Notas que patinan #85 | Res és meu

Sábado por la tarde en Barcelona. Un cuarto de hora antes de las seis y media, enfrente de la Sala Ricson de Hangar esperamos ya parte del público que vamos a ver Res és meu, que se presenta como una obra de teatro de Enric Farrés Duran. Caben unas veinte personas. Hay lista de espera. Hemos recibido un correo electrónico recordándonoslo, avisando de que el espectáculo comenzará con puntualidad y que si no podemos asistir avisemos para que nuestra entrada pueda ser aprovechada por alguien de la lista. Pero la puerta está cerrada. Nos esperamos afuera. Ya es de noche y hace frío. Al cabo de unos minutos la puerta se abre y aparece una persona con un papel en la mano. Es la lista. Nos pregunta nuestros nombres y verifica que estamos apuntados. Aún quedan unos minutos pero nos invita a entrar. Dice que estaremos más calentitos. Vamos entrando a la antesala, que está casi a oscuras. Otra persona, detrás de una mesita, nos da un papel con el texto de introducción de la obra y la ficha artística. Para leerlo tenemos que acercarnos a una lamparita que hay sobre la mesita. El texto es este:

Só me interessa o que não é meu.
Lei do homem. Lei do antropofago.

Manifesto Antropofágico. Oswald de Andrade

Podem situar-nos al Sambódromo de Rio, al Teatro Oficina de São Paulo o a la Sala Ricson d’Hangar. L’estructura és la mateixa. Estem uns davant dels altres. L’espectacle es a punt de començar i del que es tracta és de seure i mirar. Mirar, empatitzar i experienciar una sèrie de conflictes a través d’una història que no és la nostra. Creure’ns la mentida construïda a través d’unes convencions que ens permeten escapar momentàniament del nostre dia a dia. Emocionar-nos. Però què passa quan la mentida és mentida? És a dir, quan l’obra és real i el temps és de veritat i els actors no han assajat? Doncs que potser podem aprofitar per pensar en les nostres coses, fer una bacaina o enviar un parell de whatsups amb el mòbil. Ai no, que el mòbil, aquí, està prohibit. Aquí no volem distraccions. Aquí el respecte mana i, des de la invisibilitat de les fosques mirem què passa. Mirem sense ser mirats –Espiem?–. Algú treballa. Algú cobra. Algú vol marxar del teatre perquè no pot més. Algú monta un display històric dissenyat per Lina Bo Bardi. En Joe, en Jack, en William i l’Averell són els germans Dalton: Tots fan la mateixa pinta, diferenciant-se unicament en l’alçada, que resulta inversament proporcional a la seva edat, maldat i inteligència. Algú pensa en la vessant més social de l’arquitectura, en que un edifici és una màquina de generar situacions. Potser algú apareix en escena i t’ofereix prendre alguna cosa. Algú monta una estructura que permet a l’objecte esdevenir polisèmic. Què és? Al final de la funció ho sabrem. No fem spoilers.

Yo sí voy a hacer spoilers mínimos. Después del texto están los créditos y agradecimientos. Los intérpretes son Luis Jo, Pau Segura y Vito Segura. La producción es de IFBarcelona, el festival de teatro de objetos. Y en las últimas líneas dice que el espectáculo es en “català/castellà (¿?)” y que la duración aproximada será de hora y media.

Con esta información entramos y tomamos asientos en dos filas de sillas enfrentadas entre sí, con un espacio alargado en medio. Al poco rato aparecen los intérpretes. Parecen tres técnicos de teatro. Comienzan el montaje. Hablan entre ellos, toman medidas, hacen sus cálculos, discuten y ejecutan las decisiones que van montando. Montan la escenografía. La escenografía es el display de una exposición. Durante casi dos horas se dedicarán a eso por completo. Excepto una pausa que se tomarán para fumarse un cigarrillo afuera.

