Probar el agua

 

Como quien mete el pie antes de zambullirse para calcular las posibles dimensiones del choque. Un gesto de prudencia, pero también de seducción del medio: sumerjo los deditos de mis pies para avisarte de que voy, Agua. La temperatura no me asusta porque me puede la gana de tu frescor, la gana de que tu cuerpo me rodee por completo y se meta por todos mis orificios y huecos hasta confundir nuestros límites.

Digamos que la Libertad es el Agua.

Digamos que la Libertad es el Océano.

Así que antes de zambullirnos, vamos a acariciar esta idea enorme. Unos deditos de unos pies que acarician la inmensidad del Océano. Acariciar la Libertad como quien prueba el agua.

Nuestros cuerpos son una colección de normas impuestas a la carne a través de la historia. La gran mayoría de esas normas pasan inadvertidas a nuestra consciencia cotidiana. Y sin embargo están ahí, actuando en todo momento. Pero ¿qué pasa cuando bailamos? ¿y si el cuerpo que baila tuviera también el poder de revelar algunas caras de la Libertad? ¿y si el cuerpo que baila fuera el Océano mismo?

Comenzamos este nuevo periodo de trabajo y el acto bailar se va a convertir en nuestra principal herramienta de investigación. Trataremos de observar cómo el lenguaje, la arquitectura, la herencia, las imágenes, la mirada, las disciplinas, etc. conforman nuestros cuerpos y cómo el hecho de bailar pone en cuestión inevitablemente todos los límites y normas alojados en nuestras carnes. Ahora la labor es observar y escuchar. Antes de saber, acariciar.

En los próximos días compartiremos algunos de los materiales a través de los cuáles hemos comenzado a aproximarnos a la Libertad a través de la danza. Estos materiales prepararán el territorio que luego habitaremos juntas. No sabemos todavía cómo está el agua, así que, de momento vamos a probarla por distintas orillas.

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