
{"id":96,"date":"2009-01-01T19:12:57","date_gmt":"2009-01-01T17:12:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.tea-tron.com\/pompeia\/blog\/2009\/01\/01\/lolita\/"},"modified":"2009-01-01T19:16:57","modified_gmt":"2009-01-01T17:16:57","slug":"lolita","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.tea-tron.com\/pompeia\/blog\/2009\/01\/01\/lolita\/","title":{"rendered":"Lolita"},"content":{"rendered":"<p>\u00a1Sin embargo, qu\u00e9 hermosa estaba cuando realizaba aquellos delicados sortilegios, cuando ejecutaba, so\u00f1adora, aquellos encantamientos en el cumplimiento de sus deberes! Durante m\u00e1s de una alocada noche, en Beardsley, le hab\u00eda pedido, asimismo, que bailara para m\u00ed, a cambio de alg\u00fan regalo o una peque\u00f1a retribuci\u00f3n, y, aunque sus saltos, mec\u00e1nicos y todos iguales, con las piernas abiertas, recordaban m\u00e1s las bruscas contorsiones de una animadora de equipo de f\u00fatbol americano que los l\u00e1nguidos movimientos de una <em>petit rat<\/em> parisiense, el ritmo de sus miembros a\u00fan no del todo n\u00fabiles me causaba un profundo placer. Pero todo eso no era nada, absolutamente nada, comparado con el indescriptible paroxismo de gozo que me produc\u00edan sus partidos de tenis, una sensaci\u00f3n deliciosa y delirante de asomarse tembloroso al mism\u00edsimo borde de una harmon\u00eda y un esplendor sobrenaturales.<br \/>\n<!--more--><\/p>\n<p>A pesar de lo que hab\u00eda crecido, para m\u00ed era m\u00e1s n\u00ednfula que nunca, con aquellas piernas y brazos color melocot\u00f3n y aquel equipo de tenis para adolescente. \u00a1Me recordaba los \u00e1ngeles del cielo! Despu\u00e9s de aquella inefable visi\u00f3n, ninguna de las im\u00e1genes de Lolita que acuden a mi mente me resulta aceptable si no es capaz de present\u00e1rmela como era entonces, en aquel lugar de Colorado, entre Snow y Elphinstone, con todos los detalles: los amplios pantalones cortos de ni\u00f1o, la levedad de su cintura, su abdomen de color melocot\u00f3n, el pa\u00f1uelo pasado por la espalda que tapaba sus pechos y cuyas puntas ataba en la nuca de modo que formaban un nudo colgante, sus adorables om\u00f3platos suavemente bronceados, cubiertos de fino vello, sus bellos hombros, la encantadora curva de su espalda. Su gorra ten\u00eda la visera blanca. Su raqueta me hab\u00eda costado una peque\u00f1a fortuna. \u00a1Idiota, m\u00e1s que idiota! \u00a1Pude haberla filmado! \u00a1Ahora estar\u00eda conmigo, ante mis ojos, en la sala de proyecciones de mi dolor y mi desesperaci\u00f3n!<\/p>\n<p>Antes de servir sab\u00eda esperar y relajarse durante unos instantes de un tiempo que me parec\u00eda envuelto en blanco lino, y a menudo botaba la pelota un par de veces o pisoteaba el suelo, siempre tranquila, siempre despreocupada en cuanto a la puntuaci\u00f3n, siempre alegre, sentimiento que pocas veces manifestaba en la vida desangelada que llevaba en nuestro hogar. Su tenis era el punto m\u00e1s alto al que puedo imaginar que una joven criatura lleve el arte de representar teatralmente aquello que ha visto, aunque me atrever\u00eda a decir que, para ella, constitu\u00eda la mism\u00edsima geometr\u00eda de la realidad b\u00e1sica.