Foto: Pol López

Entre el público hay gente que conoce perfectamente ese display histórico de Lina Bo Bardi. También saben que Enric Farrés Duran lo utilizó en La Panera de Lleida en su propia exposición. Dicen que a Enric Farrés Duran le gusta robar. Só me interessa o que não é meu. Yo no conozco a Lina Bo Bardi ni tengo apenas idea de con qué trabaja Enric Farrés Duran. Pero, cuando entiendo que esto va a ser así hasta el final, me acuerdo de The Set Up de Cris Blanco, que solo he visto en vídeo. Mi compañera de asiento me pregunta si creo que esos intérpretes son actores. Ella cree que son actores. Pero yo le digo que llevo años viendo a técnicos montando en teatros y centros de arte y que esos son técnicos profesionales, no me cabe la menor duda. Ella sí lo duda. En todo caso, cree que se esfuerzan más que la media de los técnicos que ella conoce. Cree que es porque les estamos mirando. Eso lo dice antes de que nos dejen tirados cinco minutos mientras se van a fumar un cigarro. En ese momento llevamos más de una hora ahí, contemplando el montaje, y ya hemos llegado a una cierta relajación de costumbres pero hemos estado mucho tiempo en silencio casi absoluto, observando cada detalle. Yo estoy relajadísimo porque, en otras ocasiones, es a mí a quien le toca estar ahí dando el callo. Esta vez solo me tengo que limitar a contemplar. Esta tarde, la trama, con sus conflictos, sus éxitos, sus accidentes, hasta su sangre, me parece más interesante que muchas pelis de Hollywood. Al final la cosa dura dos horas, algo más de la hora y media esperada. Los técnicos acaban colocando un cuadro en la primera de las estructuras que han montado. El cuadro está vuelto de espaldas al público, lo que nos obliga a levantarnos. Es el final. Hay aplausos y de un cubo salen cervezas. Nos quedamos un rato dentro bebiendo y conociendo a gente. Al propio Enric Farrés Duran, por ejemplo. Mientras tanto, los técnicos recogen toda la escenografía. En un momento dado, Enric Farrés Duran se disculpa por cortar la conversación. Tiene que ir a ayudar a recoger. Salimos y nos vamos.

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Novios en la fiesta de presentación del Sâlmon< 2018

Vuelve Novios, aunque solo sea por 10 minutos. Será el jueves, en la fiesta de presentación del festival Sâlmon<, en el Mercat de les Flors, en algún momento a partir de las 20:00.

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Reportaje fotográfico de Amateur en Madrid

Reportaje fotográfico de Lukasz Michalak del segundo episodio de Amateur, Goldberg amateur, que presenté el 11 de noviembre en el CC Los Rosales de Madrid, dentro del ciclo Teatro Raro organizado por CiudaDistrito, interesante proyecto del Ayuntamiento de Madrid que pretende aproximar la cultura a los barrios.

El álbum completo en Flickr: https://www.flickr.com/photos/ciudadistrito/albums/72157666217746719

Más información sobre la convocatoria permanente de CiudaDistrito (muy recomendable, enviadles vuestras propuestas): https://ciudadistrito.es/convocatoria/

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Notas que patinan #84 | Guerrilla

Foto: Blanca Añón

Este fin de semana El Conde de Torrefiel estrenó, por primera vez en el Reino de España, Guerrilla, en el Teatre de Salt, en el festival Temporada Alta, en Girona, en Catalunya. A pesar de que El Conde de Torrefiel es una compañía teatral con sede en Premià de Mar (y hasta hace poco en Barcelona), Guerrilla ha sido posible gracias a una coproducción del Kunstenfestivaldesarts de Bruselas (Bélgica), el Steirischer Herbst Festival de Graz (Austria) y el Noorderzon Performing Arts Festival de Groningen (Alemania). Aunque Guerrilla ha recibido el apoyo del Graner Centre de Creació (Barcelona), el ICEC (Generalitat de Catalunya), el INAEM (Ministerio de Cultura de España) y el Institut Ramon Llull (Catalunya) ha tenido que pasar casi un año y medio desde el estreno de Guerrilla en Bruselas para poder verla en la Península Ibérica. Antes de llegar aquí, Guerrilla se ha visto, además de en Bruselas, en Groningen, Dublín, Graz, Atenas, Zürich, Glasgow, Leeds, Lille, Roma, Milano y Lausanne. En los próximos meses no está prevista ninguna nueva presentación de Guerrilla en las tierras que han visto crecer a El Conde de Torrefiel. Resulta, como mínimo, curioso. Barcelona, Catalunya y el Reino de España se caracterizan, entre otras muchas cosas, por la escasa atención que prestan a los artistas que crecen en su seno. En este sentido resulta imposible encontrar ningún hecho diferencial entre ellas. Son indistinguibles. Gracias Barcelona, gracias Catalunya, gracias Reino de España.

