escribí este pequeño texto:

LEER

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LA CAÑA # 8 | ÓSCAR CORNAGO

Caña publicada en EL LUGAR SIN LIMITES

Óscar Cornago es investigador del CSIC especializado en artes escénicas. Hay una página que quizá sirva para situar: ARTEA.

Primera de las “cañas epílogo”, hechas con todo el ciclo ya pasado:

Hay un pequeño corte (simple cambio de baterias, ninguna otra alteración).

Caña realizada en el Teatro del Barrio. Especialidad en seguir siendo una de las salas de pequeño formato con más capacidad de público y en el que se está dando un teatro político documento bien interesante que pareciera hecho por un Dario Fo pos-democracia europea. Un ejemplo: Qué pasa en Madrid.

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Las ideas, una crónica temprana

crónica publicada en El lugar sin límitesfede

La nueva pieza de Federico León llegó a Madrid recién hecha, con tan solo el estreno del Kunsten a la espalda. Atrás quedaban todos los trabajos desde “Cachetazo de campo” hasta “Las multitudes”. León adapta el Valle-Inclán a las dimensiones y la cercanía de un espacio de medio formato. No hay peine, los dos actores (el mismo Federico y Julián Tello) la juegan a tres metros de la primera fila de una grada reducida a un aforo en torno a los 130 espectadores. En el espacio, una mesa de pimpón dos sillas y aparatos de grabación y reproducción. Ese es el pequeño dispositivo de “Las ideas”.

Y llegó Federico con una pieza de sesenta minutos de duración que es un pequeño juguete escénico. Juguete redondo y solvente que sigue ahondando en los tres temas que atraviesan todas sus creaciones: ficción / realidad, meta-teatro / vida, y familia / generaciones. Este último soslayado, casi imperceptible.

La pieza en un principio se presenta como un laboratorio-garaje chusco en plan comienzos de Apple (ese mitificado momento creativo a lo Steve Jobs)  donde se está generando la nueva creación del futuro. Allí dos colgados, que se nos hacen cercanos y comprensibles, dan vueltas, investigan, sobre su propio proceso de creación. Tres cuestiones circunvalan estas disquisiciones: hacer las acciones de verdad (beber whisky o té), qué hacer con lo descartado; y dónde queda el punto de vista del observador /creador en la grabación de lo observado. Tres cuestiones eternas, vease “Las meninas” de Velázquez.

Todo está realizado desde el hoy. Así la primera dialoga con la dicotomía performance / representación, la segunda con las huellas y lo fijado; y la tercera ahonda en la presencia en las piezas creadas, ya fijadas, de lo no dicho, de lo incluso olvidado, y de cómo trabajar con ello. La pieza trata este proceso de creación representándolo con una cierta distancia socarrona, sin llegar a la parodia, pero ahí vemos a estos dos “enganchados” flipando con la capacidad, en teoría libertaria, de la asociación que da vueltas. Vueltas a la obsesión y a la ocurrencia como métodos de trabajo, como instrucciones de uso…

Y como siempre Federico va metiendo pequeñas cargas de profundidad en este, en teoría, amable juguete. Dos ejemplos. Primero: la actuación. Sorprende, sobre todo viniendo de Argentina, la interpretación de ambos actores. Una actuación que camina en un hilo frágil entre el personaje y la persona. Sorprende, en una primera ojeada, esa actuación relajada, donde los textos son dichos sin mecanismo teatral, casi conversacional. Una actuación que al mismo tiempo no tiene intención de ruptura (algo que conocemos bien en España y especialmente en Madrid), ni pierde cierta composición en cada personaje, más visible en el actuado por Federico. Subtexto no dicho: esta opción, este terreno de la actuación, nos sigue hablando del concepto de veracidad en escena.

Segundo: las cajas chinas. La aventura de arriesgarse en el pensamiento no reglado lleva a zonas desconocidas, pero en este “dramolette” ese gesto queda lastrado a una búsqueda idiota hacia el infinito, búsqueda aparentemente inteligente, deslumbrante, que quiere “ver” en el reflejo de un reflejo que a su vez solo puede reflejar un aforismo que supuestamente entraña misterio. Si bien esto es común a cualquier geografía suena tres veces duro viniendo de un país tan dado al artificio pseudo-intelectual como es Argentina, más cuando es dicho sin apuntar valoraciones, es más, se presenta de manera atractiva, como sofisticado pensamiento.

Y así pasa nueve décimos de la obra. Quepa resaltar en clave madrileña el momento donde en escena se discute sobre cómo hacer una escena donde se fuma marihuana: ¿hacerlo?, ¿buscar un dispositivo que simule el olor? Se dice en escena lo interesante que sería ver como el texto, la actuación y lo hecho, es afectado por las drogas si se opta por fumar realmente un porro. Uno se acuerda de la pieza presentada en marzo de este año en Pradillo “Amasijos de la gran puta”, dentro del ciclo Apuntes en sucio, donde una actriz ingería keta para decir un texto. Tan vilipendiado con aspavientos. Creo que donde “Las ideas” pone el alcance del debate de la “veracidad en escena” sitúa las cosas, sino en su sitio, sí en cierto lugar más que asumible. Quizá la pieza de Davila, de la Rosa y Krapoola estuviera haciendo lo mismo por caminos casi opuestos.

Y así la obra llega a su cenit absurdo en una escena donde un gran globo se va hinchando sin límite y en la que el público espera con cierta sensación de miedo y deseo a que explote. Ahí la obra vira, vira en un sueño propio de “Blade Runner”. Se quema, a consecuencia de la explosión, el laboratorio de Apple, se quema ese semidios al que confiamos la resolución de todo que es el ordenador. Esa máquina en donde creímos que podíamos aglutinar la condición humana, donde creímos que podíamos reglar los mecanismos de nuestra memoria, dominarlos. Y la creación vuelve a cero en ausencia del registro. Ahí, en un sueño cibernético, surgen diez minutos de libertad creadora hecha film. El sueño de un sueño, a la Borges, donde se muestra la capacidad del arte de mirar y revelar sin dar ninguna pista.

Y la gran “enseñanza” para el que escribe de esta obra metafórica es que uno encuentra en ese milagro (que no es ni más ni menos que registro hecho film) todas las huellas que han ido quedando en la pieza, pero transfiguradas. De esa alquimia, uno podría decirse, no se ha hablado en la pieza. O quizá sí. Ese pequeño oasis fuera del tiempo que apunta a que la vida está en otra parte no es comprensible sin haber pasado por el garaje. Lo que parecía una pseudo-parodia de la creación, ese garaje común del día a día, retoma valor como camino necesario, como materia de trabajo.  Una materia hecha de trazos humanos, de limitaciones, de estupidez necearia, de amistad y de constancia. La vida como representación chusca de un anhelo, de un deseo.

Y sobre volado queda ese film donde todo se resignifica en semántica anti-ilustrativa, en frames breves, rápidos, que abren puertas y detrases. ¿Dónde quedan las ideas? ¿Qué valor tienen éstas en la creación? ¿Por qué son omnipresentes en todo proceso? ¿Qué relación y valor tienen frente a lo creado?

Pablo Caruana

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