<\/p>\n<p>La exquisita claridad de todos sus movimientos ten\u00eda su equivalente audible en el puro sonido de cada uno de sus golpes. Cuando entraba en el aura de su dominio, la pelota se volv\u00eda m\u00e1s blanca, y su elasticidad era m\u00e1s viva, y el instrumento de precisi\u00f3n que Lo empleaba sobre ella parec\u00eda desmedidamente prensil y deliberado en el momento de establecer contacto. Su estilo era, sin lugar a dudas, imitaci\u00f3n perfecta del de la m\u00e1s perfecta campeona, pero si ning\u00fan resultado \u00fatil. Como me dijo en cierta ocasi\u00f3n Electra Gold -hermana de Edusa, y una entrenadora maravillosamente joven-, mientras yo, sentado en un duro banco que parec\u00eda latir debajo de mi cuerpo, miraba jugar a Dolores Haze contra Linda Hall (que le ganaba): \u00abDolly tiene un im\u00e1n en el centro de su raqueta, pero \u00bfpor qu\u00e9 diablos es tan cort\u00e9s?\u00bb. \u00a1Ah, Electra, qu\u00e9 importaba eso, con semejante gracia! Recuerdo que ya en el primer partido suyo que contempl\u00e9 me sent\u00ed agitado por una serie de convulsiones casi dolorosas a medida que iba asimilando tanta belleza. Mi Lolita ten\u00eda un modo peculiar de levantar la rodilla izquierda, que hasta entonces manten\u00eda doblada, al iniciar el amplio y el\u00e1stico servicio, durante el cual se desarrollar\u00eda y se recortar\u00eda contra el sol, a lo largo de unos segundos, una concatenaci\u00f3n fundamental de equilibrio entre el pie de puntillas, el virginal sobaco, el bronceado brazo y la raqueta lanzada hacia atr\u00e1s, mientras ella sonre\u00eda con dientes centelleantes al globo min\u00fasculo, suspendido en lo alto, en el cenit del cosmos poderoso y lleno de gracia que hab\u00eda creado con el expreso fin de caer sobre \u00e9l con un l\u00edmpido zumbido de su l\u00e1tigo dorado.<\/p>\n<p>Aquel servicio ten\u00eda belleza, juventud y precisi\u00f3n, as\u00ed como una trayectoria de pureza cl\u00e1sica y, a pesar de su tremenda velocidad, era muy f\u00e1cil devolverlo, ya que en su vuelo largo y elegante no hab\u00eda el menor desv\u00edo.<\/p>\n<p>Gimo de frustraci\u00f3n cuando pienso que hoy podr\u00eda tener inmortalizados en cintas de celuloide cada uno de sus reveses, cada uno de sus hechizos. \u00a1Ser\u00edan much\u00edsimo m\u00e1s que las instant\u00e1neas que quem\u00e9! Su volea se relacionaba con el servicio tan estrechamente como el env\u00edo con la balada, pues hab\u00edan ense\u00f1ado a mi cachorrillo a dar unos r\u00e1pidos pasos hacia la red con sus pies \u00e1giles, vivaces, calzados de blanco. Nada diferenciaba su golpe directo de su rev\u00e9s: ambos parec\u00edan la imagen reflejada en un espejo del otro. Mis entra\u00f1as a\u00fan se estremecen al recordar aquellos golpes secos como disparos de pistola, repetidos por el eco y subrayados por los gripos de entusiasmo de Electra. Una de las perlas del estilo de Dolly era una media volea que Ned Litman le hab\u00eda ense\u00f1ado en California.<\/p>\n<p>Prefer\u00eda actuar a nadar, y nadar a jugar al tenis; pero insito en que si algo no se hubiera roto en su interior, por su relaci\u00f3n conmigo -\u00a1c\u00f3mo no lo advert\u00ed entonces!-, la voluntad de ganar habr\u00eda coronado su forma perfecta y habr\u00eda sido una verdadera campeona. Dolores con dos raquetas bajo el brazo en Wimblendon. Dolores promocionando los cigarrillos de la marca Dromedario. Dolores pas\u00e1ndose al profesionalismo. Dolores actuando como joven campeona en una pel\u00edcula. Dolores y su marido y entrenador, el viejo, gris, humilde y silencioso Humbert.