Lucrecia Martel descubre el agua tibia

1 ARGENTINA

Entré al cine Gaumont de Buenos Aires para ver “Nuestra tierra”. El documental de Lucrecia Martel. La cineasta de Salta no es sólo una de las directoras más importantes del mundo, no sólo ha hecho películas inolvidables, sino que además se ha convertido en un referente como pensadora, como artista, como panelista, asesora de proyectos y rol model. Cuesta trabajo encontrar una cineasta tan respetada, tan querida y tan unánimemente valorada.
Llegué al cine muy ilusionado, soy uno de los tantos a quienes el cine de Martel nos fascinó.
Pero conforme la película avanzaba me causó un malestar, un profundo estupor, me dejó un sabor amargo. El público aplaudió al final de la función y yo me pregunté ¿Por? ¿De qué me perdí? ¿Me dormí? ¿Qué vieron que yo no vi? ¿Estoy mal?
Salí a las lluviosas calles un poco desangelado. Me senté a comer un asado e intenté pensar. Sin éxito.

No eres tú soy yo

Durante los siguientes días hablé con una buena cantidad de argentinxs. En general defendían la película y a mis preguntas desesperadas: ¿Qué pensaste o qué sentiste que no habías experimentado antes de ver la película? ¿Sabes algo más de Chocobar ahora? ¿No sabías que a los indígenas en TODO el planeta los han despojado de sus tierras? ¿No te parece que ya hemos visto suficiente los rostros de los indígenas en silencio? ¿Qué te pareció bueno más allá de la importancia de hablar del tema? Respuestas hubo muchas y muy variadas, seamos francos, no es fácil criticar a Martel en su cancha.
Varias personas apuntaban que en Argentina las cosas son muy diferentes que en México, que hay mucha gente que no sabe que existen comunidades indígenas, que muchxs literalmente piensan que no había nadie en ese territorio hasta que llegaron los barcos, que visibilizar a las comunidades con un gobierno como el actual es un acto subversivo en sí mismo..
Va. De acuerdo. Acepto sin conceder, pago por ver.

Según la IA

El documental parte del juicio que se realiza a los asesinos de Javier Chocobar, miembro de la comunidad indígena Chuschagasta, quien fue asesinado en 2009 por unas personas vinculadas a un proyecto minero que buscaban apropiarse de las tierras de su comunidad para su explotación. La película va entrelazando testimonios, archivos y la propia dinámica del juicio para mostrar cómo se cruzan la lucha indígena por el territorio, la impunidad y las tensiones entre desarrollo económico y derechos ancestrales.

Buenos y malos

La representación es, ha sido y seguirá siendo un territorio en disputa. Toda representación implica una edición, una perdida, un desajuste. El mapa nunca es el territorio y en el caso de la película de Martel, la directora busca plasmar una representación en la que el público entienda quiénes son las víctimas y quiénes los victimarios. Estamos frente a un melodrama, no en el sentido emocional del término, sino por la manera en la que despliega una trama moralizante presentando personajes estereotipados. En “Nuestra tierra” en todo momento sabemos quiénes son los buenos y quienes son los malos, la película busca activamente que los espectadores nos indignemos con lo que vemos, retratando de manera desfavorable a los perpetradores y a sus abogados mientras nos presenta positivamente a los indígenas.

El derecho a la complejidad

A las representaciones artísticas les exigimos complejidad. Ese es el valor artístico que prima en nuestra época (la belleza se discute, la poesía se cuestiona, pero no la complejidad) sobre todo cuando hablamos sobre la realidad, cuanti más cuando hablamos de la realidad de lxs demás.
Lo que Martel hace es plasmar una representación positiva de una comunidad, que acaba rayando en lo problemático por simplona. Pienso que parte de mi distancia con “Nuestra tierra” reside en que les niega a los representados el derecho humano a ser complejos. No muestra a los Chuschagasta como personas, porque ser persona significa (también) ser violento, estar de mal humor, ser grosero y contradictorio, caer mal. Pero no, en “Nuestra tierra”, pareciera que ser indígena es caminar por los cerros, tocar la guitarra, jugar futbol, trabajar en la ciudad un tiempo, tomar fotos y cortar flores.

