Entrevista a Natalia Fernandes

Natalia Fernandes presenta Objeto Não Identificado en el Mercat de les Flors del 13 al 15 de febrero, y con el código TEATRON se pueden comprar 2×1 entradas.

¿Qué es Objeto Não Identificado? ¿Qué verán las espectadoras este fin de semana en el Mercat de los Flors? 

La manera más sencilla de definir Objeto Não Identificado es como una obra que es a la vez un solo de danza y un concierto de punk. Esas dos cosas ocurren a la vez y en el mismo espacio, pero como público quizás veas una cosa u otra, ese es el juego de Objeto Não Identificado. La experiencia para el público es que siempre hay algo que se escapa a nuestra mirada, que vamos a ver o no, a identificar o no, dependiendo de lo que está en el centro, en la periferia o en movimiento. 

¿Cómo describes tu metodología Anatomía inventada y cómo se vincula con Objeto Não Identificado

Objeto Não Identificado es la primera pieza que nace de Anatomía inventada. Unas de las grandes herramientas que surgen de este método es la observación o las preguntas alrededor del cuerpo que se mueve. A través de la investigación en esta metodología, y gracias a Graner, tuve un encuentro con Marta Azparren, artista visual y escritora de Cine Ciego, una de las referencias estéticas y teóricas. De este encuentro surge una conferencia performativa que es como la prima hermana de Objeto Não Identificado, en donde hablamos mucho de los ojos, del movimiento de los ojos que observan y de la responsabilidad que tenemos a la hora de observar los otros cuerpos. Una de las cosas que abordamos en Objeto Não Identificado es que lo que vemos habla más de nosotras que del objeto que estamos viendo. O en palabras de Toni Morrison, que la definición pertenece a los definidores y no a los definidos. A partir de estas reflexiones y de esta responsabilidad que creo que tenemos que tener como observadoras no solo dentro del teatro, también fuera, es lo que nos llevó a tratar a las espectadoras como protagonistas de la pieza.

¿Qué operaciones lleváis a cabo para poner todo eso en marcha? 

Jugando con dos mundos escénicos muy diferentes sucediendo a la vez. Estos dos mundos, perspectivas, formas de vestir, maneras de habitar, cosmovisiones, funcionan a la vez en el escenario. Aunque no siempre están en diálogo, en búsqueda de una tercera visión de mundo, de un final feliz, coexisten, se pueden chocar. Pero el hecho de que coexistan, supone que el público tenga que tomar una decisión, que no tiene que ser consciente, de lo que se está viendo. En los primeros ensayos abiertos, algunas personas nos decían que a veces se olvidaban que yo estaba en escena bailando. Y bueno, es que muchas veces nos olvidamos de que hay mundos, personas, existencias a nuestro alrededor que no vemos. Para mí, ahí hay una provocación con la propia idea de la danza, del cuerpo que baila. Una resistencia a que un cuerpo siga bailando y existiendo aunque pasen otras cosas. Poner dos estéticas, cosmovisiones o maneras de ver el mundo muy diferentes en un único espacio es nuestro dispositivo para jugar con la mirada.

En la obra hay otra capa logocéntrica y textual, en lo que dicen los músicos, pero sobre todo en ese texto proyectado y voz en off que nos habla, entre otras cosas de “mundificar” o de la película de Hiroshima Mon Amour. ¿Cómo convive y opera esta textualidad a los otros lenguajes que comentabas antes?

Muchos filósofos y filósofas trabajan el mundificar desde perspectivas diferentes, pero nosotras hemos llegado a través de Federico Campagna, quien habla mucho en su libro Cultura profética, donde diferencia las formas de mundificar el mundo en función de nuestra mirada o de cómo habitamos el mundo. En el libro habla del concepto de canción-mundo, de cómo podríamos mundificar como una canción, con otras lógicas. Entonces siento que además de estos dos mundos, hay un tercero que es el que se comunica con el público. 

También es importante que durante el proceso hemos recogido a muchos pensadores y pensadoras brasileños que hablan de colonización, que no deja de ser un proceso en que una cosmovisión de mundo se impone a otra. En esto Brasil tiene sus particularidades. La antropofagia y el tropicalismo fueron clave para entender cómo dos lógicas diferentes del mundo empiezan a coexistir en un espacio. Para mí era muy importante que hubiera una lógica del cuerpo que tiene más que ver con el misterio, con un tipo de comunicación y de lenguaje, y no con el pensamiento hegemónico europeo occidental. Mi cuerpo, por ejemplo, está en escena y recoge coreográficamente elementos en relación a cuerpos brasileños, y por otro está la presencia de estos dos hombres blancos que vienen con sus guitarras, con la palabra, con la música, con la electricidad, que vienen como un mundo que domina. Entonces, obviamente, ¿cómo no van a captar nuestra atención? Es la forma hegemónica de comunicación, de conexión y de entendernos. Es difícil seguir atento a un cuerpo que está en una lógica mucho más misteriosa, que a otras como la palabra o la música a las que estamos más acostumbrados. 

En la obra te acompañan Iván Mozetich y Pablo Peña, los músicos que dan un concierto de punk-rock. Con Iván Mozetich además ya has colaborado en obras anteriores y mantienes un diálogo creativo sostenido. ¿Cómo os conocéis y por qué decidís trabajar juntas? 

Con Iván nos conocimos en la Escuela de invierno, que era un programa que organizaba La Tristura en Conde Duque. En mi solo anterior, que se llama El Carnaval no es alegre, Celso Jiménez de La Tristura hizo la asistencia dramatúrgica y al final del proceso Iván se unió. Entonces a partir de ahí nace nuestro diálogo y a lo largo de la gira empezamos a idear Objeto Não Identificado. A partir de ahí hemos comenzamos a trabajar en muchos frentes. Desde siempre me interesó mucho la relación entre cuerpo y palabra, Iván es dramaturgo y actor, viene del mundo de la palabra, hay algo que nos une para seguir trabajando. 

Eres artista asociada en Graner 2026/2027, ¿qué proyectas hacer durante estos dos años?

Mi idea es seguir investigando y colectivizando la investigación de Anatomía inventada. Ahora en abril, si todo va bien, vamos a publicar el primer libro de Anatomía Inventada junto con la editorial Disbauxa, lo que será un gran paso para la metodología. 

A la vez con Iván Mozetich ya estamos empezando a diseñar el nuevo proyecto en el que seguiremos investigando la relación entre cuerpo y palabra a través de distintos relatos, porque nos interesan mucho las ficciones que se generan alrededor del cuerpo. Va a ser un proyecto donde vamos a invitar a cuatro escritores y escritoras para trabajar sobre un cuerpo que baila. Es un proyecto en teoría con un formato más pequeño que Objeto Não Identificado, pero a la vez habrá cuatro cosmovisiones muy diferentes creando un único cuerpo. Tendrá un proceso extenso de mucha comunicación con distintas formas de pensar y describir. También haremos otros proyectos junto con la propia institución que estamos planeando y empezando a dibujar.

En Objeto Não Identificado se intuyen influencias y diálogos con otras artistas escénicas, musicales y pensadoras, ¿cuáles son las referencias de la obra? 

Fue increíble abrir un diálogo con Pablo Peña, un creador muy amplio en sus capacidades para hacer música y también como performer. Luego también está la relación con Marta Azparren, con la que hemos hecho una conferencia performativa que se verá este año otra vez en Barcelona, y con la que dialogo tanto escénica como teóricamente, y con quien seguramente sigamos haciendo proyectos juntas. Tanya Beyeler de El Conde de Torrefiel ha sido nuestra asistente dramatúrgica, haciendo un acompañamiento súper importante que abre nuevos caminos. Cris Blanco me interesa mucho y es una persona que está cerca de nuestros intereses, pensando en posibles voces para el nuevo proyecto. 

Para mí también la literatura y el pensamiento filosófico me ayudan a llegar a artistas o formas de hacer que luego me van ampliando mucho la mirada hacia lo escénico. Ahora por ejemplo estoy totalmente loca con Michel Nieva, un argentino que escribe ciencia ficción y que de repente me abre un mundo nuevo y que me hace pensar lo escénico desde otro lugar.

Después de estrenarse en Conde Duque, Objeto Não Identificado llega al Mercat de les Flors, ¿cuál es el futuro de la obra por el momento? 

Después de estas tres funciones en el Mercat no sabemos nada más. Estamos esperando a ver cuál es el futuro, hemos estrenado en los dos teatros coproductores y ahora entramos en un trabajo de distribución, que es un mundo nuevo para mí. A ver qué pasa.

Teatron

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Olga Mesa: «La luz es el origen de algo que percibimos y que está conectado con nosotros»

Olga Mesa presenta Una Mesa Propia (danza de manos) en la Sala Ovidi Montllor del Mercat de les Flors el sábado 17 y el domingo 18 de enero a las 19h (descuentos 2×1 con el código TEATRON). Entrevistamos a la veterana coreógrafa asturiana afincada en Estrasburgo, codirectora de la compañía Hors Champ // Fuera de Campo junto a Francisco Ruiz de Infante, para que nos hable sobre este trabajo estrenado justo hace dos años en el Centro de desarrollo coreográfico nacional POLE-SUD de Estrasburgo, un solo en el que el vídeo y la cámara operada por la propia artista vuelven a jugar un importante papel en escena como en otros trabajos de su larga trayectoria, que se remonta a los años noventa en Madrid, junto a otras coreógrafas de su generación como Blanca Calvo o La Ribot.

Tu madre, Marián Suárez, asturiana como tú, era poeta. En 2020, durante la pandemia, en el confinamiento, comenzasteis un ritual de conversaciones diarias y lecturas alrededor de la biografía de Isadora Duncan y de poemas de tu madre. De ahí salió un primer vídeo de este proyecto que pudimos ver en el Mercat de les Flors durante el festival Sâlmon del año de la pandemia. La danza de manos ya estaba ahí. Háblanos un poco de esa danza de manos y de cómo surgió.

Efectivamente eso surgió en el contexto de la pandemia, en el cierre planetario que tuvimos, en mi habitación-estudio, en Auberive (Haute-Marne), porque yo vivo entre Estrasburgo y Auberive, un pueblo chiquitito perdido un poco ahí en la naturaleza. Empezó este diálogo con mi madre, efectivamente, a distancia, porque en este contexto yo no pude estar con ella. Ella vivía sola, estaba con una enfermedad y fue como poner en marcha un dispositivo de comunicación diaria con ella con una perspectiva de crear una actividad a través de la lectura, que fue lo primero. Conecté rápidamente, comencemos a hablar de qué libros de cabecera podríamos utilizar y ella me dijo que tenía la biografía de Isadora Duncan. Y eso me hizo reír mucho porque me dije: bueno, esto se lo ha inventado. Pero no, parece que lo tenía por ahí cerca. Ella tenía una enorme biblioteca. Mamá era poeta y periodista, tuvo una carrera como periodista muy importante, en Asturias.

¿Periodista cultural?

