Notas que patinan #92: La Ribot y la libertad provisional

La Ribot en Panoramix

Es curioso cómo muchos medios se hacen eco estos días del ciclo que el Mercat de les Flors (en colaboración con el MACBA) le está dedicando a La Ribot, artista madrileña a la que no acostumbramos a ver a menudo en Barcelona. Lo que me llama la atención no es que se hagan eco sino la manera en cómo se hacen eco, en términos elogiosos que resaltan la trayectoria de esta creadora y su importancia en el panorama artístico contemporáneo, como si realmente hubiesen seguido su trayectoria durante todos estos años, como si realmente esas palabras que le dedican estuviesen basadas en la experiencia de quienes la elogian y no fuesen un mero copiar y pegar de los dossieres de prensa, los programas de mano o, en definitiva, de la propaganda que los organizadores del evento, como es natural, quieren transmitir para dar valor a su propuesta. Lo triste es que da la impresión de que cualquier operación propagandística lanzada desde las correspondientes alturas tiene eco en sus voceros sin el menor análisis crítico. Lo interesante es comprobar que cualquier operación propagandística iniciada desde quien puede permitírselo tiene un efecto inmediato. Por tanto, si existe la voluntad de lanzar un determinado mensaje para apoyar una determinada propuesta artística parece ser que se puede conseguir llamar la atención sobre lo que sea, aunque se trate de propuestas no acompañadas de antemano de una cierta popularidad. Lo triste es que eso no suceda más a menudo con los artistas que están trabajando aquí y ahora con la misma actitud con la que trabajaba La Ribot en los noventa. Lo triste es que tengan que pasar veinticinco años para que un artista que intenta trabajar aquí, con la misma voluntad que ella lo hacía en los noventa, merezca un cierto respeto, una cierta atención y un cierto reconocimiento. Lo triste es que esos artistas tengan que irse del país para poder desarrollar su trabajo en condiciones, para no morirse de hambre si desean seguir dedicándose a su trabajo. Lo triste es que hasta que no consigan ese reconocimiento fuera no les hagan caso los mismos que luego hablarán de ellos en términos tan elogiosos, obviando el hecho de que, si los mismos que se sienten autorizados a hablar de quién es un artista importante y quién no (si es que se puede hablar en esos términos, déjenme dudarlo), si se hubiesen percatado de ello a su debido tiempo quizá el artista no hubiese tenido que abandonar el país para, con suerte, volver luego a recibir los honores que durante toda su trayectoria se le negaron. Lo triste es ver cómo hay que morirse (preferiblemente no muy viejo, para que queden algunos compañeros vivos que puedan hablar de ti) para que te dediquen la tradicional exposición en el museo contemporáneo de tu ciudad. Lo bueno es que La Ribot aún vive y sigue trabajando, en unas condiciones que intuyo mínimamente adecuadas, si no confortables. Lo triste es que se haya tenido que ir de su país para conseguir esas condiciones.

El único trabajo de la Ribot que tuve la oportunidad de ver en su momento, en Madrid, hace diez años, me dejó frío, sinceramente. Panoramix, en cambio, me pareció sumamente interesante, muy estimulante, brutal. A juzgar por los minutos de aplausos que recogió no fui el único que disfrutó del espectáculo. Hubiese estado bien poder ver todo el trabajo que recoge Panoramix en su momento, cuando se gestó, en los noventa, o a principios de los dos mil, como muy tarde. Es una lástima haber tenido que esperar tanto. Es una suerte haberlo podido ver, aunque llegue tantos años después. También me parece bastante curioso que se sostenga tan bien después de tantos años, con el factor añadido de que dura tres horas, lo cual normalmente suele asustar a todo el mundo. Muchas de las propuestas que a veces nos intentan colar como lo más moderno parecen antiguallas si las comparo con estas Piezas distinguidas de La Ribot recogidas en Panoramix. Me pregunto si no tendrá que ver con que se nos ha escamoteado el acceso a los trabajos de tantos y tantos creadores durante tantos años. Sí, ya lo sé, eso ha pasado toda la vida. Quizá tenga que ver con, en palabras de la propia Ribot, “el encarcelamiento ilegal que se ejerce directamente desde el poder en cualquier parte del mundo hoy, incluso en el ámbito doméstico”. Bueno, pues ya iría siendo hora de salir de la cárcel. Aunque sea en libertad provisional.