Se ve y se siente

La película de Martel apunta la complejidad sin abordarla, no accede a la intimidad de quienes filma (por más que le abran el baúl de los recuerdos) porque da la sensación de que no tiene un vínculo real con ellxs. No accede a las personas sino a la idea que tiene de ellas. Lo que quiero decir es que “Nuestra tierra” no abre el espacio de la representación sino que lo clausura. Contribuye a reforzar lugares comunes que se han construido durante 500 años: el “indio silencioso”, eso de los habitantes de comunidades indígenas como seres introvertidos y misteriosos que miran en silencio mientras la cámara los escruta o aquello de las “vidas simples” que no es más que una proyección colonial.
La película presenta como descubrimientos procesos que han sido el pan de cada día en Latinoamérica en los últimos 100 años: la pérdida de los idiomas como parte de un plan de aculturación, la penetración y posterior adopción de la religión católica en la vida de los “pueblos originarios”, la relación entre las fiestas de las comunidades y las del Estado Nación, la influencia de la vida urbana en la subjetividad de las personas, etc.
Y desde luego que no es que esté mal explicar situaciones de las que se ha hablado mucho, pero no se… ¿así? tal vez es un tono lo que me hizo ruido.

Be humble, sit down

Humildemente pienso que uno de los problemas de la película es que usa el “tono humilde”, que Juan Leduc define como: una manera en el hablar que está bastante extendida en las clases medias, entre las cuales me incluyo, y que se utiliza cuando se habla con personas de estratos sociales más bajos. Es una especie de infantilización de la conversación. Qué es muy claro cuando uno va al mercado: “Hola marchanta, ¿cómo le va? Ah mire… qué bonito…” Es un tipo de conversación que disfraza de empatía la condescendencia.
Martel es consciente de que es blanca y privilegiada, pero ese entendimiento no es liberador sino opresivo, porque la hace acercarse a las personas con un respeto cargado de solemnidad, con una falta de naturalidad y una culpa que producen una película tensa y grave en donde la división entre el “ellos y el nosotros” se afianza, se fortalece, se consolida (hablaré más de esto al final).

Librazo

Siempre es buen momento para recomendar el libro “La invención del indio” de Natalia Majluf, que aborda las relaciones entre indigenismo, arte y tantas cosas más.

La edad de creer en esas cosas

Muchxs de nosotrxs descubrimos la injusticia, la inequidad, y esa rabia asociada al despertar político entre los 15 y los 25 años. En muchxs de nosotrxs ese descubrimiento se transformó en una toma de postura política a favor de ciertas causas y en contra de ciertas estructuras. Ese descubrimiento nos llevó a muchxs a vincularnos a distintas militancias, a trabajar sobre ciertos temas y de paso nos permitió darle un sentido a nuestra vida: querer cambiar el mundo. La emoción que se asoma cuando abrazamos una causa es enorme y el compartir eso con otrxs es una de las cosas más bellas. Con el paso del tiempo la temperatura baja y la perspectiva cambia. El día a día y el paso de los años re acomodan el entusiasmo y por lo general se transita de pedir lo imposible a intentar hacer realidad cambios más modestos pero más sostenibles.
Lucrecia parece (no lo se de cierto pero me permito especular en base a sus películas a sus entrevistas y a un poco de mala leche) que se pasó 50 años de su vida filmando a sus amistades en la pileta y hace 10 años tuvo el descubrimiento de la indignación, y hoy en busca del tiempo perdido, abraza esa causa con el fervor de la juventud. No tiene nada de malo tener un ritmo distinto al de la mayoría. Pero hay una especie de desacompasamiento entre lo que dice que esta película pretende hacer y lo que las películas realmente hacen. Porque no ha parado de hablar de que “Nuestra tierra” aspira a generar un cambio, empezando porque quiere que llegue a lo que antes se llamaba… las masas.

Arte para las masas

Pero si Martel se hubiera tomado en serio eso de llegar a un público más amplio, creo que hubiera tomado otras decisiones. Si quería que su película fuera vista por lxs niñxs en las escuelas de toda la Argentina, si quería que impactara la realidad y supongo que eso pasaría por salir del círculo en el que se mueven sus anteriores películas, tendría que haber hecho una película más audaz y no un documental tan ceremonioso y grave. Si quería querer lo que dice que quería, le habría tenido que cortar un buen cacho. Y sobre el uso de los drones… ella podrá decir misa, pero es que cualquier ejecutivo de plataformas le hubiera recomendado moderar un poquito su uso. Si quería llegar a otros públicos, creo que esta película no es la llave que abre esa puerta.
Porque “Nuestra Tierra” es en el fondo una película “artsy”. Una película que se moverá, sobre todo, en un circuito convencional para las películas de Arte, incluso cuando acceda al circuito comercial. Predicará a los convertidos y la veremos gente que sabemos desde hace siglos (lit) lo que la película nos viene a revelar. Nos indignaremos y condenaremos lo condenable y nos daremos palmadas en la espalda y sentiremos que hacemos algo sin saber exactamente qué.