Hizo el periodismo que ella quiso hacer, que eran artículos de opinión, páginas de poesía… Hizo proyectos periodísticos y tuvo la suerte de tener La Voz de Avilés y directores de periódicos en Asturias que creyeron mucho en ella y le dejaron mucha mano libre para poder crear realmente proyectos: entrevistas, viajó por España, hizo muchas cosas. Y de hecho le dieron el carnet de periodista al cabo de los años, ¿sabes? Por toda la trayectoria. Y su poesía fue desarrollándose. Fue motor importante de Jueves literario, junto con otros poetas, de un concurso de poesía, el Ana de Valle… Fue una feminista muy importante. Empezó desde joven con movimientos de amas de casa, cuando la Transición, queriendo realmente que la mujer se colocara en una situación consciente del nuevo periodo que se abría para España a nivel político, del papel de la mujer, que tenía ahí la responsabilidad… Hizo miles de cosas. En este diálogo, volviendo al principio, empezamos con las lecturas y rápidamente yo me inventé esta danza de manos pensando que, después de la lectura, había una segunda parte más lúdica y una parte donde yo quería que ella también se conectara con su cuerpo. Y entonces una cosa llevó a la otra, y eso fue muy interesante también. Tras la lectura cerrábamos con esta danza de manos. El ritual era que yo le daba unas indicaciones y le daba la posibilidad de elegir una música. Y entonces lo que pasó fue que rápidamente yo cogí la cámara. Lo hacíamos simultáneamente pero no nos veíamos. Yo ponía el teléfono y escuchábamos la música juntas, lo que duraba la pieza de Bach, cinco minutos.

¿El segundo movimiento de la Suite para orquesta número 3 en re mayor, el que sale también en esta pieza que presentas ahora?

Teníamos dos músicas, esa y otra de Ryuichi Sakamoto, que le gustaba mucho este compositor japonés y lo había visto en directo en La Laboral de Gijón. Pues así comenzó. Y fue muy curioso porque yo rápidamente comencé a grabar nuestras conversaciones. Luego comentábamos impresiones tras las lecturas y las danzas. Había días que estábamos más cansadas. Se iba modulando eso en función de sus energías. Pero fue un ritual que duró largo, dos meses casi. Ella rápidamente se dio cuenta de que yo estaba grabando. Yo le decía: espera un momento. Y ella me decía: ¿qué estás haciendo? Y entonces le digo un día: estoy grabando lo que hablamos, mamá. Y ella me decía: ¡ya estás trabajando!

¿No se lo habías contado?

No. Porque yo tampoco era muy consciente de qué iba a pasar. Yo intuía que se estaba creando un espacio de trabajo. Y yo ya estaba escribiendo. Fue muy intuitivo todo. Y entonces ella me decía: bueno, tú ya sabes que yo siempre he querido hacer algo juntas. Esas cosas de las madres: bueno, ¿cuándo vamos a hacer algo juntas? Y yo me reía y le decía: cuando llegue, cuando llegue. Esa fue una manera muy íntima, esa salida. Surgió la oportunidad, luego, en Asturias. Me llamaron. ¿Te acuerdas de esas cosas que se hacían con los artistas confinados? El Principado de Asturias solicitó, a los artistas que quisieran, mandar algún tipo de experiencia, de memoria de lo que estuvieran haciendo en ese periodo, y entonces decidí al final que hacía el vídeo y que lo mandaba a Asturias. Así empezó. Y lo que pasa es que luego mucha gente se interesó por el vídeo. Mi compañero Francisco Ruiz Infante me ayudó en el montaje y yo vi que estaba empezando un proyecto desde un lugar inesperado, en un momento único. Luego no he querido tampoco hablar mucho de esto de la pandemia y el confinamiento porque es algo intrínseco en el proyecto y luego ha ido evolucionando.

Después de ese primer vídeo el proyecto evolucionó hacia una instalación que presentaste en la LABoral Centro de Arte de Gijón.

El vídeo tuvo un recorrido en forma de instalación, un poco porque se ampliaron textos: hice un texto de instrucciones para la danza de manos que se ponía en grande. Luego estuvo en Teatros del Canal, en Madrid, y luego de forma solo proyectada en el festival Sâlmon. Tuve varias invitaciones, como una online con Óscar Dasí en La Caldera (ahí había conversaciones). Osea que tuvo distintas presentaciones pero cuando realmente aterrizó como instalación fue en la retrospectiva que me dedicó el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC) en 2023, comisariada por Nekane Aramburu.

Y el siguiente paso fue dar forma a un nuevo dispositivo escénico, el que se estrenó en Estrasburgo en 2024 y que presentas ahora en el Mercat.

Lo que a mí me interesó cuando yo quería dar el paso de lo filmado al espacio real, lo que intuí es que, de alguna manera, siempre había hecho casi a la inversa: desde el espacio real he construido con la cámara, he lanzado narrativas de la cámara a partir del espacio real. Y me llamó mucho la atención porque de repente me dije: ¿y cómo, a partir de aquí, puedo aterrizar en el espacio? Bueno, lo que aterrizó en el espacio fue que me acompañaron, por supuesto, los poemas que yo había seleccionado ya. Mi mamá tenía una antología y yo hice una selección de dos poemas, Siglo XXI y El sueño de la razón, que en realidad son dos poemas de una época en la que ella estaba más ficcionada, son poemas donde entra la ficción. Y a mí me interesó mucho ese periodo de su poesía. Por ejemplo, en El sueño de la razón ella se imagina el libro de El despertar de Kate Chopin, que era para ella un libro importante en el que la protagonista termina suicidándose en el mar. Y mi madre dice que si hubiera nacido hace tantos años hubiera salvado a la protagonista. Cambia un poco la historia de ese libro y la salva. Ella dice que la salvaría. Todo eso me inspiró mucho de cara a empezar a desarrollar también una dramaturgia en el espacio real, en la instalación, pero curiosamente aterrizaron objetos que yo tenía en la película como materiales más presenciales, a través de los objetos y de los sonidos. Yo quería seguir filmando y quería seguir haciendo y salir a hacer una película al espacio exterior. Pero algo me pasó que entendí que yo tenía que aterrizar en el espacio real y empecé a interesarme en visualizar todo lo que estaba filmando, en bruto, sin montaje, sin entrar a edición, como ventanas que se abren y están en bucle ahí. Y empecé a construir una narrativa en el espacio con estos materiales visuales. Como surgió la retrospectiva, la comisaria que me iba siguiendo con este trabajo fue la que un poco me dijo: bueno, vamos a ver, la retrospectiva muy bien pero es interesante que pueda haber también algo presente de lo que estás haciendo ahora. Es decir, que no nos quedemos solo con una revisión del pasado. Y entonces esta instalación aterrizó, estaba incluida en un espacio no visible en el que podías entrar por detrás y sentarte en un rincón y ver el origen, esta película que mostré en el Sâlmon. Y luego estaba todo este espacio con otras visualizaciones de ventanas, con una especie de constelación espacial en el suelo, con objetos, con ventiladores, que respiraban… Y, bueno, un poco lo que yo ya estaba apuntando de cara a una futura performance, una futura creación ya con el cuerpo, que fue lo que vino después. Yo sabía que quería continuar con ese material para volver a la caja negra. La idea era llegar, a través de la película, a una dramaturgia escénica, que era para mí como hacer un recorrido a la inversa de lo que en otros proyectos yo había hecho.

Esos sonidos, esos ventiladores que respiran, me hacen pensar en algo que has dicho sobre esta pieza que presentas ahora en el Mercat: “invito al espectador a ver el aire que nos eleva, el aire que nos expande, el aire que nos acerca a la luz cegadora que me obsesiona”. Háblanos de esa obsesión.

La luz cegadora yo creo que es siempre el punto de partida de la mirada, de la visión, de lo que capturamos a través de nuestros ojos y esa relación también de lo visible con la luz. Y que de alguna manera una luz cegadora para mí se convierte también en la otra cara. La luz cegadora es quizá la oscuridad. Eso es una manera de hablar también de lo no visible, de lo oculto. Y muchas veces esa luz cegadora apareció ya, por ejemplo, en Solo a ciegas o en El lamento de Blancanieves, donde yo ya estaba obsesionada un poco filmando. En la película, un poco escondida en un laberinto de cartón en escena, se veía la luz pero no se veían las imágenes, se veían después. Las filmábamos y se veían luego en una segunda parte. Eran las explosiones de la bombas atómicas de Nagasaki, Hiroshima. Luego había también una película de Chris Marker, que tenía como unos recorridos bajo tierra en periodos entre guerras y de repente aparecían como pequeñas explosiones de luz. Y es, como siempre… Hay un ruido ahí, Rubén. ¿Tú oyes ese ruido?

A ver si es el ventilador de mi ordenador. Espera, que cambio el móvil de lugar. ¿Ahora bien?

Ahora bien. Es una obsesión en el sentido de que siempre he estado buscando esta cuestión, a partir del fuera de campo, de lo que cuestionamos, lo que vemos, lo que capturamos y lo que está al alcance también de nuestra visión, o lo que está al alcance pero no vemos. En fin, desde muchos lugares, es la cuestión. Y la luz cegadora, de alguna manera, es como una alarma también. Para mí la luz es algo que me obsesiona porque me tiene muy atenta y es como conectarme también con esa posibilidad, no sé si de otras dimensiones pero en realidad la luz es el origen de algo que percibimos y que está conectado con nosotros. Es un poco metafísico esto que digo. Cuando escribo esos textos… Claro, son un poco poéticos. Estoy utilizando ahí cosas que me hacen conectar con mi manera también de mirar y de relacionarme con lo que veo. Y son obsesiones que son recurrencias que están presentes y a lo largo no solo de esta obra sino de muchas otras atrás, y que aparecen con distintas presencias. Pero siempre, ya verás, en esta obra también, la luz ahí no deja de ser una indicación para a dónde miramos pero es también como una fuente de, yo qué sé, de conocimiento, de vida, de calor. Y también, cuando es cegadora, depende de la intensidad de esa luz, puede convertirse en un peligro, claro.

Esa mesa propia del título (aparte de ser un juego de palabras con tu apellido) ¿es la de Virginia Woolf?

Sí, claro, claro. Porque con mi madre apareció Virginia Woolf por ahí. Yo tenía Las olas y apareció Una habitación propia porque íbamos nombrando y aparecieron varias y, entre ellas, Virginia. Virginia cogió mucha presencia, aunque no entramos en su lectura directamente pero creo que seguro que en algún momento yo le comenté algo de Las olas y ella tenía muy presente a Virginia Woolf, la ha tenido en su biblioteca como a tantas otras. Y ahí sí que, efectivamente, apareció el referente de la mesa y el de la habitación de Virginia.

En otro texto tuyo sobre la pieza leo que “aquí el cuerpo operador tendrá la misión de revelar al espectador nuevas dramaturgias espaciales, que serán concebidas para interrogar la presencia del cuerpo como lugar transitorio de una posible memoria colectiva – cada vez más presente”. Cuéntanos más sobre esta última cuestión.

Ayer le dejé un mensaje a Tomàs Aragay que le decía: vas a ver una obra que es muy espacial. Realmente creo que una de mis otras obsesiones en el trabajo escénico es la caja negra, es el espacio, y la manera que el espacio… ¿Ese ruido? ¡Un ruido tremendo!

¿Ha vuelto el ruido?

Parece una cisterna. ¿Tú no lo oyes?

No. Eso deben de ser las ondas de internet.

