Entrevista a María Jurado y David Corral (Segunda Juventud) sobre Angelical

Tras la gran acogida de Spooky, su anterior trabajo, María Jurado y David Corral, quienes conforman la compañía Segunda Juventud, una de las agrupaciones más singulares y con mayor proyección del panorama escénico actual, estrenan Angelical en el Festival TNT.

Fernando Gandasegui: Hace dos años entrevistaba a María justo antes del estreno en Antic Teatre de Spooky, alrededor de la que os reunís trabajando por primera vez el equipo que ahora repite en Angelical: David Corral, Macarena Bileski y Manu-Pita Romero. ¿Qué ha supuesto Spooky para vosotras?

María Jurado: El estreno de Spooky fue un parto muy heavy. Me recuerdo saliendo del Antic diciendo, ¿qué acaba de pasar? A partir del estreno fuimos entendiendo en lo que se había convertido. Hasta entonces eran una serie de materiales que no tenían forma concreta. Ha sido una experiencia muy bonita el compartir junto con Maca, Manu y David. Hemos podido ir a un montón de sitios en España, algo que no nos había pasado antes, y ver cómo reaccionaba la gente. Tenemos muchas anécdotas, la obra nos ha dado muchísima vitalidad y nos ha unido como un grupo que dos años después se sigue manteniendo con cariño. Si bien es verdad que quizá Spooky llegó a su fin, yo la seguiría haciendo, sobre todo para la gente que no la haya visto. 

David Corral: Yo la siento como una pieza que, aunque fuera la primera, parece de transición hacia algo. La pieza fue como un sueño que se va concretando en su recurrencia. De Spooky han salido muchas herramientas y muchos links. Para mí además fue mi estreno en las artes escénicas, donde tuve la suerte de estar rodeado de estas personas. Spooky me sigue sirviendo como vara de medir, fue inaugurar una forma de trabajar.

María Jurado: Una forma de trabajar muy vinculada a la técnica, a la interpretación y a la creación en escena. Después de este tiempo somos conscientes de las posibilidades que hay en ese juego técnica/escena. Angelical ha significado la toma de conciencia de que podemos hacer otra obra con una serie de herramientas y técnicas que podemos nombrar y desarrollar. 

Entre Spooky y Angelical, María y David fundáis la compañía Segunda Juventud. ¿Cómo describís vuestros modos de hacer? ¿Cómo son esas herramientas y técnicas que decís provienen de Spooky y se consolidan en Angelical? 

María Jurado: En la entrevista que nos hiciste sobre Spooky, se nombraron algunas cosas que nos han dado claves para intentar acercarnos a ese lugar que proponemos y que creo tiene que ver con la plasticidad de la escena, con cómo se establecen relaciones entre la plasticidad de la técnica, la plasticidad del cuerpo filosófico, la plasticidad de los objetos… El ejercicio es traer cosas a escena y ver qué plasticidades generan, tenerlas en cuenta, escucharlas y trabajar con ellas. Al inicio del proceso de Angelical nos obsesionó mucho cómo intentar trabajar desde el materialismo.

David Corral: Trabajamos con cosas que se puedan ver y tocar o accionar para, en realidad, trabajar el tiempo. Nos gustan los tiempos raros que suelen empezar por cosas concretas. Aunque a veces manejemos conceptos o cuestiones difíciles de explicar, siempre intentamos encontrar símiles, traslaciones o portales objetuales y concretos. 

Con respecto al modo de trabajar el tiempo en vuestras obras, pareciera que instauran un tiempo quebrado, el tiempo del que tanto se ha hablado a partir de Derrida y Fisher, el tiempo de los fantasmas para los que el teatro, aunque a veces no lo parezca, siempre ha sido uno de sus escenarios predilectos. Los mundos del tiempo quebrado, entre otras cosas, pueden ser terroríficos. Después de ver Spooky, pero sobre todo después de ver Angelical en un contundente pre-estreno en el Mercat de les Flors, sentí un terror improbable de sentir en escena. ¿Cómo y por qué vuestras obras provocan esas reacciones? 