Aunque para ser justos habría que decir que por debajo de esas ficciones llamadas Barcelona, Catalunya y Reino de España, existen otras realidades gracias a las cuales los seguidores de El Conde de Torrefiel hemos podido asistir a las diferentes etapas del desarrollo de esta Guerrilla final, disfrutando de pequeñas Guerrillas de pequeño formato que El conde de Torrefiel ha ido compartiendo con su público en diferentes lugares de resistencia como el Espai Nyamnyam y el Antic Teatre de Barcelona, el Festival TNT de Terrassa o el Festival Inmediaciones de Iruña. Justo es reconocer su labor, su aporte de oxígeno a esta atmósfera viciada e irrespirable que no hay lluvia que se lleve por delante. Gracias a esa labor guerrillera, quienes la hemos ido siguiendo durante más de dos años no llegamos vírgenes a la Guerrilla final. Conocemos los dispositivos que utilizan y muchos de los textos. Aún y así, al presenciar esta Guerrilla, el impacto es brutal. Voy a tardar días en recuperarme.

Foto: Titanne Bregentzer

Seguramente esta Guerrilla no inventa nada nuevo. Me atrevería a decir que todo lo contrario. Es a lo que El Conde de Torrefiel nos tiene acostumbrados. Más de lo mismo. Los textos proyectados por encima de las escenas insisten en los mismos temas de siempre, atacando sin piedad el sinsentido del mundo en el que vivimos, con humor, sarcasmo y descaro, poniendo en boca de personajes, reales o ficticios, reflexiones que, en realidad, se ve que provienen de la misma cabeza porque todos los personajes hablan igual, como si fuesen la misma voz. Algunos de esos textos ya los conocemos de otras Guerrillas pero también, más o menos modificados, provienen de otras piezas anteriores. Alguna escenas ya las hemos visto también: la escena del tai-chi es muy parecida a la del yoga de La chica de la agencia de viajes nos dijo que había piscina en el apartamento. Da la impresión de que Guerrilla es como un compendio de los últimos años de El Conde de Torrefiel. ¿Qué la hace tan especial, entonces?

Foto: Valeria Palermo

Aún recuerdo cuando, hace unos años, uno de los componentes de El Conde de Torrefiel, Pablo Gisbert, aparecía en un vídeo grabado por el colectivo PlayDramaturgia, junto a un burro, en el campo de Azala, en Vitoria, diciendo que lo que se necesitaba, ahora más que nunca, era disparar mensajes como balas. Me da la impresión de que en Guerrilla lo que se ha intentado es concentrar toda la artillería disponible en tres escenas, simples pero contundentes, en las que se utilizan algunas de las armas del enemigo al que se pretende combatir. La escena inicial, la conferencia, y la escena final, la rave, nos muestran mucha gente en escena. Mucha. Más de 60 personas. La sesión de electrónica, que suena mientras esa multitud baila sin parar como si estuviesen en una auténtica rave, el sonido de esa escena final está al límite de los decibelios permitidos en una sala. Deliberadamente al límite: los decibelios varían dependiendo de la legislación del lugar a donde viaja Guerrilla. El Conde de Torrefiel utiliza una especie de tácticas de lo que John Cage llamaría arte fascista. Y mientras someten al público a ese bombardeo sistemático, con luces estroboscópicas, que va directo al corazón, al estómago, al inconsciente, el texto proyectado nos bombardea sin tregua por el otro flanco, el de nuestro cerebro consciente. Y da igual que en la escena intermedia, la del tai-chi, todo parezca pararse y apenas suene una música de piano dieciochesca, de Antoni Soler i Ramos, aparentemente tranquila, porque en ese segundo movimiento, como en el movimiento lento de algunas sonatas de la época del Sturm und Drag, la violencia emocional de la escena, quizá por contraste, es casi igual, o mayor.

