
{"id":17,"date":"2007-09-01T14:43:00","date_gmt":"2007-09-01T12:43:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/2007\/09\/01\/los-cuerpos-extranos\/"},"modified":"2010-02-15T10:46:11","modified_gmt":"2010-02-15T09:46:11","slug":"los-cuerpos-extranos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/2007\/09\/01\/los-cuerpos-extranos\/","title":{"rendered":"Los cuerpos extra\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p>Tatiane y Huberto se cruzaron a las tres de la ma\u00f1ana al final de la calle Valencia y los dos giraron la cabeza hacia atr\u00e1s. Huberto estaba frente a su portal y, con las llaves en la mano, dijo \u201c\u00bfSubes?\u201d. Ella s\u00f3lo se fij\u00f3 en el pelo engominado y le pareci\u00f3 un chulo de mierda. \u201cClaro\u201d, contest\u00f3.<br \/>\nLa decoraci\u00f3n de aquel \u00e1tico inmenso desconcert\u00f3 a Tatiane. Los muebles ten\u00edan proporciones desmesuradas, como si all\u00ed viviese un gigante. Al sentarse en el sof\u00e1 los pies le quedaron colgando a dos palmos del suelo. Tras unas cristaleras se ve\u00edan las luces de la ciudad y el mar era una mancha oscura en el horizonte.<br \/>\nMientras iba a la cocina a por bebida \u00e9l mir\u00f3 de reojo a aquella mujer alta de pelo corto y rubio. No parec\u00eda una prostituta y, sin embargo, no daba se\u00f1ales de nerviosismo ni transmit\u00eda expresi\u00f3n alguna. Mostraba tanto aplomo que Huberto se sinti\u00f3 un invitado en su propia casa. Volvi\u00f3 con dos copas del tama\u00f1o de un jarr\u00f3n y una botella de cava. Dio un salto para llegar al fondo del asiento y sus pies quedaron colgando junto a los de Tatiane. Ella crey\u00f3 ver en su mirada escurridiza el presagio de un mal polvo.<br \/>\nSirvi\u00f3 las copas y, cuando parec\u00eda inevitable brindar o decir algo, los dos siguieron callados y \u00e9l la mir\u00f3 fijamente. Fue entonces cuando ella entendi\u00f3 que no se trataba de una expresi\u00f3n huidiza, sino de la mirada dispersa de los locos. La proximidad del peligro la encendi\u00f3 de repente y \u00e9l lo debi\u00f3 notar, porque parec\u00eda que estaba a punto de tocarla y decidi\u00f3 no hacerlo. De golpe era \u00e9l quien hab\u00eda perdido el inter\u00e9s y reinaba en el sof\u00e1 con su presencia. Tatiane sent\u00eda una humedad creciente entre las piernas y sus pezones completamente erectos contra el tejido de algod\u00f3n. \u00c9l la observaba divertido mientras sorb\u00eda de su copa enorme. Mientras, a Tatiane se le aceleraba la respiraci\u00f3n, las mejillas se le pusieron coloradas y crey\u00f3 que los pezones iban a traspasar la ropa.<br \/>\nNo parec\u00eda que \u00e9l fuese a tomar la iniciativa y a ella la situaci\u00f3n le pareci\u00f3 tan humillante que decidi\u00f3 levantarse. \u201cSer\u00e1 mejor que me marche\u201d, dijo. \u00c9l hizo que no con la cabeza. Ella se inmoviliz\u00f3. Ninguno de los dos a\u00f1adi\u00f3 nada. La tensi\u00f3n creciente sofoc\u00f3 a\u00fan m\u00e1s a Tatiane. Ten\u00eda ganas de quitarse la ropa de golpe y restregarse contra \u00e9l, pero tem\u00eda que la rechazase.<br \/>\nHuberto parec\u00eda un tanto distra\u00eddo mirando con detenimiento detr\u00e1s de ella. Volv\u00eda a pensar en marcharse cuando ese detalle la tranquiliz\u00f3. Estaba mirando su figura en el espejo. As\u00ed era, Huberto le miraba el culo en el reflejo del cristal, un culo algo grande pero bien proporcionado, sobre unas piernas anchas y macizas que revelaban los or\u00edgenes n\u00f3rdicos de la familia de Tatiane. La potencia de su cuerpo transmit\u00eda fuerza y seguridad, pero el vestido convencional y la ca\u00edda de los hombros abr\u00edan una dimensi\u00f3n diferente. Huberto percibi\u00f3 algo disonante en ella. Eso le interes\u00f3. Se acerc\u00f3 a ella poco a poco, hasta que su cabeza qued\u00f3 pegada contra su cuello. Entonces empez\u00f3 a derramar saliva, que cay\u00f3 sobre la piel de ella y fue escurri\u00e9ndose hasta entrar en contacto con la tela del escote. Pasaron as\u00ed varios minutos. Su saliva espumosa se deslizaba por la piel de Tatiane y la mancha de humedad crec\u00eda sobre su pecho izquierdo.