María Jurado: A veces siento que me gustaría ir hacia otros sitios, pero es como una especie de pulsión la de ir hacia esos lugares. Hay algo que me pide ir ahí para sostener ciertas cuestiones. Cuando pensamos la pieza y después entramos a investigarla, nos dimos cuenta de que hay algo que se genera con el público al intentar sostener juntos un lugar que te compromete. A mí me compromete con el público, me compromete cómo sostenerlo, me compromete cómo estar ahí, no siento que me abandone a nada, sino que me comprometo a sostener con el público algo y esos lugares del sostener son los que se vuelven un poco pesadillescos. No sé decir por qué son así, simplemente creo que la pieza exige mantenernos en esos lugares para llegar a una especie de intensidad. 

Angelical es una obra muy poética, a la vez que literal, es una obra muy rara en el sentido de que no podría definir lo que es directamente. Para mí es un ensayo filosófico muy poético, pero a la vez muy real, es onírico y cinematográfico. Siento que el estado de la pieza y el tiempo de la pieza llega a un lugar o se convierte en algo en lo que hay muchos matices posibles. Al final de la obra, creo que hay una metáfora de lo que es Angelical. Una figura inmóvil llegando a una imagen. Tú estás viendo la luz que hay en esa imagen que te hace ver un montón de cosas que no están sucediendo realmente, pero que parece que están sucediendo.

Creo que también hay algo de intentar ir a esos lugares de terror por nuestras referencias, sobre todo cinematográficas. Por ejemplo, el cine de Haneke, que es como el maestro para mí de darle la vuelta a un tiempo y que de repente el tiempo se te venga encima y señale al público. Ese jugar con un tiempo contundente para después hacer entrar al público. Esos juegos temporales y de peso me interesan y veo en qué referencias o qué cosas los tienen para acercarme a ellos. 

David Corral: Para mí ha sido un hallazgo ver cómo este tiempo quebrado o terrorífico hace que la escena se vuelva más plástica, en el sentido de que puedan aparecer monstruos, cosas horrorosas, que invitan a imaginar que pueda suceder algo al espectador y a nosotros. Seguramente hay gente que ha explicado muy bien esto de lo extraño o lo espeluznante, pero yo creo que en escena lo estamos haciendo sin saber decir cómo aún. Luego tú, María, me decías un día que ahora quizás te tocaba ser «la del miedo», que es algo que puedes hacer y está bien, aunque dudo que sea para siempre, pero de momento es así.

En el pre-estreno en el Mercat de las Flors hubo personas que salieron durante la obra afectadas, y otras lo estaban visiblemente al terminar, como tú misma María. ¿Cómo vivís estas reacciones y qué creéis que las provocan?  

María Jurado: Yo lo vivo y lo paso mal. Aunque estoy trabajando, entre comillas, es verdad que voy hacia lugares exigentes y que para mí son profundos también. A mí me encanta cuando me llevan a donde me quieran llevar, así que es lo que intento hacer cuando me toca. Durante toda la pieza se ronda el miedo, lo que acecha, pero llega un momento en el que aparece la crudeza dentro de ese lugar. Estamos cargados de algo irracional, y de repente aparece una crudeza salvaje. Yo lo vivo con miedo y tengo que separarme mucho de lo que estoy haciendo cuando por ejemplo tengo que hablar con la gente después de la obra. Yo confío mucho en los lugares a donde voy, por eso me tiro y voy, pero los vivo con miedo de representar lo que hago. Por eso no me gusta que vengan mis padres a ver lo que hago. Me quiero sentir libre. Luego vienen y todo bien, pero hay una parte de mí que sufre con tratar a la vez con cuidado a la gente.

 David Corral: Tus piezas cuestionan ideales presentados como tal y no como verdades, pero das herramientas para que no piensen que te estás autorrepresentando. Luego es inevitable no negociar con la tiranía de la autora de mundo autoportante que se representa constantemente. 

