{"id":2046,"date":"2019-07-16T16:27:04","date_gmt":"2019-07-16T14:27:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/?p=2046"},"modified":"2019-07-19T13:10:34","modified_gmt":"2019-07-19T11:10:34","slug":"fondo-con-delfin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/2019\/07\/16\/fondo-con-delfin\/","title":{"rendered":"Fondo con delf\u00edn"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_2047\" style=\"width: 954px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-2047\" class=\"wp-image-2047 size-full\" src=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/Sin-t\u00edtulo.png\" alt=\"\" width=\"944\" height=\"538\" srcset=\"https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/Sin-t\u00edtulo.png 944w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/Sin-t\u00edtulo-300x171.png 300w, https:\/\/www.tea-tron.com\/mambo\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/Sin-t\u00edtulo-768x438.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 944px) 100vw, 944px\" \/><p id=\"caption-attachment-2047\" class=\"wp-caption-text\">Imagen: Estudio Perplejo.<\/p><\/div>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Huele a asfalto y a sol \u00e1cido. Es verano y de entre la multitud agolpada en el autob\u00fas emerge la cabeza perfecta de una mujer negra y joven de la que solo veo un ojo. Su retina blanquecina y ciega me trae a la memoria la historia que conoc\u00ed hace unos d\u00edas de un delf\u00edn enterrado mientras caminaba sumergido por el lecho marino, recorriendo los confines de la Casa de Campo de Madrid. No, no es ficci\u00f3n, bueno, a lo mejor s\u00ed. Sent\u00ed la humedad del limo resbaladizo protegiendo los secretos de un gale\u00f3n naufragado, las cosquillas de los peces al rozarme la ropa y la sensaci\u00f3n de libertad de mirar hacia arriba desde el fondo del mar. Explor\u00e9 con otros un \u00e1rea de fondo marino en la que busc\u00e1bamos algo, ol\u00ed la muerte, pude esquivarla. A esa profundidad los pensamientos se ralentizan, escapan formando burbujas que desaparecen al explotar en la superficie, y toda esa inmensa masa de agua que te protege tambi\u00e9n te aleja de lo que hay sobre la superficie, en el mundo real.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Solo un rato antes de viajar por el fondo marino est\u00e1bamos en el centro de Madrid. Era s\u00e1bado por la ma\u00f1ana y nos hab\u00edan convocado en una esquina de Pintor Rosales.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00cdbamos a asistir como espectadores a Fondo con Delf\u00edn de Sof\u00eda Montenegro, una de las obras que compon\u00edan Bosque Real, un proyecto comisariado por Jacobo Cayetano y Javier Cruz, que transformaba la Casa de Campo en un centro de intervenciones site-specific. La excitaci\u00f3n era m\u00e1xima, no era la primera vez que ten\u00eda contacto con el trabajo de Javier Cruz en sus diversos contextos y cada vez me atrae m\u00e1s el tipo de experiencias que proponen los proyectos en los que participa. De todos ellos siempre me voy a casa intrigado y quiero m\u00e1s; Bosque Real no fue una excepci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fondo con Delf\u00edn creci\u00f3 como un burbujeo en cuyo paisaje bailaban parejas como deriva y paseo, escenario y desierto, humedad y paisaje, voyerismo y descanso, soledad y grupo o manglar y bosque entre otros. Al recorrer en grupo el mapa imaginado con tiral\u00edneas por Sof\u00eda Montenegro la vegetaci\u00f3n seca se transformaba en limo y los \u00e1rboles en elementos de un escenario. Avanz\u00e1bamos descubriendo un escenario que reconoc\u00edamos vagamente, ahora ajeno y h\u00famedo, lejos de la ciudad. En el centro de aquel bosque apareci\u00f3 de repente un espacio vac\u00edo, un cubo blanco impoluto, y admiramos (como siempre hacemos) la escultura sobre