Sí, desde luego. Me voy a mover. Igual soy yo. Venga. Sí, digo dramaturgia espacial porque, de alguna manera, en el recorrido que el cuerpo hace en esos espacios, hay una parte que es a través de una cámara que está filmando y que lo que filma se proyectará solo más tarde. De alguna manera es un movimiento y realmente se va transformando el espacio a través de cosas que van sucediendo en tiempo real y cuestionando los objetos que ilumina. Por ejemplo, he decidido, que donde se cuelgan los focos está todo vacío y solo tenemos un foco allá al fondo, que es una luna, y que aparecerá como luna al final, creando toda unas sombras en el espacio. Y todos los demás objetos luminosos vienen de abajo, de la tierra. Van todos al contrario, en vez de ir de arriba a abajo van de abajo al cielo. Entonces es como que de alguna manera esa constitución de los espacios van creando para el cuerpo una experiencia, que espero que llegue al espectador, desde el cuerpo operador, porque siempre se trata de poder dar al espectador la experiencia de ver lo que está viendo el cuerpo en el espacio escénico.

El cuerpo operador eres tú con la cámara, ¿no?

Soy yo con la cámara principalmente pero también ese cuerpo operador, aunque no tenga la cámara, está dentro del espacio viendo y activando los espacios y entrando en esos espacios que está activando. Es una construcción que es más casi desde dentro -que es el cuerpo quien las activa- que desde fuera con una dramaturgia desde una régie donde tienes la luz o tienes el sonido… Es importante lo que produce el cuerpo dentro a nivel sonoro, de presencia, que no es tanto ya hablar o cantar pero es su presencia, caminar, desde cosas básicas, respirar. Es como esa presencia que está ahí dentro. Eso coge cuerpo, coge forma, a través de la dramaturgia sonora. Se amplifica, se expande, pero se conecta con lo que está sucediendo, que no es como la banda sonora solo sino que realmente el cuerpo está ahí dentro de ese universo. Porque el cuerpo está viendo desde dentro lo que quiere dar a ver a fuera, al espectador. Ahí entra el dentro y el fuera, una conexión que es muy particular porque ya está en muchas obras anteriores, que de alguna manera es una necesidad que yo tengo de que la existencia de lo que damos a ver al espectador en el espacio escénico sea una experiencia del propio cuerpo dentro de lo que está haciendo, de su recorrido.

Todo esto forma parte de un proyecto en el que ha habido un vídeo, una instalación, ahora una pieza escénica, pero también tienes la intención de que acabe en un mediometraje durante este año: Shooting The Waves.

Sí, estoy ya en ello, Disparando las olas. La idea es cerrar el ciclo con una obra audiovisual, fílmica, mediometraje, más larga, entre veinte y treinta minutos.

Las olas ¿por Virgina Woolf?

Sí, claro. Ahí sigo. Las olas total. Y disparándolas, que no sé cómo se dispara a una ola pero, bueno, yo quiero dispararlas.

Con amor.

De alguna manera, el homenaje, la relación con mi madre, que es el motor del proyecto, y la poesía y las mujeres también que nos inspiran, las mujeres que han sido importantes en nuestra vida, y también esa mirada al mundo a través de la escritura y la poesía… Shooting The Waves es lo que cierra. Salgo al espacio exterior, todo está filmado en exteriores. Voy a Asturias, a mi tierra, voy a hacer allí varios rodajes. Ruedo aquí en Auberive, en Estrasburgo, y ruedo en Montemor-o-Velho, que es un sitio donde acabo de estar en residencia y donde toda mi trayectoria ha tenido mucha presencia en su festival Citemor. Y la idea es que hay lugares que recuerdan a lugares, como pueden ser carreteras o playas, lugares a los que volvemos a lo largo de la narración pero que no son el mismo lugar, que uno corresponde a aquí -bueno, aquí no tenemos mar en Estrasburgo-, otro a Asturias y otro a Portugal. Y hay una localización también que es un teatro en cada sitio. Pero es un teatro vacío donde voy a hacer un rodaje con invitados. Es el espacio exterior el que va a cerrar este ciclo.

Espero que lo podamos ver por aquí. Y, si no, habrá que ir a Citemor a verlo.

Se estrena en Citemor a principios de agosto.

Rubén Ramos Nogueira

Una Mesa Propia (danza de manos) de Olga Mesa / Cia Hors Champ // Fuera de Campo, se presenta en la Sala Ovidi Montllor del Mercat de les Flors el sábado 17 y el domingo 18 de enero a las 19h (descuentos 2×1 con el código TEATRON).

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Haikus de vodevil

Haikus* de vodevil**

*Los haikus son poemas muy cortos, tienen solo tres versos

 y normalmente hablan de temas relacionados con la naturaleza

 o la vida cotidiana que pasa en un lugar y un momento muy concreto.

**Comedia frívola, ligera y picante, 

de argumento basado en la intriga y el equívoco, 

que puede incluir números musicales y de variedades.

Mònica Muntaner y Rosa Muñoz se presentan como dos bailarinas de largo recorrido, y efectivamente es lo primero que se percibe en su último trabajo Coplas i haikus de mares i amors, una propuesta en la que se respira una autenticidad absoluta de dos artistas que saben lo que quieren y desde dónde quieren experimentar la escena; algo que creo solo el tiempo y la experiencia te puede otorgar. Y me pregunto: ¿cómo pueden conseguir algo así? Trabajar desde ellas, sin contaminarse de todo ese imaginario colectivo que nos persigue todo el tiempo y del cual parece imposible escapar. Muntaner y Muñoz lo han logrado; trabajando por varios años desde sus más auténticos intereses y gustos, desde su amistad y desde esa vivencia que comparten en la actualidad: la de cuidar a sus madres mayores, la de vivir un duelo sin que la muerte haya llegado aún; consiguiendo así una práctica de lo imposible de la cual nace este vodevil contemporáneo que se presentará los días 2, 3 y 4 de mayo en la sala PB del Mercat de les Flors.

Es Sant Jordi, me ha tocado presenciar un ensayo en la Nau Ivanow una semana antes de sus próximas funciones. Me parece un gran plan para celebrar ese día, en la intimidad  del trabajo de estas dos bailarinas y escritoras también; porque si bien el cuerpo es su herramienta de trabajo, la palabra, la plasticidad de la palabra, está presente todo el tiempo, viajando entre el catalán y el castellano, entre el canto y la conversación, entre textos de otres y de ellas, entre ese espacio en el que estamos y todos esos otros que abren y abren sin parar.

L’ àvia cadira

Trenca sabates d’espart

Ja no recorda

 

Blau marí els ulls

La mare que respira

Obre la porta

 

Oblit de paper

Empremta perduda

La mare xiscla

La sala de trabajo es pequeña, Mònica y Rosa justifican el espacio, aunque realmente no me representa ningún problema, la pieza la sostienen ellas y el goce y la complicidad que te transmiten mientras trabajan: mientras presentan un número detrás de otro. Es esta una pieza llena de cortes que va y va y va; pero que te lleva, muy bien acompañada, con ella.

Palitos de madera que exploran la sonoridad del espacio, de los objetos. La permanencia de la acción y la acción pasajera y sutil. El cuerpo que suena, la jota, el folklore; el baile de palos. El ritmo, la fuerza, el humor, el chiste y la canción: ¡y qué bonito cantan! ¡Y cómo hacen vibrar las palabras! Y vestidas con un mono de trabajo bailan o hacen abdominales.

Y los muertos aquí lo pasamos muy bien

Entre flores de colores

Y los viernes y tal, si en la fosa no hay plan

Nos vestimos y salimos

Se viene un intermedio, ese espacio que no es ni pasado ni futuro, algo así explica Muntaner. Se han vestido de negro, un look más rockero que les sienta muy bien. La cosa se transforma, la manera de estar es otra, el dúo se compone diferente, con otra presencia… es más dúo: más Faemino y Cansado, más Los Torreznos, más Accidents Polipoètics; más Mónica y Rosa. Todo es aún más artesano: momentos hechos de vivencias recolectadas y zurcidas cuidadosamente entre gestos corporales.

La mare molla

Menja pa de civada

Recull miquetes

 

De pluja groga

Plata, paper i fulla

Morirà de nit

Mi madre murió hace poco más de un año y antes de ir a verlas temía un poco por las fibras que pudieran tocarme, no fue problema alguno, todo lo que ahí sucede es blando y acaricia. Soy mexicana y entre esto y el sutil bache generacional que compartimos me pierdo de algunos de los referentes; en realidad Mònica me lo hace notar, yo no le había dado ninguna importancia, de todo se han apropiado de tal manera, tan bien amasado, que no te sientes fuera nunca; al contrario, despierta curiosidades. Compartimos el mismo espacio/tiempo: El Destape y Ágata Lis me tocan igual.

El ensayo termina y hago el ejercicio de visualizar lo que he visto en el Mercat de les Flors, qué ganas. Les pido pistas sobre la iluminación para facilitar la tarea, me cuentan, como si siguieran dentro de la pieza: Son luces austeras, a tono con lo que nos gusta, a tono con el resto de la pieza. Los cambios al principio son muy sutiles, la luz cambia y tú no te das cuenta de que eso sucede. Es una luz abierta, gracias a la cual se nos ve todo el rato, estamos ahí, está con nosotras de una manera clara, no disfraza nada, no es nada teatral.

La segunda parte cambia, igual que el cambio del trabajo, nos inspiramos en ese cañón de la vedette, ese foco que está muy presente en el espectáculo del show hacia afuera o televisivo. Ese cañón nunca se trata de una manera literal porque nosotras no lo somos. Está inspirado en un cañón que da brillo a la persona, pero tiene otra función, está desplazado, se trata con colores atrevidos. En esta segunda parte hay un giro, algo se rompe en relación a la primera parte. Todo esto que te contamos de manera muy sencilla, sin grandes cambios, sin efectos.

És víric, és cítric, és cínic, és crític, és nítid; no és ètic, no és tètric, no és crític… només és poètic. 

Anabella Pareja Robinson

*Entradas 2×1 para la obra con el código TEATRON

Imagen de Mila Ercoli

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Cher: cavar hacia adentro

Juan Carlos Lérida presenta su nuevo solo Cheren el Mercat de les Flors del 4 al 6 de abril dentro del ciclo ‘radical d’arrel’. Dentro de este ciclo también veremos a otras artistas como Laila Tafur, La Chachi o Laia Santanach.

¿Cómo ha sido la colaboración con La Gonzálo, la dramaturga?

Yo conozco a La Gonzálo porque entro en una aula del instituto y en aquel momento se cruzaban las alumnas que salen con las que entran. Vi unas castañuelas encima de la mesa y digo: «¿esto de quién es?». Y La Gonzálo me dice que son suyos y le digo que ella es de teatro, que por qué lleva unas castañuelas. Otra alumna dice: «Porque ella nos dirige el texto con las castañuelas». Eso me pareció maravilloso. Supe que era de Alicante y que había hecho Danzas Boleras. Al día siguiente bailamos una improvisación juntas y lo primero que hizo fue cogerme la cara y aplastármela, como si ella estuviera viendo al demonio. Luego, Albert Boronat me invitó a ver a una alumna suya que hacía una sesión de dramaturgia con cartas de tarot. Y también era ella. Yo noté muchas casualidades, quería ser acompañado por alguien joven desde hacía tiempo. Para mí es importante ponerme en conversación con alguien joven. Empezamos a trabajar y empezamos a hablar mucho sobre lo no-binario y lo trans. 

Usas mucho la palabra afinación.