Foto: Luisa Gutiérrez

Y mientras esa contundencia grandilocuente construida a base de imágenes no narrativas, tres imágenes (conferencia, clase de tai-chi y rave), con un solo concepto cada una, limpias conceptualmente pero sucias y caóticas como la vida, nos van minando, durante casi una hora y media, sometiendo nuestra voluntad a base de pura emoción contenida hasta la explosión continuada de la escena final, el texto nos sitúa en un futuro distópico muy cercano, apenas un lustro, en el que, por fin, después de años de sentirnos como en guerra, explota la guerra mundial. Parece ciencia ficción pero, en el fondo, sabemos que podría estar pasando ya. Me rebelo contra ese futuro potencial tan terrible y pesimista que El Conde de Torrefiel intenta introducir, por tierra, mar y aire, en mi cansado cerebro aprovechándose de las seductoras y potentes armas que maneja, afinadas durante años. Quiero pensar que lo hace como vacuna, como una especie de homeopatía, pero, aún y así, a estas alturas es ya tan real que asusta, como el resto de historias que recoge y lanza el texto, algunas diferentes en cada Guerrilla porque están extraídas de la vida de las personas que participan en cada presentación, gentes de cada lugar a donde viaja Guerrilla. Pero, más allá del texto, lo que presenciamos en escena, desprovisto de palabras, parece tan lleno de vida, transmite un entusiasmo y un amor por la vida tal que parece imposible que el texto y la escena estén saliendo de los mismos cerebros. Es como el poli bueno y el poli malo. Es como si te dieran a escoger entre el futuro distópico, la catástrofe que nos acecha y que ya está a la vuelta de la esquina, y la Vida, en mayúsculas, como la otra cara de la moneda, la misma moneda en la que se basa la religión de nuestro tiempo, la economía, el fin último y la coartada para toda la mierda que nos llega ya hasta el cuello.

Guerrilla es un concienzudo electroshock al que nos someten una gente que lleva años intentando gritar desesperadamente desde los escenarios con toda la rabia acumulada por una generación y que, definitivamente, consiguen congelar las carcajadas que los primeros de la fila, este domingo, lanzaban sin pensárselo mucho durante los primeros minutos de la función. Al final ni siquiera teníamos fuerzas para aplaudir. Y nadie salió a saludar. Se acabó. Hay que elegir. No quedan ya muchas oportunidades.

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La Orquestina de Pigmeos de Nilo Gallego y Chus Domínguez en el nuevo número de la revista Ajoblanco

Este viernes 24 de noviembre sale a la venta un nuevo número de la revista Ajoblanco, que podéis comprar en los kioskos o encargar en su web. En la revista encontraréis un artículo que he escrito sobre la Orquestina de Pigmeos de Nilo Gallego y Chus Domínguez y el estreno de Ningún lugar, una maravillosa pieza escénica inspirada en el trabajo del cineasta Jonas Mekas que pudimos ver en septiembre en las Naves de Matadero (os recomiendo el artículo que escribió Fernando Gandasegui sobre ese estreno) y que sería de agradecer que viajara a otros lugares para disfrute de la afición.

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Amateur en Madrid, 10 y 11 de noviembre en el CC Los Rosales dentro del ciclo Teatro raro de Ciudad Distrito

El viernes 10 y el sábado 11, a las 19:00, presento los dos episodios de Amateur en Madrid dentro del ciclo Teatro raro que organiza Ciudad Distrito.

GIBBONS AMATEUR 10 NOVIEMBRE | 19 h
GOLDBERG AMATEUR 11 NOVIEMBRE | 19 h

Entrada libre y gratuita

CC Los Rosales | Villaverde
Av. de los Rosales, 133, 28021 Madrid

Cómo llegar (a 20 minutos de Sol en cercanías)

Amateur es una serie de dos performances que toman la forma de heterodoxos conciertos de piano (con música del compositor renacentista inglés Orlando Gibbons, en el primero, y las Variaciones Goldberg de Bach, en el segundo), ejecutados por un intérprete no profesional que, huyendo de lo espectacular, da la espalda al público, y en los que se proyecta un texto escrito en primera persona, con un tratamiento similar al de los subtítulos de una película, que reivindica la recuperación de la práctica musical de la música antigua por parte de un público amateur, para quien originalmente fueron compuestas un gran número de obras de nuestra tradición musical, al mismo tiempo que denuncia el secuestro de la mal llamada música clásica (o peor, culta), por parte de los profesionales, hasta el punto de convertir este maravilloso legado común en un producto cultural elitista, en ocasiones inaccesible para sus legítimos destinatarios.

Si el vídeo en el que Glenn Gould interpreta al piano las Variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach podría considerarse casi pornográfico (como sostiene un amigo del autor), el segundo episodio, Goldberg amateur, tiene por objetivo interpretar esa mítica e inaccesible obra musical, íntegramente, en versión amateur, pero de espaldas al público, como homenaje y respuesta a la decisión que empujó a Glenn Gould a retirarse de los escenarios cuando tenía 30 años, decepcionado porque el público estuviese más pendiente de si fallaba una nota que de la música que estaba interpretando. El intérprete y autor de Amateur hace treinta años que empezó a tocar las Variaciones Goldberg, pero aún no se ha quedado satisfecho. No cree que llegue a estarlo nunca. Mejor así. Lo que mola es intentarlo. En este episodio contará las razones que le empujan a intentarlo una y otra vez en la intimidad de su hogar, lejos de la mirada del público. Y también contará el porqué del repentino deseo de mostrar este acto íntimo y compartirlo con el público, justamente en este momento y en las actuales circunstancias, como un acto liberador que se resume en la siguiente frase leída en un grafiti en la calle: nuestra venganza será ser felices.

