
{"id":3009,"date":"2011-09-22T15:28:49","date_gmt":"2011-09-22T13:28:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.tea-tron.com\/sismo\/blog\/?p=3009"},"modified":"2011-09-22T15:40:52","modified_gmt":"2011-09-22T13:40:52","slug":"room-las-primeras-palabras","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.tea-tron.com\/sismo\/blog\/2011\/09\/22\/room-las-primeras-palabras\/","title":{"rendered":"ROOM: LAS PRIMERAS PALABRAS"},"content":{"rendered":"<p><strong>por \u00d3scar Cornago<\/strong><\/p>\n<p>Las primeras palabras son las que comienzan a resonar en el silencio que se hace al comienzo, ese que se forma cuando la gente reci\u00e9n llegada va dejando de hacer ruido. Es el silencio de una espera y de una expectativa, el silencio que anuncia que algo est\u00e1 a punto de ocurrir. Puede ser que incluso no se haya hecho el silencio del todo, pero ya alguien va tomando la palabra; es una palabra (o un gesto o una acci\u00f3n) que resuena de una manera particular, con un tono de voz un poco m\u00e1s alto, proyectada hacia los dem\u00e1s. Generalmente se sabe qui\u00e9n va a ser esa persona, que suele estar situada en alg\u00fan lugar destacado, a lo que a veces llamamos \u201cescena\u201d, \u201cp\u00falpito\u201d, \u201ctarima\u201d, \u201cmesa\u201d&#8230; y ya antes de que empiece a hablar o seg\u00fan resuenan esas primeras palabras, todos le van mirando, fijan su atenci\u00f3n en \u00e9l o en ellos, en ese escenario m\u00e1s o menos improvisado, esperando a ver lo que dice, esperando que haga algo, que pase algo.<!--more--><\/p>\n<p>Las personas que acaban de llegar se re\u00fanen en ese espacio por primera vez, algunas ya se conoc\u00edan, pero hac\u00eda tiempo que no se ve\u00edan, y otras ni siquiera se conoc\u00edan; en todo caso, como grupo, resulta totalmente nuevo el encuentro. Nunca antes esas personas estuvieron juntas en un espacio. La expectaci\u00f3n, en ese sentido, es m\u00e1xima, no porque todos esperen mucho de ese encuentro, sino por la excitaci\u00f3n provocada por la novedad del estar junto de esas personas por primera vez. Si fuesen ni\u00f1os, esa expectaci\u00f3n se traducir\u00eda en un estado de eufor\u00eda y nerviosismo que no siempre es f\u00e1cil de transformar.<\/p>\n<p>Ese nivel de expectaci\u00f3n va a cambiar en pocos minutos; en un instante una persona tomar\u00e1 la palabra y todo comenzar\u00e1 a revestirse de un sentido (al que los ni\u00f1os se resistir\u00edan mucho m\u00e1s). A lo que no ten\u00eda nombre se le dar\u00e1 palabra, el encuentro pasar\u00e1 a llamarse de una manera, tendr\u00e1 unos objetivos, una raz\u00f3n de ser, habr\u00e1 un programa de trabajo y unas expectativas formuladas de manera concreta que nunca van a ser como las que hab\u00eda al comienzo, cuando todo estaba por hacer, incluso la palabra. Las nuevas expectativas no ser\u00e1n ni mejor ni peor que esas que hab\u00eda al comienzo, cuando nada estaba dicho, simplemente ser\u00e1n distintas, pertenecer\u00e1n a otro orden de cosas, al orden de lo que tiene que tener una forma definida, un espacio determinado en un tiempo prefijado, el orden de lo que tiene que caber en palabras. Del gozo de lo inesperado se pasar\u00e1 al gozo de lo reconocible, y qui\u00e9n sabe si no le seguir\u00e1 la desidia por lo ya conocido.