Cuando empecé el proyecto hace dos años, estaba trabajando sobre el concepto de la afinación en los cuerpos desafinados. La danza tiene algo del «estar afinado» como obligatorio y yo siento que me voy desafinando. Es una palabra que ya llevo tiempo utilizando, ahora se ha puesto de moda la palabra afinación. Luego está Cher y el autotune como una herramienta que afina las voces. Eso me hizo saltar la pregunta: ¿Qué será lo que afina los cuerpos desafinados? Ésta fue la primera hipótesis. Lo de Cher es un juego, la palabra es ‘cariño’ en francés, también es una ciudad francesa. Y la cantante, usó el autotune que hasta entonces servía para ocultar las voces desafinadas como una muestra artística y mira lo que supuso. No porque fuera la creadora del autotune sino porque lo llevó al mainstream.

¿Cuál es la lógica del autotune y cómo la aplicas a tu práctica de movimiento?

El autotune es la primera herramienta para buscar petróleo y el petróleo es el lugar del capitalismo. Aquí estamos con algo que va hablar del capitalismo. Me di cuenta que para ir a la afinación, tenía que profundizar en mí y buscar en mis muertos. El petróleo son fósiles. Yo me fui para abajo y empezó a emerger el flamenco de una manera que hasta ahora no había emergido. Era fácil. Hay algo que he encontrado en cómo se afinan los cuerpos desafinados y es: haciendo las cosas fácil y complejas, no complicadas. Ha aparecido en mí una parte del flamenco que sale no como una mala hierba sino como algo que tenía escondido desde hace tiempo. 

El autotune entonces también es cavar hacia dentro…

He dejado que emerja. La obra se divide en tres partes, es un espectáculo de variedades: petróleo, fuego y explosión. Coge un coche, estalla contra un petrolera y deja que todo prenda fuego. Explotar es proyección, es algo que se expande como mi cuerpo en la pieza. Se expande, se multiplica, no se reduce, todo lo contrario. Y en todo ese multiplicar, han salido cosas que yo no tenía tan a la vista. Me maravilla que en vez de estar pivotando sobre un destino, de un lado a otro, estoy en un lugar que es vibración. Es difícil explicarlo, vivido está. Con La Gonzálo hablábamos mucho de la auto-mitología. Yo me rendí a escarbar en mí, a mi familia gitana, a mi abuelo. O por ejemplo, la cosa de la batería. Yo no sé tocar la batería, he aprendido con YouTube. Yo allí prendo fuego, algo profético. Yo quería desaparecer, era uno de mis objetivos escénicos, y creo que lo he conseguido. Aparezco de otra manera.

Mientras algunos artistas del Flamenco Contemporáneo están muy ocupados en su deconstrucción a ti te veo más ocupado en deshacerlo y derramarlo.

Yo tengo el tiempo, es decir yo pulso. Yo no sé tocar la batería pero voy a tiempo. Y en esta obra, yo quería trabajar con lo teatral, aparecen diferentes personajes. No es una narración lineal, o quizás una línea no lógica para este plano. Pero quizás sí para otros planos de realidad. Y curiosamente el último tema habla del futuro. Yo creo que la ficción nos permite tener un tiempo no lineal. Nombrar el futuro lo hace existir. 

Me estoy acordando mucho de Belial. Se repiten muchas palabras. Ya te la presentaré.

Que nos encontremos entre distintas generaciones es algo maravilloso.

¿Cómo relacionas lo marica y Lgtbi con lo flamenco?

El flamenco es muy normativo. Esto tiene que ver con lo que te atraviesa. Pero lo dorado del Flamenco es que también le cabe lo popular. Cuando ves a alguien que no está formado pero se mueve, chapoteando en el charco, para mí eso es vida y a ellos les revierte. Me parece muy poco fértil discutir sobre si eso es flamenco o no. Eso es experiencia y eso se ve. Te recomiendo ‘Historia Queer del Flamenco’ de Fernando López, donde saca todo lo Queer que no se ha tomado como referencia en la historia de la construcción del flamenco. Yo en su momento no tuve tantos referentes, siempre tuve que representar las imágenes masculinas como la única opción. Yo me acerqué a la Danza Contemporánea porque es la puerta de entrada para poder encontrarme con Cher y maridarlo con lo que yo aprendí del flamenco.

¿Quién quieres que vaya a verte en tu espectáculo?

Tengo mucho interés en que vengan personas jóvenes. Público que le interese lo escénico pero también lo performativo. Gente que le interesa lo que parece muy aparentemente formal junto a lo que está destrozado de formalidades. Y creo que hay un público joven que busca eso.

Sara Manubens 

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Cos de so

El Mercat de les Flors estrena un nuevo ciclo del 15 al 23 de febrero. Cos de so es una tentativa para incluir prácticas sonoras en relación con el cuerpo y la coreografía, unas prácticas que cada vez salen más del ámbito visual o incluso literario, pero que cogen más relevo dentro del mundo de la danza. Es a través de las sonoridades corporales que podemos construir coreografías y experiencias de movimiento, más o menos performativas y que producen partituras, ambientes, poemas o incluso conciertos. Pero lo más relevante es que estas propuestas parten del cuerpo, es a través de él que se articula toda una investigación sonora que es a la vez coreográfica. Sonido y movimiento, que a veces parecen lejanos y que no se tocan, comparten en realidad un mismo lugar de origen: la anatomía. La composición o relación estructural entre las partes tiene un papel clave, puesto que puede organizar e incluso dramatizar ambos instrumentos.

Este ciclo se articula a través de tres propuestas artísticas de las artistas Oscar Bueno, Park Keito y Anna Fontanet. Apoyatura de Oscar Bueno parte de la combinación entre sonido, imagen y cuerpo y entiende las relaciones entre estos tres elementos de forma coreográfica. Bueno articula desde hace años diferentes proyectos alrededor del sonido, donde investiga sobre la visualidad de aquello musical. Para hacerlo utiliza recursos como el dibujo, el collage, los objetos escénicos y también el cuerpo. El papel del cuerpo en la construcción de los paisajes escénicos es próximo al cuerpo de músico: un cuerpo que dialoga con un instrumento y despierta imaginarios. El artista trabaja en la materialización y derrota de estos imaginarios a través del artefacto teatral. Propone también una relación ecológica entre elementos escénicos (es decir, cómo estos elementos pueden nutrirse entre ellos). Con todo, una experiencia escénica entre el concierto y el teatro, un lugar para escuchar pero también para mirar. 

Park Keito presenta Rokatei, una pieza que se vertebra a través de los poemas cortos de Takahide Nishiwaki. La relación con los elementos naturales y el ser humano, presente en estos relatos breves, despliega inevitablemente el concepto de paisaje. Un paisaje es complejo, pleno de relaciones ecosistémicas y de estructuras en constante cambio. Es la relación de necesidad entre los diferentes elementos de un paisaje la que provoca cambios en cadena, afectaciones y por tanto cambios en las arquitecturas. Park Keito explora en escena cómo el cuerpo, el objeto, el sonido y la palabra pueden relacionarse con diferentes intensidades, creando paisajes específicos que modifican el espacio escénico. Un espacio, por cierto, donde el cuerpo tiene un papel no jerárquico respecto a los otros elementos teatrales. Es así como esta colaboración entre bailarina y músico (una relación histórica) acontece un diálogo entre disciplinas, al servicio la una del otro y como si se besaran, habitan juntas un terreno húmedo y fértil.

Anna Fontanet trabaja en N.A.N. la relación entre el sonido, la luz y el movimiento a través de decisiones coreográficas tomadas a través de la inteligencia artificial. Fontanet genera ritmos respiratorios insistentes pero de diferente temperatura, que bien podrían hablar de experiencias de vida, pensamientos, políticas. Estos ritmos salen del cuerpo y vuelven a él, un aparato fonador y vibratorio que compone pequeños fragmentos de vida. La experiencia queda suspendida en un presente indefinido, a punto de acontecer paisaje pero todavía no. Previo a él, una atmósfera insistente e incierta, donde las plásticas vocales y corporales son protagonistas.

Sara Manubens

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Søren Evinson: «El trabajo del artista es el de la acotación»

Søren Evinson estrena Vanity Poverty Revenge en el Mercat de les Flors con Irene G. Ontiveros, Bastian Ponce y Bea Fernández en escena (30 y 31 de enero y 2 de febrero). Además, el estreno se acompaña de un programa expandido donde tendremos la oportunidad de volver a ver sus dos piezas anteriores, A Nation is Born in Me y Just Desire, dos solos que el propio artista defiende en escena (1 y 2 de febrero).

Nos encontramos con Søren Evinson de buena mañana en un día soleado. Se presenta con un dulce. Preparamos café para acompañarlo. Sin haberlo planeado, comenzamos hablando sobre los encargos artísticos.

Søren Evinson: El mundo está acotado. Ya hay algo ahí afuera que tú tienes que, de alguna manera, cercar, evitar o seleccionar. Me salvo de decir la palabra elegir porque no creo que sea una cuestión de elección. Es una cuestión de relación, con lo que tú quieres ponerte en relación o con lo que tú puedes ponerte en relación. No es tanto de elección, es más de selección. Y creo que es una diferencia importante porque justamente la elección tiene que ver con el consumo y la selección tiene que ver con el pensamiento. Yo creo que a nivel artístico también. Tú decides con qué te pones en relación. Pero hay un mundo ahí afuera. Y el mundo es tenebroso, el mundo es extremo. ¿Con qué, de ese extremismo y tenebrosidad, tú, como artista, quieres ponerte en relación?

Rubén Ramos Nogueira: La cuestión es la abundancia, ¿no? Porque a veces no se puede elegir entre demasiadas opciones y ahí es donde, si da la casualidad que las únicas cosas que te proponen no son las que tú querrías, tienes dos opciones: decir que no o volverte creativo para conseguir que eso se acerque a tus propósitos, intentar que los proyectos que llevas dentro se ajusten al encargo, ¿no? Es que hace poco una amiga me decía que eso ha pasado siempre, que no te agobies cuando recibes un encargo, que yo a veces me agobio porque pienso si es lo que yo quería hacer o lo estoy haciendo sólo porque me han hecho un encargo o me han dado una beca. Y me decía: no te pongas así porque esto lleva pasando desde el Barroco.

En relación con la abundancia, ese es el trabajo del artista, de nuevo. El trabajo del artista es el de la acotación, el de la limitación, de dónde limita y de cómo mira y a partir de qué empieza a construir algo. Ese es el trabajo. El trabajo no es que te venga una empresa o una institución y te diga haz esto sobre esto y te haga ese trabajo de limitación. Uno tiene que ver la limitación y la limitación tiene que ver con muchas cosas, formales y estructurales también, arquitectónicas incluso. Dónde estoy presentando este trabajo, ¿no? Estoy presentando este trabajo en un teatro, con una arquitectura muy específica y con unas connotaciones muy específicas: históricas, culturales, sociales y económicas. ¿Cómo estoy mirando eso y cómo lo pongo en relación? Y también espaciales, más allá de arquitectónicas: el escenario donde yo pongo eso, el espacio donde yo trabajo eso. Y qué decisiones tomo yo en relación a ese espacio. Ese es gran parte del trabajo. Y, en este caso, es un trabajo con cuerpos, tanto el mío como el de otros. Y en ese sentido es un trabajo instalativo, es un trabajo coreográfico que se encuentra en las intersecciones de lo performático, de lo coreográfico, de lo teatral y del edificio teatral, pero que no es ninguna de esas. La práctica que yo hago, como la de tantos otros artistas del mundo de esta cosa llamada las escénicas, es un trabajo que está en las intersecciones de todas estas cosas pero que no es ninguna de ellas. Porque no es performance lo que yo hago. No, no es performance, ni tampoco es danza ni tampoco teatro, porque estos títulos están totalmente desfasados por la historia. La modernidad es otra cosa. La modernidad antecede a la categoría. Esas categorías ya instaladas no pertenecen a la modernidad. Y eso no es ni siquiera una cuestión de intención, es una cuestión de contexto. Estamos en un contexto que, cuando tú estás trabajando y estás intentando no reproducir ciertas categorías, ya inmediatamente estás instalándote en otro lugar que no está definido por una nomenclatura.

