{"id":2038,"date":"2019-06-17T20:31:37","date_gmt":"2019-06-17T18:31:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/?p=2038"},"modified":"2019-06-17T20:50:23","modified_gmt":"2019-06-17T18:50:23","slug":"describir-es-hacer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/2019\/06\/17\/describir-es-hacer\/","title":{"rendered":"Describir es hacer"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_2040\" style=\"width: 650px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-2040\" class=\"wp-image-2040 size-large\" src=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/20-1024x686.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"429\" srcset=\"https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/20-1024x686.jpg 1024w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/20-300x201.jpg 300w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/20-768x514.jpg 768w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/20.jpg 2000w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><p id=\"caption-attachment-2040\" class=\"wp-caption-text\">Kuku Kanta. Vista general<\/p><\/div>\n<p>\u00bfPuede una exposici\u00f3n ensayar formas de cohabitaci\u00f3n? \u00bfDe d\u00f3nde sacamos el arrojo para imaginar un espacio f\u00edsico y mental que nos acoja en comunidad a pesar de sabernos tan distintos? Ideamos la exposici\u00f3n prefigurando un deseo colectivo que pacifique y colme a todos por igual sin reparar en que nos encontramos en un terreno parcelado. Hacemos lo posible por obviar que el consenso que sustenta esa ilusi\u00f3n supone un destierro, y que en ese vivir juntos estamos definiendo los par\u00e1metros de una segregaci\u00f3n voluntaria que trasciende la arquitectura, desborda \u201clas fronteras materiales, y fluye enloquecida como el mercurio, con una resistencia suave y l\u00edquida\u201d.1<\/p>\n<p>Nos situamos aparte, pero esa desarticulaci\u00f3n no anula la gravedad que nos empuja a encontrarnos. Tampoco la necesidad de compartir. \u00bfQu\u00e9 nos arrejunta?<\/p>\n<p>Son muchos los textos literarios en que los animales adoptan el habla humana. Cuando eso sucede, usan palabras grandes y sus voces se vuelven profundas. En La asamblea de los p\u00e1jaros, un heterog\u00e9neo grupo de aves entre las que se cuentan el jilguero y la perdiz, la t\u00f3rtola y el halc\u00f3n, el pato y la abubilla enamorada, emprenden una larga y extenuante b\u00fasqueda a trav\u00e9s de los Siete Valles para encontrar a Simurg, su rey. \u00bfC\u00f3mo es posible que existamos sin una voz que ordene y mande?, se preguntan. \u00bfC\u00f3mo es posible que nos dejen volar a nuestro antojo, sin m\u00e1rgenes ni caminos? As\u00ed que durante a\u00f1os se emplean a fondo en esa b\u00fasqueda impenitente. Con su coloquio interpelan a cuantos encuentran. Recogen sus historias y nos las trasladan en forma de par\u00e1bola. No tardamos en darnos cuenta de que ese viaje, el simple hecho de avanzar juntos, es el fin en s\u00ed mismo, que no existe tal Simurg, el rey de los p\u00e1jaros, ni nada que se le parezca, sino una v\u00eda de aprendizaje que cristaliza en la narraci\u00f3n.<\/p>\n<div id=\"attachment_2041\" style=\"width: 650px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-2041\" class=\"wp-image-2041 size-large\" src=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/16-1024x685.