{"id":271,"date":"2025-10-06T09:52:40","date_gmt":"2025-10-06T07:52:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.tea-tron.com\/freetour\/blog\/?p=271"},"modified":"2025-10-06T09:52:40","modified_gmt":"2025-10-06T07:52:40","slug":"aida-parada-1948-de-orquestina-de-pigmeos-por-barbara-mingo-costales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.tea-tron.com\/freetour\/blog\/2025\/10\/06\/aida-parada-1948-de-orquestina-de-pigmeos-por-barbara-mingo-costales\/","title":{"rendered":"Aida. Parada 1948 de Orquestina de pigmeos, por B\u00e1rbara Mingo Costales"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-large wp-image-108\" src=\"https:\/\/www.tea-tron.com\/freetour\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Orquestina-de-pigmeos-\u00a9-MIGUEL-RIBEIRO-FERNANDE-pq-1024x683.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"427\" srcset=\"https:\/\/www.tea-tron.com\/freetour\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Orquestina-de-pigmeos-\u00a9-MIGUEL-RIBEIRO-FERNANDE-pq-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.tea-tron.com\/freetour\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Orquestina-de-pigmeos-\u00a9-MIGUEL-RIBEIRO-FERNANDE-pq-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.tea-tron.com\/freetour\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Orquestina-de-pigmeos-\u00a9-MIGUEL-RIBEIRO-FERNANDE-pq-768x512.jpg 768w, https:\/\/www.tea-tron.com\/freetour\/blog\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Orquestina-de-pigmeos-\u00a9-MIGUEL-RIBEIRO-FERNANDE-pq.jpg 1500w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Escribo estos recuerdos cuando han pasado ya tres semanas de lo que vimos. Formaba parte del festival Free Tour, celebrado en Madrid e inspirado en parte en los Free Flux Tours promovidos por George Maciunas en Nueva York a mediados de la d\u00e9cada de 1970, en los que grupos de gente se reun\u00edan para pasear por la ciudad o visitar algunos de sus rincones con otra conciencia que la habitual, una conciencia quiz\u00e1 despertada por el sencillo hecho de haberse puesto toda esa gente de acuerdo para hacerlo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Est\u00e1bamos citados en una parada de autob\u00fas de una avenida. Hab\u00edan tardado muchos d\u00edas en decirnos d\u00f3nde y a qu\u00e9 hora se nos citaba, aunque el d\u00eda lo sab\u00edamos. Cuando por fin se dieron las coordenadas las entradas, reci\u00e9n puestas a la venta, volaron. Es porque la Orquestina de Pigmeos, responsable de lo que \u00edbamos a ver, o a recorrer, es muy admirada y muchas personas desear\u00edan que se prodigase m\u00e1s. Otras tienen de sus piezas lo que se llama un recuerdo imborrable, que es algo que nace por la conmoci\u00f3n que nos ha producido un acontecimiento, y no quiere decir necesariamente que lo recordemos detalle a detalle, sino que se parece m\u00e1s bien a una planta sorprendente que sigue dando flores contra todo pron\u00f3stico. Pido disculpas por los desv\u00edos: todo esto lo escribo para explic\u00e1rmelo a m\u00ed misma, y agradezco entonces a quien lo lea que me tienda un espacio para que asimile las cosas, como se doblan las s\u00e1banas limpias entre dos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00c9ramos bastante gente, \u00bfquiz\u00e1 unos treinta? Mientras lleg\u00e1bamos se fueron formando los cl\u00e1sicos grupillos detr\u00e1s de la parada, donde hay una especie de parque sobrevenido con un edificio institucional en el que entre otras oficinas est\u00e1 la comisaria de Usera. Es una zona con cierto tr\u00e1nsito, un descampado algo domesticado por donde pasa gente con perros o que toma un atajo en su trayectoria.