<\/p>\n<p>Pero antes de ese momento, quiero detenerme en ese silencio en el que van a resonar las primeras palabras, esas que todav\u00eda no tienen sentido, porque son una pura sonoridad de una voz que inunda el espacio de ese encuentro por primera vez. Antes que en su significado, nos llamar\u00e1 la atenci\u00f3n su sonido, nos detendremos en su timbre, y tras este en el gesto que lo acompa\u00f1a, una actitud, una manera de estar. Es como la nieve que a\u00fan no se ha pisado, que est\u00e1 lisa, sin manchas ni trazos, y que luego se ir\u00e1 llenando de huellas, de recorridos, de objetos y desniveles, pero antes de las huellas est\u00e1 el modo c\u00f3mo se hicieron, la acci\u00f3n de la que dan cuenta. El encuentro entre esas personas todav\u00eda no est\u00e1 escrito, puede pasar algo, cualquier cosa que no est\u00e9 prevista, ni siquiera sabemos lo que podr\u00eda ser, lo que nos gustar\u00eda que pasara; no hay tiempo para pensarlo, es solo un instante, una sensaci\u00f3n r\u00e1pida, que dura solo eso, lo que dura una emoci\u00f3n que no sabemos ni d\u00f3nde viene ni qu\u00e9 nombre tiene, conocemos \u00fanicamente su fugacidad tantas veces experimentada.<\/p>\n<p>Podemos comparar esta situaci\u00f3n inicial con los primeros momentos de una obra esc\u00e9nica, cuando estamos todav\u00eda frente a un espacio en el que no sabemos qu\u00e9 va a pasar, apenas vemos algunos objetos, o puede ser que est\u00e9 vac\u00edo, quiz\u00e1 ya hay alg\u00fan int\u00e9rprete esperando a que el p\u00fablico termine de acomodarse, o quiz\u00e1 est\u00e9n saliendo ahora a escena, dando los primeros pasos, las primeras miradas, quiz\u00e1 poco despu\u00e9s, en unos instantes, alguno de ellos tome la palabra y diga algo, o quiz\u00e1 no sea necesario, y baste con que se empiecen a mover, con que empiecen a construir una gram\u00e1tica, y lo que era un espacio vac\u00edo se llene con la escritura de unos cuerpos, se llene de cuerpos-palabra, de cuerpos-historia, se llene con el relato que va a tratar de dar cuenta de lo que ah\u00ed est\u00e1 pasando, de ese encuentro. Antes de que ese relato empezara a <em>tener lugar<\/em>, hubo tambi\u00e9n un silencio inicial, una expectaci\u00f3n que por momentos no queda lejos de un cierto estado de inocencia acerca de lo que pueda pasar ah\u00ed. Hay un instante en el que todav\u00eda no nacieron los prejuicios, y ese instante es tan com\u00fan como fugaz.<\/p>\n<p>Efectivamente, al principio fue la palabra (o si queremos el movimiento o la acci\u00f3n), pero esa palabra m\u00edtica, o ese movimiento de los comienzos, antes que un significado es una resonancia en el espacio; atendemos antes de entender, como dice Nancy, sentimos la palabra antes de reconocerla. Tras la primera impresi\u00f3n, se nos ir\u00e1 olvidando su musicalidad y escucharemos solo lo que quieren decir, sin saborear m\u00e1s el deseo que les hace ser palabras. Dejaremos de atender a su forma, su sonoridad, la gestualidad que las acompa\u00f1a, lo que est\u00e1 inmediatamente antes de su sentido, pero que lo constituye, y trataremos de reducirlas a un significado, a una abstracci\u00f3n que nos permitir\u00e1 manejarlas con m\u00e1s comodidad. Sin embargo, todo ese mundo sensitivo, repleto de formas, no dejar\u00e1 de estar ah\u00ed, determinando el sentido de las palabras, escapando a esa otra tendencia de apropiaci\u00f3n o rechazo ante lo que tenemos delante.<\/p>\n<p>A medida que las formas nos sean m\u00e1s reconocibles, todo podr\u00e1 hacerse menos expresivo y por ello correr\u00e1 el peligro de hacerse aburrido: reconoceremos el tono de quien est\u00e1 hablando, incluso lo que est\u00e1 diciendo, porque ya lo habr\u00e1 dicho antes, reconoceremos los gestos de cada uno, la forma de moverse y las maneras de mirar. Sin embargo, de vez en cuando volver\u00e1 a pasar <em>algo<\/em>, algo que nos vuelva a hacer sensibles a las formas, que nos vuelva a hacer sentir que estamos sintiendo, que nos vuelva a dejar cara a cara con un material que est\u00e1 ah\u00ed, produci\u00e9ndose y modific\u00e1ndose constantemente. Cada vez que <em>eso<\/em> sucede es como si se hiciera una fisura en ese paisaje que se estaba formando, como si algo interrumpiera aquella m\u00fasica que hab\u00edamos dejado de