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"428\" srcset=\"https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/16-1024x685.jpg 1024w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/16-300x201.jpg 300w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/16-768x514.jpg 768w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/16.jpg 2000w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><p id=\"caption-attachment-2041\" class=\"wp-caption-text\">Ander Lauzirika<\/p><\/div>\n<p>Estamos tan acostumbrados a la prosa del mundo que el relato m\u00edstico y parco en detalles que nos trasladan las aves, no hace sino interrogarnos sobre las t\u00e9cnicas con las que componemos la geograf\u00eda f\u00edsica y humana. Su di\u00e1logo se despliega ante nosotros sin contexto, y estamos tan habituados a ver con ojos de p\u00e1jaro que ese vac\u00edo visual y la precariedad de sus descripciones nos presentan un paisaje minimizado, reducido al orden topon\u00edmico. Una mecanizaci\u00f3n de la visi\u00f3n m\u00e1s pr\u00f3xima al r\u00e9gimen de vigilancia y escucha selectiva de un ej\u00e9rcito de drones que a la silueta de una bandada surcando el aire. Lo cierto es que estamos tan convencidos de la habilidad descriptiva de la t\u00e9cnica y de la ubicuidad que nos confieren nuestros dispositivos que a menudo confundimos ver con tocar y decir con hacer.<\/p>\n<p>Y en ocasiones decir es hacer, as\u00ed que tuvo que pasar mucho mucho mucho tiempo hasta que mediante la descripci\u00f3n se hiciera la monta\u00f1a y con ella el paisaje. Y como sucede con los p\u00e1jaros, tambi\u00e9n esa temprana composici\u00f3n literaria que narra una ascensi\u00f3n al Mont Ventoux naci\u00f3 de la adversidad y del deseo de explorar el margen, lo desconocido. No suban \u2014advierte el pastor a los aventureros\u2014; yo lo hice, pas\u00e9 muchas fatigas y poco o nada encontr\u00e9 en su cima.<\/p>\n<p>Conducimos por la autopista, bordeamos un pantano, vemos los campos, un bosque monumental, paisajes protegidos o explotados y describimos: los residuos de una f\u00e1brica fren\u00e9tica \u2014todo es f\u00e1brica\u2014, una mezcla nerviosa de cuerpos y organismos desechados, una orograf\u00eda que se recompone, y compartimos. Y en esa esquem\u00e1tica representaci\u00f3n ya no reside una necesidad de ver, sino el deseo de ornamentar, y es un ornamento que se desplaza, sin p\u00e1gina, sin edificio, sin plaza.<\/p>\n<p>~<\/p>\n<p>La exposici\u00f3n es a veces como un huerto cercado. Un vergel recoleto en el que se nos permite campar a nuestras anchas por un tiempo limitado. Pienso en esas fotos que muestran los coquetos huertos que los soldados mimaban entre trincheras durante la Primera Guerra Mundial, o en los parterres que crec\u00edan ordenados y frondosos durante la segunda. El hambre o el placer empujaban a unos y otros a cultivar un poco de ese orden antiguo frente al miedo, puede que como acto de resistencia o como una sutil forma de rebeli\u00f3n.<\/p>\n<p>A menudo crecen en los m\u00e1rgenes del jard\u00edn algunas hierbas raras; no se las espera, y en un abrir y cerrar de ojos se han adue\u00f1ado de esa maceta que alguien olvid\u00f3. Son sumamente habilidosas y sus semillas viajan hasta los lugares m\u00e1s rec\u00f3nditos. Se multiplican. Uno debe poseer talento y gracia suficientes para saber cu\u00e1ndo hay que dejar que echen ra\u00edces y cu\u00e1ndo es conveniente apartarlas: una exposici\u00f3n tambi\u00e9n es un espacio de piques, y el invitado que no esper\u00e1bamos puede ser de gran ayuda para poner en crisis el ecosistema que tan pacientemente hemos ordenado. Llegados a cierto punto, es conveniente dejar que el jard\u00edn se transforme libremente, pues nuestro gobierno es limitado y es justo que las flores y los tallos se mezclen a su antojo.<\/p>\n<div id=\"attachment_2042\" style=\"width: 650px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-2042\" class=\"wp-image-2042 size-large\" src=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/29-1024x685.