acabamos julio presentando TACET en el Antic Teatre dentro del festival GREC invitados por G.R.U.A.
la invitación a hacer algo basado en el silencio era para Carme Torrent, Ernesto Collado y para mi.
lo hicimos y nos lo pasamos muy bien haciéndolo y de paso conocimos a Sergio, el técnico maravilla del Antic.

aquí unas fotos de TACET y un texto que João Lima escribió en facebook depués de verlo.
buen verano.
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El comité silencioso, una experiencia colectiva

Ayer por la noche fui al Antic Teatre ver la muestra Tacet – Performances para espacios silenciados, organizada por el colectivo GRUA. La sesión incluyó 3 piezas cortas de los artistas Carme Torrent, Ernesto Collado y Cris Blanco, invitados para crear propuestas escénicas a partir de la idea del silencio. El programa resultó muy interesante y cada pieza ofreció acercamientos muy particulares al acto teatral, de ahí mi interés en compartir algunas breves observaciones sobre lo visto y lo no visto, lo dicho y lo callado, de mi experiencia en cuanto espectador.

 

“Tacet” en latín significa “él calla”, es un término usado en la notación musical para designar cuando un instrumento debe permanecer en silencio durante la ejecución de una obra. La palabra es la raíz de la expresión “tácito”, aquello que no se dice pero se intuye. Bajo este código seguimos el acuerdo tácito de las convenciones teatrales: compramos las entradas, entramos en la sala de representación y esperamos que la obra empiece.

 

La primera propuesta, de Carme Torrent, presentaba su pauta desde la entrada del público: estar juntos en la oscuridad durante 15 minutos. La sala en penumbra estaba iluminada apenas por las luces de emergencia y otros brillos residuales de los aparatos tecnológicos del teatro. La disposición del público era a la voluntad, algunos espectadores se sentaron en la grada mientras otros prefirieron estirarse en el escenario. Con la visión parcialmente privada, poco a poco empezamos a despertar los sentidos y el teatro se reveló un punto de llegada o partida para memorias y proyecciones subjetivas. Agujero negro, organismo vivo, espacio fantasmal, el teatro se hizo presente, vivo, a través de ésta experiencia compartida, una especie de meditación colectiva. Durante aquellos minutos disfruté de una experiencia sinestésica: escuchaba imágenes de otras piezas vistas y fantaseadas, veía los sonidos de los órganos de la bestia teatral, olía sus entrañas y sus huesos.

 

Actualmente parece cada vez más rara la posibilidad de estar con más gente en el mismo espacio durante algún tiempo de forma desprendida, a los ojos de hoy la sencillez de la propuesta de Carme Torrent resulta asombrosa. Así, el teatro asume un estado de excepción, una suspensión o intensificación de la percepción. Reminiscencias del 4´33´´ de John Cage vienen a la mente, recordamos que el silencio no existe. Tanto el gesto de Cage como el de Torrent desplazan la atención del público de la ejecución de una pieza por un performer hacia su tomada de conciencia en cuanto  espectador cuya presencia es co-autora de la obra. En el bunker teatral, nos damos cuenta de que somos una comunidad secreta experimentando una especie de limbo. La puerta se abre, llevamos nuestro silencio para fuera.

 

La siguiente propuesta, concebida e interpretada por Ernesto Collado, empieza en la calle del teatro y deambula por diferentes rincones del barrio estableciendo así una correspondencia entre el espacio interior teatral y el exterior, el de la vida mundana. Nosotros seguimos el hombre vestido en traje verde y gorra colorida que nos enseña carteles escritos a mano. El hombre sube en una silla y mira a un árbol señalando: “Es tan real, parece una fotografía”. El silencio errático de Collado es intrigante, le acompañamos por un recorrido entre diferentes situaciones y textos poético políticos. Pese al mutismo del performer, su presencia establece una comunicación directa con el público. Aquí surge un interrogar sobre los actos de habla y sus potencias elocutivas, se oyen ecos de preguntas beckettianas (ese amigo del indecible): ¿quién habla?, ¿desde donde se habla?, ¿qué dice?

 

Me viene el recuerdo del cine mudo, y como un Buster Keaton contemporáneo, Collado entra y sale de espacios (Starbucks incluido) esquivandose, parece no querer ser atrapado. “La felicidad no es obligatoria” dice uno de sus carteles, su discurso nómada salta de tema en tema, interrogando a quien le ve. “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, dicho éste que trajo en los recuerdos el grupo anónimo francés Le Comité Invisible, y así, parecemos un comité silencioso, provocando la adhesión, el asombro y la risa abierta de peatones que nada sabían de la performance más que su manifestación en tiempo real (¿real?). La propuesta del flâneur Ernesto Collado nos lleva a salir del teatro y manifestar que “Estamos” juntos, en tiempos de Ley de la Mordaza, eso es pura subversión.

 

La última propuesta de la noche, la de Cris Blanco, es presentada de forma paradoxal: la artista no está presente. A través del uso de auriculares escuchamos la voz de Cris, que nos explica que ha sido abducida en el Antic Teatre por ciertos poderes paranormales, su habla jadeante nos instruye ciertas acciones y caminos a recurrir en el teatro. Toda la propuesta se desdobla a través de una magia poderosamente sencilla: el vinculo entre el espectador y el performer (aquí ausente, meramente fantasmal). Seguimos el rastro de Cris, los rincones donde pasó y sus pensamientos, el teatro se expande, en un clic los funcionarios del Antic pasan a ser zombies y la gente del bar actores de una película cualquiera. El agujero negro de Carme Torrent sigue bombeando poderes sobrenaturales, ahora re significados por el juego con el dispositivo teatral que propone Cris Blanco. El árbol del Antic presenta energías extrañas, al toque las luces parpadean. Teatro laberíntico, portal mágico.  Si los auriculares pueden ser vistos como símbolo del solipsismo contemporáneo, en la propuesta de Cris Blanco éstos permitieron una experiencia común individualizada, si es paradoxal: el espectador es la vez invitado a testimoniar las experiencias de los otros espectadores así como a recurrir su propia trayectoria. Si en la propuesta de Carme Torrent no había otro performer que el público presente, aquí Cris Blanco brilló por su ausencia. Ambas piezas configuran el role del artista como proponente de experiencias, su presencia ya no es una exigencia para que se dé el hecho teatral. Las creadoras asumen la responsabilidad de dar sentido a la experiencia colectiva.

 

Si estamos expuestos al exceso de información, vulnerables a la sobrexcitación y la saturación de sentido, el teatro surge como medio privilegiado para re significar las experiencias comunes, interrogar sus posibilidades y dinámicas, ejercitar la percepción y manifestar que “estamos”. Mucho se dice sobre los actos de habla y poco se oye sobre los actos de escucha. Parece urgente desarrollar nuestra capacidad oyente, si queremos evitar el riesgo de estar todos participando de una multitudinaria conversación de loros delante del espejo.

 

Pasan tantas cosas pero nada realmente sucede. En la era de la información hay mucho ruido e interactividad, extrema movilidad y escasa movilización. La ilusión del encuentro es una moneda cara. Parece necesario redimensionar la experiencia, lo que nos da sentido. Así, la reinvención de prácticas comunes asume fuerza al devolvernos a nuestro silencio. ¿Qué hacemos de él y que hace él con nosotros?

TACET visto por João Lima

Un pensamiento en “TACET visto por João Lima

  • 17 agosto 2015 a las 13:22
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    Hola. Me parece muy interesante, divertida e inteligente su creación. Espero con ilusión poder ver pronto algún directo suyo.
    Enhorabuena y ánimo.

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