El primer episodio, Gibbons amateur, es un largo preludio que va desgranando el contexto que conduce al autor a comportarse de esta manera, gracias, en parte, al descubrimiento tardío de la maravillosa música renacentista del compositor inglés Orlando Gibbons, el compositor preferido de Glenn Gould, que constituye la banda sonora de esta primera performance. La música de Gibbons es tratada de una manera poco ortodoxa, como si el intérprete ensayase en su casa, lejos de las miradas del público, buscando un grado de profundidad y trascendencia a través de un tempo poco sostenible en un concierto convencional, mientras, como si leyésemos su pensamiento, remontándose a ciertos episodios de su vida, en un tono distendido, como de charla de bar, que contrasta con la música que suena sin tregua, nos habla a través del texto proyectado sobre su relación con la música, vista como la más potente y benigna de todas las drogas, sobre una de las primeras tribus urbanas europeas, los zazous, a la que perteneció Boris Vian, sobre médiums y sobre ciertos sabores ancestrales que, en su opinión, deberíamos intentar que no caigan en el olvido. Hasta que, al final, la música se impone sobre el texto.

Amateur es una mezcla de música, literatura y performance. El público recibe una sobreestimulación a través del bombardeo de información sonora y visual y, si lo desea, puede escoger en cada momento con qué quedarse, concentrándose en la música o en los diferentes hilos de las historias que desgrana el texto, que acaban reuniéndose siempre en un final que completa su sentido.

Más información: Teatro raro | Artículo de Nando Cruz en el Periódico de Catalunya | Artículo de Soren Evinson en Mambo | Entrevista sobre Amateur

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Prefiero que me quite el sueño Monteverdi

Claudio Monteverdi, unos años antes de componer las Vespro della Beata Vergine.