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"428\" srcset=\"https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/29-1024x685.jpg 1024w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/29-300x201.jpg 300w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/29-768x514.jpg 768w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/29.jpg 2000w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><p id=\"caption-attachment-2042\" class=\"wp-caption-text\">Guillermo Orjales<\/p><\/div>\n<p>Puede que la caprichosa comparaci\u00f3n entre un jard\u00edn y una exposici\u00f3n sea algo m\u00e1s que una met\u00e1fora encontrada al paso. Tal vez arroje algo de luz sobre cuestiones un tanto opacas, pues por todos es sabido que el parque y el museo son \u00e1mbitos de representaci\u00f3n de la esfera p\u00fablica y, cuando la representamos, es nuestro deber interrogarnos sobre los bienes que acumulamos y sobre los valores que perpetuamos en nuestros jardines en beneficio de los poderes f\u00e1cticos. Cabe recordar que al margen de nuestras modestas motivaciones, siempre habr\u00e1 alguien dispuesto a separar el trigo del grano y a actuar bas\u00e1ndose \u00fanicamente en sus intereses. \u201cAhora la ciudad ha decidido abrazar los jardines comunitarios, en especial en aquellos lugares en los que la clase trabajadora ha sido efectivamente expulsada\u201d.2 Sin la presencia de esas comunidades, el jard\u00edn deviene una nueva conquista de la \u201ceconom\u00eda de la experiencia\u201d.<\/p>\n<p>Con nuestros jardines contribuimos desinteresadamente a generar un espacio de deseo, pues en \u00e9l se manifiesta un capital simb\u00f3lico que florece en el \u201cv\u00ednculo entre la jardiner\u00eda (y las met\u00e1foras de arraigo) y los inc\u00f3modos desplazamientos de la modernidad, el apartamiento de las conexiones profundas \u2014incluso inconscientes\u2014 con el lugar y la comunidad\u201d.3<\/p>\n<p>Llegados a este punto, cabe apuntar la diferencia entre el sitio y el lugar, y el papel que desempe\u00f1an las comunidades en su definici\u00f3n. As\u00ed como el sitio puede abstraerse de la geograf\u00eda y las formas de vida circundantes, en los lugares los elementos del paisaje y la sociedad que los habita desempe\u00f1an una funci\u00f3n vertebral en su definici\u00f3n conceptual y formal. Un lugar es siempre un sitio, pero un sitio no es necesariamente un lugar. El accidente forma parte del lugar. La materialidad de la luz, el agua y otros fen\u00f3menos cobran all\u00ed un valor descriptivo. En el sitio uno tiende a abstraerse, a buscar abrigo. En los lugares uno se encuentra a merced de lo imprevisto, pues lo adverso siempre encuentra el modo de rozarlo. Con todo, en el lugar, las comunidades arraigan; en los sitios, deambulan por un tiempo limitado.4<\/p>\n<p>Si la exposici\u00f3n es un lugar \u00bfpuede esta ensayar formas de arraigo?<br \/>\nSi la descripci\u00f3n es una forma de arraigo \u00bfc\u00f3mo podemos describir un jard\u00edn sin usar el rastrillo?