Pero para eso tiene que haber una voluntad de no incluirte en esas categorías.

Definitivamente. Una voluntad de no reproducir ciertas cuestiones. Eso no quiere decir que tú no te relaciones con las convenciones. El trabajo de Vanity Poverty Revenge definitivamente se está relacionando extraordinariamente con las convenciones. Incluso con convenciones con las que yo, hasta el momento, no me había planteado. Y una de esas convenciones es la casa de la danza. Yo me estoy relacionando con esa convención, me quiero relacionar con esa convención. Y, en ese sentido, el trabajo, formalmente, es, de largo, el trabajo más coreográfico de todos los que he hecho en mi vida.

¿Pero eso es así porque es un estreno producido por el Mercat de les flors?

En gran parte. Sí. He querido atender a esa realidad de la danza. No por una voluntad de legado o de historia de la danza ni ninguno de estos temas alrededor de la danza que la danza inspira y la danza produce, la danza en cuanto institución también y la danza en cuanto a artistas, pero sobre todo creo que en cuanto institución, a esta cuestión del legado. No es tanto eso como lo que comentaba antes, que tiene que ver con escuchar los límites que se ofrecen o aparecen: el espacio, el contexto y la historia de ese lugar. Estoy tratando de relacionarme formalmente, artísticamente, hasta cierto nivel, con la cuestión institucional de dónde estoy. Y eso se traduce en diferentes cuestiones formales del trabajo. El trabajo de Vanity Poverty Revenge es un trabajo donde el público está sentado en un lado y la escena está en otro, para empezar. Y luego hay todo un trabajo formal que contempla la cuestión de la danza como nunca me la había planteado antes.

Mmmm.

Te sorprende esto, ¿eh?

No, no.

Te lo pregunto a modo de curiosidad, a ti, Rubén.

No. Es que cuando has dicho lo de la danza…

Porque la discusión, perdona, podría ser: yo entro en el Mercat de les Flors y digo: voy a abrir el espacio, voy a hacer una cosa totalmente diáfana, el público va a estar de pie merodeando por el entorno, incluso no voy a hacerlo en la sala MAC, voy a hacerlo entre el hall y el bar y las escaleras y la sala y… No, no he planteado nada de todo eso y he hecho un escenario central, con una platea de butacas, con un aparato lumínico, de sonido, con un equipo, también, al uso, unos intérpretes, una diseñadora de luz, un diseñador de sonido, un coordinador técnico, un sonificador, un vestuario… Todas estas cuestiones, utilizando los medios productivos de que dispone una producción de este tipo. También en cuanto a la comunicación. Pero, bueno, ese es otro tema, quiero decir como que tú y yo estamos aquí ahora sentados hablando de esto, ¿sabes?, a pesar de que tú lo hayas propuesto. Porque los medios de difusión están siendo… Ahí el control que puedo tener como artista es muy relativo. Pero no me quiero meter por ahí porque es como un berenjenal.

Ah, pues a mí me interesa.

No, si te interesa, hablemos.

Así debe ser, ¿no? O sea, que no puedas controlarlo.

Sí, a ver, esta es la gran discusión, la cuestión de cómo no ya el artista sino el individuo genérico ya se ocupa de su propia comunicación, se le espera en esa comunicación también.

En estos últimos tiempos, pero antes no era así, ¿no?

Pero también tienes muchas maneras de ocuparte de eso, de decidir qué haces y qué no haces.

¿Pero te preocupa? ¿Crees que es algo importante que forma parte del trabajo? ¿Es una prolongación del trabajo?

Es una provocación más que una prolongación. Una provocación que uno debe decidir si atiende o no atiende. Y en ese sentido, para mí, es un lugar hiperproblemático. Lo digo a nivel personal, más allá de lo político y global del tema, reduciéndolo a mi persona. La cuestión de la comunicación, de la difusión de uno mismo, me gustaría decir que me la tomo como un juego y que enarbolo mil juegos a través de ella, pero tampoco es verdad. Ojalá, en cierta manera. Aunque yo creo que las redes, y no digo las redes sociales sino las redes metafóricas en las que uno se queda atrapado… Creo que el juego con la promoción de uno es un terreno muy muy pantanoso para la psique, las emociones y el bienestar de uno y de los demás.

Estrenas Vanity Poverty Revenge. ¿Cómo conectas en esa pieza la insurrección en las calles, la rabia, la impotencia y la total falta de esperanza, la hipermedicación de las sociedades, los sin techo y el desmantelamiento del espacio público con la moda y la alta costura? Sé que te interesa la moda pero esta conexión me llama la atención.

Moda-producción cultural. Hago esta conexión porque… ¿cómo no interesarse por la moda? Y digo moda-producción cultural, la industria cultural, porque la moda es un lugar de estetización de la cultura y de la producción cultural y de lo que nosotros miramos y en lo que nos reflejamos. Esto por un lado. Como en los cincuenta podría ser el cine. Hoy en día, me aventuro a decir esto, nos estamos mirando en la moda más de lo que nos miramos en Hollywood, en Netflix y en los videojuegos. Estamos más ahí que nunca. Y creo que, con la moda, hay motivos (no pretendo hacer un estudio sociológico, tampoco podría) inherentes a la cuestión de la mirada. Personalmente estaba interesado en la moda desde antes de entenderlo, desde antes de saberlo. Mi madre me ha teylorizado mi manera de vestir desde muy pequeño. No de una manera, como uno podría imaginarse, en plan cliché de: niño, así no vas a ningún lado. Bastante más sofisticado, invitando y sugiriendo, e inspirando también, y siendo modelo para mí, tanto ella como mi padre. Los dos han sido personas que han mirado mucho cómo se vestían. He vivido mucha moda en mi primer círculo y me he cultivado en cómo vestir y en cómo no vestir, etc. El trabajo es un trabajo artístico que se pone en relación a una serie de cuestiones y que se pregunta una serie de cuestiones formales alrededor de esa relación. Estoy trabajando con tres performers y hay todo un trabajo de vídeo. En el vídeo salen los tres performers, básicamente. Hay una especie de ampliación, de proyección, de los cuerpos que están en escena a los cuerpos que están en el vídeo.

¿No es un vídeo en directo?

No, es un vídeo ya hecho, preeditado, que, seguramente, no te lo puedo decir aún pero hasta cierto punto va a estar editado en directo, mezclado y trabajado en directo. Pero es un vídeo ya grabado y producido, una serie de materiales videográficos, más que un vídeo. Digo esto porque iba a decir que el trabajo se sustenta mucho sobre el cuerpo de los intérpretes, o de los performers.

Que son Bea Fernández…

…Irene G. Ontiveros y Bastian Ponce. El trabajo a nivel de cuerpo, de organización de espacio, incluso de respiración, de mirada, de locución, de texto, de sonido, está ensamblado a través de relaciones espaciales y afectivas en las que se cruzan ciertas cuestiones que tienen que ver con esto, con la rabia, con la impotencia, con la total falta de esperanza. Y que en sus poses, en sus manierismos, que es una palabra muy tricky, los intérpretes corporeizan, se formalizan, a través de maneras de llevarse, de transportarse en el espacio, de relacionarse con el espacio, que vienen informadas por diferentes cuestiones que tienen que ver con el tratamiento del cuerpo de uno, con el tratamiento del espacio, con la hiperconsciencia de la mirada del otro y de la de uno mismo o la cualidad transportadora del cuerpo de uno mismo, que es una cosa muy de mercado, de cómo uno se transporta. Más que cómo uno se desplaza cómo uno se lleva. Hay todas estas cuestiones dentro del trabajo que dan cuenta o proponen al público también una manera de mirar y de pensar en lo que está viendo, y que tiene que ver con estas cuestiones que me preguntabas al principio.

A parte de estrenar Vanity Poverty Revenge, en esa misma semana el Mercat de les Flors te dedica una retrospectiva de tus trabajos anteriores, que son dos trabajos en los que tú siempre aparecías solo en escena. Es la primera vez que vas a trabajar con más performers en escena. ¿Qué es lo que te ha llevado a colaborar con ese equipo precisamente, a pasar de trabajar solo a trabajar con esas tres personas?

A mí me gusta mucho trabajar con otra gente. Y con estas tres personas, concretamente. Me gusta mucho trabajar con ellas. Eso es a un nivel hiperprimario, dejando de lado las relaciones más o menos largas que tengo con estas tres personas, de gran intimidad con las tres y de confianza, que se han ido construyendo. Sentimentalismos a parte, es muy diferente trabajar yo solo en escena que trabajar con otros cuerpos, y dirigirlos, y no estar yo en escena. Es muy diferente y extrañamente similar. Y es muy extraño que sea tan similar porque, de hecho, lo que está pasando es que he cambiado de medio, de mi cuerpo al de los demás. Eso es un cambio de medio. No es que estuviese haciendo escena y ahora esté haciendo escena, es que yo estaba trabajando con mi cuerpo, secuenciando, editando, laburando a través de mi cuerpo para conseguir un artefacto y ahora estoy haciéndolo con otros materiales que se da el caso de que son cuerpos. Y en esa relación las preguntas son de muchos tipos. Primero de todo, me siento muy cómodo trabajando con mi cuerpo, a muchos niveles, aunque es un palo tremendo trabajar con el cuerpo de uno mismo. Porque la exigencia de lo que demanda al cuerpo la construcción del trabajo es muy grande. Y qué gusto salir del cuerpo de uno para no tener que estar con la triple exigencia de estar construyendo algo, pidiéndoselo al cuerpo y teniendo una tercera mirada propia sobre lo que uno está construyendo. Entonces, yo me he desquitado primero de todo de la triple exigencia y he pasado a una doble exigencia. Eso es un cambio enorme. Pero hay una cuestión ineludible, en el momento en el que uno está trabajando con el cuerpo de los otros en escena, que tiene que ver con la explotación. Es curioso que nos preguntemos tanto por la explotación del cuerpo en escena, que es una pregunta muy importante, pero que, por otro lado, cuando estás trabajando, no nos preguntemos tanto por, por ejemplo, la explotación del diseñador o diseñadora de luz, como creador, como director. La pregunta sobre la explotación de los diferentes ámbitos de lo que es la construcción de una pieza no se vuelve tan urgente como la referente al cuerpo del performer. Y me pregunto por qué. Y obviamente hay respuestas rápidas que se pueden dar pero igual es interesante quedarse con la pregunta. No es posible evitar una situación en la que tú diriges a gente sin explotación. Hay explotación. Incluso podría pasar (no es el caso) que haya gente en el mismo proyecto que gane más que tú. Luego podemos hablar de cuánto dinero gano yo en relación con el trabajo que he hecho. Pero en términos absolutos yo soy el que más dinero gana dentro de mi proyecto. ¿Cuáles son las condiciones de explotación? Porque explotación va a haber. ¿Cuáles son las condiciones de trabajo? ¿Cuáles son las negociaciones que uno establece con las personas con las que trabaja? A un nivel muy técnico y a un nivel más ambiguo, de relación, de cómo uno se relaciona y de cómo uno comanda un proyecto, cómo te relacionas con las tareas y propuestas que das. Y, ahora sí, centrándonos en los intérpretes, cómo negocias con los intérpretes, cómo diriges, cómo impones, cómo acotas los materiales que ellos generan, cómo haces repetir, qué exigencias pones a la gente, cómo utilizas el lenguaje y el cuerpo en relación al otro, de qué manera les hablas, qué tipo de palabras utilizas para hablar del trabajo y de todo. Cuando comemos juntos, por muy guay y divertido que sea, yo tengo decisiones capitales sobre cómo ellos van a estar en ese trabajo todo el tiempo. Creo que es una pregunta constante en la relación con el otro en un contexto de explotación.

