Voy a La Caldera al segundo día de las jornadas de práctica y pensamiento, Estimar el futur, que se llevaron a cabo los días 13, 14 y 15 de mayo. Mientras charlo con algunas de las participantes, antes de comenzar la sesión, pasa cerca de nosotras una mujer; la saludamos. Con las que estoy me cuentan que ella es Stefanía Caro, que me la perdí, que hizo una presentación muy bonita en el primer día, a partir de su libro, que por cierto que de ahí nace todo esto de amar el futuro… amar el futuro como una última rebeldía. Más tarde me encuentro con su libro: Pómulo y Lejanía, editado por Consonni, apoyado en la barra de La Caldera; ese espacio por el que vamos transitando en el maravilloso entre de las actividades propuestas: a hacernos un té, a comer unas galletitas; a comentar rápido lo que acaba de suceder, o a actualizarnos brevemente sobre eso que es la vida; las jornadas no paran.
Ese primer día, el que me perdí, también estuvieron Amalia Fernández, quien no estuvo físicamente pero sí con su voz dirigiendo una práctica física, Clara Narvión e Inés Sybille.
El formato de la jornada proponía comenzar con una práctica física, un par de charlas/exposiciones y una muestra escénica. Después, quien quisiera, podía quedarse a comer y hacer una siesta.
De las jornadas habrá una relatoría trabajada por mentes y manos vibrantes: Mercedes Caballero, Itxaso Corral, Iera Delp y Sarah Renau. Por lo que las transitaré rápido para que ellas hagan lo suyo y así no pisarnos. Además a mí me han pedido que haga hincapié sobre todo en la función de cierre; la pieza de Carme Torrent. Pero para llegar a ella necesito recuperar algunos detalles de todo lo que he atravesado.
Las prácticas físicas que pude experimentar en la segunda y tercera jornada de Aimar Pérez Gali y de Poliana Lima nos permitieron estar con los cuerpos abiertos y disponibles para todo lo que después nos llegaría. Moverse, permanecer en la existencia del movimiento son algunas de las pistas que quedan para el futuro.
Las exposiciones de Jaime Conde, de Estela Ortiz, de Ona Bros y Santiago Alba Rico, me recuerdan que hay un futuro que se abre cuando las palabras se colocan bien. Con su sapiencia nos llevan de paseo por jardines, siestas, floreros, fruteros, veranos, memes; infancias, comadreos, barrio; Gaza. Montañas, lagos, paisajes, cronos. Gaza.
Quiero que existas, dijo San Agustín.
Y Heura con seis años, también dice: El futuro es un círculo infinito. Ona le ha hecho un agujero a ese círculo, así puede plegarse y hasta por momentos convertirse en algo más.
El futuro, este, el que se habita desde la espalda; el que estamos intentando pensar nosotres desde el barrio de Les Corts, necesita poesía, comunidad e imaginación como infraestructura, como Ona nos sugiere.
Las muestras de Natalia Fernández e Iván Mozetich el día jueves y el día viernes la de Reinaldo Ribero, en contraste con las exposiciones, me dejan pensando en esa fragilidad que habitamos cuando estamos en escena, cuando el lenguaje se experimenta desde otros lugares, cuando se invoca el silencio; cuando es el cuerpo el que hace. Estas dos muestras me llevan a un futuro que no puedo nombrar porque se viven en un presente; porque aunque Mozetich nos pide, con micrófono en mano, que nos olvidemos del inicio o final de las cosas, hay algo de eso ya instaurado en la danza; hay una permanencia; nada empezó ahí, en ese linoleum blanco, en ese instante, y nada terminó con el aplauso; ese gesto que hemos acordado para intentar atrapar eso que ahí ha (nos ha) sucedido: un imposible.
En la noche de luna menguante del 15 de mayo, viernes, con cierta distancia de la mañana y sus múltiples actividades; la bailarina y filósofa Carme Torrent se presenta con su pieza: 100 fuegos horizontales. Cuando termina de hacer todos sus hechizos por el espacio, en su cuerpo y los nuestros, se detiene cerca de las butacas, nos mira y nos dice: Hasta aquí por hoy. Y es entonces que a nosotras se nos cae una lágrima, y buscamos complicidad, y efectivamente, a otras les está pasando lo mismo. ¿Por qué? me pregunto. ¿Qué es lo que ha pasado ahí para que esa frase nos toque de esta manera?
Como Jaime Conde en su exposición: El futuro del futuro es un frutero, invito aquí, a este texto, a Martín de OT; quien ha sacado un disco hace unas semanas producido por Hidrogenesse:
Me gustan todas tus formas
Silueta de vaina de vainilla
Figura de persona en movimiento
Trazo de mil estorninos
Haciendo formas siempre distintas
Y me encanta tu ruido
En la sala 6 de La Caldera, con un piso de madera impecable y todo el espacio perfectamente iluminado, vemos a Carme trabajar la escena desde un estar muy profundo, abriendo y abriendo espacio/tiempo sin parar. Nosotras acompañamos el silencio que ella nos propone para entrar ahí, nos dejamos llevar de aquí para allá, desde la nada y desde toda su experiencia, sensibilidad e imaginación. Como si fuera con unas zapatillas con lucecitas lanza rayos, a cada paso va entrelazando danza, arquitectura y filosofía; está todo integrado en su cuerpo, solo tiene que estirar el brazo: Tin…tic..tac..magia. Cuánta complejidad rodea a ese cuerpo que se mueve. Y ahora, a bailar con una tela dorada como para encantarnos un poco más; a estas alturas casi vemos a través de las paredes. La sala se va quedando pequeña. ¿Cómo emerge el imaginar o incluso el soñar un danzar sin la obligación de saber cómo hacerlo ahora? Se pregunta Carme en el texto que presenta la pieza. Una pregunta desde este presente para el futuro, para cada día, para siempre.
Me gustan todas tus formas
Forma de vaso lleno de agua
Perfil de montaña a lo lejos
Mil estorninos, llenando el silencio
Y como los estorninos: danzas errantes como mecanismo de supervivencia, vuelo colectivo en unísono con formas geométricas para ahuyentar al depredador y murmuraciones/ruido.
Tal vez, así, el futuro, un futuro. El de las utópicas, el de las ideas infantiles: chorreando imaginación, casi sin agotarse.
Anabella Pareja Robinson
Imágenes de Tristán Pérez-Martín