<br \/>\nA Huberto le despert\u00f3 un fuerte ruido. Mir\u00f3 a su lado y vio que ella no estaba. Se levant\u00f3 desnudo y sus peores sospechas se confirmaron. El ruido proven\u00eda de la zona este del piso y la puerta que cre\u00eda haber cerrado con llave estaba abierta. La chica hab\u00eda seguido el olor hasta encontrar aquel torso de mujer descuartizado en ocho trozos sobre una mesa de caoba. En el suelo, Tatiane re\u00eda tan fuerte que mostraba las enc\u00edas por completo y su boca recordaba la de un caballo. Al principio, Huberto apart\u00f3 la vista sin saber qu\u00e9 hacer. Pero luego la mir\u00f3 y sonri\u00f3 un poco, como un ni\u00f1o travieso.<\/p>\n<p>\u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7<\/p>\n<p>Tatiane y Huberto difer\u00edan en muchos aspectos, pero coincid\u00edan en uno. Ninguno de los dos se planteaba las cosas y se dejaban arrastrar por la vida sin analizarla.<br \/>\nTatiane proven\u00eda de una familia de clase media que la hab\u00eda educado de forma estricta. Ella siempre se dej\u00f3 guiar y ahora que ten\u00eda 30 a\u00f1os hubiese sido incapaz de destacar algo importante en su vida. Estaba atrapada en una rutina donde no cab\u00eda ni la tristeza ni la alegr\u00eda. S\u00f3lo disfrutaba con su profesi\u00f3n. Era onc\u00f3loga. Se hab\u00eda especializado en c\u00e1nceres especialmente virulentos, donde las operaciones se realizaban a vida o muerte y la mayor\u00eda de los enfermos no sobreviv\u00eda sesenta d\u00edas. Estas situaciones produc\u00edan en Tatiane una peque\u00f1a excitaci\u00f3n agradable.<br \/>\nPara Huberto, el deseo era como una serpiente que le acompa\u00f1aba y le atacaba en el momento menos esperado. Entonces deb\u00eda obedecer sus \u00f3rdenes. Esta serpiente era muy venenosa y le mord\u00eda muy a menudo. Huberto deseaba las mujeres, los hombres, los coches, las casas, los museos, las ciudades, el cielo y el mar. Por eso era el publicista m\u00e1s disputado de Barcelona. Sab\u00eda todo lo que se pod\u00eda desear y por qu\u00e9. Nadie como \u00e9l para transmit\u00edrselo a los dem\u00e1s. Pod\u00eda presentar cualquier cosa como indispensable, porque para \u00e9l lo era. El dinero le llov\u00eda a espuertas y lo gastaba de la misma forma.<br \/>\nQuiz\u00e1s fue la tiran\u00eda de esta serpiente lo que le hizo enloquecer. Huberto viv\u00eda en un mundo a c\u00e1mara lenta, donde no percib\u00eda la realidad de forma lineal. Todo era una mancha difusa donde s\u00f3lo sobresal\u00edan, aqu\u00ed y all\u00e1, al paso de su mirada, el movimiento de una mano al abrir la puerta, la forma geom\u00e9trica del cruce de dos calles, una frase o\u00edda al azar o el destello de una pulsera. Con Tatiane la mirada se le iba a sus pies, unos pies anchos y feos, sobre unas sandalias altas de mal gusto, y esta visi\u00f3n lo tranquilizaba.<\/p>\n<p>\u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7<\/p>\n<p>Tatiane nunca volvi\u00f3 a casa. La complicidad que se estableci\u00f3 entre ella y Huberto ante el cad\u00e1ver descuartizado habr\u00eda de durar para siempre. Con la naturalidad con que se desenvolv\u00edan, Tatiane se qued\u00f3 a dormir y Huberto le dio las llaves del apartamento por la ma\u00f1ana. Los d\u00edas que siguieron eran laborables y los dos pasaron la mayor parte del tiempo en sus trabajos respectivos. Por la noche se encontraban en el sal\u00f3n y la tensi\u00f3n crec\u00eda sin parar porque no pasaba nada y, al mismo tiempo, era evidente que algo deb\u00eda pasar.