María Jurado: Entiendo que el trabajo despierte miedo, dolor o sufrimiento, porque son emociones que normalmente cancelamos o reprimimos. Entonces, es verdad que, joder, yo quiera explotar o cagarme encima y es normal que a la gente le despierte cosas. Para mí, el arte también tiene que ver con la emoción, no como metodología, sino como algo que aparece y te confronta, te informa y te remueve, sin que tenga que convertirse en terapia. 

En cuanto al cuerpo filosófico de la obra, también habéis dialogado con Walter Benjamin, Simone Weil o Julia Kristeva. Otra de las referencias directas es El Cielo sobre Berlín (1987) de Wim Wenders coescrita con el dramaturgo Peter Handke. El Cielo sobre Berlín retrata al Ángel de la Historia, de aquel preciso momento histórico, a través del personaje del ángel de Bruno Ganz. En 1940 Benjamin describe el Angelus Novus como un ángel que mira consternado las ruinas del pasado, pero que una fuerza irresistible llamada progreso lo empuja hacia el futuro sin permitirle detenerse a reparar el dolor. En 2026, Angelical dialoga con esta genealogía, proponiendo una relectura actual a partir de la figura de María. ¿Cómo es vuestro Angelus Novus y qué recorrido tiene en Angelical?

María Jurado: Cuando decidimos que la pieza iba sobre lo angelical, me acerqué a referencias como esta película. El Cielo sobre Berlín es una de las materializaciones del ángel contemporáneo. Lo angelical me interesaba como punto de partida para imaginar el ángel en nuestras vidas, el acercamiento del ángel al sujeto contemporáneo. Y desde este lugar realicé la comparativa con el ángel de la historia de Walter Benjamin. 

¿Qué ha cambiado desde el ángel de Wim Wenders al sujeto actual? Si al inicio de la película se escuchan los pensamientos de las personas de entonces, ¿qué pensamientos se escucharían hoy? Intentando acercarme al sujeto contemporáneo, notaba diferencias que marcan las personalidades de nuestro tiempo y que se han introducido en nuestras vidas, como el sujeto digital o la alienación de la vida. El ángel de la historia me hacía pensar también en el artista. Lo quise relacionar con una figura que me apela en cuanto a mi ambición y mis ganas de hacer esta pieza. El yo artista, el que se planta en escena a querer decir algo, el que se pregunta el para qué de lo que hace. 

Para construir este universo del sujeto contemporáneo, también me preguntaba por lo que tengo que reprimir. ¿Qué tengo que reprimir para ser el mejor ángel? ¿Qué tengo que reprimir para ser la mejor persona? ¿Qué tengo que reprimir para ser la mejor actriz?  ¿Qué tengo que reprimir para seguir queriendo crear a pesar de estar hecha una mierda? De ahí nació el anverso de lo angelical, que en este caso fue lo abyecto, lo que tenía que esconder o reparar para alcanzar mi ideal. 

David Corral: El otro día estaba trabajando con unas personas en algo relacionado a la frustración del éxito, y siento que últimamente ha habido interés o un lore en hablar sobre lo frustrante que es hacerse famoso en las artes escénicas. Esta obra también consiste en lo oscuro de eso. No tanto en hablar de la frustración de no conseguir convertirte en una persona exitosa o de realizarte, sino de la mitificación y la metaficción del éxito y del fracaso.  

¿Cómo lleváis todo este universo a lo concreto de la escena? ¿Cuáles son vuestras decisiones corográficas, plásticas, dramatúrgicas, etc.? 