<\/p>\n<p>~<\/p>\n<p>En ocasiones el tejido urbano y sus barrios, as\u00ed como el jard\u00edn o la exposici\u00f3n, se desarrollan siguiendo los patrones de un sistema emergente, es decir, rechazando el dictado de una \u00fanica forma de inteligencia. Esta forma de crecimiento genera m\u00faltiples soluciones para un mismo problema y la \u00fanica forma de proceder es combinarlas mediante el ensayo y el error. Los problemas constituyen la base organizativa de todo sistema emergente, pero parad\u00f3jicamente no podemos resolverlos sin generar nuevos y relucientes errores. Ahora, cuando las formas de trabajo y sociabilidad han decidido prescindir de nuestra corporeidad y nos vemos forzados a mutar en entidades abstractas, m\u00f3viles y dolorosamente reemplazables, la territorializaci\u00f3n se revela como una forma de oposici\u00f3n a un proceso que niega nuestra fisicidad. En los pueblos y en la ciudad, nuestra presencia parece decida a reducirse a una coyuntura: la necesidad de desplazarnos. Y a pesar de eso, a menudo olvidamos que algo tan cotidiano como nuestra movilidad se ci\u00f1e a la trazabilidad de nuestros desplazamientos. Que la coreograf\u00eda que ejecutamos cuando abandonamos nuestros cuartos y avanzamos por las calles obedece a una partitura dispuesta para ser ejecutada.<\/p>\n<p>Con todo existe una humilde forma de alegr\u00eda en nuestra desaparici\u00f3n. Esa atomizaci\u00f3n acompa\u00f1a una transformaci\u00f3n de los afectos, una necesidad de renegociar con nuestra identidad, puede que incluso una voluntad de desubjetivizaci\u00f3n. Nuestra comunidad a menudo es afrentada por una fuerza sin forma que nos retrae y al poco nos diluye. Estamos acompa\u00f1ados, pero a la vez se nos impone una distancia, y desde ese no-tocarnos componemos un di\u00e1logo \u2014en parte soliloquio\u2014 que pretende resolver una cuesti\u00f3n de vital importancia: ante este empe\u00f1o por cancelar nuestra presencia, \u00bfc\u00f3mo podemos reaparecer? \u00bfQu\u00e9 trazas anuncian que seguimos dentro de un cuerpo?<\/p>\n<div id=\"attachment_2043\" style=\"width: 650px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-2043\" class=\"wp-image-2043 size-large\" src=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/23-1024x685.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"428\" srcset=\"https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/23-1024x685.jpg 1024w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/23-300x201.jpg 300w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/23-768x514.jpg 768w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/23.jpg 2000w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><p id=\"caption-attachment-2043\" class=\"wp-caption-text\">Agn\u00e9s Pe<\/p><\/div>\n<p>Como el tejido urbano, el jard\u00edn o la exposici\u00f3n, tambi\u00e9n las formas inestables en las que hemos mutado ocupan el espacio y aparecen rechazando el dictado de una forma superior: la \u201clucha molecular\u201d parece surgir por accidente, se disemina a trav\u00e9s de mensajes sin un receptor definido albergando la esperanza de ser interceptados.5<\/p>\n<p>Y a pesar de todo siempre volvemos a la ciudad, y sospecho que lo hacemos con la esperanza de intervenir en esa especie de descripci\u00f3n colectiva que registra el modo en que deseamos, una y otra vez. Esa descripci\u00f3n sin p\u00e1gina, sin edificio y sin plaza puede que sea la forma m\u00e1s llana de construir un lugar, hecho de imagen y palabras; as\u00ed es como reaparecemos describiendo y siendo descritos.<\/p>\n<p>Volvemos porque queremos ser part\u00edcipes de alguna transformaci\u00f3n. Qu\u00e9 duda cabe de que la descripci\u00f3n m\u00e1s fiel es tambi\u00e9n un acto de transformaci\u00f3n? La descripci\u00f3n propone una abolici\u00f3n de la relaci\u00f3n nominal entre las cosas; nombrar las cosas es la forma m\u00e1s r\u00e1pida de cercenarlas, de prefabricar su apariencia, su tacto. Cuando las describimos estamos armando algo nuevo, imperfecto, puede que incluso monstruoso. Digo monstruoso porque la descripci\u00f3n es un acto profundamente \u00edntimo, subjetivo y bic\u00e9falo por naturaleza, algo que sintetiza precariamente en medio de la visi\u00f3n o la voz y la lectura o la escucha.