En 1610, cuando publicó sus Vespro della Beata Vergine, Claudio Monteverdi tenía más o menos la misma edad que yo el lunes pasado cuando entré en el Palau de la Música Catalana para escuchar esta maravillosa obra interpretada por el Colegium Vocale de Gent dirigido por quien fundó este conjunto hace 47 años, Philippe Herreweghe, que da la casualidad que tiene la edad de mi padre. Sumido en peregrinas reflexiones sobre el paso del tiempo y sus proporciones y ritmos, lo que no deja de tener una estrecha relación con el arte sonoro, me sorprendió el inicio del concierto. Y pensé en Monteverdi como si fuera uno de nosotros, aquí y ahora. Pensé: ¡qué buena idea utilizar un tema de otra de tus piezas para comenzar esta nueva creación! Es tan bueno este tema, tiene tanta potencia, y hasta ese momento lo habría escuchado tan poca gente, en realidad, que es una maravillosa idea recuperarlo de nuevo para ponerlo en un lugar destacado, ese que marca prácticamente el límite a partir de que se rompe el silencio inicial. Así el público no podrá obviarlo, se encontrará con él de bruces. Es tu mejor carta de presentación. Y luego pensé que, claro, era evidentemente una verdadera carta de presentación porque esta obra Monteverdi la llevó en mano al Papa para ver si encontraba trabajo en Roma, sin mucha suerte, todo hay que decirlo, del mismo modo que también la envió a Venecia, donde tres años después consiguió que le nombrasen maestro de capilla en la basílica de San Marcos, quizás precisamente gracias a esta obra. Jugaba a dos bandas, Claudio. Y no solo a la hora de presentarse a estas dos convocatorias, también a la hora de componer. Un famoso teórico musical, Giovanni Maria Artusi, le acusaba públicamente de utilizar una técnica compositiva corruptora, destructora del estilo imperante. Siempre la misma historia: la de los creadores contemporáneos que no siguen las reglas porque están inventando las suyas propias, las que se convertirán en canon pasados unos años. Fíjate ahora quién se acuerda de ese teórico y de sus composiciones, que también las tenía, y quién de Claudio Monteverdi, también conocido por sus contemporáneos como Il Divino, de quien se celebra el 450 aniversario de su nacimiento (de ahí que se sucedan los conciertos dedicados a su música, como el que unos días antes se celebró en el Auditori, en el que, casualidades de la vida, Jordi Savall y Le Concert des Nations interpretaron esta misma obra). Seguramente por intentar protegerse de las reaccionarias críticas que recibía, Monteverdi utiliza elementos arcaizantes en esta composición (que debía servir de carta de presentación para conseguir curro ante la muy conservadora jerarquía eclesiástica, no lo olvidemos), como es el caso de las melodías de canto gregoriano que mezcla con el nuevo estilo, el suyo propio, a veces de una manera muy parecida a lo que ahora llamaríamos remezclar, con el mismo objetivo que remezclamos en pleno siglo XXI: para construir una cosa perfectamente nueva a partir de unos elementos preexistentes. Como cuando unas voces femeninas del coro insertan intermitentemente la melodía gregoriana del Sancta Maria, ora pro nobis, cada vez con un ritmo ligeramente diferente, sobre una música instrumental, de corte absolutamente moderno para su época. Maravillosas soluciones, Claudio, como también fue maravillosa la idea de componer algo de música religiosa, algo que no habías hecho nunca antes, para tener algo de currículum para que te hiciesen caso en Roma o en Venecia. Fue lo que ahora diríamos publicar algo, quizás apenas remunerado, para conseguir visibilidad. Pero conservando en todo momento tu maravillosa libertad creativa, dejando la puerta abierta a la interpretación fuera de la iglesia, como propones en la portada de la publicación que recoge estas Vespro, o escogiendo textos tirando a eróticos del Cantar de los cantares, como el Nigra sum, con el que de pronto nos sorprende la soprano: Soy negra pero hermosa, hijas de Jerusalem, por eso el rey me ama y me introdujo en su habitación. Te salió bien, Claudio. Conseguiste la fama, seguramente con mucho esfuerzo. Y por eso ahora te conocemos y podemos celebrarte. Y tenemos a los mejores intérpretes de música antigua del planeta, aquí en el Palau de la Música Catalana, dedicando grandes esfuerzos y un enorme talento para desentrañar los misterios de tu música e interpretarla con todo el cuidado, el mayor de los respetos e instrumentos originales (o las réplicas más fidedignas). Una hora y media de música, sin pausa, más emocionante que la mejor de las películas de acción en 3D, con un sentido sorprendente de la performance. Por ejemplo, en el Audi coelum, cuando el tenor acaba una estrofa y alguien, a quien no vemos en escena, le contesta con un eco, oculto en alguna parte. O, cuando en el Duo Seraphim, a los dos tenores se les suma un tercero justo al pronunciar la palabra Tres. También disfrutamos mucho cuando Philippe Herreweghe deja que sea Barbara Kabátková, hasta ese momento una cantante más, quien dirija a la Schola Gregoriana, el quinteto vocal encargado de las partes de canto gregoriano que salpimentan de vez en cuando esta sabrosa obra. O cuando uno de los cornettos se pone de espaldas al público para dar la réplica a su partenaire, lo mismo que las violinistas. Seguro que en San Marcos, con una arquitectura que se presta a la perfección para todos estos recursos performáticos, debisteis pasarlo bien jugando con todos estos truquitos sonoros que, tan acertadamente, se lo agradecemos, recuperan Herreweghe y los suyos. Rigor y austeridad flamenca (flamenca de Flandes, se entiende) que se esfuerza en jugar con la música de un compositor contrastadamente mucho más meridional que los intérpretes que le rinden tributo, autor de una música de una riqueza incomparable que consigue elevarnos para que crucemos la Via Laietana flotando a medio metro del suelo aunque, paradójicamente, con la impresión de haber reconectado con la vida, más allá de la percepción tramposa en la que nos sumen últimamente el bombardeo de narrativas que pretenden convertir nuestra rica realidad en una ficción barata. Parafraseando a Rodrigo García, prefiero que me quite el sueño Monterverdi…

Philippe Herreweghe. Foto: Michiel Hendryckx

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Conversación con Ernesto Collado en el programa de TV Teló de fons

El programa de televisión Teló de fons grabó la conversación que mantuvimos Ernesto Collado y yo en el Pub Reina Victoria de Terrassa, horas después de presentar el primer episodio de Amateur en el Festival TNT. Hablamos de nuestras piezas y también de todo un poco, aunque lo que nos propusieron era hablar de la performance como género. El clip, de 10 minutos, muestra también algunas imágenes de nuestras actuaciones en el TNT. El programa es en catalán, aunque Ernesto se cambia de idioma en cuanto te descuidas. Yo, en cambio, me mantengo idiomáticamente firme.