<br \/>\nEl s\u00e1bado por la ma\u00f1ana Huberto orden\u00f3 a Tatiane que se preparase para salir. Visitaron las tiendas m\u00e1s caras del Paseo de Gracia. En cada una de ellas, Huberto dirig\u00eda a las dependientas y escog\u00eda ropa para Tatiane. Las bolsas se iban acumulando y Huberto s\u00f3lo guardaba la sensaci\u00f3n agradable del tacto de la angora, la intensidad de un tono de verde, el denso olor a cuero de una chaqueta. Cuando acab\u00f3 con ella, ten\u00eda m\u00e1s en com\u00fan con una aparici\u00f3n que con una mujer. Huberto s\u00f3lo conserv\u00f3 aquellas sandalias anchas y altas que subrayaban los pies porcinos de Tatiane.<br \/>\nVolvieron al descapotable y viajaron hasta la avenida Tibidabo. En toda la ma\u00f1ana no hab\u00edan intercambiado m\u00e1s de tres o cuatro frases. Huberto flotaba en su mundo de irrealidad mientras Tatiane atravesaba el tiempo con la inconsciencia de los animales. Cuando estaban juntos no hac\u00eda falta hablar de nada: eran pareja.<br \/>\nHuberto aparc\u00f3 el coche delante de una mansi\u00f3n reconvertida en discoteca y que funcionaba como after-hours por la tarde. Enseguida se arm\u00f3 un gran alboroto. La gente que esperaba en la cola comenz\u00f3 a murmurar y un guardia de seguridad vino a abrirles la puerta del coche. Dentro, los sentaron en una peque\u00f1a plataforma acordonada con terciopelo desde donde dominaban la sala. Enseguida les trajeron champ\u00e1n franc\u00e9s en unas copas enormes como las que guardaban en casa.<br \/>\nA medida que pasaba el tiempo, mientras Huberto ten\u00eda la mirada perdida en el infinito, Tatiane se vio rodeada de personajes extravagantes. La mayor\u00eda estaban drogados desde el d\u00eda anterior y hablaban a toda velocidad o con inexplicables muestras de afecto. Pero todos la adulaban e intentaban complacerla. Tatiane reaccion\u00f3 bien y los trat\u00f3 con desprecio. En consecuencia, la admiraron a\u00fan m\u00e1s. Ella sab\u00eda que todo se deb\u00eda al prestigio sin l\u00edmites de su compa\u00f1ero. Tatiane era una persona b\u00e1sica capaz tan s\u00f3lo de sentimientos b\u00e1sicos. Sinti\u00f3 envidia.<br \/>\nEn ese mismo momento, Huberto o\u00eda voces. Las volutas de humo se retorc\u00edan bajo los haces de luz cambiante de la discoteca. La primera voz dijo \u201csetenta veces por minuto, cien mil veces al d\u00eda, el coraz\u00f3n late\u201d. La segunda voz contest\u00f3 \u201cmucho tiempo despu\u00e9s a\u00fan se nota su presencia\u201d. Huberto constat\u00f3 que hab\u00eda ca\u00eddo la noche y que conduc\u00eda el descapotable junto a Tatiane y una pareja muy hermosa. La primera voz insinu\u00f3 \u201ces la ley de la gravedad, los cuerpos se atraen y nada, ni la amenaza de muerte, podr\u00eda evitarlo\u201d. La segunda voz no tard\u00f3 en replicar \u201dParadoja: es cuando los cuerpos se unen que su masa resulta m\u00e1s ligera\u201d.<br \/>\nAll\u00ed estaban los cuatro, tendidos sobre la cama, jugando, y las prendas ca\u00edan poco a poco. Una caricia, la curva dorada de la piel, risas, la tensi\u00f3n de un m\u00fasculo, la silueta de un hueso. La primera voz exigi\u00f3 imperiosa \u201cque fluya el deseo, que corra la sangre\u201d.