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Imágenes de Gibbons Amateur en la Sala Apolo

El pasado domingo, 20 de enero, Gibbons Amateur inauguró la quinta edición del ciclo Morning Glory en la Sala Apolo de Barcelona. Estas son algunas de las imágenes recogidas durante la actuación. Muchas gracias a todos, fotógrafos, comisaria, sala y, sobre todo, al numeroso público por su cálida acogida en un día tan lluvioso. Fue un placer actuar en toda la pista, donde tantas veces hemos bailado.

Para empezar, algunas fotografías del equipo de la Sala Apolo extraídas de su Facebook.

Más fotografías de Dorothee Elfring.

Para acabar, una fotografía de Bautista Ramos Portea, desde el público.

Y los aplausos finales recogidos por Olga Alvarez.

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Gibbons Amateur en el Morning Glory de la Sala Apolo (20 de enero)

Domingo, 20 de enero a las 12 del mediodía.
Apertura de puertas: 11:15.
Entradas a la venta aquí -> https://www.sala-apolo.com/es/programacion-entradas/morning-glory/_e:6435/

Amateur. La música es una droga dura, y es legal.

Camiseta de Olga Alvarez (@en_proces).

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Amateur en Teatros del Canal (3, 4 y 6 de enero)

La primera semana de enero presento el primer episodio de Amateur en los Teatros del Canal de Madrid durante tres días: 3, 4 y 6 de enero.

Las entradas ya están a la venta, a 10€ si las compras hasta quince días antes de la actuación.

Más información:
https://www.teatroscanal.com/espectaculo/ruben-ramos-nogueira-gibbons-amateur/

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Ruta GRAF para octubre

He preparado una ruta GRAF para octubre que parte de Amalia Fernández en los Teatros del Canal y se dirige a Leer es sexy en Escena Poblenou, P.E.P.A. con Quim Bigas en La Poderosa, Boris Charmatz en el Mercat de les Flors y en el MACBA, Paz Rojo en La Caldera y Guillem Mont de Palol y Jorge Dutor de nuevo en el Mercat.

Me voy muy lejos, comienzo por Madrid, pero volvemos enseguida. Es que, en los Teatros del Canal, Amalia Fernández presenta En construcción 2, del 12 al 14 de octubre, una pieza escénica que ya vimos en Barcelona, en el Mercat de les Flors, en el festival Sâlmon< de hace dos años. Pero es que, en el programa de mano, he leído esto:

“Amalia Fernández (Granada, 1970) pertenece por derecho a una generación de artistas nacionales que entienden la danza como un territorio de investigación, experimentación y cuestionamiento que no necesariamente responde a las convenciones de la representación, por lo que cada propuesta supone un reto no solamente para la creadora, sino para los artistas que la acompañan y el público que viene a verla. Sus obras se mueven por la periferia de los esquemas preestablecidos y conducen al espectador por rutas cuyo destino final muchas veces es una incógnita para todos.”

De esto quería hablar. Y no solo de artistas nacionales, sea cual sea la nación de la que estemos hablando. Y no solo de los que vienen de la danza, aunque también. Quería hablaros de este tipo de artistas.

La ruta GRAF completa aquí.

 

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Vídeo de la taula rodona La singularitat de la perifèria al Singulart

Ahir vaig compartir reflexions al voltant de l’art i la cultura a la presentació del Singulart amb Clara Narvión, Marta Ardíaca, Júlia Bertran, Margarida Troguet i el públic que ens va acompanyar (més de setenta persones). El debat es va retransmetre per streaming i el podeu veure sencer aquí (a partir del minut 13).