<\/p>\n<p>No hab\u00eda en el esp\u00edritu de su juego nada avieso o torcido, a menos que consider\u00e1ramos una finta de n\u00ednfula su alegre indiferencia por los resultados. Ella, tan cruel y astuta en la vida cotidiana, mostraba en sus servicios una inocencia, una franqueza y una amabilidad que permit\u00edan a un jugador de tres al cuarto, pero resuelto, abrirse paso hacia la victoria por inepto que fuera. A pesar de su estatura baja, cubr\u00eda con maravillosa facilidad toda la extensi\u00f3n de su mitad de la pista cuando adquir\u00eda el ritmo del partido, y en la medida en que pod\u00eda gobernarlo. Pero cualquier ataque repentino y cualquier s\u00fabito cambio de t\u00e1ctica por parte de su adversario la dejaban indefensa. Al llegar a la pelota de partido, su segundo servicio, que, por lo general, era m\u00e1s fuerte y de estilo m\u00e1s firme que el primero (pues carec\u00eda de las inhibiciones caracter\u00edsticas en los ganadores cautelosos), hac\u00eda vibrar las cuerdas de la red y botaba fuera de la pista. La pulida gema de su env\u00edo era rechazada por un adversario que parec\u00eda tener cuatro piernas y blandir un canalete en vez de una raqueta. Sus espectaculares reveses y encantadoras voleas ca\u00edan candorosamente a los pies de aquel contrario. Una y otra vez enviaba la pelota a la red, y fing\u00eda una alegre desesperaci\u00f3n adoptando posturitas de bailarina de ballet y sacudiendo sus mechones. Tan est\u00e9riles eran su elegancia y su rev\u00e9s, que ni siquiera habr\u00eda ganado a un jugador como yo, anticuado y jadeante, que practicaba a\u00fan el tiro rasante.<\/p>\n<p>Supongo que soy especialmente susceptible a la magia de los juegos. En mis partidas de ajedrez con Gaston ve\u00eda el tablero como un estanque cuadrado de agua limpia, lleno de conchas extra\u00f1as y estratagemas rosadamente visibles en el fondo teselado que para mi ofuscado adversario era todo fango y tinta de calamar. De manera semejante, las lecciones iniciales de tenis que obligu\u00e9 a soportar a Lolita -anteriores a las revelaciones que fueron para ella las grandes lecciones de California- subsistieron en m\u00ed como recuerdos opresivos y angustiosos, no s\u00f3lo porque Lo se mostraba irremediable, exasperadamente exasperada ante cada una de mis sugerencias, sino, tambi\u00e9n, porque la preciosa simetr\u00eda de la pista, en vez de reflejar las armon\u00edas latentes en mi cachorrillo, se mezclaba de manera inextricable con la torpeza y lasitud de la reacia ni\u00f1a a la que no lograba adiestrar. Ahora las cosas eran diferentes, y aquel d\u00eda especial, en el puro aire de Champion, Colorado, en aquella pista admirable al pie de las escaleras de piedra que llevaban al hotel Champion, donde hab\u00edamos pasado la noche, sent\u00ed que pod\u00eda descansar de la pesadilla de traiciones ignoradas gracias a la inocencia de su estilo, de su alma, de su innata elegancia.<\/p>\n<p>Golpeaba con fuerza y limpieza, empleando aquel habitual amplio movimiento del brazo que no parec\u00eda requerir esfuerzo, y me enviaba pelotas zumbantes, con un ritmo tan inalterable, que reduc\u00eda el movimiento de mis pies a un balanceo oscilante (los buenos jugadores entender\u00e1n muy bien esto). Mis servicios, m\u00e1s bien efectistas -aprendidos de mi padre, que a su vez los hab\u00eda aprendido de Decugis o Borman, viejos amigos suyos y grandes campeones-, habr\u00edan desconcertado por completo a mi Lo, de hab\u00e9rmelo propuesto. Pero \u00bfqui\u00e9n pod\u00eda burlar a alguien tan entra\u00f1ablemente conmovedor? \u00bfHe dicho ya que su brazo llevaba la se\u00f1al de la vacuna? \u00bfQue la amaba con desesperaci\u00f3n? \u00bfQue ten\u00eda s\u00f3lo catorce a\u00f1os?<\/p>\n<p>Extracto del cap\u00edtulo 20 de la segunda parte de <strong>Lolita, de Vladimir Nabokov<\/strong>, traducci\u00f3n de Francesc Roca<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a1Sin embargo, qu\u00e9 hermosa estaba cuando realizaba aquellos delicados sortilegios, cuando ejecutaba, so\u00f1adora, aquellos encantamientos en el cumplimiento de sus deberes! 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