Aún así

¿Por qué me dejó tan intranquilo de “Nuestra tierra”? No se. En el fondo con todxs sus limitaciones y tropezones, celebro que la película exista, aplaudo que se aborde el tema y celebro que Martel experimente un desplazamiento. No es que moleste que una película no esté, a mis ojos, lograda. Es otra cosa… no se… Y a todo esto ¿A mi qué más me da?

 

2 MÉXICO

 

Este texto comenzó cuando regresé a México y… ¡cual fue mi sorpresa al darme cuenta de que la gente, mi gente, estaba enloquecida con “Nuestra tierra”!. Ahí fue cuando pasé a la acción, es decir, a sentarme a escribir estas líneas que veo que se alargan cada vez más.

Pero lo que más me emputa…

Aceptando (sin conceder) que la película en Argentina les abra los ojos a lxs espectadores del Gaumont sobre la existencia del despojo sufrido por las comunidades indígenas. En México ese no puede ser el caso. No entiendo cómo para alguien en México esa película puede ser reveladora. No voy a empezar hablando de Zapata, ni Jaramillo, ni de Cabañas ni de una inmensa tradición de campesinos, muchos parte de comunidades indígenas, que fueron luchadores sociales y terminaron asesinados. Es que no veo cómo en el país del EZLN (¡el EZLN!) a alguien le parece que esa película le descubre… ¿qué? En el país de Cherán y de Samir Flores nos vamos a poner a aplaudir, como imprescindible una película cuya mayor aportación es dar cuenta de que las comunidades indígenas sufren despojos territoriales. En el país donde Yasnaya (por mencionar a alguien muy conocida) ha elaborado de tantas maneras y en tantos espacios las tensiones entre los pueblos indígenas y el Estado nación que los encapsuló, nos vamos a poner a aplaudir un “análisis” de alguien que descubrió que existían los pueblos indígenas hace 10 años e imbuida de la energía que da descubrir la injusticia ¡decidió irlos a filmar! ¿Estamos todxs locxs?

Tierra arrasada

En “Nuestra tierra” hay dos planos en los que vemos una manifestación afuera del juzgado. Lxs espectadorxs no tenemos elementos para saber qué tipo de manifestación es esa. No podemos intuir si es una manifestación más o menos espontánea o el resultado de años de organización sostenida.
Entiendo que existió una red de militancia que no solo acompañó el reclamo, sino que contribuyó de manera decisiva para que el crimen no quedara impune. Sin embargo, la película opta por borrar esta militancia sostenida y así esa multitud aparece des historizada, sin cuerpo político. Out of context.
Algo parecido ocurre en “Argentina, 1985”, de Santiago Mitre, en donde parece que los guapos abogados hicieron todo solos, mientras las Abuelas de Plaza de mayo quedan reducidas, si no recuerdo mal, a un plano en el que se las ve de espaldas.
Se configura así lo que Janet Melendez llama la poética de la omisión: películas que narran como si antes no hubiera habido nada, como si todo comenzara con su cámara. Cineastas que trabajan sobre tierra arrasada.

Peliculón

Siempre es buen momento para recomendar “Senda India” de Daniela Seggiaro, que hace un retrato de una comunidad Wichí a partir de usar el material de archivo que los mismos miembros de la comunidad grabaron como parte de un mecanismo para generar pruebas dentro de un juicio. En esta película se aborda por igual la vida cotidiana de la comunidad y la lucha por la tierra en el marco de un conflicto jurídico.

Meme

Durante los últimos meses Martel ha conquistado ciertos algoritmos y no han parado de salir entrevistas de ella convertidas en reels, tik toks y similares. Esos fragmentos se han viralizado de tal forma que han dado pie a memes como el que dice:

– ¡Esto es un asalto!
– Hay que suerte… pensé que era otra entrevista con Lucrecia Martel.