Vaig parlar d’artistes i taxistes, de l’excés de xifres en relació al poc que es parla sobre l’ànima quan parlem d’art, de festivalitis, de comunitat, de com les administracions públiques catalanes i espanyoles volen assemblar-se als nostres veïns del nord però sense pagar la factura, d’Arno Stern i el joc de la pintura i de què passaria si ens endinséssim en habitacions com les que ell proposa i abandonéssim qualsevol judici de valor per concentrar-nos en objectius més elevats com la recerca de la felicitat. Tot això vaig dir i us prometo que, encara que ho sembli, no anava fumat.

Fotos: Dorothee Elfring

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La singularitat de la perifèria

El jueves 4 de octubre a las siete de la tarde me encontraréis en el Mercat Municipal de Sant Just Desvern, en la presentación del Singulart, participando en la mesa redonda La singularitat de la perifèria, que moderará Clara Narvión, junto a Marta Ardíaca, Júlia Bertran y Margarida Troguet.

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Notas que patinan #91: Vuestras discusiones nos aburren

Lluís Pasqual ha dimitido como director del Teatre Lliure. Mientras la ciudad de Barcelona recupera su pulso normal después de las vacaciones la dimisión de Pasqual se ha convertido en la noticia que haría correr ríos de tinta si estuviésemos en el siglo XX. En pleno siglo XXI ahora lo que corren son ríos de bits. Y en esos ríos de bits se ha dicho de todo, y a ellos me remito si queréis saber más sobre el asunto, no me voy a repetir, pero hay algo que echo a faltar.

Me siento a contemplar lo que dicen unos y lo que dicen otros y pienso: ¿por qué será que he perdido cualquier tipo de esperanza en que una gran institución cultural catalana sea dirigida algún día por alguien que realmente cambie las cosas, alguien que provoque un cambio hacia una dirección que me parezca (a mí y a muchos que conozco) mínimamente interesante? Ojalá fuese tan fácil como que quien dirija el Lliure próximamente sea alguien menor de cuarenta años o que no sea hombre o que se trate de un colectivo, todas reclamaciones que he leído y llevo leyendo desde que se desató la crisis en la dirección de ese teatro. Desgraciadamente eso no asegura nada de nada. ¿Mujer menor de cuarenta años? Ese podría ser el perfil de Inés Arrimadas.

He leído que hay quien defiende que el nuevo director del Lliure debería ser un gestor, no un artista. Desgraciadamente, para entenderse con toda la maquinaria burocrática, administrativa y política que comporta el cargo (y que poco tiene que ver con el arte) los llamados gestores culturales parece que son los más entrenados para ello.

En El almuerzo desnudo, publicado en 1959, William Burroughs escribe: «La democracia es cancerígena y su cáncer es la burocracia.»

Ayer leía que la Generalitat de Catalunya y el Ajuntament de Barcelona no se ponen de acuerdo en cómo debería renovarse la dirección del Lliure. La Generalitat quiere que la Junta del Lliure se reúna ya para elegir nueva dirección y el Ajuntament quiere un concurso público. Supuestamente los concursos públicos son un avance pero luego resulta que, en la práctica, no nos garantizan nada. Un concurso público, en la práctica, puede ser una elección a dedo camuflada, puede sacarse a ciertos aspirantes de encima introduciendo ciertas cláusulas o requisitos en las bases, puede controlarse eligiendo a un jurado controlado políticamente que evite que cualquier cambio pueda producirse o para que produzca el cambio deseado. He visto ya de todo. He visto cómo todo cambiaba para que nada cambiase. También he visto cómo eligiendo a alguien a dedo, sin concurso, se han producido verdaderos cambios. Muy pocas veces, es cierto, pero tan pocas como cuando alguien llega al cargo gracias a un concurso público.

Pero cambiar la manera como funciona una institución cultural, desburocratizarla, liberarla de los corsés del tipo “no, esto no se puede hacer porque no nos dejarían”, ni se plantea. Incluso para enfrentarse a un concurso para dirigir cualquier institución hay que ser todo un burócrata. Y por eso he perdido toda esperanza de que algún día podamos encontrarnos a gusto verdaderamente en alguna de las instituciones culturales catalanas que se supone que están ahí para servirnos. Pero la realidad es que, en su gran mayoría, a muchos de nosotros nos sirven para muy poco. O para absolutamente nada.

