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“Haber nacido como ciudadana de un país que ya no existe me hace más libre, no estoy atada a un solo lugar”

Elvira nació en agosto de 1990, fue hija única de una familia que vivía en Cerro Belmonte, sus padres fueron parte de los 25 habitantes del Reino que viajaron a Cuba a conocer el modelo social que allá se vivía en búsqueda de referentes para la constitución del país que estaban fundando.

A pesar de que la madre de Elvira estaba con un embarazo casi a término no dejó pasar la oportunidad de viajar por primera vez. En sus 39 años de vida solo conocía dos países: España y Cerro Belmonte. En el viaje a Cuba practicó varias técnicas de estimulación fetal que iban desde largos baños en maravillosas playas, participación y limpiezas en rituales de santería hasta la visualización de círuclos de colores y la estimulación sonora, para la cual utilizaron una lista de canciones que más adelante intentaremos agregar a esta investigación.

Aunque las primeras contracciones sucedieron en Cuba, Elvira nació en el avión en el que venían y parece que producto de todo el trabajo previo al parto que la madre había tenido en la isla, ni siquiera fue un parto doloroso, con un poco de pudor Elvira cuenta que su madre hablaba orgullosamente de haber experimentado un inmenso placer durante el parto, siendo más expecíficos: había tenido un orgasmo múltiple.

Poco tiempo después del nacimiento de Elvira, el Reino comenzó a desmigajarse, dentro de casa sus padres mantuvieron parte importante del patrimonio de aquella época hasta que en 1997, con el dinero que habían recibido por la compra de la casa y la venta del nuevo piso que habían obtenido, compraron una carabana y se fueron a hacer aquello que no habían hecho hasta la visita a Cuba: viajar.

Elvira fue educada por sus padres y aún hoy continúa viviendo en la carabana, ellos por su parte decidieron asentarse en un terreno al norte de italia y construir allí su casa, similar a la que tenían hace 28 años. Elvira suele pasar un par de meses al año en ese lugar pero luego continúa moviéndose, considera que haber nacido en un avión con pasajeros de un país que no existe la ha hecho más libre, no tiene ningún sitio específico en el que se sienta en casa, o más bien, se siente en casa en cualquier sitio.

 

(Para proteger la privacidad de nuestra fuente hemos decidido cambiar su nombre y llamarla Elvira.)

Solo te hablaré de ese país si traes churros con chocolate

Continúo con la historia de la señora de la que les contaba hace unos días. Regresé a verla, la enfermera se tardó en dejarme pasar, tuve que sobornarla y darle una parte de los churros y del chocolate, parece que a los 94 años siendo diabética hay ciertas cosas que ya no se pueden comer. No obstante, un pedacito al menos de aquello sirvió para traer al presente las memorias de un país que ya nunca podremos visitar.

En las mañanas yo preparaba el chocolate, algunos de nosotros despertamos temprano, acostumbrados de toda la vida a amanecer junto al sol y alimentar a la familia, otros después de 40 años viviendo allí, en aquellas casitas cada vez más aburguesadas habían aprendido a dormir hasta las 9. Necesitábamos empezar temprano las tareas, la policía llegaba sobre las 8:30, si no estaban todos despiertos íbamos tocando de puerta en puerta, desayunábamos juntos y luego de que trancábamos las dos entradas al barrio los polocías se marchaban a hacer sus tareas.

¿De qué fecha estamos hablando?

Era verano, lo recuerdo porque los niños estaban de vacaciones, muchos se ponían a jugar dominó en las dos entradas donde habíamos levantado las barricadas, entonces los niños en bicicleta trabajaban como mensajeros de una esquina a la otra, a veces traían agua o meriendas que mandábamos los que nos quedábamos en casa.

¿Qué es lo mejor que consideras tuvo aquella época?

Dejamos de pagar impuestos.

¿No tenían nunca problemas entre ustedes?