Tú has estado en el otro lado porque tú comenzaste en esto como intérprete para compañías de danza, ¿podríamos llamarlas así?

Sí, pocas compañías de danza, una muy concreta, empecé trabajando con Andrés Corchero y Rosa Muñoz, Raravis, y ese fue mi primer trabajo profesional.

¿Qué te movió a pasar de ese papel de intérprete a crear algo para escena? Y, además, algo que no entiende precisamente de disciplinas, donde se mezcla el trabajo con el cuerpo, con la palabra o incluso con el canto. ¿Qué es lo que te movió a pasar al otro lado?

Conecta con cómo hemos abierto esta conversación, con la cuestión de la agencia, de decidir tú cómo limitar las cuestiones, de investigar en tus propios términos, de acercarte a la realidad, al hecho artístico, bajo tus propios términos. Decidir qué pensar y qué hacer. Creo que tiene que ver con esta cuestión a un nivel muy primario. Y esto creo que estaba muy desde el principio, incluso mientras estaba estudiando, antes de trabajar con las diferentes artistas, o coreógrafos, con los que he ido trabajando. Digo esto porque he trabajado con artistas, para performances, que no eran necesariamente gente de la danza, y en trabajos muy inspiradores también, trabajos que me han aportado mucho pero que no dejaban de ser los proyectos y las decisiones de otros, en los que yo me he metido mucho, que han funcionado tremendamente bien, y otros de los que he salido tremendamente escaldado. No importa si tremendamente bien o tremendamente escaldado, lo importante es que en ninguna de esas cosas estaba yo limitando eso.

Tú naciste en Barcelona. Lo digo porque mucha gente cree, por tu nombre y apellido, que no eres catalán. Te formaste en Barcelona pero luego también te fuiste a Londres. Y fue a la vuelta de esos años londinenses cuando estrenaste la primera de las piezas que podremos ver en el Mercat. ¿Qué encontraste en Inglaterra?

Por un lado me reconecté, aunque suene un poco trascendental, con la facultad de pensar. Y qué significa pensar en un contexto de arte. Y pensar tiene que ver con esa cuestión de la que estamos hablando continuamente hoy que es en relación a y contextualmente. Y podríamos decir, muy esquemáticamente, que eso es pensar críticamente. No pensar en un vacío, en una cápsula, sino pensar en relación. Esto de aquí, esta forma de allá, cómo construyo, cómo empiezo a indagar más en mi posición respecto a esta cuestión de la realidad. Y, luego, paralelamente, cómo estoy formulando algo artísticamente que habla con esa cuestión que estoy pensando por este lado. Esto es una de las cuestiones que pasan en Londres. Pero lo que motivó a emprender mi propio trabajo… eso ya pasó antes, pasó en Barcelona. Pasó cuando yo estaba haciendo mucha música en Barcelona y tenía muy abandonado lo escénico, la performance, porque cuando estaba en el Institut del Teatre veo que toda esta cuestión de la escena más convencional, dominante, de las categorías ya establecidas, no me interesa por muchos motivos. También lo veo muy difícil entrar ahí, no entiendo bien cómo entrar ahí sin pasar por unos aros que no me interesan. Y, luego, por otro lado, cuando me voy a Londres yo no tengo mucha consciencia de cuál es el otro entorno, si es que lo hay. Y sí que lo había, mucho más mínimo, mucho más underground, no soy ni siquiera muy consciente, apenas yo sabía de la existencia de La Poderosa, por ejemplo. Yo no conocía a artistas que me interesaran, yo no tenía referencias de nadie fuera del teatro, que es lo que yo había estudiado. Yo no conocía todos estos nombres que circulan y que circulaban en 2007 o 2008. Yo no sabía quién era Angélica Liddell, ¿sabes?, por decir alguien. No sabía. Haciendo música, que me encantaba, que me podría haber ido perfectamente por ahí, mi hermana me pone un programa en la mano y me dice: mira qué interesante. Y me lo leo, y son cincuenta páginas de un máster. Es muy personal, pero te lo voy a contar. En ese momento mi hermana está pensando ir a Londres para estudiar un máster. Y yo creo que lo que pasa ahí es que mi hermana se dice a sí misma que de ninguna manera quiere irse allí sola. Entonces me dice: Søren, engánchate con esto y vamos juntos. Y yo digo: vamos. Hago todo el proceso, envío la convocatoria, me voy a Londres, tengo unas reuniones, tengo una especie de audición donde presento trabajos, me tengo que inventar trabajos que no tengo porque no estaba haciendo nada, y entro. Y, cuando entro, de repente mi hermana no puede ir por un tema de papeles porque no han pasado sus papeles de nacionalidad española. Y como no es ciudadana de la Unión Europea va a tener que pagar el doble de tasas y no tiene ese dinero. Lo que era mi hermana intentando arrastrarme a Londres se convierte en yo yéndome a Londres solo. Pero ya con ese deseo de crear solo. No sé si todo esto es muy interesante… La otra cosa que sucede en Londres es que, una vez que termino el máster, que dura un año (pasé seis), pienso: ya que has venido te quedas. No haces pum-pum sino pum y pum-pum-pum-pum-pum. ¿Eso fue buena o mala decisión? En muchos sentidos, qué mas da. Pero saqué mucho de ahí aunque fue muy duro. Pero yo me tiré los cinco años restantes colaborando con bastante gente, trabajando con algunos artistas como intérprete y luego, sobre todo, colaborando de forma muy descolgada de las estructuras. Y, en ese sentido, experimentando en gran medida una libertad creativa, de investigación, con una sensación de que, uala, nadie me puede parar en lo que quiero hacer.

¿Parar?

Nadie me puede parar, puedo ir a donde quiera, puedo hacer lo que quiera. Con los medios que tengo, nadie me puede parar. Incluso, en un momento dado, tomamos un edificio. No fue una ocupación. Hablamos con el dueño del edificio. En un tiempo en el que estaban traspasando negocios quedó ese edificio vacío. Nos hicimos una residencia y ahí estrenamos un trabajo que… Es igual, no quiero dar nombres ni referencias, pero esa sensación de trabajar sin bisagras, hacer cosas sin nada que te sujetara, sin red, de alguna manera. Ahí pude explorar mucho, conmigo mismo, con el cuerpo, con lo que quería hacer, con el público.

A Nation is born in me, la primera de tus piezas según un orden cronológico, parte del auge de los movimientos nacionalistas e identitarios en el siglo XXI para abordar otros temas relacionados con las políticas identitarias, la hiperpresencia, la cultura mediática y deportiva, la cultura del esfuerzo, la espiritualidad y la brutalidad. ¿Me lo invento o se percibe una cierta dosis de violencia sobrevolando todas tus piezas?

El framing este de movimientos de la extrema derecha del siglo XXI es parcialmente verdad. En realidad, donde se encuentra la violencia que cruza seguramente todo mi trabajo, más que en la cuestión del fascismo (del cual utiliza una cuestión iconográfica del uno delante de la multitud, en este caso atado a la cuestión teatral del performer delante del público), no tiene tanto que ver con una relación con el fascismo sino con el extremocentrismo en el que vivimos y que domina realmente la cuestión. Creo que, en mis trabajos, si se respira una violencia es porque están puestos en relación con algo que está altamente instalado entre nosotros y que se ocupa de expoliar todos los bienes públicos, todos los bienes de la gente (la tierra, los recursos, el pensamiento), que ha copado toda la cuestión. Es más fascinante seguramente pensar en fascismo pero en realidad los trabajos se remueven en una cuestión mucho más cercana, mucho más traidora. Porque el fascismo, al final, no es traidor, no es cobarde. El cobarde y el traidor está entre nosotros.

Y en Just Desire pasas a fijarte en la fascinación por el consumo de diseño. Pero, como también sucede en A Nation is born in me, no se sabe muy bien si lo criticas o lo abrazas, exorcizando cualquier aspecto negativo que pudiera traer consigo al entregarte a él. Porque aunque utilizas la palabra en tus piezas, algo que caracteriza el uso oral que haces de la palabra es que nunca se trata de un discurso explícito. Y a veces hay gente a quien eso le puede despistar, acostumbrados como están a los discursos explícitos. ¿Te reconoces en eso?

Sé que me repito pero de nuevo yo creo que Just Desire, más que abrazar (y el trabajo se articula a través de un cuerpo que está en el espacio, que se da el caso de que es el mío pero que eso no es lo importante), lo importante es que hay un cuerpo en el espacio que se pone en relación a una serie de cuestiones, a una serie de objetos en el espacio. Más que abrazar, lo que está es poniéndose en relación a eso. Y tratar de no necesariamente, justamente, hacer una especie de juicio moral sobre el tema. No estoy interesado en hacer un juicio dentro del trabajo. En lo que estoy interesado es en que se ponga en relación y que, definitivamente, yo creo que el trabajo ofrece una serie de signos y cuestiones que dan al público una forma con la que relacionarse. Y, luego, si tú como mirador de ese trabajo tienes unas conclusiones u otras de si el trabajo discursivamente se está poniendo a favor o en contra de algo… La posición del trabajo yo creo que es clara… Clara no sé si es la palabra. El trabajo está posicionado. Y está posicionado en relación a un contexto y un tiempo. Entonces ya es trabajo tuyo mirar eso y tener tus propias interpretaciones de la cuestión. No creo que el trabajo sea tan abstracto. El trabajo está dando unas cuestiones.

¿Qué influencias puedes confesar? ¿Qué o quiénes te han interesado y qué te interesa actualmente, artísticamente hablando,? ¿Qué inspira tu trabajo?

La moda y todos los dispositivos que hay alrededor de la moda, no ya solo las pasarelas sino cómo la gente fuertemente vinculada a la moda se expresa. No hay mucho más confesable.

¿Quieres añadir algo más para acabar?

Una cuestión técnica es que son cuatro días donde va a haber un estreno y siete funciones sobre tres trabajos. Y esto creo que es un cuatro-siete-tres-uno que está guay. Y que el domingo hay la oportunidad de ver las tres piezas, hay triplete. El orden es: uno-uno-dos-tres. Estreno, siguiente, y luego los dos solos el sábado, y luego los dos solos y la nueva pieza el domingo.

