Fragmento(s) para terminar con PEPITA / LA INVITADA

¿Cómo se piensa una obra y luego se hace otra?

Escribí esto para cerrar un párrafo de un proceso que empezó hace un año y que, de algún modo, seguirá existiendo el próximo año. Hubiera podido no publicarlo y guardarlo en mis archivos pero mejor compartirlo, por si le interesa a alguien.

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Parte 1:

25 de abril de 2019, 20:30, DT Espacio Escénico, Madrid, Estreno de PEPITA

Está todo listo. Hoy estrenamos la obra en la que hemos estado trabajando este último año. Algo pequeño pero cuidado que dará forma a nuestras investigaciones y pensamientos más recientes bajo este título: PEPITA.

Pepita es la madre de nuestro amigo Jota.

Hace justo un año, nos planteamos que sería guay hacer una obra con ella. La idea era trabajar a partir de quién y cómo es ella, invitarla a ese lugar con el que no tiene nada que ver pero en él que pensamos que tiene su sitio, ese lugar que es la sala de un teatro. Y, ¿qué haría Pepita en una sala de teatro? Pues hablar.

Éste era el punto de partida, ahora había que encontrar el punto de fuga.

Por su edad, por las conversaciones que tuvimos con Pepita, por el contexto actual de las artes escénicas y sus temas fetiches que en una relación de amor-rechazo queremos evitar pero en realidad solo rodeamos para poder entrar por dónde más nos interesa, por otras conversaciones con compañeros de trabajo y amigos, por la fuerza de las cosas, el hilo de Ariana, el punto de fuga fue la memoria.

Teníamos el tema y el punto de fuga, ahora había que dibujar las figuras y encontrar los colores para conseguir pintar el cuadro.

Un año de conversaciones y lecturas. Un libro en concreto: El arte de la memoria, de Frances Yates; y a partir de este libro, muchos más (Aristóteles, Platón, San Augustin, Santo Tomás de Aquino, más algunos autores antiguos que el tiempo sumió en el anonimato). Nada muy actual: coger un tema de moda pero desde el principio.

Conversaciones + lecturas = pensar -> construir una dramaturgia.

Ante todo, me preocupaba el lugar que iba a ocupar Pepita. En esto de las artes escénicas (aunque también sea valido para las demás artes), me parece importante reflexionar sobre la explotación y la exposición de los cuerpos y de los individuos, y en concreto de las personas que no se dedican a esto y aceptan, toman la decisión de hacerlo una vez.

Esa preocupación jugó su papel a la hora de pensar el formato de la obra. Suprimir escenario y butacas o mejor dicho transformarlos: convertir el escenario en mesa y las butacas en sillas colocadas a su alrededor, todos pudiendo verse los unos a los otros, pudiendo escucharse los unos a los otros, pudiendo hablarse los unos a los otros. Crear la situación de un encuentro y no la de una reunión de desconocidos en una sala negra el mismo día, a la misma hora para ver todos la misma cosa. Ahora cabría preguntarse por qué querer hacer esto en un teatro.

Ya no recuerdo en qué punto empecé a incluir el cine documental en mis reflexiones. De una asignatura que seguí en la universidad sobre historia del cine documental, una noción se me quedó grabada: la cámara, por su simple presencia, aunque no esté grabando nada, la cámara modifica la realidad, modifica el curso de los acontecimientos. Por mucho que se quiera grabar una acción, una situación (hasta un paisaje) en su más pura verdad a fin de conseguir un trocito de realidad, la presencia de la cámara siempre ejercerá una influencia sobre lo que se está filmando, esto sin mencionar la previa elección del encuadre y los descartes que ocurren luego en postproducción. El resultado siempre será un relato sobre una realidad.

Nota a pie de página: Esto de grabar, de captar la realidad, me recuerda este afán que había (¿sigue habiendo?) de lo real en el teatro, del no fingir, de la ausencia de ficción, de la acción verdadera. Tanto que llegué a pensar que ese afán por buscar lo real en un lugar que no lo alberga se fundamentaba en la perdida de la realidad de lo real, en que el mundo es ahora tan impostado que es en los órganos de la imaginación donde se va a buscar lo real; para sentir algo, lo que sea, de verdad. Ahora mismo, mientras escribo esto, la verdad es que ya no sé muy bien qué opinar del tema.

En el caso del teatro (aunque también es válido para la vida en general), me gusta pensar que el edificio mismo del teatro es la cámara y la obra el encuadre quienes influyen en nuestros comportamientos, seamos los trabajadores del teatro o los espectadores.

