ONCE UPON A TIME IN WEST ASPHIXIA (2002)

Obra: “Once upon a time in west asphixia” (2002)
Angélica Liddell
Publicado en La Razón el 18 -9-2002


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Lidell: «Busco rebajar al espectador al nivel de los monstruos»
Pradillo estrena la continuación de «El matrimonio Palavrakis», «Once upon a time in West Asphixia»

Angélica Lidell y su compañía -Atrabilis- vuelven a un teatro después de que, de manera incomprensible, su último espectáculo -«El matrimonio Palavrakis»-, desaparecierade la cartelera el año pasado tras tan sólo cuatro funciones. Aquel malsueño, con forma de cuento y estructura descompuesta, fue la primera parte del tríptico sobre la familia que Lidell ha creado y del que ahora podremos ver la segunda parte: «Once upon a time in West Asphixia». Su escritura dramática -negra y sin concesiones-, su utilización del espacio como reino de la pesadilla y el trabajo «patológico-orgánico» de los actores son tres factores que hicieron que ni las salas alternativas se atrevieran a apostar por ella. Algo que Escena Contemporánea ha sabido rectificar programando para la próxima edición las tres obras de esta fatal radigrafia familiar. (La tercera parte llevara el título shakesperiano de «Histérica passio »). Padillo reestrena también «Haemorraísa», otro texto de Lidell dirigido por Oscar Villegas. Resulta difícil explicar el teatro de Lidell. Valgan, como apoyo, alguno de los puntos cardinales de su teatro explicados por ella misma:

• Espacio: «Al igual que en la obra anterior, en está también jugamos con la acumulación de objetos. Si en “El matrimonio…” nos encontrábamos con una alfombra de cuerpos descuartizados,  ahora veremos el techo lleno de ositos de peluche de color rosa. Es el cielo de estas niñas crueles, que las oprime y las asfixia».
• Objetos: «La relación con los objetos es emocional no son símbolos. Hay que convertir los objetos en cuerpecillos crueles. Me voy dejando llevar por la búsqueda de objetos. Me puedo pasar meses buscando juguetes por las tiendas.  No es nada teórico, es una necesidad».

• Credo: «Creo en la catarsis, cómo no. Lo único que busco son formas de tragedia, es lo que más cerca está del individuo y más lejos de la masa. Al poner al monstruo frente al espectador, busco acabar con ese sentimiento de superioridad que llevamos todos dentro, busco que se rebaje al nivel de los monstruos».

•Cuerpo y palabra: «El cuerpo es el lugar de la humillación y de la muerte. El lugar del dolor. La palabra agoniza en el cuerpo. El cuerpo es el lugar del «pathos» de la palabra. La palabra tiene que convertirse en emoción agónica en el cuerpo».

• Influencias: «La literatura y el cine son las influencias de las que me nutro. En esta obra sobre todo del libro de Flannery O’Connor “Los profetas”. Toda la literatura apocalíptica norteamericana, desde Faulkner, para mí es muy importante».

La locura y lo mágico, la sociedad la crueldad el «westem» gótico, el falso documental y la asombrante escritura de Lidell se juntan en esta historia de dos niñas inteligentes y macabras, dos «psico-killers» sectarias y parricidas -Gumersindo Puche y la misma Lidell- decididas a destruir y destruirse antes que a comulgar con la convención y el pacto social.

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