Buena suerte. Quiero decir que tendrás que desayunar bien esos días.

Sí, y comer bien entre.

Imágenes:

Selfie: Søren Evinson

Dípticos: @g.ontiveros_

Captura de vídeo: Rodrigo Delamora y Søren Evinson

Texto: Rubén Ramos Nogueira

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Guillem Mont de Palol: «Danzas románticas es un ballet disidente»

Danzas románticas se presenta en el Mercat de les Flors del 29 de noviembre al 1 de diciembre, creada por Guillem Mont de Palol en diálogo con el trabajo que viene desarrollando junto a Jorge Dutor desde hace quince años. Entradas agotadas para el estreno de este «ballet disidente» en Barcelona. Hablamos con MontdeDutor.

¿En qué momento profesional y personal creáis Danzas románticas?

Guillem Mont de Palol: Yo nunca había estado solo en escena hasta Danzas románticas, lo cual viene de una necesidad de encontrar cada uno su camino en lo profesional y en lo vital. Jorge ha estado más en el vestuario en los últimos años, y yo colaborando con otras artistas y en el mundo de las terapias o de los masajes. Yo también necesitaba reencontrarme con mi cuerpo en escena y en la vida. Lo escénico o la creación ya no es prioritario en mi vida, aunque todo lo que voy haciendo me va nutriendo creativamente. Me encuentro en un momento de madurez y tranquilidad donde mi deseo está puesto en lo que realmente me apetece hacer. 

Jorge Dutor: Yo estoy muy contenta, me estoy viendo madurar y estoy encantada de hacerme mayor. Tengo una nueva conciencia de estar viva y de lo que significa hacer y que te pasen cosas, descubriendo o prestando atención a cuestiones que antes no había hecho. Entre otras, a mí misma. En lo profesional me lo estoy pasando muy bien con el vestuario. Es una manera muy bonita de acompañar procesos de otras artistas, y de estar en escena pero de otra manera, no con mi cuerpo sino con las cosas que hago.

Después de todo lo hecho, mayormente desde los lenguajes escénicos experimentales, ¿por qué y cómo trabajar sobre un género como el ballet? 

Guillem Mont de Palol: Lo que me fascina del ballet y en lo que me he centrado en este trabajo no es tanto en sus  lenguajes de danza, sino en cómo cuenta historias, y en las músicas descriptivas que utilizaban los ballets románticos. Estas músicas te cuentan historias, llevan a imaginarte escenas de amor, lucha, terror o muerte. Así que he tomado los cuentos y la música de los ballets para contar otro tipo de historias. Este fue el inicio del trabajo. Luego hemos seguido trabajando con las convenciones, algo que ya veníamos haciendo siempre en los trabajos anteriores. Si en Grand Applause estábamos en la convención de la ópera, en esta obra nos acercamos a la convención del ballet. ¿Cómo lo hemos hecho? De una manera muy literal y representativa. Jugamos a “hacer el ballet”. Por ejemplo hay un momento en el que hacemos una escena de lucha con público y eso es representación pura. Aunque la representación suene antigua, forma parte del género y de la convención. 

Jorge Dutor: El ballet es lo que cada persona piense que es el ballet. Eso hace que la literalidad no sea tan objetiva. Por ejemplo una escena de lucha que para alguien puede ser súper ballet, para otra no. Me interesa también lo que tiene de médium esta obra, que genera invocaciones desde la propia convención. Es algo que creo ocurre en todos nuestros trabajos, que nos ponemos muy a disposición del material para que otras cosas se materialicen a través de nuestros cuerpos. Y esto pasa también en Danzas románticas. Guillem trabaja desde un lugar de médium para que su cuerpo pueda ser habitado por los espíritus de esos personajes. Creo que no es tanto el cómo si no el qué en esta obra. Danzas románticas es un ballet porque está diseñado desde las convenciones del ballet, pero no es un ballet convencional por supuesto.  

Guillem Mont de Palol: También estamos intentando romper todas las convenciones del ballet. Es un espacio horizontal, no hay cuarta pared, no hay grada… Y el público opera como el cuerpo del ballet, forma parte del paisaje. Las espectadoras son extras sin las que la obra no tiene sentido. Danzas románticas es un ballet disidente, un ballet que no quiere ser ballet. 

Jorge Dutor: Esta obra no la miras desde la butaca, aquí entras en el ballet.

Guillem Mont de Palol: Danzas románticas es un ritual, una constelación familiar y un escape room. 

Sobre la obra habéis dicho también que es «una ceremonia de desactivación de poderes románticos, un acto psicomágico que busca la sanación de todo este sufrimiento romántico o un ritual de desempoderamiento». El ballet encierra muchos tipos de violencia, sobre todo ejercido en los cuerpos de quienes lo practican, pero también en las historias que trata…

Guillem Mont de Palol: Partimos de la premisa de que yo no soy un cuerpo entrenado en ballet, no soy mujer… Quiero decir que me coloco en un lugar desde el que tratar de invocar todo eso e intentar sanarlo, y lo hacemos en parte creo a través del humor. También entendemos el ballet como un lugar de encuentro, y no como un desencuentro social en el que los que tenían dinero pagaban por ver un espectáculo. Queremos democratizar el escenario, la arena del ballet y proponer otro tipo de cuerpo que también podría ser el del ballet.  

Jorge Dutor: A mí me gusta mucho la idea de aproximación al ballet, pero también la de apropiación del ballet. La aproximación teórica o académica podría estar más o menos legitimada en función del entrenamiento o nivel sociocultural entre muchas otras cosas, pero una apropiación es otra cuestión, no hay condiciones. Es un asalto, y eso es divertido. En la performance pasa mucho, las personas están dentro del ballet y hacen una especie de alunizaje. Le hemos pegado una patada al telón y entra la gente haciendo Giselle entre todas. En el taller Danzas románticas Lab que hacemos va precisamente de eso. En media hora ya estamos todo el mundo haciendo un ballet exactamente igual que las grandes estrellas del Royal Ballet. 

En Danzas románticas confluyen muchas líneas de trabajos anteriores: el juego con las convenciones de Grand Applause, la plástica de Lo mínimo, el sentido del humor de Y por qué John Cage?, pero también y de forma muy concreta todo el trabajo comunitario de El movimiento o Decorum. ¿A qué se debe y cómo se articula esta preocupación social o vinculante en vuestro trabajo últimamante?

Guillem Mont de Palol: En mi caso, creo que se debe a la pérdida de esperanza en el teatro, junto al deseo de estar con la agente. Sobre todo a partir de la pandemia me interesa proponer espacios de encuentro donde la gente interactúe en lo teatral, que haya un intercambio y que pasen cosas. También como artistas estamos en un momento energéticamente muy potente y muy diferente. Eso también se nota en la pieza y en la elección del género del ballet. Sus músicas son increíbles, te elevan. A un nivel más sensible nos interesa este intercambio energético entre el publico y el performer. Es un espacio mágico, como el ballet donde el paisaje o los seres que lo habitaban eran fantásticos, ya fuera de forma representativa o concreta. Lo que hacemos es abrir este campo de juego para que todo suceda. 

Jorge Dutor: Un poco todos nuestros trabajos tienen esa tendencia de lo popular. Está basada en el juego. Aunque estés en una butaca estás dentro y jugando con nosotros. Estás siempre siendo tenido en cuenta y no de manera pasiva. Hubo muchos años que estábamos cómodos con aquella denominación de «coreografía expandida». Y otra cosa de la que nos hemos dado cuenta haciendo estos trabajos comunitarios o con grupos es de las convivencia de capas. Hay un nivel más superficial, visible o directo de percepción, y luego hay otros que operan a niveles más sutiles o profundos. Y eso hemos querido que estuviera en Danzas románticas. Por eso la gente está en escena y tiene un papel todo el rato. Apelamos a la subjetividad de las espectadoras, entre las que pueden pasar también cosas, y otras alrededor que no están bajo nuestro control, ya que el foco no está sólo en Guillem. Lo que hacemos en definitiva es crear unas condiciones para que ocurran ciertas cosas durante la obra.   

En Danzas románticas convertís al público en una suerte de cuerpo de baile, figura supuestamente secundaria y políticamente problemática en el ballet, en cambio aquí con agencia y capacidad de disfrute propia. 

Jorge Dutor: Es complejo considerar que el cuerpo de baile es segunda fila o menospreciarlo. 

Guillem Mont de Palol: Pero es que la academia lo ha menospreciado siempre. 

Jorge Dutor: Pero también han sido bailarinas y bailarines súper entrenados para sostener todo lo demás que ocurre. 

Guillem Mont de Palol: Creo que tiene que ser muy frustrante haber entrenado 20 años de tu vida y a veces no poder ni moverte. Para una bailarina quizás sea hasta un poco humillante. 

Jorge Dutor: No sabemos lo que piensa una bailarina. Y si es frustrante o humillante en relación a qué ideología lo es. Me pregunto qué prisma político nos hace ver esa realidad de una sola manera. Que si no estás en primera fila es una mierda y no ha merecido la pena el esfuerzo. El romanticismo es muy complejo, hay unas ideologías flotando que miradas desde otro prisma cambian totalmente. En mi experiencia como performer, disfruto como solista, pero también haciendo cosas en grupo, o en las que ni siquiera se me ve y otras en las que ni aparezco. ¿Nos han educado en ser la primera de la fila? Sí. ¿Somo herederos de ese sistema? También. Pero nos estamos replanteando todo. En Danzas románicas somos el cuerpo de baile todas juntas. Es algo comunitario. 

Guillem Mont de Palol: En esta obra el público pone su cuerpo, no solo su mirada desde fuera. A mí me gusta mucho haber hecho una obra en la que si no hay público no hay obra. 

El espacio y los elementos escenográficos son parte fundamental en Danzas románticas, ¿cómo es tu propuesta espacial, Jorge?  

Jorge Dutor: Teníamos claro trabajar con la performatividad del espacio. Que invitara al tránsito y a la movilidad constantemente, aunque si quieres puedes parar y acomodarte, y también un espacio que generara desorientación. Entras en un lugar con otros códigos que tienes que descifrar. Hay que seguir el camino o perder la orientación. Está diseñado para que no haya ningún centro nunca. Plásticamente nos interesaba que se pudiera transformar. Trabajamos con la idea de bosque o la de crear una atmósfera húmeda, blanda, pegajosa, algo como el musgo. Al mismo tiempo es fácilmente almacenable y transportable. El espacio también tiene su propia orografía, y está pensado desde el sonido. El espacio participa del sonido, el sonido en las luces, las luces en la performance… Todo esta entretejido. 

Guillem Mont de Palol: Carlos Parra está en sonido y ha hecho un trabajo increíble. Hace foley en directo y puedes ver cómo el sonido está producido. Debajo de las tarimas hay micrófonos que amplían el sonido que el público puede hacer sonar. La música se desplaza por el espacio… Hay muchos juegos sonoros. 

