Notas que patinan #76 | Bahía – Buenos Aires – Barcelona

Cuando empecé a escribir esto, en este final del verano, si me hubiese dejado llevar por lo que leía en las redes y pensando en términos de utilidad informativa, parece ser que la tendencia me hubiese empujado a hablar de la Fira de Tàrrega. Lo que pasa es que le di un vistazo rápido a la programación y la verdad es que sólo me llamaron la atención unos pocos nombres, demasiado pocos como para irse de fin de semana al mega-sarao de Tàrrega, que no visito desde finales de los 90 sin que hasta la fecha me haya tenido que enfrentar a demasiados remordimientos (lo siento) y que, además, en esta ocasión me pillaba muy lejos de allí. En todo caso, de Tàrrega ya han hablado muy bien otros que sí estaban allí, por cierto, descubriéndome algún nombre que no conocía (como si hubiesen leído mi pensamiento y quisieran taparme la boca por lo que andaba yo pensando), lo que siempre se agradece. Un poco más allá, con la mirada puesta en lo que pasará a finales de septiembre y principios de octubre, la semana pasada el festival TNT y El lugar sin límites desvelaron su programación, que mantienen en secreto hasta menos de un mes antes por razones que no sé yo si ayudan mucho a que el público aficionado tenga tiempo para organizarse, pero ya sabemos, por numerosos ejemplos anteriores, que las razones para desvelar las programaciones de los diferentes festivales que dependen de instituciones públicas responden muchas veces a motivos ineludibles que al común de los mortales se nos escapan (a veces más relacionados con la intervención de los cargos políticos que aparecen en esos actos y que casi nunca más volvemos a cruzarnos y, en ocasiones, por razones que afectan al rutinario funcionamiento de lo que queda de los maltrechos medios tradicionales de prensa, por ejemplo). Pero de estas propuestas, como de otras propuestas interesantes que suceden ahora o en los próximos días, intentaré escribir muy pronto. Hoy siento la necesidad de hablaros de cosas que he visto y he oído en Brasil y en Argentina, dos países por los que viajo desde hace casi un mes. Si no lo hago ahora no lo haré nunca.

Empecemos por el principio. Llegué a Salvador de Bahía a mitad de agosto, en mitad de los Juegos Olímpicos de Rio, que es lo primero que vi en la televisión del hall del hotel a un volumen infernal. En cambio, no fue de eso de lo que nos hablaron los bahianos en cuanto llegamos sino del impeachment a la presidenta brasileña Dilma Rouseff, también llamado (por supuesto, no en la tele ni en ningún medio tradicional de prensa del país) golpe de estado encubierto. También hablaban de eso los primeros grafitis que vi por todas partes en Salvador: Fora Temer (Temer, el sustituto de Dilma en la presidencia del país, a quien los brasileños no han votado y que lleva ya cuatro meses en el poder). Y también hablaban de eso las drag queens bahianas. Pero vayamos por partes.

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Estuve en Salvador de Bahía en la décima edición de IC Encontro de artes, un festival internacional donde se mezclan artes en vivo, instalaciones, música y audiovisuales, comisariado por Ellen Mello, Fábio Osório Monteiro, Jorge Alencar, Leonardo França y Neto Machado, miembros del colectivo Dimenti, algunos de ellos creadores e intérpretes. Para que os situéis, gente que trabaja habitualmente con Xavier le Roy, por ejemplo (estos días los encontraréis en el Pompidou). El año pasado invitaron a Jorge Dutor y Guillem Mont de Palol a presentar su Y por qué John Cage? con intérpretes locales, con los que trabajaron dos semanas. Una experiencia que sus creadores recuerdan como muy estimulante y que el público, como tuve ocasión de comprobar, aún recuerda. Este año se celebraba una edición especial en la que, por razones presupuestarias relacionadas con el retroceso que está viviendo el país, enviando al garete los diez últimos años de reformas, el festival estuvo a punto de suspenderse. Al final sus organizadores lo tiraron adelante celebrando el décimo aniversario con una programación comprimida en 24 horas ininterrumpidas, para economizar costes. Los comisarios parecen haber puesto el ojo, entre otras cosas, en lo que está sucediendo en esa escena española a la que somos aficionados porque, en esta edición, otra representante ibérica que se mueve en el mismo circuito que los Mont de Dutor, Cris Blanco presentó El Agitador Vórtex en dos pases, en el Teatro Gregório de Mattos, ante un variopinto auditorio repleto de 160 personas, compuesto por mucha gente joven que recibió la propuesta con entusiasmo y, como tuve ocasión de oír en comentarios posteriores, agradeció la inspiración y el aire fresco que abren las líneas creativas de ese trabajo.