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los dos miembros de la Orquestina se acercaron. Llevaban cada uno un amplificador que reproduc\u00eda lo mismo, duplicaci\u00f3n que servir\u00eda para que el sonido llegase a todos los asistentes mientras el grupo se iba desplazando. Pero aqu\u00ed me patina un poco el recuerdo, o bien es que la cosa comenzaba un poco as\u00ed, no tajante, de manera que la atenci\u00f3n de cada cual se iba centrando a su ritmo. Nos hab\u00edamos colocado un poco m\u00e1s ordenados en la acera, y mientras segu\u00edamos esperando alg\u00fan chasquido o se\u00f1al que nos avisase del arranque, comenzamos a distinguir una m\u00fasica que ven\u00eda de otra parte. De la acera de enfrente. Ah\u00ed hab\u00eda una casa de dos o tres plantas, con una azotea en lo alto, y en el poyete de la azotea estaba el amplificador desde el que sal\u00eda la m\u00fasica, que era de aire \u00e1rabe. Entonces vimos a una mujer tendiendo la ropa en la cuerda. El bajo comercial, que estaba cerrado, ten\u00eda una cortina met\u00e1lica donde hab\u00eda pintado un animal. Me pregunt\u00e9 si tambi\u00e9n deb\u00eda fijarme en eso, acechante al sentido, porque la calle entera se hab\u00eda transformado ahora en susceptible de atenci\u00f3n, y eso solamente por la canci\u00f3n y la mujer en la azotea. Tambi\u00e9n me fij\u00e9 en la gente que iba por la calle y se nos quedaba mirando unos segundos, por lo llamativo que es ver a varias decenas de personas detenidas mirando a un mismo punto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entonces la mujer baj\u00f3 a la calle y se dirigi\u00f3 al paso de cebra que ten\u00edamos enfrente. Cuando se puso verde y pudo cruzar, lo hizo lentamente, porque a medida que avanzaba iba trazando sobre la calzada una l\u00ednea con una tiza blanca. Iba marcando el suelo pero no se deten\u00eda. Su actitud era resuelta, algo desafiante. La captaban tanto los conductores de los coches parados como nosotros que la esper\u00e1bamos. Cuando lleg\u00f3 a nuestro lado de la acera y sigui\u00f3 caminando como alej\u00e1ndose de las casas e intern\u00e1ndose en el descampado, todos la seguimos. Iban dirigiendo la comitiva los dos miembros de la Orquestina, uno el primero y otro el \u00faltimo, cada cual como he dicho con un amplificador desde el que sal\u00eda el audio, ahora la voz de un hombre que hablaba en \u00e1rabe. La mujer segu\u00eda marcando las losas del suelo, y cuando dej\u00f3 de haber losas y ya el suelo era de arena, se desplaz\u00f3 hasta el muro que limitaba el terreno y segu\u00eda dejando que la tiza marcase una l\u00ednea blanca sobre su superficie, paralela a su avance, a veces con aire de hartazgo, a veces con aire de enfado. Por fin se detuvo y se puso a dibujar figuras en el muro, un tri\u00e1ngulo detr\u00e1s de otro, que empezamos a reconocer como tiendas de campa\u00f1a. Nos detuvimos todos y los amplis se quedaron en el suelo. Ahora hablaba una mujer, tambi\u00e9n en \u00e1rabe, y estaba ya claro aunque no se entendiese el idioma que estaban hablando de Palestina. Entonces otra mujer cogi\u00f3 un micr\u00f3fono y por encima del audio se puso a traducir lo que este dec\u00eda. Ahora entend\u00edamos de otra manera la relaci\u00f3n entre los dibujos en la pared y lo que est\u00e1bamos oyendo, que era el relato de la vida en un campo de refugiados. Entonces nos dimos cuenta de lo significativo que era que el n\u00famero de la parada de autobuses donde nos hab\u00edan citado fuera el 1948.