Y todo esto nos aparta de la discusión porque, desgraciadamente, no sentimos que se esté discutiendo sobre nada que realmente nos ataña. Y es cansino porque sería deseable que sí que fuese asunto nuestro y no solo de los que forman parte de lo que ellos llaman la Cultura de este país. Pero ya nos hemos acostumbrado a que si necesitamos algo nos lo tenemos que procurar nosotros, con nuestros propios medios. Mientras tanto, los de la Cultura se creen con el derecho y la autoridad para administrarla. Bueno, tradicionalmente ha sido siempre así pero algunos habíamos llegado a pensar que algún día no demasiado lejano todo eso cambiaría. No mucho, pero un poco. Un poquito. Está claro que no será en el Teatre Lliure. Está claro que no será en ningún sitio donde se pueda molestar a alguien. Pero también va quedando claro que en Barcelona, en Catalunya, ninguna administración está por la labor de proporcionar un nuevo espacio que se gobierne de una nueva manera para atender a nuevas sensibilidades. Ese espacio ni está ni se le espera. Es una lástima.

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Punk cursi, ya a la venta en internet

Punk cursi, mi novela, editada por Nyamnyam y Adicciones porquesí, ya está a la venta en internet.

11€ con gastos de envío incluidos para territorio español, 15€ para Europa y 16€ para el resto del mundo.

Porque sí. Porque hay textos y cosas que tienen que salir a la luz. Por saltarse un poco las reglas. Por entender la publicación como fermentación. Dejar ir, perder el control, y luego ver qué sale. Para poder sorprenderse con el resultado. Porque Barcelona se muere. Porque aquí estamos. Porque seguimos jugando en la frontera entre la vida y la muerte. Porque eso es fermentación. Porque extendemos y difuminamos esa frontera. Porque en esa brecha habitamos. Porque como dice Master en estas páginas, “Quizás esta Barcelona tenga que agonizar un poco más para resucitar un día de estos. Pero quizá yo ya no esté aquí para contemplar esa resurrección.” Por contarlo mientras pasa. Por el ahora. Porque en este mundo casi todo es estéril, controlado y conocido. Porque eso deja poco espacio para la fermentación y el pensamiento libre. Por amor. Punk cursi a muerte. 

Ariadna Rodríguez e Iñaki Álvarez
Nyamnyam

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Gluck Jaroussky

Cuando, en 1762, Christoph Willibald Gluck compuso Orfeo ed Euridice le movía un afán de renovación del formato operístico de su tiempo, en el que el virtuosismo vocal, la vanidad de los cantantes pero, en general, la música se colocaban muy por encima de la palabra y de la dramaturgia. Paradójicamente, el martes pasado, en el Palau de la Música Catalana, I Barocchisti, prestigioso conjunto dedicado a la interpretación de música antigua con criterios historicistas, dirigido en esta ocasión por Andrea Marchiol y junto al Cor de Cambra del Palau, ofrecía su versión de esa ópera de Gluck en formato concierto, un formato donde inevitablemente la música se impone a lo escénico. Pero, además, a juzgar por la imagen del cártel del concierto, quien protagonizaba la sesión no era Gluck ni I Barocchisti sino el famoso contratenor Philippe Jaroussky, una de las mayores estrellas vocales de la actualidad en el mundo de la música antigua. Sinceramente, yo también fui por Jaroussky. Y, seguramente, él fue el responsable del lleno total en la sala grande del Palau. Fue Angélica Liddell (quien la semana pasada volvió de nuevo a territorio español, donde había prometido no volver a actuar jamás, para presentar su Trilogía del infinito en los Teatros del Canal de Madrid) quien me descubrió a Jaroussky, hará unos diez años, a través de su desaparecido blog. A Angélica Liddell le encantaba el Cum dederit de Vivaldi interpretado por Jaroussky. Lo llamaba el «Me cago en la puta voy a llorar». Siempre le agradeceré a Angélica Liddell que me descubriese a ese excepcional intérprete que es Jaroussky.