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A eso volveré más tarde porque para muchos es evidente que lo que está pasando en el hervidero de cierta escena española llama poderosamente la atención del público mientras desgraciadamente sigue sin gozar del espacio que quizás se merecería en el estado español. Y digo el estado español porque en eso no sabría encontrar apenas diferencias entre lo que sucede en Madrid, Catalunya, Euskadi, Andalucía, Galicia, País Valencià, Canarias ni ninguna otra nación sin estado ni comunidad autónoma a secas ni ciudad ni pueblo del estado. Para eso, parece que lo español actúa con una uniformidad aplastante y exasperante sin dejar ningún resquicio a ningún hecho diferencial positivo realmente significativo. Y ahí dejo eso como materia de reflexión socio-cultural para administraciones indepes, nacionalistas españoles de todos los pelajes, españolistas incluidos, bipartidistas, podemitas y comunes: en algunas cosas os parecéis todos tanto que da bastante miedo.

No pude ver todo lo que me hubiese gustado del IC pero, como mínimo, vi dos cosas interesantes. Una fue el Standard Time del alemán Mark Formanek, una obra especialmente apropiada para esta edición comprimida en 24 horas, porque es el tiempo exacto que dura esta performance en la que unos operarios se encargan de mover las maderas que forman los dígitos de la pantalla de un reloj digital, construido en una gran estructura de hierro, soportes y escaleras al aire libre que, en este caso, tenía como fondo la bahía de Salvador. El reloj, con la ayuda del trabajo de estos operarios que realizan 1.611 cambios durante la performance, da la hora exacta durante las 24 horas que dura la performance.

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La otra fue la maravillosa Valsa de Loulou, una performance-baile, con dirección de Jorge Alencar y Neto Machado, que conmemoraba los 15 años de la drag Rainha Loulou, identidad a la que da vida el artista bahiano Luiz Santana. La performance se presentó poco después de la primera presentación del Agitador Vórtex, de Cris Blanco, a las doce de la noche, mezclando parte de ambos públicos, con la estelar presencia de Rainha Loulou presidiéndolo todo desde un altísimo trono y la colaboración de una pianista y de un numeroso grupo de drag queens, strippers, bailarines, cantantes, acróbatas y performers de variado pelaje que rendían pleitesía y, en ocasiones, desafiaban a la majestuosa reina Loulou tanto como al usurpador nuevo presidente brasileño (fora Temer, no hay nada que temer, se gritó en el escenario) para acabar mezclándose con el público en un gran vals final. Jorge Alencar y Neto Machado conocen de cerca lo que pasa en locales de Salvador como Beco dos Artistas o Âncora do Marujo y llevan tiempo trabajando con artistas que provienen del ambiente drag. Lo que en otros lugares podrían habernos vendido como un proyecto social de inclusión (o algo por el estilo) en este caso transita con extremada fluidez entre dos aguas, que quizá sean simplemente la misma: lo que acostumbra a suceder en un show drag y lo que uno esperaría encontrar en una performance de artes vivas sin rastro de ningún tipo de paternalismo ni de concesiones por ninguna de las dos partes. La mezcla de público, entre moderna y queer, principalmente joven, me pareció una muestra de ese delicioso equilibrio. La gente se lo pasó en grande y salió excitada y estimulada. En mi caso, por partida doble por haber asistido a algo vivo de verdad, extremadamente divertido además de intelectualmente y estéticamente estimulante.

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Asistí a otras performances colectivas en Salvador de Bahía de signos muy diferentes. Por una parte comprobé la degradación turística del viejo barrio del Pelourinho, que no pisaba desde hace 13 años. El precioso Pelourinho se cae, hay edificios enteros tapiados con pintadas que denuncian que en esos edificios podría vivir gente y, mientras tanto, todo se vuelca en el turista y el corazón de Salvador se convierte en el típico parque temático que un barcelonés reconoce perfectamente como uno de los cánceres más perniciosos para cualquier ciudad. En este viaje conocí a gente que se fue a vivir a Salvador en los ochenta, en un ambiente donde todo el mundo se conocía como en un pueblo. Me los imagino ocupando el Pelourinho de entonces, me acuerdo de la Barcelona preolímpica, me empiezo a sentir más viejo que el más sentimental de los gacetilleros y se me cae el alma a los pies. Entonces, ¿siempre es así? ¿No hay marcha atrás? Menos mal que el último día que pasé en Salvador me fui a Porto da Barra y asistí a otra performance colectiva: la de una tarde de domingo en una playa urbana bahiana que me devolvió algo de ilusión y confianza en el futuro, mientras la comparaba mentalmente con lo que queda del ambiente playero de la Barceloneta, igual de fascinante, con su mezcla de señoras y señores del barrio y sus nudistas resistentes.

