{"id":231,"date":"2011-02-14T12:54:55","date_gmt":"2011-02-14T12:54:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.tea-tron.com\/pablocaruana\/blog\/?p=231"},"modified":"2011-02-14T12:57:10","modified_gmt":"2011-02-14T12:57:10","slug":"desde-dos-lados-sombrios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.tea-tron.com\/pablocaruana\/blog\/2011\/02\/14\/desde-dos-lados-sombrios\/","title":{"rendered":"DESDE DOS LADOS SOMBRIOS"},"content":{"rendered":"<p><strong>Laila Ripoll y Ang\u00e9lica Liddell. Desde dos lados sombr\u00edos<\/strong>.<br \/>\n<strong>&#8220;El matrimonio Palavrakis&#8221;, de Ang\u00e9lica Liddell<br \/>\nPublicado en <\/strong><strong> Primer acto (2001)<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/pablocaruana\/blog\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/ANGELICALIDDELL-matrimonio.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-232\" title=\"ANGELICALIDDELL matrimonio\" src=\"http:\/\/www.tea-tron.com\/pablocaruana\/blog\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/ANGELICALIDDELL-matrimonio-203x300.jpg\" alt=\"\" width=\"203\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.tea-tron.com\/pablocaruana\/blog\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/ANGELICALIDDELL-matrimonio-203x300.jpg 203w, https:\/\/www.tea-tron.com\/pablocaruana\/blog\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/ANGELICALIDDELL-matrimonio.jpg 269w\" sizes=\"auto, (max-width: 203px) 100vw, 203px\" \/><\/a><\/strong><br \/>\n<!--more--><br \/>\nCaminando por Madrid, con los a\u00f1os, uno se va    encontrando gemidos convertidos en gritos, heridas que son navajas    autom\u00e1ticas convertidas en voz, sangres coaguladas,    menstruaciones transformadas en mosaicos transparentes. Y con el    tiempo, uno se da cuenta de que esas creaciones, aparte de unidos    por la blancura y pureza del dolor, tienen algo en com\u00fan,    una misma resonancia, un mismo paisaje de fondo irreconocible. Son    el diapas\u00f3n escondido de una ciudad que agoniza, el cabello    de diablo convertido en baba que mancha. No se trata de    malditismos, o no s\u00f3lo, ni de relojer\u00edas imberbes.    Sino de respuestas, de reacciones a este tiempo inefable (&#8220;Tengo    un sat\u00e9lite perdido en el espacio que me abraza fuerte,    para cruzar la barrera de este siglo inefable&#8221;, canta otra de las    gatas de esta ciudad que recoge perros, Ana D.)<\/p>\n<p>Este Madrid, de \u00ednfulas de modernismo posopulento y    hortera, que recoge viajes y los convierte en escombros, tiende a    vomitar sus &#8220;rnalosue\u00f1os&#8221; por la puerta trasera. Hasta    ahora, como adicto a la tormenta y la sacudida, s\u00f3lo    hab\u00eda encontrado a esta subespecie de ahogados por el    asfalto en bares, salas de concierto o bancos&#8230; Pero uno de esos    v\u00f3mitos, ritual, religioso y santo, dio a luz en el pasado    Festival Escena Contempor\u00e1nea, en la Sala Pradillo: <em>El    matrimonio Palavrakis<\/em>, una representaci\u00f3n escrita y    dirigida por Ang\u00e9lica Liddell, e interpretada por ella    misma, junto a Gumersindo Puche y con la voz grabada de Concha    Guerrero.<\/p>\n<p>Con el morro fruncido por su anterior espect\u00e1culo (<em>La    falsa suicida<\/em>, que pudo verse en Cuarta Pared hace dos    a\u00f1os), pero animado por los comentarios que hablaban de la    potencia de trabajos anteriores &#8211;<em>Frankenstein<\/em> (1998),    montaje que no pude ver-, asist\u00ed a \u00e9ste, su    \u00faltimo trabajo como dramaturga. Se podr\u00e1 decir que    <em>El matrimonio Palavrakis<\/em> nada tiene que ver con esta    ciudad. Ni su tono oscuro en medio de un bosque donde convive el    lodo y la gominola, ni su tem\u00e1tica de muerte y nacimiento    nos remiten directamente a Madrid. Pero para ser urbano no hay que    hablar de yonquis, ni para ser madrile\u00f1o hay que hacer    vodeviles castizos.