¿Por qué Roger Bernat?

Día 7. ¿Por qué Roger Bernat?

En las primeras sesiones del taller que dimos en el curso de gestión cultural de San Cristóbal, nuestra principal tarea fue leer textos teatrales poco convencionales y hacer sesiones de vídeo de creadores y espectáculos que considerábamos reveladores. Para que los jóvenes aprendices pudieran ampliar la idea que tenían de lo que era “teatro”. Hablamos sobre Romeo Castellucci, Heiner Goebbels o Rodrigo García, entre otros. Quizás más adelante podamos compartir algunos de esos materiales. Uno de los vídeos del primer día fue Domini Públic de Roger Bernat. En una actuación en Tokio. Hablamos con ellos de que en muchos casos las artes escénicas se habían desprendido de los intérpretes y de que la participación del público podía ser diferente de lo que estamos acostumbrados a ver.

Notamos que eran más sensibles a unos materiales que a otros. Por ejemplo no comprendían de primeras la potencialidad de Gob Squad, pero se exaltaban y apuntaban en su cuaderno con ganas el nombre de Angélica Liddell mientras leíamos “El año de Ricardo”.

Viendo el vídeo de Domini Públic en la plaza de Tokio pensamos que el arte de hacer preguntas es desde siempre una de las mejores armas en cualquier relación humana. Para cuando quieres saber, para cuando quieres cambiar el discurso, para cuando quieres que no te pregunten a ti. Y así fuimos descubriendo que especialmente allí, en San Cristóbal, era urgente preguntar. Preguntarles por su vida, por su visión de las cosas. Preguntarles, qué harían si sólo les quedaran unas horas de vida, qué harían si tuvieran todo el poder del mundo. Y Domini Públic, a su manera,  hace eso y mucho más. Por eso tuvimos claro desde el principio que si Salvaje llegaba a existir algún día, Domini Públic tenía que inaugurar el festival.

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¿Veniste al espectáculo por recomendación de un amigo? Alza el puño.

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Y anoche Varoufakis, consciente del poder de la pregunta como generadora de discurso, retaba a los periodistas españoles en Salvados: “preguntadme lo que queráis”, “simplemente sorprendedme”.

Todo está conectado.