escuchar, porque ya nos hab\u00edamos acostumbrado y no nos dec\u00eda nada. Cada vez que sucede <em>algo<\/em> es como si el horizonte se rasgara y se hiciera un silencio, como al comienzo; como si se <em>creara<\/em> otra posibilidad de que cualquier cosa pudiera pasar, es como si sobre el paisaje nevado, y ya lleno de pisadas, recorridos y objetos, volviera a aparecer un manto de nieve que invitara a andarlo de nuevo, otros recorridos en los que ni siquiera hab\u00edamos pensado. Volvemos a sentir una sonoridad que no hab\u00edamos notado, un modo de hablar que por alg\u00fan motivo nos sacude en el rostro. Cuando algo pasa, pasa que volvemos a sentir-nos sentir eso que est\u00e1 pasando, que es eso y somos nosotros al mismo tiempo, que lo estamos sintiendo.<\/p>\n<p>El sentido viene siempre acompa\u00f1ado por su <em>resonancia<\/em>, separar una cosa de la otra supone desvertir el sentido del modo c\u00f3mo se hace, dejar las palabras sin voz, los significados sin cuerpo. Seg\u00fan el tipo de enunciado, atendemos m\u00e1s o menos a las resonancias del sentido. Si alguien nos dice \u201cte quiero\u201d o \u201cte voy a matar\u201d, tratamos de buscar el sentido de estas palabras y su verdad en la forma c\u00f3mo se dicen. Si alguien dice \u201cma\u00f1ana va a llover\u201d o \u201cla tierra es redonda\u201d, nos olvidamos del modo c\u00f3mo se articulan para buscar su verdad en alg\u00fan tipo de comprobaci\u00f3n emp\u00edrica m\u00e1s all\u00e1 del momento de su enunciaci\u00f3n. Sin embargo, no es posible desligar la verdad de una acci\u00f3n del momento de su realizaci\u00f3n; el sentido de lo que se hace (y hablar, escribir, leer o escuchar son tambi\u00e9n acciones) nunca es ajeno al modo c\u00f3mo se hace, al sonido que produce el sentido de las palabras al hacerse. Si hay palabras que no son consideradas acciones, como la mayor parte de la palabra escrita, la palabra con la que se hace el conocimiento aceptado socialmente como tal y la ley a la que ese conocimiento nos obliga, lo que nos tenemos que preguntar es con qu\u00e9 intereses se han desvestido esas palabras de su sonoridad.<\/p>\n<p>Cuando el espacio abierto por esa resonancia deja de ser un acontecimiento puntual para pasar a ser un estado prolongado de percepci\u00f3n intensa, un estado ocupado todo \u00e9l por la m\u00fasica de los sentidos, hablamos de intimidad.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/sismo\/blog\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/IMG_4685-ok-p-1024x682.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3014\" title=\"IMG_4685-ok-p-1024x682\" src=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/sismo\/blog\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/IMG_4685-ok-p-1024x682.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"682\" srcset=\"https:\/\/www.tea-tron.com\/sismo\/blog\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/IMG_4685-ok-p-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/www.tea-tron.com\/sismo\/blog\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/IMG_4685-ok-p-1024x682-300x199.jpg 300w, https:\/\/www.tea-tron.com\/sismo\/blog\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/IMG_4685-ok-p-1024x682-150x99.jpg 150w, https:\/\/www.tea-tron.com\/sismo\/blog\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/IMG_4685-ok-p-1024x682-400x266.jpg 400w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><br \/>\nSomos, de Jes\u00fas Ubera<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por \u00d3scar Cornago<\/p>\n<p>Las primeras palabras son las que comienzan a resonar en el silencio que se hace al comienzo, ese que se forma cuando la gente reci\u00e9n llegada va dejando de hacer ruido. 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