La sobreexposición produce un vaciamiento del discurso. No importa lo que se diga, las palabras comienzan a adelgazarse, a banalizarse. Lo mismo que pasó con Oliver Laxe (toda distancia y proporción guardada entre la lucidez de Martel y la espiritualidad de Laxe) pero ambxs se convierten en memes de sí mismxs. ¿Cómo era eso de McLuhan? Un círculo vicioso en que la visibilidad crece y más los entrevistan y más hablan y más se vacían… hasta que queda muy poco. Es obvio que este fenómeno no se puede preveer pero estamos en 2026 y la información circula como circula y para eso están lxs amigxs. Como nos enseñó el meme en que el gatito, con su garrita, agarra la mano del humano que está a punto de teclear en su computadora y le dice:

-it´s time to stop posting.

No es necesario hablar de todo

Creo que de los sellos y “las conversaciones sobre Nuestra tierra”, es mejor callar.

El traje de la emperatriz

Martel ha concedido infinidad de entrevistas sobre lo que ella pretende que haga su cine y anunciándonos que ha llegado el momento de la urgencia.
Pienso que buena parte del público está obnubilado por un personaje que aun con toda su brillantez ha hecho una película solemne y condescendiente. El éxito de “Nuestra Tierra”, en México por lo menos, representa el principio de autoridad actuando sobre la experiencia artística. ¿Pero no que íbamos a las salas de cine a pensar? ¿Si se acuerdan del experimento de conformidad de Solomon Asch? ¡Es que de verdad que no me entra! No puedo creer que en un país como México vengan a decir: is que mi gusti michi la fiti y cimi retrati a lis pueblis…. ¡Es que de veras! Y lo de la plusvalía que generan estos proyectos y quien la recibe eso lo hablamos luego… Pero ya por último (tráigame otra cuba por favor… sí, sí, así nomás pintadita) pienso que “Nuestra Tierra” es una película que a muchxs no les gusta pero nadie se atreve a decirlo… porque pareciera que no se puede criticar a Martel. ¿De verdad no se aburrieron? ¿Ni poquito?

Hablando en plata

Creo que la película me molestó por que se posiciona en un lugar que considero que no le corresponde, (aunque el misterio continúa ¿por qué me importa eso a mí?) es una película que se justifica, en todo momento, por la causa que defiende. Pero ya sabemos que las buenas intenciones nunca son suficientes y que Lucrecia vea hoy con urgencia la representación de un tema, no implica, que la obra contribuya a la causa que pretende apoyar. El documental después de dos horas y media, nos permite concluir que existe el despojo a las comunidades indigenas y nos muestra que hay intereses económicos que buscan ocupar los vacíos legales para quitarles sus tierras. Qué la justicia es de difícil acceso para las comunidades… pero que en este caso triunfó el bien. Ah Ok.

¿Alguien vio a algún Chuscha en alguna proyección?

Pero lo más desconcertante (y esto me lo hizo ver una amiga) es que le película parte de que hay dos mundos irreconciliables. Nos presenta una distancia infranqueable entre quien se sienta en la sala y quien aparece en pantalla, entre quien filma y quien es filmado. La película adolece del impulso de tender puentes y eso la vuelve profundamente conservadora, porque en el fondo se limita a preservar el estado de cosas existente. No existe una apuesta por el encuentro, aunque este sea efímero, lo que hay es la puesta en cámara de un abismo que se acepta como insalvable, inevitable.
En fin, “Nuestra tierra” se presenta como lo que no es, nos quiere hacer creer que hace lo que no hace, pretende traficar como descubrimiento el agua tibia.

Lázaro G. Rodríguez

Este texto se escribió en conversación con muchas amistades. Algunas (con mal gusto) que defendieron la película y otras (refinadas y sofisticadas) que me dieron cuerda para criticarla. A todas les doy las gracias por igual.

 

 

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Acerca de lagartijastiradasalsol

Lagartijas Tiradas al Sol somos una cuadrilla de artistas. Trabajamos en escena, hacemos libros, radio, videos y procesos pedagógicos. Desde 2003, empezamos a desarrollar proyectos como un mecanismo para vincular el trabajo y la vida, para borrar y trazar fronteras. Nuestro trabajo busca crear narrativas a partir de hechos de la realidad. No tiene nada que ver con el entretenimiento; es un espacio para pensar, articular, desplazar y desentrañar lo que la vida cotidiana funde, pasa por alto y nos presenta como dado. Las cosas son lo que son, pero también pueden ser de otra manera.
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