<\/p>\n<p>Ang\u00e9lica busca un lenguaje propio que pueda entenderse    desde aqu\u00ed y desde ahora, busca encontrar unas    im\u00e1genes que sea la primera vez que hayamos visto y    sentido. Eso es lo impresionante de su trabajo, que parece que    descubrimos los sentimientos, los actos y los objetos bajo otra    luz. Liddell crea un mundo propio. Por eso duele, porque    sentimientos tan tontos como la soledad, la desesperanza o la    imposibilidad, tantas veces desgastados y repetidos de mil y unas    maneras, nos llegan sin que parezcan temas manidos y    vac\u00edos.<\/p>\n<p>El tema de la obra: la decisi\u00f3n \u00edntima de la    actriz-directora de no procrear. Para ello, Ang\u00e9lica    Liddell ha elegido la voz alrededor de la hoguera, el tono de la    vieja, la resonancia de la cueva para hacemos entender esa    determinaci\u00f3n \u00e9tica y vital. <em>El matrimonio<\/em>&#8230;    tiene el embrujo de las iras de Abrarrorn\u00e1n deshilachadas    en las ramas del bosque, del tormento de provincias hecho    cr\u00f3nica de sucesos, de la belleza de la p\u00faa. Apoyada    en una omnipresente voz en off metalizada y en una    imaginer\u00eda visual hecha puesta en escena, Lidell consigue    envolver la &#8220;representaci\u00f3n&#8221; de la fuerza del ritual. El    p\u00fablico, al principio expectante y nervioso al enfrentarse    a un c\u00f3digo brutal (intin\u00fadad, risa, violencia,    desnudo y realidad se intercambian de lugar continuamente), va    sobrecogi\u00e9ndose poco a poco en la silla. Gumersindo Puche y    Ang\u00e9lica (los dos \u00fanicos actores en escena) van, en    forma de acciones sucesivas y bajo un campo de mu\u00f1ecos    rotos, mostrando un universo donde dolor, amor, ternura, semen y    mierda se muerden como perros. La historia, el argumento, contado    en tono de f\u00e1bula, queda como el eco de una letan\u00eda.    Y en su lugar, surge una sucesi\u00f3n de momentos en el que    todo se une y significa. La obra termina redonda, con uno de los    momentos m\u00e1s inc\u00f3modamente excelsos que he visto en    teatro y en el que Liddell reina sobre todas las cosas.    Despu\u00e9s de desnudarse y &#8220;desajarse&#8221; por completo durante    toda la obra, Ang\u00e9lica se acerca a la grada y con una    polaroid toma una foto del p\u00fablico que luego se guarda    diciendo con los ojos: &#8220;\u00e9sta, para m\u00ed&#8221;. Equilibrio    recuperado y demostraci\u00f3n, siguiendo la estructura de    acciones de todo la obra, de lo ef\u00edmero e irrepetible que    es lo que se acaba de vivir.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos hablar de espect\u00e1culos anteriores, de    posibles evoluciones&#8230; No creo en esa escuela&#8230; Cada    espect\u00e1culo, y m\u00e1s \u00e9ste en el que no hay    concesiones, surge de s\u00ed mismo. Lo \u00fanico que creo    poder afirmar es que parece que esta artista, si no    fu\u00e9semos tan paletos en este pa\u00eds, deber\u00eda de    contar con una infraestructura que desde que sali\u00f3 de sus    estudios en la RESAD y form\u00f3 compa\u00f1\u00eda en 1993    no ha tenido y ha debido buscar por los carninos m\u00e1s    insospechados. Ang\u00e9lica trabaja en los m\u00e1rgenes del    teatro, tras las puertas traseras de Madrid, y eso se nota y se    huele.<\/p>\n<p>Pero esa manera de trabajar, desde lo \u00edntimo y desde un    teatro visual y desmedido, ten\u00eda que encontrar afinidades.    Y hace bien poco ha reencontrado una. Ang\u00e9lica y    Gumersindo, tras su participaci\u00f3n en Escena    Contempor\u00e1nea, han comenzado a trabajar con Mateo    Feij\u00f3o. Su primer fruto, esta vez con Ang\u00e9lica y    Gumersindo s\u00f3lo como actores; ella en vivo y en cine;    \u00e9l s\u00f3lo en filmaci\u00f3n (Feij\u00f3o    dirig\u00eda), ha sido <em>Ala Marlon<\/em>, pieza de la autora,    poeta y actriz gallega Maite Dono, en la que Liddell    demostr\u00f3, una vez m\u00e1s, junto a Mariv\u00ed    Hinojosa, su enorme presencia y poder hipn\u00f3tico, en una    obra experimental y pl\u00e1stica, que pudo verse el pasado    marzo en la nueva sala madrile\u00f1a La F\u00e1brica de Pan.<\/p>\n<p>(Nota: el art\u00edculo contin\u00faa comentando la obra de    Laila Ripoll).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Laila Ripoll y Ang\u00e9lica Liddell. 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