Claro que teníamos, por ejemplo, la mujer de frente a mi casa llevaba 15 años sin dirigirme la palabra porque yo me había casado con el hombre que a ella le gustaba, pero eso no tenía nada que ver con nuestro proyecto de país. Muchos de nosotros tenían ideas diversas, algunos se habían quedado muy afectados por la guerra, sin embargo lo que queríamos a esa altura de nuestra vida era estar tranquilos. Nuestra única preocupación eran los nietos, algunos de nuestros hijos dejaron de mandarlos cuando supieron que habíamos fundado el país. Otros estaban tan ocupados que ni si enteraron y esos eran los que mandaban a los hijos, esos hijos eran los niños que estaban corriendo de un lado para otro, se volvieron todos muy concentidos porque a falta de nieto propios muchos asumieron también los nietos ajenos. 

¿Esos niños por qué no continuaron con el proyecto del país?

Estaba en contra de la constitución que habíamos creado, nos intereba algo que durara por lo menos lo que íbamos a durar nosotros, no creíamos que hiciera falta más, ni siquiera aquellos que ayudaron a la fundación de nuestro país podían ser parte de él, solo aquellos que habíamos llegado 40 años antes al lugar éramos considerado ciudadanos.Yo creo que tenía que ver con el sentido de pertenencia que solo el tiempo podía darnos. No sé si era bueno o malo, pero así era. Luego tampoco eso significó que las cosas fueras a modificarse.

Podría contarme en qué momento y por qué se desvaneció la idea del país?

En realidad ni siquiera podríamos marcar un punto exacto, tuvo que ver con lo mismo que nos había impulsado a luchar juntos: el tiempo… y los intereses que cada uno y cada familia tenía con respecto a su casa, al final cuando empezaron a entrar otros factores ya no teníamos ganas de luchar mucho, además en cuanto se fue el verano nos daba pereza salir a cerrar el barrio y nos quedábamos todos pegados al chocolate cada uno en su sitio.

Continuará…

¿Taxi Driver no puedo pagarte en Belmonteños?

Por respeto a su privacidad y a los juegos de su memoria no revelaré su nombre y preferí tampoco sacar fotos, ella me describió cómo le gustaría imaginarse hablando sobre el país en el que un día vivió y esa es la imagen que intenté dibujar, añadiendo la medalla que me contó perdió el día en que le expropiaron la casa, la comparto a sabiendas de que no le hace justicia a la modelo ni a la embergadura del hecho que me conecta con ella.

Llegué a la señora gracias a un taxista, fue él quien me la presentó, juntos le preguntamos su edad pero ella no lo recordaba, hay datos que con el tiempo se hacen irrelevantes. Un día, me dijo el taxista, alguien dejó la puerta de la residencia abierta, creo que fue hace dos años, ella tenía 94 pero lucía, como ahora, increíblemente bien. Salió, bajó por la callecita estrecha donde está la residencia y en la esquina pidió un taxi, la recogí y me dijo que la llevara a la estación de trenes, tomaría el tren y luego un autobús hasta su país. Me pareció inquietante el intinerario pero cumplí las indicaciones, al llegar a la estación esperó que le abriera la puerta, yo me tardé, falto de costubre, en darme cuenta de que estaba esperando , le abrí y me dijo hasta luego. No sin vergüenza le pregunté por el pago y me dijo que no traía belmonteños encima, pero que dios me lo pagaría.

En otra ocasión aquella respuesta me habría enfadado- me dijo el texista- pero en ese caso comprendí que no podía dejar ir a la señora porque si incluso yo le regalase el viaje no la dejarían subir al tren y mucho menos cuando hablara de pagar con una moneda llamada: belmonteño.

El taxista llamó a la policía y como habían ya avisado en la residencia de la desaparición de la señora de 94 años le dieron la dirección exacta para que la trajera devuelta, no fue difícil convencerla- me cuenta, pero fue triste ver cómo alejarnos de la estación modificaba su mirada serena como si supiera en el fondo que no volvería nunca a ese lugar.

Al llegar a la residencia, la señora entró como si nada, el taxista pidió el pago por la ida, la vuelta, la factura de teléfono y la espera, yo que recién descubro el suceso y que sí sé que son los belmonteños le pido me regale un rato para conversar de ese país al que no volverá no por falta de dinero ni de memoria sino porque el país dejó de existir hace más de 20 años.

Pronto develaré lo que me ha contado la señora, por ahora, me pregunto a qué país me gustaría volver si llego a los 94.