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Por en medio, unos días de descanso en una isla bahiana en la que leí de pe a pa un tocho de casi 500 páginas que me dio qué pensar: Palabra de escándalo, un libro publicado en 1974 por Tusquets en la colección Textos en el aire. En el libro, Julio Ortega, recoge textos de unos 40 autores en lengua castellana con la intención de ofrecer una variada muestra de la situación literaria en ese idioma, prestando especial atención a los work in progress (así los llama) de lo que el director de la publicación considera lo más interesante de la sección de nuevos escritores y escritoras del momento interesados en explorar nuevos horizontes. En el libro se mezclan autores como Cortázar, a quien ya le había llegado el reconocimiento, con un jovencito Vila-Matas, que solo había publicado una novelita por aquel entonces. En sus páginas hay tanto muestras de esas nuevas literaturas como reflexiones sobre las variadas resistencias al resultado de esas exploraciones que, en muchos casos, se han convertido 40 años después en los nuevos estándares. Sus luchas, conflictos y polémicas resultado del intento de superar viejos paradigmas desconectados con las nuevas realidades se parecen tanto a las que vivimos 40 años después que da risa, miedo y asco en Las Vegas. Por cierto que, de esos 40 autores, sólo 3 eran mujeres: Cristina Peri, Ida Vitale y Cecilia Bustamante. Desgraciadamente eso tampoco ha cambiado mucho.

Pero la vida avanza y, a principios de septiembre, abandoné Brasil para viajar a Buenos Aires, donde lo primero que oí fue que pintan bastos con el gobierno de Macri, que acababa de provocar una subida en las tarifas del gas y la electricidad del 1.000%. A diferencia de Temer, Macri sí ha sido elegido en unas elecciones, por tanto no es necesario todavía organizar ningún golpe de estado, basta con utilizar adecuadamente el absoluto control que ejercen los poderosos sobre los medios de comunicación tradicionales. Me suena.

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En Buenos Aires, Y por qué John Cage y El agitador Vórtex volvieron a reunirse, esta vez en el mismo espacio tiempo, en las X Jornadas de Investigación de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), invitados por la coreógrafa y teórica Susana Tambutti. Mientras Cris Blanco llenó la platea de la sala Cara y Caretas (unas 200 personas), Guillem Mont de Palol y Jorge Dutor actuaron en El Portón de Sánchez ante 110 personas (no cabía ni una más). La organización se sorprendió con la excelente acogida de público en comparación con ediciones anteriores en las que participaron creadores europeos tan reconocidos como Jerôme Bel, Xavier le Roy o La Ribot, por ejemplo. ¿Casualidad? ¿Efecto expansivo de las redes sociales, que cada vez más conectan las dos orillas del Atlántico? ¿Conexión ibérico-latinoamericana? ¿O quizá estamos asistiendo a un incipiente cambio de paradigma entre el público más joven? Estos nuevos creadores, y tantos otros con los que nos encontramos en ciertos circuitos aún no predominantes, apelan a algo que está muy vivo y que hace sentir al público vivo también, como oí comentar por aquí. Por eso, quizá, a pesar de que en cierto sentido parecería que sus propuestas son muy exigentes, no tienen ninguna dificultad en conectar con toda clase de público, que puede disfrutar de lo que se le ofrece desde múltiples capas: la más vital y la más intelectual, la más directa y la más metamierda. Estas dos piezas son piezas complejas, que exigen de los intérpretes una tensión constante en un equilibrio precario y lleno de riesgos para conseguir llegar a buen puerto, pero ese no es obstáculo para que el público las acompañe sin que, al final, se resienta apenas del esfuerzo sino que más bien parece que cuanto más complicado se pone el viaje más el público acompaña a los performers y más satisfecho se muestra de haber conseguido llegar hasta el final todos juntos. También oí comentar que tanto Y por qué John Cage como el Agitador Vórtex (y, otra vez más, esto vale para muchas otras propuestas hermanas) ponen en primer plano una economía de medios que no puede interpretarse de otra manera que como un claro posicionamiento político, en contraposición con otras propuestas dominantes, de una producción rica en medios. Lo sucio, lo que está alrededor de la creación, mostrar el proceso creativo en carne cruda son otras de las características que parte del público percibe como inspiradoras y liberadoras. La UNA ha reunido a estos creadores con estudiantes locales en talleres de cuatro días. Algunos de los asistentes han tenido la oportunidad de enlazar los dos talleres. Quizá en estos encuentros latinoamericanos salten algunas chispas, en ambas direcciones. Amén. Yo volveré a Barcelona algo más convencido de que todo esto tiene más sentido de lo que a nosotros mismos nos parece. Y seguramente su importancia sea directamente proporcional a la intensidad con la que nuestros mezquinos gobernantes intentan destruirlo.

 

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2 Respuestas a Notas que patinan #76 | Bahía – Buenos Aires – Barcelona

  1. Adán dijo:

    Tocado.
    Pienso en las interconexiones (al pensar uno en escribir algo, otro ya lo está haciendo), como pasa con lo que dices de Tarrega. Lo que dices sobre Brasil y Argentina resulta muy valioso justo ahora. Y sí, con respecto a los parques temáticos, así es como es. Suerte que esas interconexiones están para más cosas. Por eso hay que seguir haciendo. Por las carambolas que no sabemos que se generan. Ojalá salten chispas.

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