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Despu\u00e9s de un rato, cuando ya hab\u00edamos entrado en el nuevo marco, la primera mujer sigui\u00f3 su camino y todos nosotros fuimos detr\u00e1s. Ahora el camino era de tierra, con irregularidades, con yerbajos secos y desperdicios y cacas de perro, y cada vez m\u00e1s taciturnos seguimos ascendiendo hasta la planicie. Desde ah\u00ed se ve\u00eda a lo lejos la continuaci\u00f3n de la ciudad, los bloques de viviendas de otros barrios, que hac\u00edan imaginar las muchas vidas que se desarrollan dentro, la gente que se dirige a su casa para recogerse, mientras el sol iba bajando y el cielo iba cambiando de color con placidez, como si dijera \u201cy as\u00ed ha transcurrido otro d\u00eda en la ciudad\u201d. Todo lo que nos rodeaba formaba parte de la pieza y convocaba su negativo. Ante ese fondo, la primera mujer se puso a bailar. Era un baile que inclu\u00eda pasos largos con cambios de trayectoria, y era como si estuviese probando c\u00f3mo seguir, y todo el rato hab\u00eda que cambiar la direcci\u00f3n, y hab\u00eda armon\u00eda a pesar del desaliento y la impotencia. Cada vez estaba m\u00e1s oscuro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A unos pocos metros hab\u00eda una estructura sencilla que conformaba un cine de verano. La mujer dej\u00f3 de bailar y se dirigi\u00f3 hacia el cine. Ella y la traductora se sentaron en la tarima que hab\u00eda delante de la pantalla. Los dem\u00e1s nos distribuimos por las butacas escalonadas o de pie entre ellas. Cuando llegamos hab\u00eda un hombre sentado, que deb\u00eda de estar haciendo su descanso habitual en mitad de su paseo con el perro. Ambos asistieron tambi\u00e9n a la intervenci\u00f3n de la primera mujer, que entonces nos habl\u00f3 directamente. Nos cont\u00f3 que viv\u00eda en Madrid y que ven\u00eda de Gaza. Que hab\u00eda nacido en un campo de refugiados y c\u00f3mo era la vida en esas condiciones, y el estado en el que estaba su tierra desde los \u00faltimos dos a\u00f1os de masacre, y que su familia ahora estaba dispersa o muerta. Ella, Mai Al Bayoumi, y la traductora, Shereen Dagani, de Jerusal\u00e9n, se ofrecieron para contestar cualquier pregunta que quisi\u00e9semos hacerles, pero nadie se atrevi\u00f3 a decir nada, o todo lo que hab\u00edamos o\u00eddo hab\u00eda resultado ya lo bastante elocuente. Llegaron aplausos tambi\u00e9n de las casas cercanas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al volvernos a juntar t\u00edmidamente en grupos nos \u00edbamos enterando de algunas cosas, por ejemplo de que lo que acab\u00e1bamos de ver segu\u00eda el procedimiento expositivo de la pel\u00edcula de 2009 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Vid\u00e9ocartographies: A\u00efda, Palestine<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Till Roeskens. Los parlamentos que hab\u00edan ido acompa\u00f1ando la marcha estaban sacados de all\u00ed; a lo largo de tres cuartos de hora se suceden las intervenciones de hombres, mujeres y ni\u00f1os que han vivido en el campo de refugiados Aida, en Cisjordania, cerca de la ciudad de Bel\u00e9n. A medida que hablan vamos viendo en la pantalla aparecer los trazos de los mapas del campo de Aida, con una t\u00e9cnica de semitransparencia, los trazos negros sobre la superficie blanca que se va llenando, porque todo lo que cuentan es en funci\u00f3n de la disposici\u00f3n de los muros, los caminos y los l\u00edmites. Tambi\u00e9n en la pantalla del cine en el descampado de Usera hab\u00eda pegado con celo un sencillo cartel, compuesto por varios A4 en los que hab\u00eda dibujados unos croquis similares a los trazos que hab\u00edamos ido viendo dibujar. La conversaci\u00f3n entre todos los asistentes levant\u00f3 algo el \u00e1nimo.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando ya era de noche del todo nos fuimos del descampado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>B\u00e1rbara Mingo Costales<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escribo estos recuerdos cuando han pasado ya tres semanas de lo que vimos. 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