«Mi relación con la comida» viaja a Tarragona

8 y 9 de abril 2011
MI RELACIÓN CON LA COMIDA
de Angélica Liddell
Sala Trono
21:00 · c/Misser Sitges 10, Tarragona
www.salatrono.com
http://cort.as/0imu

«Escribir estas líneas sin haber visto el espectáculo de Pau de Nut dice más a favor que en contra de esta creación. Osadía por osadía. Pau ha tenido los huevos de poner en escena un texto concebido como un insulto ininterrumpido, y yo tengo los mismos huevos para defender la pieza sin haberla visto.

»He negado, durante todos estos años, los derechos de representación a varias compañías por considerar que no estaban a la altura de la ira y el dolor con el que había sido escrito el texto. No confiaría en nadie, por tanto, que no hubiera experimentado la ira frente a la injusticia, y considero que Pau es un noble airado. El caso es que el autor es el único que lo desconoce todo acerca de su propia obra. Por eso os dejo en las manos de este creador. »

____________________________________Angélica Liddell
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Desempolvar la muerte

He traído mis libros a casa. Estaban en casa de mi padre almacenados en seis cajas —cuatro medianas y dos grandes— desde hacía cuatro años. Echaba de menos a esos cabrones igual que si fueran mis hijos. Seis cajas de libros son lo que adquirí durante seis años.  Una caja por cada año. Tras jugar con las cajas un rato, he separado poesía y narrativa por un lado, y ensayo y libros técnicos por el otro. He puesto todos los volúmenes del primer grupo en el suelo, agrupados por categorías (guiones de cine; ficción; poesía española y catalana; poesía extranjera; biografías) y los he ordenado alfabéticamente. Luego he hecho lo mismo con los ensayos, pero todos a saco por orden alfabético. El teatro ha quedado aparte. También los volúmenes singulares y los libros de arte de gran formato, así como una fila detrás del teatro donde se ocultan los libros vergonzantes y los de temática espiritual. Entonces he decidido hacer un ensayo visual, como los que hace John Berger.

«Entonces le digo:
—¿Quieres que lo hablemos?
Y me responde:
—No quiero hablarlo ahí entre los libros. No, no quiero.»


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La psiquiatría como delirio

«[…]el libro de Foucault, L’histoire de la folie à l’age classic
es un estudio metodológico de la psiquiatría como delirio.»

Leopoldo M. Panero

«Explicación XXVIII. 1.º Fotografía de mi cuero vivo a la luz del día por Nadar. 2.º Icono óbico espontáneo, representando el fantasma fluídico del cuerpo aromal que reproduce la forma de mi cabeza. Este icono se hizo bajo la luz roja, con la mano derecha colocada frente a la placa sensible, colocada ella misma delante del aparato biométrico, para estudiar a la vez la fuerza expansiva del Ob empujando la aguja de 2 d., y realizando ella misma su propia firma atravesando la capa sensible, el vidrio, el aparato para empujar la aguja (sin método eléctrico, los dedos frente a la capa sensible). 3.º Imagen psicocónica de mi cabeza; involución de un pensamiento relativo a mí en una masa ódica, en medio de la cual surge con nitidez la deseada imagen de mi icono; el pensamiento de mi yo-mismo (con método eléctrico, los dedos frente a la placa). 4.º Alma psíquica, mi yo espiritual. alma espiritualizada, delicada perla estrellada con cuatro puntas (por imantación) con, en el centro, el área del rayo divino, un delgado círculo de vestido ódico alrededor, con cuatro rayos comunicando con los cuatro soplos del Espíritu.»

Baraduc, L’âme humaine, ses mouvements,
ses lumières et l’iconographie de l’invisible fluidique,
Explicación de la prueba XXVIII

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Diderot, Erasístrato, la guillotina.

En el artículo «Anatomía» de la Enciclopedia, el bueno de Diderot justifica la práctica de la disección y con este motivo señala las diferencias entre un cadáver y un cuerpo sano y vivo; en buena lógica filosófica, elogia, con muchos ejemplos antiguos, la anatomía médica del ser vivo antes que la del muerto y, siguiendo la «razón de [su] razonamiento», propone, en nombre del progreso médico, que la ejecución de los criminales se haga por vivisección. Ante los posibles reproches de inhumanidad que se le pudieran hacer, responde, en forma muy explícita, con una página que es necesario leer para percibir con arreglo a qué modalidades podría pensarse el concepto de «humanidad» en el último tercio del siglo de las luces:

«¿Qué es la humanidad, sino una habitual disposición de corazón por emplear nuestras facultades en provecho del género humano? Admitido eso, ¿qué tiene de inhumano la disección de un malvado? Puesto que llamáis inhumano al malvado que se diseca porque ha vuelto contra sus semejantes facultades que debía utilizar en su provecho, ¿cómo llamaréis a Erasístrato, quien, sobreponiendo su repugnancia en favor del género humano, busca en las entrañas del criminal luces útiles? […] Desearía que fuera costumbre entre nosotros entregar los criminales para disecar a los de esta profesión [cirujanos y anatomistas], y que tuvieran el valor de hacerlo. De cualquier modo que se considere la muerte de un malvado, sería igual de útil a la sociedad en medio de un anfiteatro que sobre un ptíbulo; y este suplicio sería como mínimo tan temible como cualquier otro […]. ¿No hallarían su propio provecho la anatomía, la medicina y la cirugía en esta situación? En cuanto a los criminales, pocos hay de entre ellos que no prefieran una operación dolorosa a una muerte cierta; (1) y que, antes que ser ejecutados, no se sometieran, sea a la inyección de licores en la sangre, sea a la transfusión de este fluido, y no se dejaran o amputar la pierna en la articulación, o extirpar el bazo, o quitar alguna porción del cerebro, o ligar las arterias mamarias y epigástricas o serrar una porción de dos o tres costillas, o cortar un intestino del que se introduciría la parte superior en la inferior o abrir el esófago, o ligar los conductos espermáticos, sin afectar con ello el nervio, o ensayar cualquier otra operación en cualquier otra víscera.

»Las ventajas de estos ensayos bastarán para los que saben contentarse con la razón […]»

Denis Diderot

citado por Daniel Arasse en

La guillotine et l’imaginaire de la Terreur (Flammarion, París, 1987)

Alguien pidió la cabeza de Luis XVI

Alguien pidió la cabeza de Luis XVI

(1): Con anterioridad, Diderot había previsto que si el condenado no moría, salvaría la vida; Encyclopédie, Art. «Anatomie», ed. de Liorna, 1770, I, p. 402
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Un sueño

Soy Cary Grant salvando a una rubia. Mientras corremos por el bosque: me miro los pies.

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Sacar Pecho VS Meter Barriga

Estoy pensando en la idea de abrir dos blogs.

Uno se llamará “Sacar Pecho” y contendrá motivos para engordar el propio orgullo.

El otro se titulará “Meter Barriga” y se nutrirá del orgullo que me trague cuando toque tragar.

Empezaré con Meter Barriga. La primera entrada será sobre mi nuevo ingreso en las filas del puto Bicing.

Luego vendrá Sacar Pecho. Para desquitarme.

Creo que será terapéutico.

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El mapa del tesoro

Me he encontrado con este documento que grabé cuando estuvimos con La Casa… en el Párraga.

Verdaderamente La Casa… es un monstruo.

Me voy a nadar un rato.

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Barcelonheces: Hasta cuándo, hasta cuááááándooo…

Mañana voy a ver algo que si no me gusta puede hacerme decidir cosas tajantes.

Ellos no pueden fallarme.

Pueden no gustarme, pero no pueden fallarme.

Menudo hartazgo de Barcelonheces tengo, mareeee…

«¿Quién vivirá este tiempo que tanto durará?»

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La Biblioteca de Ladrillos

Qué bonita, la Biblioteca de Ladrillos.

Es como un sueño.

¿No crees?


En algunas ocasiones he visto esta biblioteca, pero no sabría decir cuándo ni dónde.
Aún tengo que decidir si es un sueño o una pesadilla.
Cualquier día, los libros que más quiero se convertirán en ladrillos.
Entonces seré tan viejo que sólo podré mascar piedras con las encías.
¿Y si los ladrillos explotaran al sacarlos de sus anaqueles?
Sería hermoso ver el barro seco y hecho pedazos incrustado en la cara del gilipollas de turno.
Y alrededor de cada pedacito, el cordón rojizo de la sangre.
¿Budd Dwyer leyó su muerte en los ladrillos?

«The pale Usher—threadbare in coat, heart, body, and brain; I see him now. He was ever dusting his old lexicons and grammars, with a queer handkerchief, mockingly embellished with all the gay flags of all the known nations of the world. He loved to dust his old grammars; it somehow mildly reminded him of his mortality.»

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Budd Dwyer

Hoy recordé a Budd Dwyer, aquel antiguo tesorero republicano de Pennsylvania que fue acusado de aceptar un sobornazo y se acabó suicidando en una rueda de prensa en el 87. En enero, cuando sucedió todo eso, yo tenía nueve años y recuerdo las imágenes en el NO-DO de la primera de tve. Creo que presentaba el telediario Concha García Campoy.

El día antes de que el tribunal que le juzgaba dictara sentencia, Budd convocó a la prensa. Hablaba y hablaba y cuando dejó de hablar repartió tres sobres a tres personas. Luego cogió una bolsa de papel y en vez de sacar una botella, sacó una pistola, se la metió en la boca y disparó. Siempre se declaró inocente.

Budd decidió matarse durante la rueda de prensa en vez de asumir que había cobrado un pasturrón bajo manga. Y alguien eligió que se mataría durante mi comida. Era jueves y eso significa que en mi casa estaba la Sra Maruja y también que comimos verdura y pescado. Los jueves venía la señora Maruja a mi casa y se comía verdura y pescado.

Así puedo afirmar que el tiro que Dwyer se disparó, metiéndose la pistola en la boca delante de toda aquella gente en el comedor de mi casa, sabía a patatas hervidas, a acelgas y a caballa a la plancha.

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