JUAN LORIENTE / GONZALO CUNILL

Artículo sobre Loriente y Cunill que acompañaba la entrevista a Rodrigo García para el número 2 de esta edición del FOP magazine del Festival de Otoño a Primavera de la Comunidad de Madrid. Por “recortes” la revista en papel no ha llegado a salir, el Festival la publica en su página

 JUAN LORIENTE: EL MÁS HIJO DE PUTA

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Foto: Christian Berthelot

Juan Loriente es, sobre todo, bueno. Buen tipo santanderino que estaba estudiando en la universidad y se topó con el aula de teatro, dirigida por Isaac Cuende y Francisco Valcarce, verdadero germen de actores y técnicos durante décadas. Pero quizá hay dos puntos cruciales en la carrera de Loriente. El primero es su encuentro con el recientemente desaparecido Torgeir Wethal, fundador del Odin Teatret con Barba, actor fundamental del Tercer Teatro que Loriente conoce y con quien trabaja a comienzos de los 90. Con Wethal se funda en Loriente un profundo compromiso con la escena espiritual que, paradójicamente, excluye todo tinte religioso. Y el otro es su llegada a Madrid, cuando aterriza en el Teatro Pradillo con El hundimiento del Titanic, de Carlos Marquerie, en 1992 (es curioso que también fuera el primer montaje capitalino de Gonzalo Cunill). A partir de ahí, Loriente estará en varias de las obras madrileñas de los 90 que cambiaron la escena de este país: El rey de los animales es idiota, del propio Marquerie, en 1997, y Aftersun, segunda vez que trabaja con Rodrigo García, en el año 2000 (antes fue Borges y, a partir de ahí, no pararía), son dos buenos ejemplos. Pero, biografías aparte, cuando uno mira las obras que Loriente ha ido haciendo, impresiona ver la cantidad de «hijos de puta» que le ha tocado interpretar. Si Juan destaca por su bondad, Loriente, en escena, destaca por ese compromiso bello que el espectador intuye, desde el que es capaz de decir con toda la dicción del mundo los textos más misóginos y «fachas», capaz de hacer las acciones más nazis, ejecutadas con seriedad premeditada. Y uno, después de verle en escena, se dice que es que tan solo se pueden hacer desde ahí, desde ese rigor marciano que Loriente ha traído a la Tierra. Y en la retina de muchos queda esa pequeña obra de Rodrigo García llamada Borges (1999), donde Loriente, pintado de ser azul y con una manzana en la mano, iba esparciendo agua con un rociador al mismo tiempo que el texto.

GONZALO CUNILL: EL ARGENTINO MÁS MADRILEÑO.

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Foto: Christian Berthelot

En Daisy, Gonzalo Cunill es el álter ego «ficcionado» de García. Poderoso trabajo en el que destaca una de sus grandes características: cómo decir el texto. Cunill atraviesa los textos comprendiendo primero cada palabra, cada vericueto semántico o sonoro, para luego bajarlo a la piel, a las venas. Su cadencia es rota y musical, cerebral y milimétrica. Este argentino llegó a España vía Australia y recayó en un nido de creación, el Teatro Pradillo (La Ribot, Elena Córdoba, Carlos Marquerie, Mónica Valenciano, Antonio Fernández Lera, el propio Rodrigo García que comenzaba, etc.), donde estaba confluyendo un teatro visual y poético con la danza contemporánea. Su primer montaje fue El hundimiento del Titanic en 1992. Su director Marquerie siempre dice que Cunill fue fundamental para poder entender cómo trabajar los textos. Es curioso que en España durante mucho tiempo se dijera que había una manera de decir los textos muy madrileña en el teatro de experimentación. Y es curioso porque gran culpa de ello es del propio Cunill. En los 90 trabaja en obras fundamentales como Los tres cerditos, de 1993, o Notas de cocina, de 1995, ambas de Rodrigo García; o en El rey de los animales es idiota, en 1997, de Marquerie. Ahí Cunill se traslada a Bélgica y trabaja con Jan Lauwers, factótum del teatro belga y europeo durante años. Luego, la vida le llevaría a Barcelona y, poco a poco, su calidad le va haciendo entrar en el teatro condal. Destacan sus trabajos con Carlota Subirós, con la que monta El oficiante y el duelo, de Wallace Shawn, y, sobre todo, King, de John Berger, montaje que pudimos ver en Cuarta Pared en 2009. Hace dos años llegó a este mismo festival haciendo un muy interesante Bernhard dirigido por Juan Navarro, Tala. Cunill, roto, cansado e hipnótico. Una recomendación: si pueden, vean este vídeo, parte de la obra Memoria de un jardín, de Antonio Fernández Lera, estrenada en 2009 en la Cuarta Pared y que recoge un primer trabajo con el gran Esteve Graset, Dónde está la noche, de 1995: aquí.

Pablo Caruana

Teatros del Canal, Sala Verde: Días 29 y 30 de mayo de 2015, a las 20.30 horas Día 31 de mayo de 2015, a las 18.30 horas. Rodrigo García además estará con dos obras más en el LUGAR SIN LÍMITES

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