Jaroussky ya no es aquel veinteañero de entonces, acaba de cumplir cuarenta años. Pero sigue en plena forma. El martes, los que le conocíamos salimos satisfechos y los despistados que no le conocían seguramente hayan hecho el descubrimiento del año. Las cualidades vocales de Jaroussky son excepcionales, su musicalidad y expresividad, exquisitas. No sé en qué nivel estará su vanidad pero su entrega a la música que interpreta no deja muchas dudas sobre su honestidad musical. Estamos ante un cantante que se pone al servicio de la música y no al revés. Gluck estaría contento. Pero comienza el concierto y no le vemos, ni a él ni a ninguna de las otras sopranos: Chantal Santon y Emöke Barath. El coro comienza a cantar “Ah! Se intorno a quest’urna funesta” y encima de él aparecen los subtítulos en catalán sobreimpresos que nos van a permitir seguir la letra, la historia, la acción teatral. Gluck estaría contento. Y, de pronto, justo unos instantes después, cuando interviene Orfeo por primera vez, aparece Jaroussky de detrás de una cortina roja que da al pasillo de los palcos de platea, y entra en escena. Golpe de efecto dramático. Gluck estaría contento. Va vestido con un traje y corbata, clásico pero de corte más moderno que el estándar acostumbrado de la música clásica (aunque eso está cambiando poco a poco). Jaroussky se mete en el personaje, interpreta. Orfeo está destrozado porque Euridice, su esposa, ha muerto. Después de su intervención, Jaroussky se postra con los ojos cerrados, abatido, en un sillón rojo colocado en un lateral del escenario.

Pero Amore, interpretada por Emöke Barath, aparece de detrás del órgano (otro golpe dramático), vestida aún más moderna que Jaroussky, pero sin pasarse, y sale a su encuentro para contarle que puede recuperar a Euridice si baja al Hades a buscarla, siempre y cuando no se vuelva a mirarla hasta que lleguen de nuevo al mundo de los vivos. La historia es muy sencilla. Y acaba bien, como mandaban los cánones de la época. Por en medio, escuchamos el maravilloso momento en el que el arpa, que simboliza la lira de Orfeo, acompaña a Jaroussky, ese momento arpa, introducida por Gluck en las orquestas de la época gracias a esta ópera, una ópera que acabó, adaptada al gusto francés, en la corte de María Antonieta, a quien Gluck había dado clases en su adolescencia. Pero, mientras llega Euridice, hablemos del coro. Jaroussky se esfuerza por ablandar al coro de Furias para que le dejen llevarse a Euridice y el coro le responde “no”, multitud de veces, en un juego dramático pero, a la vez, tan divertido que, al mismo tiempo que deseamos que Jaroussky siga cantando, aportando toda la emoción de la que es capaz, para ver si será posible que el coro se ablande poco a poco, también deseamos que jamás le concedan a Euridice para poder seguir oyendo esos noes una y otra vez, como niños. Si bien es cierto que Jaroussky fue el que se llevó la mayor ovación al acabar el concierto el público aplaudió a rabiar al coro, un coro de la casa que hizo una labor tremenda y estuvo a la altura de las circunstancias, incluso con una de sus miembros embarazadísima hasta el punto que no debió de considerar demasiado conveniente levantarse para cantar como el resto de sus compañeros. Cuando se tocó el vientre en medio de la función algunos temieron que tuviese que salir corriendo de la sala para dar a luz. Gluck estaría contento. Atención que Euridice resucita. Chantal Santon va vestida más clásica que el resto. Orfeo y ella tienen la escena crucial en la que Euridice no entiende por qué su marido no la mira, si ha venido a salvarla, y dice pasarlo peor que cuando estaba muerta. El teatrito entre Jaroussky y Chantal Santon alcanza sus mayores cotas interpretativas. Gluck estaría contento. Para nosotros es algo cursi, claro, pero la música se impone sobre todas las cosas. No sé si Gluck estaría tan contento pero nosotros recordaremos a Orfeo de Euridice gracias a que ese día, arropado por una cuarentena de excelentes músicos con sus maravillosos instrumentos antiguos, escuchamos al gran Jaroussky en vivo y en directo y nos emocionamos con él. Y esperemos que por muchos años más. Quizá la próxima vez, en formato operístico.

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