{"id":2999,"date":"2015-06-25T12:24:53","date_gmt":"2015-06-25T10:24:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.tea-tron.com\/estruch\/blog\/?p=2999"},"modified":"2015-06-25T12:42:43","modified_gmt":"2015-06-25T10:42:43","slug":"me-gusta-el-futbol-porque-puedo-odiar-sin-sentimientos-de-culpa-entre-otras-cosas-de-sonia-fernandez-pan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.tea-tron.com\/estruch\/blog\/me-gusta-el-futbol-porque-puedo-odiar-sin-sentimientos-de-culpa-entre-otras-cosas-de-sonia-fernandez-pan\/","title":{"rendered":"<!--:es-->ME GUSTA EL F\u00daTBOL PORQUE PUEDO ODIAR SIN SENTIMIENTOS DE CULPA\u2026 ENTRE OTRAS COSAS (Sonia Fern\u00e1ndez Pan)<!--:-->"},"content":{"rendered":"<p><!--:es-->Hay dos cosas que, como intelectual, hasta ahora me hab\u00eda dado verg\u00fcenza reconocer. Aunque quiz\u00e1s ser\u00eda m\u00e1s correcto decir que me ha dado verg\u00fcenza dar a conocer a otros. En un intento de practicar la separaci\u00f3n de identidades que cristalizan en un mismo cuerpo, cre\u00ed adecuado mantener una distancia conmigo misma estableciendo unas serie de fronteras con los dem\u00e1s. Quiz\u00e1s fronteras no es un t\u00e9rmino adecuado, aunque como dec\u00eda Jes\u00fas Arpal esta ma\u00f1ana \u2013fue hace unas horas, pero parece que fue la semana pasada desde este futuro en suspensi\u00f3n en el que llevo existiendo desde hace meses- las fronteras de nuestro tiempo no siempre son nacionales. Algunas vienen definidas por un usuario y su contrase\u00f1a correspondiente. Pues bien, durante bastante tiempo fui alguien con contrase\u00f1as diferentes para diferentes usuarios. Con la consecuente esquizofrenia de no saber cu\u00e1l era el usuario real y aut\u00e9ntico que vinculaba todas mis compuertas de acceso a la realidad.<\/p>\n<p>Volviendo a lo que quer\u00eda decir al principio \u2013padezco una propensi\u00f3n involuntaria pero inevitable hacia la digresi\u00f3n y el extrav\u00edo del presunto tema principal contra la que ya veo imposible intentar luchar ahora que todav\u00eda soy joven pero ya soy mayor- hab\u00eda dos cosas, por llamarlas de alguna manera, que siempre me hab\u00eda dado verg\u00fcenza confesar en cen\u00e1culos intelectuales posmodernos. Me disculpo por usar la palabrota que define la indefinici\u00f3n de nuestra era y por volver a perderme. Esas dos cosas, tan impronunciables en unos \u00e1mbitos sociales pero tan vociferantes y comunes en otros, son el f\u00fatbol y el techno. Si he de anunciarlas de acuerdo con mis preferencias emocionales actuales, ser\u00edan el techno y el f\u00fatbol. Entendiendo aqu\u00ed el techno como un reduccionismo de muchas otras muchas m\u00fasicas electr\u00f3nicas de baile que ser\u00eda imposible enumerar sin tener que pasar el tiempo que ahora no tengo por la telara\u00f1a del hiperv\u00ednculo. Si he de presentarlas de acuerdo a una l\u00ednea de tiempo autobiogr\u00e1fica, el f\u00fatbol apareci\u00f3, como es f\u00e1cil suponer, mucho antes que la m\u00fasica de baile y su mir\u00edada de clubes, ambos tecnolog\u00edas perfectas para la interrupci\u00f3n del mundo y para la producci\u00f3n de nuevas \u00e9picas en un presente desencantado de las epopeyas de la historia.<\/p>\n<p>Me gusta el f\u00fatbol porque puedo odiar sin sentimientos de culpa. A Melendi le cautiva porque se siente dios en su casa. Tambi\u00e9n me gusta por poder localizar un enemigo elemental: el equipo contrario, con especial inquina hacia alguno de sus jugadores en espec\u00edfico. Recuerdo que de ni\u00f1a el f\u00fatbol era una excusa de proximidad emocional hacia un padre cercano las funciones de un t\u00f3tem. Tambi\u00e9n recuerdo que era un estado de excepci\u00f3n a una dieta infantil m\u00e1s o menos sana: el momento del fin de semana en el que poder atiborrarme de patatas fritas y coca-cola hasta el mareo sin amonestaciones. Mi padre, que durante muchos a\u00f1os hab\u00eda sido de