<br \/>\nLa bella mujer yac\u00eda inm\u00f3vil y p\u00e1lida en el centro de la cama. La pared estaba salpicada con una gran orqu\u00eddea de sangre. En una estanter\u00eda reposaba la cabeza del hombre con los ojos arrancados. Sobre un sill\u00f3n de mimbre y con las piernas estiradas, Tatiane resplandec\u00eda.<\/p>\n<p>\u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7 \u00b7<\/p>\n<p>Aquellos fueron tiempos felices. En cualquier lugar, Tatiane romp\u00eda sus collares de perlas. Las bolas brillantes vibraban y saltaban como chispas hasta dibujar una constelaci\u00f3n sobre el suelo. Conduc\u00edan a 200 km\/hora y frenaban en seco dando trombos sobre descampados de tierra. Paseaban disfrazados de payaso junto al mar. Recortaban como una carcasa de pollo las costillas de un ni\u00f1o para observar como se derraman las v\u00edsceras gelatinosas. Violaban, robaban, torturaban. Y estaban amparados por la suerte que protege a los temerarios. Segu\u00edan adelante sin que el resto del mundo se atreviese a irrumpir en su burbuja.<br \/>\nCuando se es feliz no se nota el paso del tiempo. Por eso Huberto no sab\u00eda si hab\u00edan pasado meses o a\u00f1os cuando comenz\u00f3 a sentirse inquieto sin conocer la raz\u00f3n. Busc\u00f3 los pies anchos y feos de Tatiane para tranquilizarse, pero s\u00f3lo encontr\u00f3 dos botines puntiagudos y elegantes que realzaban su figura y disimulaban las piernas gruesas de teut\u00f3nica. \u201cEs igual\u201d, pens\u00f3 Huberto. Pero el malestar crec\u00eda en su interior.<br \/>\nLos s\u00e1bados volv\u00edan a la tarima protegida de la mansi\u00f3n de la avenida Tibidabo desde donde gobernaban. Pero las voces susurraban debilitadas. La primera dec\u00eda \u201ctodos los cuerpos son cuerpos extra\u00f1os\u201d. Y la segunda voz apenas se adivinaba: \u201cpor eso sienten tanta curiosidad los unos por lo otros\u201d. Huberto sent\u00eda entonces la necesidad de escapar a las contorsiones del humo bajo las luces intermitentes, pero Tatiane no dejaba sitio a la debilidad bajo su apariencia majestuosa. Ahora era ella quien reun\u00eda a las v\u00edctimas, conduc\u00eda el coche, daba la se\u00f1al. Huberto se sent\u00eda in\u00fatil a su lado. Y los botines puntiagudos de Tatiane repiqueteaban con decisi\u00f3n sobre el suelo, siempre seguros de hacia donde deb\u00edan dirigirse.<br \/>\nSin embargo, a\u00fan ten\u00edan momentos buenos. Ciertos domingos iban a pasear por el valle de Collserola y Huberto se lanzaba corriendo entre las zarzas, recorr\u00eda m\u00e1s de un kil\u00f3metro as\u00ed y luego volv\u00eda entre los brazos de Tatiane, que le curaba las heridas o lo ignoraba por completo. Otro d\u00eda alquilaron un barco y lanzaron en alta mar los restos de cad\u00e1veres que ten\u00edan en casa. A la ma\u00f1ana siguiente la playa de la Mar Bella amaneci\u00f3 cubierta de f\u00e9mures, cabezas y manos.<br \/>\nPero los d\u00edas pasaban y Tatiane comenz\u00f3 a percibir una expresi\u00f3n familiar en la cara de Huberto. Parec\u00eda otra persona. Ten\u00eda los ojos suplicantes de un perro. Ella reconoc\u00eda aquella mirada, pero le costaba creerlo. Tampoco busc\u00f3 una explicaci\u00f3n, pero decidi\u00f3 hacer la prueba. Un d\u00eda puso en la comida un concentrado de almendras amargas. Huberto hizo una mueca de asco al ponerse la primera cucharada en la boca, pero luego sonri\u00f3, la mir\u00f3 con agradecimiento y comi\u00f3 con avaricia. Tatiane estaba tan perpleja que ni siquiera toc\u00f3 su plato. Al d\u00eda siguiente, Huberto estaba de un humor de ogro y le lanzaba miradas de rencor. Hab\u00eda cre\u00eddo que el sabor amargo se deb\u00eda al ars\u00e9nico.