{"id":1967,"date":"2019-02-08T15:45:58","date_gmt":"2019-02-08T14:45:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/?p=1967"},"modified":"2019-02-19T14:03:44","modified_gmt":"2019-02-19T13:03:44","slug":"aqui-en-el-alto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/2019\/02\/08\/aqui-en-el-alto\/","title":{"rendered":"Aqu\u00ed, en El Alto"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-1968\" src=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/50675753_233311137615018_7525119939129114624_n-1024x768.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"480\" srcset=\"https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/50675753_233311137615018_7525119939129114624_n-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/50675753_233311137615018_7525119939129114624_n-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/50675753_233311137615018_7525119939129114624_n-768x576.jpg 768w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/50675753_233311137615018_7525119939129114624_n.jpg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p><em>Lecturas de <\/em><em><a href=\"https:\/\/esthergaton.net\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Esther Gat\u00f3n <\/a>y <a href=\"https:\/\/sofiamontenegro.net\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Sof\u00eda Montenegro<\/a> sobre\u00a0Aqu\u00ed, en El Alto de <a href=\"http:\/\/javiercruz.net\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Javier Cruz<\/a> y <a href=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/fernandogandasegui\/blog\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Fernando Gandasegui<\/a> en\u00a0Fabra i Coats dentro del Festival S\u00e2lmon&lt;.\u00a0<\/em><\/p>\n<p><strong>Esther Gat\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esto es un edificio al que lo han hecho teatro. No es un edificio convertido en teatro, sino un edificio al que se lo han hecho. Lo que nos anuncia el t\u00edtulo de la pieza se va cumpliendo desde el principio. Accedemos por la planta baja y nos indican que tomemos las escaleras de incendios y vayamos hacia lo alto. Que sigamos al sonido que se escucha por all\u00ed y entremos en la sala en la que nos parece que est\u00e1 sonando. Lo que se oye, -es decir, eso a lo que seguimos- es m\u00fasica de la que golpea.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Algunos espacios ciertamente altos son el desv\u00e1n o la azotea. El primero es un sitio bastante tr\u00e1gico, mientras que la segunda siempre est\u00e1 descubierta. <em>Aqu\u00ed, en El Alto<\/em> no piensa en fatalidades ni cree que todo deba ser visto, por eso no tiene lugar en ninguno de estos sitios (en todo lo alto), sino que se queda un poco antes. Ocurre en un trastero de los muchos que se reparten por el edificio. Una abre la puerta de este trastero y por fin entra a la pieza, que ya hab\u00eda empezado. <em>Aqu\u00ed, en El Alto<\/em>\u00a0tambi\u00e9n va de lo que hacemos antes de haber llegado. Esto es, lo que nos ocurre cuando eso que buscamos se localiza algo m\u00e1s alto y tardamos un rato en llegar. En este caso, las escaleras nos hacen comportarnos como algo escurridizo. Nosotras, en ellas, por metal, sin se\u00f1ales y sin ventanas. Subir por aqu\u00ed viene a ser una sensaci\u00f3n f\u00edsica m\u00e1s que una certeza. No se escala, pero se goza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Con estos preliminares que propone Javier Cruz y Fernando Gandasegui nos va creciendo una especie de recelo, y cogiendo el picaporte del trastero no estamos tan seguras de que entrar sea algo que nosotras decidimos. M\u00e1s bien sentimos que nos han seducido hasta aqu\u00ed con urgencia. No hay gente. Nadie obliga, pero desde abajo tampoco hubo un espacio para considerar si quer\u00edamos llegar aqu\u00ed o no. \u201c-\u00bfHas estado alguna vez en Bolivia?\u201d Eso es lo que te hab\u00edan preguntado antes de dejarte en el rellano. \u201c-No\u201d, en mi caso. Entonces, fue ese apetito lo que nos ha precipitado. Realmente pens\u00e9 que Bolivia estaba ac\u00e1 arriba, por fin la encuentro. El recelo muta en sospecha y abriendo el trastero parece l\u00f3gico que algo bruto todav\u00eda est\u00e9 por ocurrir. Esta alerta no abandona y de pronto se conjuga con la primera imagen an\u00f3mala: en la entrada hay una m\u00e1scara de colores que, girando sobre s\u00ed misma, se balancea violentamente de un lado hacia otro, a la altura de nuestro tronco. Est\u00e1 hecha de una material que refleja la poca luz que hay, as\u00ed que lo que nos recibe es un gesto insistente, de enfado. La m\u00fasica todav\u00eda golpea. Que esa m\u00e1scara gire tanto contagia a las cosas apiladas en el trastero, y las miramos sabiendo que tambi\u00e9n andan dando tumbos. Dentro, el sonido tiene voz de mujer\u00b9<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0que describe im\u00e1genes a borbotones. Se est\u00e1 dirigiendo a ti, o eso parece un rato, luego no; luego se da cuenta de lo que pasa en Estrasburgo y en el altiplano <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">te jodes Blade-Runner este mundo fl\u00faor rebosa vida la muerte aqu\u00ed no importan los que se quedan<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d\u00b2<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">. Est\u00e1bamos recorriendo el edificio por sus canales y aqu\u00ed en el alto somos parte suya, ya somos como ese plancton. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entonces, la pieza engatusa, atrapa y acribilla. <em>Aqu\u00ed, en El Alto<\/em>\u00a0fabrica sus presas, de una en una. En contra de lo que se piensa, estar atrapada tambi\u00e9n puede ser un lugar de opulencia, lleno de trabajo. Por tanto, lo excepcional de esta captura es que no incluye imposiciones pues el material que nos arrojan es resbaladizo y no hay nada en esa voz que tienda a ponerse firme (a erigirse). Probablemente, esto tiene que ver con que lo que Claudia Faci recibi\u00f3 fue un texto sin signos de puntuaci\u00f3n, sin orientaciones. As\u00ed que cuando lee lo hace suyo, y lo que a nosotras nos llega no es sino esa colisi\u00f3n entre el parecer del escritor y el de su int\u00e9rprete. Y lo que nosotras podemos hacer con esa colisi\u00f3n es ba\u00f1arnos en la lava. <\/span><\/p>\n<p>\u00b9 <span style=\"font-weight: 400;\">Voz de Claudia Faci.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00b2 Las \u00faltimas palabras de esta frase son una extracci\u00f3n directa del texto escrito por Fernando Gandasegui para esta pieza, y que se escucha en la sala.<\/span><\/p>\n<p>\/<\/p>\n<p><strong>Sof\u00eda Montenegro<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La m\u00fasica te gu\u00eda para entrar en una sala a oscuras. Hay que seguir las indicaciones y alguien te pide que bailes tras la puerta. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tras la puerta se esconde una m\u00e1scara que cuelga y gira sobre s<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00ed<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> misma. La invitaci\u00f3n al baile te mueve el cuerpo mientras la observas. Entre la altura de las salidas y entradas, hay una voz que recita los indicios de los rituales de una ciudad. La m\u00e1scara boliviana distrae del ritmo que tiene lugar al fondo de la sala. Donde la luz roja, hay un cuerpo que se mueve en la oscuridad y lleva un pasamonta\u00f1as puesto. Otra m\u00e1scara en movimiento.<\/span><br \/>\nLas ganas de analizarlo todo te pueden llevar hasta el final, pero no queda otra que compartir la oscuridad con el cuerpo que tiembla.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pareciera que el tiempo se hubiera congelado, y que el ritmo de las horas estuviera pautado por esas dos agujas en la sala. Ante la inquietud que produce la falta de indicaciones para continuar, el temblor de ese cuerpo habla de ti m\u00e1s que el tuyo propio. La voz de Claudia Faci es una invitaci\u00f3n para calmar las piernas y observar las otras. Ella habla de La Paz y el futuro y pienso que es mejor dejar de buscar y quedarse embobada con esa lengua: \u201c<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Una Huari dos Pace\u00f1as Pico de Oro otra Huari dos Black Label Chuflay es Singani con Ginger Ale short fly otra m\u00e1s y otra<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.\u201d<\/span><br \/>\nSu voz te permite el riesgo de olvidarte del baile que est\u00e1 sucediendo junto a ti. Decides mirarla a los ojos, y mirar una y otra vez a una m\u00e1scara y la otra. La pieza te incita a pensar en el v\u00ednculo con ellas ahora que compart\u00eds espacio.<br \/>\nHay que salir de aqu\u00ed.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ahora te toca a ti el pasamonta\u00f1as. Esta vez las indicaciones son los \u201csaltitos\u201d, y no hay que dejar de darlos, llevando al cuerpo a transformarse en el paso de espectador a performer. La adrenalina te recorre, y el gesto cambia al enmascararlo. Los m\u00fasculos se tensan y la mirada se ablanda. Fer te indicar\u00e1 que se te va a ver menos de lo que piensas, y que tu movimiento tampoco se percibir\u00e1 igual. El a\u00f1o pasado Karina, una amiga de la danza, me hablaba de que el tiempo en escena es otro. El coraz\u00f3n te late r\u00e1pido y los segundos se aceleran, por lo que hay que forzar la lentitud al moverse y ralentizar la voz al hablar. Ahora parece que la percepci\u00f3n del cuerpo y la visi\u00f3n tambi\u00e9n se modifican tras el umbral de la escena. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Eso es estar aqu\u00ed en lo alto. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Todo cambia en la m\u00edmica del cuerpo que bailaba antes que t\u00fa. Ahora el suelo tambi\u00e9n parece diferente, y la m\u00e1scara y t\u00fa compet\u00eds por el ritmo. Bailar en la oscuridad y no ser reconocida es un goce al que recurrimos a veces y aqu\u00ed queda reflejado. Los botes no pueden parar. Sigues empujando el suelo y el cansancio del cuerpo comienza a ser evidente. Ahora el texto entra de otra forma, dice algo de fuego y empiezas a sentirlo. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Yo contin\u00fao movi\u00e9ndome sin ser reconocida, disfrutando del desconocerse y la rareza entre cuerpos que se miran de una forma diferente a la habitual. Empiezo a pensar en el poder de sentirse oculta, y en la alternancia entre rostros y caretas, y que quiz\u00e1s esa m\u00e1scara colgante hable de eso. <\/span><br \/>\nEl trabajo de Fer y Javi no est\u00e1 tanto en el relato si no en el giro del cuerpo entre el juego de referencias. En el situarte aqu\u00ed en lo alto, en lugar de all\u00ed en cualquier parte. Ellos juegan a los v\u00ednculos entre los espacios y los tiempos de antes; de ahora, de lejos y cerca y los recorridos que hacen nuestros cuerpos al salir y entrar por los espacios.<br \/>\nEs raro ese momento en el que la perfo termina porque en cierto modo parece que ya no hay vuelta atr\u00e1s tras cruzar de nuevo esa puerta.<\/p>\n<p>\/<\/p>\n<p>*Imagen de Cloe Masotta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lecturas de Esther Gat\u00f3n y Sof\u00eda Montenegro sobre\u00a0Aqu\u00ed, en El Alto de Javier Cruz y Fernando Gandasegui en\u00a0Fabra i Coats dentro del Festival S\u00e2lmon&lt;.\u00a0 Esther Gat\u00f3n Esto es un edificio al que lo han hecho teatro. 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