un equipo \u2013como si los equipos de f\u00fatbol lo adoptasen a uno o fuesen propiedad de sus seguidores- se cambi\u00f3 a otro debido a las continuas derrotas del primer equipo. Esta decisi\u00f3n pragm\u00e1tica fue vista por sus hermanos como una traici\u00f3n que todav\u00eda sale a relucir en las sobremesas familiares. Pesa sobre \u00e9l la sospecha de que no es un aut\u00e9ntico apasionado, la sanci\u00f3n de la poligamia en un contexto tan mon\u00f3gamo como el f\u00fatbol. Uno ha de permanecer con \u201csu\u201d equipo de aqu\u00ed a la eternidad\u201d, como presupone la perfecci\u00f3n del matrimonio cat\u00f3lico. Yo siempre percib\u00ed este hecho como una sabia decisi\u00f3n de mi padre, como un rechazo al sufrimiento innecesario. De todas maneras, la pasi\u00f3n de mi padre por el f\u00fatbol ha ido en decrecimiento, como las utop\u00edas econ\u00f3micas m\u00e1s perezosas. Supongo que mi madre y yo le tomamos el relevo, siendo mucho m\u00e1s\u00a0<em>hooligans<\/em>\u00a0que \u00e9l durante 90 minutos con posibilidad de pr\u00f3rroga.<\/p>\n<p>Mi relaci\u00f3n con el f\u00fatbol es una relaci\u00f3n promiscua e intermitente. Es decir, no soy de las personas que organizan su tiempo en funci\u00f3n de un partido de f\u00fatbol. Como tampoco estoy atenta a la prensa deportiva m\u00e1s all\u00e1 de leerla de vez en cuando buscando conexiones subrepticias con la cr\u00edtica de arte. Espor\u00e1dicamente fantaseo con escribir sobre alguna bienal como los periodistas deportivos escriben sobre la Champions League. Yo tambi\u00e9n soy una traidora de acuerdo con los preceptos futbol\u00edsticos. Pero sucede que si un partido de f\u00fatbol se cruza en mi campo de visi\u00f3n, todo lo dem\u00e1s deja de tener importancia. Creo que ello se debe tambi\u00e9n a que no tengo televisi\u00f3n desde hace 15 a\u00f1os. Los efectos colaterales de esta decisi\u00f3n adolescente con pretensiones intelectuales desembocan en una hipnosis profunda, corriendo con la mirada detr\u00e1s de una pelota imperceptible, en detrimento de cuestiones m\u00e1s trascendentales como los ingredientes del bocadillo que alimenta la euforia del\u00a0<em>hooligan<\/em>\u00a0hambriento.<\/p>\n<p>A veces siento que habitamos nuestra vida como futbolistas que juegan una pr\u00f3rroga que no se termina nunca, exhaustos y exuberantes como tantos jugadores del \u00faltimo mundial de f\u00fatbol. Somos intelectuales de \u00e9lite con salarios de tercera divisi\u00f3n. Nuestra liga: los Juegos Ol\u00edmpicos del\u00a0<em>deadline<\/em>. As\u00ed como las camisetas de los futbolistas no transpiran el sudor del partido en las campa\u00f1as de publicidad que tambi\u00e9n lideran, nuestros proyectos se presentan en sociedad sin toda la suciedad del proceso. Nuestros textos y dossieres no huelen a tabaco, no tienen manchas de caf\u00e9, como tampoco tienen ojeras a pesar de las continuas ofensivas de insomnio, entre ataques de ansiedad y ataques de euforia.<\/p>\n<p>Tampoco huelen los clubes de techno cuando estamos a punto de entrar en ellos, antes de pasarnos 12 horas bailando dentro para salir por la puerta de atr\u00e1s del decoro, cuando las leyes permiten semejante dilataci\u00f3n del tiempo como para convertir un s\u00e1bado noche en domingo por la tarde sin tener que pasar por el pijama. A diferencia de los partidos de f\u00fatbol, algunas sesiones de m\u00fasica de baile nos permiten elegir la hora de ingreso y la hora de salida. Sin embargo, ambos comparten la suspensi\u00f3n del presente a lo largo de su duraci\u00f3n. Suspensi\u00f3n que, en el f\u00fatbol, se produce a trav\u00e9s de la zozobra continua de un estado de \u00e1nimo en\u00e9rgico e iracundo contra el adversario. Dentro de un club, el presente desaparece precisamente por lo contrario: por la ausencia de un objetivo que se traduzca en una victoria. Entramos en un club como vencedores triunfantes y salimos de \u00e9l como perdedores insaciables a la espera de la pr\u00f3xima conquista transitoria del presente a trav\u00e9s de un cuerpo capaz de metabolizar altas sobredosis de sonido. La batalla no es contra otro. La batalla es la propia resistencia contra las leyes naturales del cansancio. Entramos en un club demasiado hambrientos y salimos demasiado empachados, como zombies de centro comercial con una tarjeta de cr\u00e9dito ilimitado.