Nota a pie de página 2: Nada muy original en decir que el lugar donde nos encontramos y lo que se encuentra en ese lugar influyen en nuestra forma de comportarnos.

En el caso del teatro (aunque también es válido para la vida en general), me gusta pensar que la memoria es nuestra cámara individual que capta y graba tanto lo que se puede ver y oír como lo que siente uno, una cámara sensible.

En el caso del teatro (aunque también es válido para la vida en general), me gusta pensar que la memoria ha sido durante siglos el único medio de grabación de lo que allí ocurría, luego comunicado por algunos gracias a la palabra o el dibujo (lo mismo que en los tribunales).

Esta noche, cuando los diez espectadores acudan a la sala, me gustaría que recurran a su memoria como si fuera el único deposito de las imágenes que han visto o imaginado a lo largo de su vida. También me gustaría que graben lo que vaya ocurriendo allí como si estuvieran practicando el arte de la memoria en su configuración más clásica: elegir un lugar conocido en el que se pueden distinguir distintas partes y colocar en esas distintas partes las imágenes correspondientes a las ideas que se quieren recordar. Me gustaría que luego se fueran a casa con su castillo de la memoria en el craneo.

Nota a pie de página 3: Cuando nos acercamos al tema de la memoria, una de las primeras palabras que aparecieron fue la de IDENTIDAD (¿En qué medida la memoria es constitutiva de una identidad?). La identidad es una palabra, un concepto que me hace pensar y que me interesa ver como lo tratan los demás pero que no me interesa en el contexto de mi trabajo. En fin, al cabo de un tiempo, taché esa palabra de mi libreta y la remplacé por IMAGINACION, más acorde con lo que me mueve, me gusta investigar.

Para ayudarles, habremos hecho de la mesa un retablo gótico y de Pepita una imago agens basándonos en los escritos de Santo Tomás sobre el arte de la memoria y su utilización en el contexto de la escolástica.

En pocas palabras, el arte de la memoria se fundamenta en lugares e imágenes, como  he dicho anteriormente. Las imágenes pueden ser objetos símbolos o seres humanos implicados en una situación dramática, como en un cuadro. Los pensadores de este arte recalcaban que no solemos recordar las cosas insignificantes pero sí las extraordinarias, muy bellas, muy feas, muy divertidas, muy terroríficas etc. En la Antigüedad grecorromana, este arte se utilizaba en un contexto retórico, pero en aquella época llamada del Medievo se trasladó a la ética: ya no se trataba de recordar los argumentos de un discurso sino de recordar los caminos del Paraíso y los caminos del Infierno, los vicios y las virtudes. Las iglesias góticas están llenas de aquellas imágenes.

Volviendo a Santo Tomás y a Pepita, las imago agens debían de ser imágenes humanas y sensibles, imágenes en acción que tuvieran un impacto directo sobre el alma del hombre.

Así que hemos hecho de Pepita una imago agens en movimiento, apoyándonos en una serie de seis objetos que hemos elegido con ella, además de un refranero, los cuales constituirán el bodegón colocado sobre la mesa que se convertirá en retablo gótico, en un lugar de memoria, al contacto de las historias que Pepita les vaya atribuyendo, historias a las cuales responderemos con más historias mientras estaremos bebiendo té y comiendo cordiales recién hechos. Nos esperan tres noches de abril llenas de imágenes e historias.

 

Parte 2:

Tres semanas antes, 8 de abril de 2019, Avenida del Mediterráneo, Madrid

Hubiera podido ser pero no fue. Pepita no pisó la sala del teatro. Sin ella, todo el cuadro se esfumaba, solo quedaba la mesa blanca. Había que seguir imaginando.

Permanecían la memoria y sus imágenes, el cine documental también, más concretamente el cine directo, las películas de Jean Rouch y Edgar Morin (1960), Le Joli mai, y Chroniques d’un été, de Chris Marker y Pierre Lhomme (1962). Estas películas nos habían ayudado a pensar como podría ser el encuentro con el público, cuales podrían ser algunas de las preguntas que nos permitirían arrancar (la que más me gustaba era: Êtes-vous heureux?). Sin embargo, aquellas películas y la idea de cine directo llevado al teatro (para hacer algo como teatro directo (casi un pleonasmo), algo entre teatro documental y participativo, pero cuyos parámetros no terminé de pensar en su momento a pesar de que igual siga pensando en ello más adelante…) quedaron en segundo plano. El camino quedó despejado para la memoria y sus imágenes.

