LA CERTIFICACIÓN DE UNA MUERTE

“Solo a ciegas (con lágrimas azules)”, de Olga Mesa.
Festival de Otoño, 2008.
La Casa Encendida, Madrid.


imagen Bendedicte-Zanon

Hace ya tres años escribí esta crítica para el periódico Público, de esas críticas que luego por razones inescrutables no se publican. Quedó en el tintero. Hoy he asistido a un ensayo de la nueva pieza de Mesa: “El lamento de Blancanieves”. Estoy en Citemor, en un pequeño gran festival en Montemor. La obra se estrena mañana en un teatro de Coimbra. He creido que qué mejor momento que este para poder publicar con sentido aquella crítica.
Ha sido un ensayo complicado, técnica, mucho trabajo encima… En la crítica de hace tres años hablaba de la certificación de la muerte de un lenguaje, hoy, aún en ensayo, he visto ese mismo lenguaje en cierta manera renacer, pero renacer con el pasado del trabajo que supuso “Solo a ciegas”. Es curioso, aleccionador, resonante, como el arte vive de pequeñas muertes y redenciones… Mañana iré, e intentaré escribir sobre ello, es lo que hago en Montemor, intento escribir, lo intento…

La Certificación de una muerte

Hace cuatro años Olga Mesa actuó con “Suite au Dernier Mot” en el Festival Escena Contemporánea, en el Teatro Pradillo. Cuatro años han pasado hasta este “Sólo a Ciegas (con lágrimas azules)” que presentó en la Casa Encendida dentro del Festival de Otoño. Cuatro años de talleres y residencias por el mundo, manera fragmentada que tiene Mesa de ir construyendo. Volvía una de las puntas de la danza contemporánea española experimental a Madrid.
Hace cuatro años vimos una danza pensada, centrada en el encuentro, elaborada a través de la fragmentación, de la hipertextualidad intelectual propia de la literatura que parecía querer convertirse, tener su refrendo, en un lenguaje escénico propio. Había en aquel espectáculo mucha teoría de la composición al desnudo, una cierta obsesión por sustentar su creación escénica en un andamiaje reflexivo, un andamiaje desde donde construir y encontrar.
En “Solo a Ciegas” encontramos a la artista con los ojos cerrados, en la oscuridad. Comienza la bailarina con una reflexión sobre cómo empezar. Ante el ojo de un público en penumbra Mesa repite, se detiene en un fragmento o un movimiento, habla, recorre el espacio, repite el mismo texto esta vez en off, vuelve a recorrer el espacio de diferente manera… Mesa parece dar vueltas, reflexionar sobre qué o cómo hacerlo, o para qué construir algo. Parece esta pieza, en cierta manera, el negativo de la foto de sus trabajos. Parece que el espíritu de Ciorán se hubiese colado por sus meninges y le espetara: “¿Por qué no tienes la fuerza de sustraerte a la obligación de respirar?”, ¿por qué hay que hacer algo en esta vida?, ¿a dónde quieres llegar con tanta construcción?
En un momento azul Mesa se desnuda y se transforma con una mascara animal. Acto de simulación íntima y desesperada. Momento delicado tras el que sigue la continua exploración hacia la nada en la que Mesa va recorriendo el espacio y certificando milimétricamente su intangibilidad. Por allí queda el recuerdo de su danza, elementos que quieren todavía explorar el recuerdo, historias sobre un abuelo con fondo bonaerense, dispositivos audiovisuales, referencias literarias… Mientras, se va haciendo patente la certificación de un muerte, la muerte de un lenguaje donde el notario es el mismo muerto. Y se vislumbra la antesala de otra danza, más oscura, donde la composición se disuelve, donde nada se toca. Pieza experimental y dura para un Festival que va acabando.

This entry was posted in -CRÓNICAS, OLGA MESA. Bookmark the permalink.

One Response to LA CERTIFICACIÓN DE UNA MUERTE

  1. Pingback: Paola Marugán » Blog Archive » Olga Mesa en Citemor

Comments are closed.