El reproductor de vídeo me da problemas con Chrome en Mac, pero con Firefox se ve bien.

El programa completo aquí: http://canalterrassavalles.xiptv.cat/telo-de-fons/capitol/performances-al-tnt

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Amateur en el Festival TNT (29 y 30 de septiembre)

Vuelve Amateur.

El 29 y 30 de septiembre en el Festival TNT de Terrassa.

Los dos episodios: Gibbons (el viernes 29 a las 17:00) y Goldberg (el sábado 30 a las 18:45), en versión bilingüe (castellano-english).

En el Pub Reina Victoria (carrer de la Rasa 48 de Terrassa) por 7€.

Más info y entradas en la web del TNT.

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Notas que patinan #83 | No lo digo yo, lo dice Jonas Mekas

Jonas Mekas viendo un ensayo de la Orquestina de Pigmeos en las Naves de Matadero Madrid

Hace unos días una amiga me preguntaba que cuál creía que era el lugar de Europa, o del mundo, donde había que ir para encontrarse con eso que se conoce como artes en vivo o, como ella me recordaba, eso que tú llamas las raras artes. Si tuvieras que recomendar actualmente una ciudad o un país, ¿dónde sería? Lo pensé unos segundos y le contesté: aquí. ¿Aquí? ¿Dónde? Por aquí: por Barcelona, Catalunya, Madrid, Valencia, Andalucía, Euzkadi, Castilla, la Península ibérica, Canarias… Por aquí. Mi amiga no se lo creía. Eso será porque no viajas mucho. Tengo un amigo que va mucho a Austria últimamente, me dijo. Ya, conozco un poco ese rollo y la fascinación por Europa de los afectados por el complejo de inferioridad ibérico, de similares proporciones al complejo de superioridad del norte de Europa y su indiferencia hacia todo lo que pasa por debajo de los Pirineos pero, en general, cuanto más viajo, cuanta más información tengo de lo que pasa por ahí, cuanto más hablo con gente que viaja mucho más que yo (que no es que me dedique precisamente a peinar el planeta), cuantas más propuestas importadas de los circuitos artísticos donde se parte el bacalao me intentan colar como lo más de lo más (y más indiferente me dejan, sin apenas rozarme) más convencido estoy de que lo que está pasando por estas latitudes no es solo que no tiene nada que envidiar a los supuestos centros artísticos europeos, anglosajones o latinoamericanos sino más bien al contrario. Lo que está pasando por aquí desde hace rato me parece excepcional. Y no es una opinión solo mía, fruto de algún repentino nacionalismo exacerbado o de puro catetismo, lo hablo con gentes de diferentes pelajes, gentes que no paran de viajar, que no paran de trabajar fuera, y me dicen que piensan lo mismo. Pues yo no veo nada de eso, me decía mi amiga. Ya, porque está oculto, enterrado, despreciado, perseguido por quien debería y podría defenderlo. No se sabe muy bien por qué milagro, en unas condiciones tan duras como las actuales, hay tanta gente por aquí haciendo tantas cosas interesantes, apenas sin medios, sin espacios, sin lugares donde mostrar su trabajo, apartados de las programaciones de los principales escenarios, sin lugares donde formarse, sobreviviendo contra viento y marea. Pero lo hacen. A veces me pregunto si son mucho más interesantes precisamente por la situación en la que viven, si el apoyo a su trabajo les acabaría convirtiendo en esos creadores del norte bien alimentados, seguidores de las modas y de los gurus del momento, esos que me dejan indiferente. A este paso es más que probable que nunca lleguemos a descubrir qué pasaría si toda esta gente que nos rodea dejasen de ser invisibles. Quizá se convirtiesen en zombis, como suele pasar. Pero eso me parece que es darles argumentos a los que podrían revertir fácilmente esta perversa situación. Así que dejad que os cuente lo que opina Jonas Mekas de todo esto.