A partir de allí, es un lío para mí exponer claramente cómo llegamos al resultado final. Recuerdo que Aristóteles, ay Aristóteles, me echó una mano. Me dijo cosas como: « el alma jamás piensa sin una imagen mental » o « de lo presente solo hay sensación, de lo porvenir esperanza, de lo pasado memoria. » Me recordó su teoría del conocimiento que vincula memoria e imaginación: la memoria como un archivo de imágenes mentales procedentes de las impresiones sensoriales. Y en pocas palabras, porque ya me estoy aburriendo de escribir esto y he pillado un virus que me está sacando el cerebro por los agujeros de la nariz, lo que hará que en breve deje de pensar decentemente: Más o menos teníamos asegurado que acudirían cada noche espectadores a la sala, en lugar de tener una imago agens con sus objetos y sus historias, íbamos a recibir un grupo de memorias con sus archivos de imágenes propias. Luego quedó pensar cómo libamos a convocar esas imágenes. En aquel momento apareció Ramon Llull, el que menos le había hecho caso porque su arte de la memoria me parecía demasiado descabellado, lo que, en el fondo, al final, es bueno para ponerse a imaginar. Y monté un bingo con unos cartones basados en el sistema de memoria de Ramon Llull, un mallorquín contemporáneo de Santo Tomás. 

 

Parte 3: La obra son los espectadores

25 de abril de 2019, 20:30, DT Espacio Escénico, Madrid, Estreno de LA INVITADA

¿La obra está en el objeto « obra de arte » o en la mente del espectador?

Aquí lo dejo, que he quedado con Marcel y llego tarde.

 

Epílogo

El origen de la pieza titulada PEPITA, es el aburrimiento, el aburrimiento que sentía mientras veía una obra de teatro. El aburrimiento alcanzó su cumbre cuando invitaron desde el escenario a cuatro/cinco espectadores a tomar el té y a comer tarta. Los demás, nos quedamos sentados viendo qué buen rollo tenían ellos, allí, bebiendo té, comiendo tarta. Pero cuidado, allí no terminó esa espectacular ruptura de la cuarta pared, la directora/actriz principal invitó a uno de los espectadores invitados a tomar té, comer tarta, a leer un texto. Y lo leyó muy bien, pero que muy bien para un espectador cualquiera al que le dices de repente lee esto. Me confirmarían luego que el lector era otro profesional de las artes escénicas, amigo/conocido de la directora/actriz principal. Allí, mi tedio saltó de la cumbre a las estrellas. En esta acción supuestamente espontánea no cabía el error, la timidez, el posible rechazo del espectador. The show must go on.

Sin embargo, como en muchas otras situaciones en las que me aburro en el teatro, me puse a imaginarme cosas. Muy sencillo. en frente de mí, tenía una mesa grande con sillas a su alrededor, gente bebiendo té, comiendo tarta, charlando. Empecé a pensar cómo me hubiera gustado que fuese esa situación: una invitación verdadera, no de cuatro/cinco espectadores sino de todos, sin excepción, y que todos pudieran beber té, comer tarta, hablar, o no.

Todo empezó con el aburrimiento y todos terminamos jugando al bingo.

Llevo varios días, por no decir semanas, tratando de escribir un texto que cuente un poco el proceso de LA INVITADA sin que sea otro enésimo textoparadossierdecandidatura, un texto para hablar un poco de esta obra que no tiene cartel, trailer, material de difusión. Esta vez, solo palabras.

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LA INVITADA

Estrenamos LA INVITADA los días 25, 26 y 27 de abril en DT Espacio Escénico.

LA INVITADA está hecha de preguntas y de azar, de preguntas que el azar pondrá sobre la mesa, de preguntas a las que trataremos de contestar.

LA INVITADA tiene algo del banquete de filósofos que se reunían a comer, a beber, a hacerse preguntas a las que contestaban con historias.

LA INVITADA es una obra de teatro participativa que se hermana con el género cinematográfico del cine directo, con su voluntad de captar la realidad en sus manifestaciones más genuinas a sabiendas de que la presencia misma de la cámara y la elección del encuadre ya construían un relato sobre esa realidad captada en su inmediatez.

LA INVITADA juega con el arte de la memoria y nos pregunta si la obra de arte está en el objeto o en la mente del espectador.

Puesta en escena y dramaturgia: Victoria Aime asistida por Borja López
En escena: La Invitada, Victoria Aime, Borja López y 10 espectadores
Producción: El Temblor
En colaboración con DT Espacio escénico

https://dtespacioescenico.com/temporada-2018-2019/pepita-por-el-temblor/

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