su pedestal lleno de limo. M\u00e1s tarde, volviendo a la ciudad, buscamos melanc\u00f3licos un final digno para una historia tan hermosa y nos lanzamos a nadar, aunque el olor de un esqueleto con algo de carne adherida nos devolvi\u00f3 a la tierra. Durante todo el trayecto nos sentimos como personajes de Dogville inmersos en una historia expl\u00edcita y abierta siguiendo l\u00edneas invisibles. Me pregunto cu\u00e1les de esas l\u00edneas eran casuales y cu\u00e1ntas historias olvidadas despertaron en la memoria de los que all\u00ed est\u00e1bamos; seguro que muchas. Me sorprendi\u00f3 descubrirme vagando por los paisajes de mi infancia llenos de polvo y calor, redescubrir el olor de los pinos, paladear burbujas de agua y visualizar con una nitidez extrema un esqueleto a medio devorar. Me pareci\u00f3 fascinante el mecanismo por el cual mi maleta de recuerdos se vaci\u00f3 sin resistencia en el burbujeo n\u00f3mada de Fondo con Delf\u00edn a\u00f1adi\u00e9ndose a la mezcla efervescente. Desde aquel d\u00eda, la Casa de Campo es un lugar confuso en el que los recuerdos se confunden y eso me gusta, quiero volver para crear otros nuevos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De alg\u00fan modo, los que nos juntamos aquella ma\u00f1ana formamos parte de un campamento durante unas horas, protegi\u00e9ndonos los unos a los otros, cuid\u00e1ndonos con la vista. Como ocurre en todo campamento, hay un momento en el que la experiencia compartida cuaja y florece la comunidad. En Fondo con Delf\u00edn este momento naci\u00f3, como un amerizaje suave en el tr\u00f3pico, en los minutos que tardamos en recorrer la distancia desde el punto de encuentro hasta la entrada al telef\u00e9rico. Si, al telef\u00e9rico, a ese recuerdo reverberante de la infancia, al seguro que s\u00ed, el rinc\u00f3n de volar y los cohetes hechos con cerillas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">As\u00ed comenz\u00f3 nuestro viaje.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al suspiro colectivo en el momento del despegue le sigui\u00f3 un dulce sumergirse hacia lo hondo. El paisaje se desprend\u00eda de los amarillos de la Casa de Campo para transformarse en un manglar plagado de historias de piratas y naufragios. Ya no \u00e9ramos urbanitas, \u00e9ramos bucaneros desdentados sin miedo a la muerte, desliz\u00e1ndonos sobre el fondo marino a la b\u00fasqueda de una cala escondida en la que pernoctar antes de la pr\u00f3xima (y quiz\u00e1s \u00faltima) batalla naval. Seguros en aquel submarino, surc\u00e1bamos el oc\u00e9ano libres, pelo al viento, nariz arriba y la mirada cristalina bajo el cielo azul.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desvelar lo que ocurri\u00f3 despu\u00e9s ser\u00eda traicionar lo que vivimos, y eso no lo hacemos los piratas. Todo tesoro que se precie se oculta bajo el limo, dentro de una lata de galletas o en una experiencia como en este caso, y no es posible desvelar el misterio sin arruinarlo. Sin embargo, s\u00ed que podemos confesar que asistimos a una muerte fingida, espiamos con prism\u00e1ticos, encontramos un delf\u00edn y nos fuimos con nostalgia. Ojal\u00e1 m\u00e1s gente hubiera tenido esa suerte.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Javier Chozas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">*<em>M\u00e1s im\u00e1genes sobre<\/em> Fondo con delf\u00edn<em><a href=\"https:\/\/www.flickr.com\/photos\/ciudadistrito\/48073375152\/in\/album-72157709109354783\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"> aqu\u00ed<\/a>.\u00a0<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Huele a asfalto y a sol \u00e1cido. Es verano y de entre la multitud agolpada en el autob\u00fas emerge la cabeza perfecta de una mujer negra y joven de la que solo veo un ojo. 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