<\/p>\n<p>Me gusta el techno porque me permite dejar el traje de intelectual en el guardarropa. En una pista de baile nuestra profesionalidad no se mide por la cantidad de tecnicismos est\u00e9ticos que somos capaces de escupir por la boca o desde el teclado. La ret\u00f3rica logorreica se extrav\u00eda en la elocuencia del cuerpo en movimiento. En una pista de baile nuestra destreza viene dada por nuestra ejecuci\u00f3n del movimiento en relaci\u00f3n a las capas de sonido que se solapan dentro de un mismo tema. Tambi\u00e9n por nuestra habilidad a la hora de seducir al desconocido que baila a nuestro lado sin mediar palabra. Mientras que unos escogen la repetici\u00f3n infinita del bajo, otros eligen la evanescencia intermitente de la l\u00ednea mel\u00f3dica. Lo importante no es c\u00f3mo la m\u00fasica nos mueva, sino que nos conmueva. Juntos y todos a la vez.<\/p>\n<p>Como en el f\u00fatbol, en el techno tambi\u00e9n hay\u00a0<em>hooligans<\/em>. Sin embargo, el grado de furor en el baile no es directamente proporcional al grado de pasi\u00f3n por la m\u00fasica. Tampoco es cierto que aquellos que m\u00e1s sudan son los que mejor bailan. Moverse m\u00e1s no significa moverse mejor. Simplemente significa cansarse m\u00e1s. De la misma manera, gritar m\u00e1s no significa sufrir o deleitarse m\u00e1s durante un partido de f\u00fatbol. Me gusta el techno porque altera la l\u00f3gica del desplazamiento. Dar pasos durante horas sin apenas moverse del sitio, excepto en circunstancias muy concretas para satisfacer necesidades humanas sumamente b\u00e1sicas, tales como beber o mear. Tambi\u00e9n me gusta porque altera la temporalidad y las t\u00e1cticas discursivas del enamoramiento. Podr\u00eda afirmar que me he enamorado de alguien durante unas horas en cada sesi\u00f3n de m\u00fasica electr\u00f3nica importante a la que he asistido, sin por ello tener que practicar ninguno de los preceptos de las relaciones de pareja, empezando por poder permanecer en el anonimato en el transcurso de cada idilio fugaz dentro de un club. La m\u00fasica primero, el amor despu\u00e9s. Y los intermedios para el f\u00fatbol. *<\/p>\n<p>*Este texto termina abruptamente, al igual que la suspensi\u00f3n temporal de la m\u00fasica electr\u00f3nica cuando se encienden las luces dentro de un club o la de la euforia colectiva del f\u00fatbol cuando un \u00e1rbitro pita el final del partido.<\/p>\n<p>**Texto introductorio para\u00a0\u00a0<em>Ensayo abierto #2: Trabajos de\u00a0<a href=\"http:\/\/josesajon.weebly.com\/yo-te-sigo-a-todas-partes.html\" target=\"_blank\">Josefina Saj\u00f3n\u00a0<\/a>y\u00a0<a href=\"http:\/\/www.marcserra.net\/work\/football-club\/\" target=\"_blank\">Marc Serra<\/a>\u00a0(f\u00fatbol y electr\u00f3nica), residentes en<a href=\"http:\/\/www.lestruch.cat\/#nauestruch_365\" target=\"_blank\">NauEstruch<\/a><\/em><\/p>\n<p>FUENTE: <a title=\"me gusta el f\u00fatbol\" href=\"http:\/\/esnorquel.es\/gusta-el-futbol-porque-puedo-odiar-sin-sentimientos-de-culpa-entre-otras-cosas\" target=\"_blank\">Esnorquel<\/a><!--:--><!--:ca-->Llegir en <a href=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/estruch\/blog\/me-gusta-el-futbol-porque-puedo-odiar-sin-sentimientos-de-culpa-entre-otras-cosas-de-sonia-fernandez-pan\/\" target=\"_blank\">castell\u00e0<\/a>.<!--:--><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay dos cosas que, como intelectual, hasta ahora me hab\u00eda dado verg\u00fcenza reconocer. 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