Quim Pujol: performer en zapatillas

T E A T R O N

Quim Pujol: performer en zapatillas  

 La casa de un hombre es su teatro-museo

Tras “crítico con peluca, llega la segunda parte del proyecto ”El discurso es mío”: “performer en zapatillas”

¿Por qué algo tan casero?

En este caso las razones son numerosas y variadas:

1) Desde la noche de los tiempos hasta nuestros días, el arte se ha instrumentalizado con fines políticos y económicos que a menudo poco tienen que ver con los objetivos primordiales del artista y su investigación personal. Con frecuencia, el factor institucional eclipsa el componente artístico.

En nuestro contexto barcelonés este fenómeno resulta de una contundencia abrumadora. Desde los edificios singulares diseñados por arquitectos estrella (la Torre de Collserola de Norman Foster, el MACBA de Richard Meier, la Torre de comunicaciones de Santiago Calatrava, el Palau Sant Jordi de Arata Isozaki, el Teatro Nacional de Ricardo Bofill, etc) hasta la vampirización mediática de los grandes artistas de nuestro pasado reciente (Gaudí, Picasso, Miró o Dalí): la vertiente creativa se desvirtúa completamente en favor de su rendimiento político y económico. La producción de estos creadores se convierte en un cebo para atraer turistas.

Se trata del nacimiento de la conocida y exitosa “marca Barcelona”, que no es un proyecto artístico, sino una operación de márketing. Todo lo que no sea espectacular/monumental (y por lo tanto aporte réditos inmediatos dentro de la infraestructura económica de la ciudad) cae en desgracia.

En Barcelona, esta dinámica tiene el agravante de que ni siquiera se instrumentalizan artistas contemporáneos, sino que se vive totalmente del pasado, exprimiendo hasta la última gota el prestigio internacional de los grandes artistas del siglo XX.

Mientras, la cultura viva de la ciudad se descuida casi por completo: los talleres de artistas desaparecen de forma masiva bajo la presión inmobiliaria (Poblenou); los teatros públicos de Barcelona programan obras de una convencionalidad absoluta y la empresa privada Focus hace su agosto con ayudas públicas a cambio de producir piezas de una mediocridad espeluznante.

Ante este panorama desolador en el ámbito público, me parece lógico refugiarme en el ámbito privado. Ante el carácter monumental e intimidante del arte que se promueve desde las instituciones, me parece natural optar por el formato diminuto y acogedor del hogar. Ante la exigencia de rentabilidad económica, me parece inevitable no cobrar entrada y no producir beneficios.

Como dijo Brossa: “Allà on comença el plany, jo traço una ratlla”.

2) Más allá de este contexto, lo privado siempre ha sido un arma terriblemente subversiva. Cualquier tipo de poder emana de una respetabilidad que se materializa simbólicamente en los rituales escénicos que se desarrollan en los espacios públicos. Esta puesta en escena de la respetabilidad en el ámbito público no admite fisuras y se  construye por oposición al ámbito privado, donde la naturalidad, la comodidad y la falibilidad se dan por descontadas. Cualquier intromisión de lo privado en el espacio público pone en evidencia la falsedad y el carácter escénico de las formas de poder que circulan en esta esfera. Nada más subversivo que hacer el amor en un espacio público, nada más revolucionario que andar por la calle con pantuflas.

3) La construcción arquetípica del espacio escénico (el teatro a la italiana) subraya los binomios platea/escenario, ficción/realidad, público/artista que son de nuevo manifestaciones de poder[1]. En una sociedad que se quiere igualitaria y donde Internet fomenta estructuras horizontales en forma de red, la separación de niveles y la distancia público-artista en los teatros a la italiana se vuelve insoportable. Yo me propongo abandonar la convencionalidad de los teatros y diseñar espacios más efectivos dentro del ámbito doméstico.

4) En contra de lo que proyectan galeristas y medios de comunicación, los artistas no son seres a medio camino entre Dios y los mortales que con sus dotes mediúmnicos iluminan a los líderes de la nación. Quizás esta idea sea útil a la hora de buscar financiación y vender entradas pero, aceptémoslo: los artistas son personas normales y corrientes que desarrollan un discurso alrededor de una disciplina. Es cierto que sus reflexiones y obras pueden resultar sublimes y ser útiles como herramienta para el cambio social, pero eso no los convierte en una casta aparte. Si el personaje de “crítico con peluca” pretende desmitificar la figura del crítico y restarle autoridad, “performer en zapatillas” efectúa la misma operación con la figura del artista. El arte es de quien lo trabaja, basta con ponerse manos a la obra.

5) El contexto es tan importante como la pieza. Si mi objetivo no es enarbolar una bandera institucional sino establecer una conexión poderosa con un grupo de personas, la intimidad potencia de forma exponencial la receptividad. Nada más íntimo que un hogar.

6) Las performances en domicilios particulares obligan a abrir los espacios privados a un público desconocido. En una sociedad fuertemente compartimentada donde se fomenta la desconfianza, la individualidad y el aislamiento, el arte se convierte en un nexo de unión. Por mucho que se hayan citado, los versos de Sisa no pierden su sentido: “Que casa meva és casa vostra, si és que hi ha cases d’algú.”



[1] CIXOUS, Hélène. “Sorties” en La Jeune Née. Union génerale d’éditions. París, 1979.

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Written by quimpujol2

Abril 16th, 2009 at 12:16 pm

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