Notas que patinan #81 | Compatriotas

El sábado, mientras en Madrid un montón de gente rodeaba el Congreso de los Diputados donde Rajoy era investido presidente de España en circunstancias verdaderamente lamentables, algunas artistas madrileñas (Lara Brown, Janet Parra, La Compañía Opcional y Twins Experiment), se encontraban en Barcelona, en la nueva sede de La Poderosa, a la que llegué atravesando Plaça Espanya (donde me encontré con una multitud de gente disfrazada de personajes de cómic que salían del Salón del Manga haciendo cosplay), para protagonizar una sesión especial de los In-Prescindibles (la número 34) dedicada a Madrid, en la que las creadoras madrileñas iban a mostrar al público barcelonés en qué están trabajando. Ahora que lo pienso, todo muy metafórico.

Lara Brown _ Auto - o cómo generar multitud de maneras de mirar un cuerpo.

Lara Brown _ Auto – o cómo generar multitud de maneras de mirar un cuerpo.

Los In son un espacio para presentar trabajos, alrededor de la danza y sus contaminantes (según la expresión que utiliza la propia Poderosa para definir su actividad), en cualquier fase del proceso de creación, embrionarios o inacabados, donde se seleccionan las propuestas recibidas a partir de una convocatoria. Por lo visto, en la última convocatoria hubo un aluvión de propuestas y, entre estas, unas cuantas provenían de Madrid. Ante esta circunstancia, que quizá era la primera vez que se producía, La Poderosa pensó en organizar un In sólo para las propuestas madrileñas y así es como surgió la edición especial del sábado (y la repetición del domingo).

Da la impresión de que, en los últimos tiempos, la relación entre Madrid y Barcelona, en este circuito, es más fluida, en los dos sentidos, y esa es una buena noticia. Y digo en este circuito porque en otros, en el más institucional, por ejemplo, no sabría qué decir. Muchas veces he tenido que oír, en Madrid, una especie de reproche o bronca que nos acusaba a los catalanes de no prestar atención a los madrileños y no invitarles a actuar en nuestra tierra. Me hacían gracia esas broncas porque quienes me reprochaban eso me hablaban del Teatre Lliure o del Teatre Nacional o del Mercat de les Flors, de nuestras salas más institucionales, como si a quien se lo estuviesen reprochando, un servidor, fuese el responsable de la programación de esos templos de la cultura en los que, yo mismo se lo tenía que recordar, a muchos creadores del circuito en el que nos movemos, tampoco se les invitaba a actuar, como tampoco se les invitaba en parecidas instituciones madrileñas. ¿De qué me estarían hablando? En seguida la cosa se iba a la cuestión lingüística, ya saben, esa maniobra de distracción. Y yo les tenía que recordar que los creadores del circuito en el que me movía estrenaban en castellano (bastante más que en catalán, por lo que sea, esa era la realidad) en el Lliure o en el Mercat de les Flors, por citar algunos de los ejemplos que ellos ponían, cuando les invitaban, sin mayor problema. Y que no era ese el problema, que en saraos organizados por la desaparecida La Porta, por poner ejemplos de aquellos tiempos de los que hablo, yo había conocido el trabajo de muchos creadores madrileños.

Compañia Opcional_ SALVAR LAS DISTANCIAS

Compañia Opcional_ SALVAR LAS DISTANCIAS

Que no es ese el problema, que el problema es que lo mezclamos todo y que a veces se nos va la mano clasificando a la gente por etnias y nacionalidades cuando, en realidad, estamos más cerca de cualquiera de las creadoras que han pasado este fin de semana por La Poderosa que de gente que ha nacido en nuestra misma ciudad pero con quien no compartimos nada en términos vitales y culturales. Así que no nos metan a todos en el mismo saco solo porque hablamos el mismo idioma desde pequeños y hemos crecido en las mismas ciudades (quizá ni siquiera en los mismos barrios, aunque a veces también).

De hecho, voy a ir más allá. Las creadoras que vi ayer pertenecen a una generación que aún está por debajo de los treinta años. Yo tengo más de cuarenta, amigos, y, aunque la edad es otra de esas deleznables varas de medir, otra de esas armas arrojadizas que se utilizan constantemente para clasificar y separar a la gente, me siento más cerca de esas creadoras veinteañeras que de otros personajes de mi propia generación. ¿Por qué? Por la actitud, por los códigos que utilizan, por su sensibilidad. Vibro más con unas que con otras, faltaría más, pero hay algo en lo que me enseñan, en su trabajo, que reconozco como propio, que comparto, a pesar de que unos temas o unas aproximaciones me toquen más y otras menos.

Twins Experiment_ AL FINAL DE LOS BRAZOS ESTÁN LAS MANOS, AL FINAL DE LOS DEDOS NOSOTRAS ESTAMOS

Twins Experiment_ AL FINAL DE LOS BRAZOS ESTÁN LAS MANOS, AL FINAL DE LOS DEDOS NOSOTRAS ESTAMOS

Para mí, ellas son mis verdaderas compatriotas. Prefiero una patria basada en una elección personal, por afinidad, amistad y amor libremente elegido, que no por lazos familiares que uno no escoge porque ya le vienen impuestos por nacimiento. Quiero saber de ellas y verlas de vez en cuando. Si no vienen ellas a visitarme ya iré yo a devolverles la visita. Ellas han crecido ya en un tiempo en el que las distancias se han acortado y la información circula con mucha rapidez. Seguramente todo esto les parecerá normal. Yo nací en un tiempo en el que las cosas no eran así pero me siento más a gusto ahora, me parece mucho más lógico estar conectado con mis amigos. Y así, poco a poco, a medida que aumentan nuestras conexiones, vamos creando una relación, cada vez más profunda, que proporciona mucho placer, cada vez más cuanto más se profundiza en ella, cada vez con más matices y con más encuentros inspiradores, como el de este fin de semana.

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