María Jurado: Intentamos por un lado encarnarlo físicamente a través de mi cuerpo que luego se va relacionando con una puesta en escena que va respondiéndole y generando estados con el público. Hemos querido trabajar con objetos muy concretos. Uno de los lemas que dijimos al principio era que no queremos trabajar la escena desde lo burgués. Queremos ser directos en lo material, trabajar desde lo que se ve, desde lo que se hace, desde lo que dice, desde cómo se dice. Para nosotros es significativo que yo empiece en un colchón o que haya una gran H (que para nosotros es de Hollywood aunque la gente puede hacer sus lecturas) y las geometrías en el espacio entre esos dos objetos. Para nosotros había una idea potente a la hora de imaginar a una actriz llegando a Hollywood con las luces de Los Ángeles y a la mañana siguiente, esa misma actriz detrás de la H como, no sé, puesta de fentanilo. Imaginamos el reverso de la imagen de alcanzar una meta y de ver que la meta no es ningún lugar en concreto. Y quizás en esa imposibilidad de querer ser ángeles es donde está el sentido de nuestra obra. 

David Corral: Le dedicamos mucho tiempo a pensar qué tenía que estar en escena. Ha habido la misma dosis de exigencia que de capricho. No se ha querido poner algo para representar. Lo que hay en la escena podría ser incluso un desliz. Ha habido una retahíla de imágenes y objetos muy grande en el proceso. Todos estamos en el brainrot de imágenes, hemos cogido de muchos lugares sin querer que se convierta en un moodboard de nada. Hay un lore como de un backroom escénico. 

Luego ha habido un estudio minucioso y obsesivo del porqué de cada cosa, como mirar y pensar las imágenes de referencia, y el significado de las que producimos. Entro, por ejemplo, la cama de Tracey Emin, cuya transparencia e intimidad serían hoy impensables públicamente, ahora esa cama se contaría desde la austeridad burguesa. También trabajamos la noción de naufragio, de monumento o la de transparencia en arquitecturas como la de Mies van der Rohe.

Hace dos años preguntaba a María por sus referencias artísticas, pero ahora me gustaría hacerlo por vuestros alrededores inmediatos. ¿Cuál es vuestro contexto artístico y no artístico? ¿Cómo son vuestras interlocuciones? ¿Con quién dialoga vuestro trabajo? 

María Jurado: Con mis amigas aquí en Barcelona. (María se emociona). Siento que hay una sensación de pérdida bastante compartida. De estar en el momento en que nos preguntamos dónde está lo que nos habían prometido. Y sentir que aunque se vaya emborronando la sensación de futuro, todavía hay algo de querer seguir estando a pensar todo. Esta pieza nace de esas conversaciones con muchas amigas del contexto que nos encontramos un poco en el mismo lugar y que no sabemos dónde estamos depositando un montón de sentimientos. A nivel profesional, una de las personas de las que más he aprendido es Søren Evinson, alguien que me despierta interés por preguntarme sobre la forma de expresión que he elegido, y que es el movimiento, la acción o el estar en escena. 

David Corral: Igual es muy naif decirlo, pero para mí estar con Maca y Manu (diseño sonoro y luz de la compañía), ha supuesto un antes y un después, algo que es inseparable a la idea de amistad, de prácticas artísticas que desarrollas con amistades. También, aunque suene pelota, vosotros dos sois dos personas referentes para mí en las artes escénicas. Luego creo que cuando hemos estado haciendo la pieza, han venido los fantasmas de pensarla en el contexto, de cómo opera en la carrera de cada uno, entendiendo la carrera como un fantasma también, como algo que viene a verte y sobre lo que hay que pensar. 

¿Qué deseáis que ocurra después del estreno de Angelical? 

María Jurado: A mí me fliparía poder llevarla fuera y viajar mucho. Pero sobre todo creo que Angelical es una oportunidad para que mucha gente que no conoce nuestro trabajo lo haga. También necesito que nazca esto y que sea de otra gente y hablar de ello con otras personas. Pero también ya tengo ganas de hacer otra. Me encanta hacer piezas, disfruto mucho los procesos y los momentos previos. Aunque todavía estamos aprendiendo a hacer obras, estamos en la efervescencia del hacer. Siento que en Angelical se pueden ver más cosas que en Spooky, pero todavía se podrían ver más. Deseamos hacer más obras, deseamos seguir.

Fernando Gandasegui

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