<br \/>\nComenz\u00f3 la lucha. Una lucha que Huberto quer\u00eda que Tatiane ganase y que Tatiane se resist\u00eda a ganar. Como \u00fanica defensa ella s\u00f3lo pod\u00eda enga\u00f1arle. Empez\u00f3 por poner un cuchillo largo debajo de la cama como hac\u00edan cuando iban a buscar v\u00edctimas. Eso lo aplac\u00f3 durante unas semanas. Sab\u00eda que ella pod\u00eda saltarle encima en cualquier momento con el cuchillo en la mano. Pero poco a poco el cuchillo se fue convirtiendo en parte de la rutina, como el gusto a almendras amargas cuando ella cocinaba. Invent\u00f3 trampas que lanzaban armas mortales a pocos cent\u00edmetros de la cabeza de Huberto y, cuando eso dej\u00f3 de servir para tranquilizarlo, le puso sanguijuelas en el cuerpo que lo desangraban poco a poco. Tambi\u00e9n coloc\u00f3 peque\u00f1as dosis de veneno en la comida que hac\u00edan que Huberto se retorciese de dolor por las noches.<br \/>\nPero el tiempo no perdona. La palidez cadav\u00e9rica y los retortijones de Huberto tambi\u00e9n se volvieron mon\u00f3tonos. Un d\u00eda Tatiane lo sorprendi\u00f3 mirando el vac\u00edo desde la terraza. Ella lo tir\u00f3 al suelo de un empuj\u00f3n y le clav\u00f3 un puntapi\u00e9 en la boca. Le deb\u00eda una muerte m\u00e1s digna.<br \/>\nDurante la noche lo tortur\u00f3 de mil maneras distintas. Con el conocimiento que hab\u00eda adquirido gracias a \u00e9l, atac\u00f3 los centros nerviosos de forma sofisticada para producirle tanto dolor como fuera posible. Con cada herida nueva, a cada nuevo golpe, Huberto se estremec\u00eda y gritaba. Pero Tatiane sab\u00eda leer en su cuerpo las se\u00f1ales de gratitud. La magnitud del dolor devolv\u00eda a Huberto a la vida por unos momentos antes de morir.<br \/>\nHab\u00eda amanecido ya cuando Tatiane cogi\u00f3 en sus brazos a Huberto. Desangrado, contusionado y dislocado, manten\u00eda a\u00fan un hilo de conciencia que ella deb\u00eda aprovechar. Inconsciente val\u00eda lo mismo que muerto.<br \/>\nLo coloc\u00f3 sobre la mesa de caoba del fondo y cogi\u00f3 una gran bola de m\u00e1rmol que decoraba el sal\u00f3n. \u201cAbre los ojos\u201d, dijo Tatiane para que \u00e9l supiese lo que iba a pasar. Le acerc\u00f3 la bola de m\u00e1rmol hasta la cara, la levant\u00f3 con los dos brazos y le aplast\u00f3 el cr\u00e1neo con todas sus fuerzas. Huberto muri\u00f3 como hab\u00eda vivido, con intensidad.<br \/>\nLa tarde de aquel s\u00e1bado Tatiane cogi\u00f3 el descapotable y fue a la mansi\u00f3n de la avenida Tibidabo. Ten\u00eda el aspecto de una leona furiosa y nadie se atrevi\u00f3 a preguntarle por Huberto. Inaccesible en su tarima, la gente la agasajaba y la adulaba como siempre. Ella ni siquiera los ve\u00eda. Ten\u00eda la mirada perdida en las espirales de humo que se deshac\u00edan bajo los focos cuando la primera voz reson\u00f3: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 las rosas marchitas son siempre las m\u00e1s bellas?\u201d<\/p>\n<p><strong>Comment posted by Rub\u00e9n<\/strong><br \/>\nat 9\/4\/2007 11:12:00 AM<br \/>\nFant\u00e1stico: como la vida misma.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tatiane y Huberto se cruzaron a las tres de la ma\u00f1ana al final de la calle Valencia y los dos giraron la cabeza hacia atr\u00e1s. Huberto estaba frente a su portal y, con las llaves en la mano, dijo \u201c\u00bfSubes?\u201d. &hellip; <a href=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/2007\/09\/01\/los-cuerpos-extranos\/\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-17","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":231,"href":"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17\/revisions\/231"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.tea-tron.com\/quimpujol\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}