<\/p>\n<p>Describir es hacer, y aunque a menudo nos averg\u00fcenza la descripci\u00f3n por cursi, no deber\u00edamos olvidar que \u201cel mundo hay que volverlo a describir continuamente porque nunca es el de antes, aunque solo sea porque antes no est\u00e1bamos nosotros\u201d.6 Es una forma humilde y antibiogr\u00e1fica de expresar nuestra posici\u00f3n en el mundo sin tutelar la mirada. De registrar sin desmenuzar.<br \/>\nEsto es trabajar desde la duda y la incertidumbre, y admit\u00e1moslo, no hay nada que nos averg\u00fcence m\u00e1s que la duda. Con todo, no podemos hacer nada sino exigirnos esa posici\u00f3n d\u00e9bil e imperfecta, que es tambi\u00e9n una apertura al disenso y al di\u00e1logo. Que no ofrece un testigo sobre nuestra bondad, pues mostrarnos como seres ejemplares es tambi\u00e9n la forma m\u00e1s f\u00e1cil y tramposa de generar conformidad, \u00bfno?<\/p>\n<p>Sorteamos con mayor o menor suerte la tentaci\u00f3n de explotarnos los unos a los otros, de fagocitarnos, de hacer de la complicidad y el apego ese salvoconducto que acaba convirtiendo la amistad en instituci\u00f3n, el encuentro en un evento y el deseo de compartir en un proyecto. Si pienso en aquellos que tengo cerca, si nos imagino como conjunto, no tardo en advertir que ya no es suficiente con alzar la voz, deber\u00edamos ser capaces de tolerar nuestros silencios.<\/p>\n<p>He guardado unas palabras de la abubilla enamorada \u2014\u00bfos acord\u00e1is de ella?\u2014 para terminar este texto. Mientras escucha los ruegos de sus fatigadas compa\u00f1eras, extenuadas tras horas y horas de mec\u00e1nico y ansioso vuelo, les advierte de forma un tanto proverbial:<\/p>\n<p>Pon el pie en el camino, cierra el pico, calla.<\/p>\n<p>Arde tambi\u00e9n t\u00fa, si todos arden en el camino.7<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Marc Navarro<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este texto fue escrito a partir de la exposici\u00f3n Canta Cucu, celebrada en Bastero Kulturgunea, Andoain, en el marco del programa Harriak, del 5 de octubre al 10 de noviembre de 2018. La exposici\u00f3n fue comisariada por Ra\u00fal Dom\u00ednguez y en ella se inclu\u00eda el trabajo de los artistas Agn\u00e9s Pe, Ander Lauzirika y Guillermo Orjales.<\/p>\n<p>1 Sonter, Jill, Hacia una arquitectura menor, Bartlebooth, Vigo, 2018.<\/p>\n<p>2 Rosler, Marta, Clase cultural. Arte y gentrificaci\u00f3n, Caja Negra Editora, Buenos Aires, 2017.<\/p>\n<p>3 Ib\u00edd.<\/p>\n<p>4 Javier Mozas, Javier Arregui y Luis Pe\u00f1a, \u201cLuis Pe\u00f1a, arquitecto del lugar\u201d, Tecnolog\u00eda y Arquitectura, n\u00fam. 9, Vitoria, 1990.<\/p>\n<p>5 \u201cMolecular struggles are struggles that emerge accidentally and spread further through what is accidental to the accidentals. No master heads the molecular organization\u201d. Gerald Raunig, Factories of Knowledge Industries of Creativity, p.154, Semiotext(e), Los \u00c1ngeles, 2013.<\/p>\n<p>6 Wis\u0142awa Szymborska, Correo literario, p. 52, trad. Abel Murcia y Katarzyna Moloniewicz, N\u00f3rdica Libros, Madrid, 2018.<\/p>\n<p>7 Farid ud-Din Attar, El lenguaje de los p\u00e1jaros, p.134, versi\u00f3n de Clara Jan\u00e9s y Said Garby, Alianza, Madrid, 2015.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfPuede una exposici\u00f3n ensayar formas de cohabitaci\u00f3n? \u00bfDe d\u00f3nde sacamos el arrojo para imaginar un espacio f\u00edsico y mental que nos acoja en comunidad a pesar de sabernos tan distintos? 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