Jonas Mekas con la Orquestina de Pigmeos

Jonas Mekas es un prestigioso cineasta lituano afincado en Nueva York, a quien muchos no solo respetamos sino que admiramos. Tiene 94 años pero a pesar de su edad goza de una enorme vitalidad. Ha visto muchas cosas en su larga vida. Ha conocido a muchos artistas. Goza de un enorme reconocimiento. Este año le han invitado a la Documenta de Kassel, ha viajado por toda Europa, ha estado en las grandes ciudades, en los grandes eventos, ha viajado más que yo y ha visto muchas más cosas que yo. Eso seguro. Todas las opiniones deberían ser respetadas pero creo sinceramente que mi opinión debería tenerse en mucha menos consideración que la suya. Pues bien, al día siguiente de la conversación con mi amiga me levanté por la mañana y desayuné con la entrada que publicó Jonas Mekas en su videodiario, un videoblog que actualiza de uvas a peras. En ese breve vídeo, Jonas Mekas habla de su reciente viaje a Europa. Dice que ha estado en ciudades grandes, en eventos grandes y que ha visto cosas muy grandes. Y que está cansado de que todo sea tan grande, excesivamente grande. Pero cuenta que, afortunadamente, casi por casualidad, en Madrid, tuvo la oportunidad de asistir a un ensayo de lo que Nilo Gallego y Chus Domínguez, la Orquestina de Pigmeos, están preparando en las Naves de Matadero, junto a unas actrices rumanas no profesionales, para estrenarlo en septiembre (del 21 al 24). Y, muy emocionado, cuenta al mundo que ese ensayo es lo mejor de todo lo que ha visto, por lo menos, en el último año, que eso sí que es arte. Y a continuación explica lo que para él es el arte, el arte que le interesa, y es una definición que me pone la piel de gallina: simple, pequeño, personal, no pretencioso, que toca a tierra, conectado con la vida. Algo así, dice. Y eso Jonas Mekas lo encontró en un ensayo de Nilo Gallego y Chus Domínguez (y a continuación nos muestra un extracto de ese ensayo grabado por él mismo), la Orquestina de Pigmeos, perfectos representantes de todas estas gentes que llevan años haciendo cosas increíbles en el territorio de las raras artes con una milésima parte de los recursos y la publicidad que gasta el mediocre aparato artístico oficial. Mi amiga no los conoce, como muchos otros, y es una lástima, porque viven aquí, entre nosotros. Ahora Jonas Mekas ya lo sabe. El tema es ¿cuánto tardarán en darse cuenta los que parten el bacalao?

Es posible que no se den cuenta jamás. Pero es posible que hace tiempo que alguien se haya dado cuenta y se trate de una persecución sistemática. Es posible que, al igual que la persecución sistemática de los intelectuales que inició el franquismo a partir del famoso grito de “muera la inteligencia” (con el que Millán Astray interrumpió el discurso de Unamuno en la Universidad de Salamanca en 1936) puede que sea la responsable, ochenta años después, de la situación actual de las universidades o de la investigación en el Estado español (como defiende este artículo de Miguel de Lucas publicado en CTXT), la persecución e intento de eliminación de cualquier forma de creación artística que no responda a las directrices neoliberales imperantes sea algo perfectamente calculado.

El escritor Stefan Zweig cuenta en El mundo de ayer cómo una sociedad que tiene como bien más preciado el arte, la filosofía, alguna forma de espiritualidad, una aspiración de acercamiento a lo elevado en cualquiera de sus manifestaciones, proporciona a sus miembros una vida muy diferente de una sociedad que tiene como aspiración, y única meta, algo tan mezquino como el dinero, por ejemplo. Y pone de ejemplo a su Viena natal, antes de las guerras mundiales. Y también, por extensión, a la Europa que él conoció y vio desaparecer ante sus ojos. Una sociedad volcada en el arte, según él, da como resultado una sociedad que se vuelca en la vida, en vivir bien, en comer bien, en pasarlo bien, en disfrutar de la vida, en el amor. La persecución y exterminio que los nazis hicieron de quienes se dedicaban a alimentar una forma de vida cuyo valor máximo era el arte cambió para siempre la sociedad y la vida vienesa. Lo hicieron poco a poco. Cuando la mayoría quiso darse cuenta ya era demasiado tarde.

Vivo en la ciudad de Barcelona, esa persecución la veo aquí cada día, como la veo en la mayoría de lugares del Estado cuando viajo. No me parece casual. Me duele más en el caso de lo que algunos llaman las ciudades del cambio. Me parece una gran hipocresía cuando muchos de esos promotores políticos del cambio hablan del arte y la cultura como el motor del cambio. Sus actos, y los de sus aliados, delatan, en cambio, la gran oportunidad que estamos perdiendo, la gran traición que están cometiendo. Es una verdadera lástima que no sea Jonas Mekas quien dirija nuestras políticas culturales.

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