Guillem, ¿cómo ha sido tu trabajo corporal o dancístico durante el proceso de Danzas románticas

Guillem Mont de Palol: Yo no soy un cuerpo entrenado para el ballet. Sí que he hecho ballet pero vengo de la danza contemporánea. Durante el proceso he aprendido diferentes escenas míticas del ballet como la locura de Giselle, el final del primer acto que es cuando se vuelve loca por desamor y decide suicidarse. Por ejemplo esta escena la hago, pero son fragmentos que no están tanto en la técnica, sino más en la pantomima del ballet, que sería algo así como hablar con la gestualidad, con gestos que cada uno significa algo, como en lenguaje sordomudo. Luego he traducido alguno de los principios del ballet como la idea de equilibro o desequilibrio, el giro, el salto… Todo esto está, pero en un cuerpo menos entrenado. Y creo que así aparece la invocación. Al intentar incorporar todos estos cuerpos femeninos de cierta cosmogonía. Y así se me han quedado gestos o cuerpos de La Silphide, Giselle, Coppelia, Raimunda… El ritual y la invocación pasa por la incorporación de estos espíritus en mi cuerpo. Igual no soy yo el que está bailando. 

Fernando Gandasegui 

Fotos de Mila Ercoli

 

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Entrevista a Javier Martín

Javier Martín presenta Figuras del umbral el 14 y 15 de noviembre en el Mercat de les Flors dentro del Festival IF Barcelona (descuento 2×1 con el código TEATRON).

En tus textos sobre Figuras del umbral hablas de un “tiempo fuera de quicio”, frase de Hamlet que retoman Jacques Derrida y Mark Fisher para hablar de esta época delirada, y también del “aceleracionismo” que imprime nuestra vidas. ¿Cómo se tratan estas cuestiones en tu obra? ¿Qué puede proponer la coreografía al respecto? 

En esta era aceleracionista, los cuerpos están llenos de velocidad residual, una inercia que suspende el deseo, que fragmenta y extrae nuestra atención. Entiendo la danza como un espacio de resonancia en el que elaborar una atención de calidad a nuestros gestos, modos y relaciones. Estamos en un punto de inflexión de radical importancia en nuestra Historia y tenemos que hacernos cargo. Estamos cruzando un umbral. Toda sociedad tiende a crear mecanismos de compensación para reducir los efectos patológicos de su propia organización. Quizá el neoliberalismo sea a día de hoy una disonancia cognitiva fuerte, una enfermedad espiritual colectiva. Cada vez hay más gente que entiende que una política de los afectos ha de conformar nuestra imagen del mundo.

De un tiempo a esta parte estoy involucrado en la creación de una somateca: un archivo corporal de movimientos y planteamientos cinéticos diversos, que analice el devenir animal en relación con la tecnología, los procesos de subjetivación que organizan el estar de los cuerpos y los actos que la inercia configura en su proceder. Estoy muy interesado en destilar cómo se acumula la inercia en nuestros cuerpos.

Empleo para ello aspectos explorados en ámbitos como: la organología, los estados de agregación de la materia y sus patrones vibrátiles, la fenomenología y sus meditaciones acerca de la carne y el tiempo, la neurociencia y sus imágenes, la psicología y su paradigma topológico, la anatomía y sus fulcros, la fisiología y su potencia relacional, la ingeniería química en sus análisis de flujos de propiedad y atractores… Y, claro, distintas artes, con su potencia para profanar el paradigma de realidad que, como un sueño, compartimos. 

Me moviliza, además de entrar en complejidad, poner en relación los hallazgos de estas disciplinas con distintas tradiciones epistemológicas, muchas minorizadas, y sus recorridos; para así promover una ordenación alterna de la experiencia sensible y acompañar lo que implica desde la estética; practicando la crítica que sitúa la pertinencia de la diversidad y el consorcio de tecnologías, filosofías y ciencias.

Los procesos del arte son una forma de conocer y crear el mundo al mismo tiempo: un procedimiento que cuestiona los patrones adquiridos -el hábito-, los canales a través de los cuales el cuerpo se informa y produce de manera subconsciente. Así funcionan las ideologías en sus costumbres, pautando los cuerpos y la función de los órganos. La filosofía nos dice que una epistemología organiza su ontología; es decir, la manera de percibir el mundo participa de su imagen: la danza -insisto- es un espacio de resonancia en el que elaborar una atención de calidad: desmontando afectos inerciales.

En un contexto de clara hegemonía visual, la danza resulta contrahegemónica. Es particularmente interesante situar la crítica a la imagen que acompaña muchos de los debates contemporáneos acerca de la subjetividad y el cuerpo: en el estudio de las imágenes y su relación con el territorio, en cómo se organizan las relaciones sociales, libidinales, espirituales y económicas, hay toda una serie de meditaciones coreopolíticas muy esclarecedoras: los cuerpos hoy están virtualizados. En la sensibilidad del movimiento hay un planteamiento contrahegemónico al devenir extremo visual de nuestros días, pues acompaña la creación de una imagen del mundo resonante que interviene el flujo del tiempo disfórico o fuera de quicio propio del turbocapitalismo.

En Figuras del umbral trabajas sobre los ritos de “paso del umbral” ancestrales presentes en todas las culturas, los cuales “siempre implicaron un cuerpo en movimiento y una danza social hecha acontecimiento”. ¿Cómo has actualizado e incorporado estos ritos a tus lenguajes escénicos? 

La danza -tanto la coreografía más consciente o gestual como el propio trance de un flujo de movimiento- ha sido y es empleada en ritos de todo tipo para somatizar o revolver contenidos en los cuerpos con intenciones de lo más diverso: pero la danza trasciende el rito, está a su través; «la danza es meta-ritual», como siempre nos dice nuestro querido amigo Roberto Fratini. La danza nos recuerda la naturaleza cambiante de las formas -va a través de las formas- y su potencia abre una constante actualización de las formas del presente, disolviendo la ilusión del relato. La danza va a contra pelo del rito, para que no devenga juego de poder -sea simbólico, libidinal, político o social- mostrando sus inercias en los laberintos del cuerpo y sus síntomas. Entonces y en realidad, la danza no tiene nada que ver con la organización -y sus procesos de comunicación o transmisión- sino que con la necesaria desarticulación de la misma: para que emerjan modos alternos de abordar la experiencia, y no devengan nuestros cuerpos un producto de la inercia que nos lleve a participar tácitamente, por ejemplo, de los ritos extractivos del poder más egoísta y patriarcal. 

Me pregunto qué ritos operan nuestra subjetividad a nuestro pesar y, sobretodo, cómo salir de los mismos, de la memoria inercial, de sus torsiones. Me interesa intervenir los procesos ritualísticos de modos no catárticos y así espabilar, acompañar la experiencia en atención a otras modalidades del tiempo y del ser más abiertas: los tiempos cambian, avanzamos como sociedades. Analizo rituales y comportamientos de todo tipo desde hace años, me gusta la antropología, y los aprecio como tecnologías somáticas inspiradoras, pero me he dado cuenta que prefiero, para llevar una vida más atenta, abandonar el rito como procediento de orientación; prefiero el arte.

La propuesta a nivel corporal para esta performance va por desordenar la figura del cuerpo en la vibración que el sonido, en sus objetos, comparte con la acción. El sujeto y su presencia emerge en la acción con los distintos objetos -musicales, visuales, coreográficos, escultóricos…- que pongo en cuestión y trabajo, y que, como tecnologías de la conciencia, informan, somatizan y encarnan afectos transformadores: así bailo, en una multiplicidad de origen; pues el caos cuida de todo.

En la obra trabajas sobre el arquetipo del “guardián del umbral”, retomando “figuras espectrales del acervo cultural gallego” como la Santa Compaña o personajes del carnaval como el Cigarrón, el Peliqueiro, el Felo, la Pantalla o el Felipeiro. En todas esas figuras del umbral resulta clave el vínculo con vestuarios, máscaras y objetos. ¿Cómo ha sido tu trabajo con dicho acervo y dichos elementos? 

Estoy interesado en conectar e intervenir la relación entre ontologías o saberes tradicionales y ancestrales con la herida del devenir tecnológico hegemónico actual, bailar a través de distintas epistemologías como manera de relacionar la experiencia sensible en sus distintas expresiones culturales, acompañar el consorcio de tecnologías en sus saberes y procedimientos culturales. La tecnodiversidad como modo de elaborar un presente inclusivo, participado y consciente: en que lo ético, lo ecológico -como organización comunitaria y económica-, lo técnico y lo reflexivo se articulen hacia una cosmovisión poshumana que incorpore inteligencias plurales; en relación con lo vegetativo, lo bacteriano, lo inerte y lo animal, pues todas ellas son cuerpo y están en nuestros cuerpos, en lo psíquico y en lo físico.

Las ontologías tradicionales en muchos contextos a lo largo del planeta -también la gallega- a menudo difieren de las ontologías nombradas como occidentales o globalizadoras. En lugar de observar el mundo como dividido en categorías separadas de seres vivos y no vivos, las ontologías ancestrales tienden a enfatizar la interconexión y la interdependencia. Esto puede manifestarse en distintas creencias en figuras y energías de distinto tipo y condición -formas y materias actantes que abren e informan la experiencia-, y en una profunda conexión con el ruido de fondo natural, en lugar de una visión jerárquica.

Busco bailar -devenir, pensar, transcurrir…- a través de distintas epistemes: tecnologías somáticas diversas, minorizadas o subalternas en muchos casos, que permiten abrir y compartir preguntas muy relevantes para el estar de los cuerpos hoy, pues: ¿qué sabiduría hay encriptada en sus gestos?, ¿qué meditaciones trasladan?, ¿qué presencias construyen? No se trata de realizar un estudio en profundidad de las distintas tradiciones epistemológicas ni de establecer una comparativa de prelación, sino de tomar conciencia de su existencia en diversidad y de poner a convivir aprendizajes que las distintas epistemes trasladan para con la sensibilidad cinestésica, abriendo posibilidades alternas de sentirnos, reconocernos y relacionarnos. 

Extraigo del libro de Yuk Hui, La pregunta por la (cosmo)técnica: «Los aparatos técnicos funcionan somáticamente como extensiones de los órganos; y, en cuanto prótesis, son somática y funcionalmente universales, aunque no siempre cosmológicamente universales. Es decir, en la medida en que la técnica está a la vez impulsada y limitada por el pensamiento cosmológico, adquiere diferentes significados, más allá de sus meras funcionalidades somáticas».

El famoso arquetipo del «guardián del umbral» remite a aquellas figuras que adquieren las formas de nuestros miedos más íntimos: vigilan el umbral pero no para negarnos la entrada, sino para animarnos a vivir el laberinto oportuno que posibilita la transformación y, por tanto, el paso. Es necesario vestir las pieles de las bestias, habitar las máscaras. Vibrar con la forma del monstruo e incorporar la diferencia.

En esta obra, y en tu trabajo en general, identificas y trabajas sobre “la esencia del movimiento” o su “partícula mínima”, a la cual denominas el kóreon o khoreon. ¿Podrías explicar en qué consiste y cómo opera? 

Texturas, topologías, percepción, flujos, carne y complejidad son algunos de los asuntos que, extraídos de la práctica, sitúan el movimiento como paradigma cognitivo; y que relaciono en una insistente y decidida deriva crítica de trabajo performativo, centrada en la creación coreográfica y el estudio de la materia y su memoria. No es un trabajo de estructuras, sino de texturas. Al desarticular las relaciones objetuales del paradigma «cuerpo», es decir, los fulcros que amarran el relato identitario -a través de las texturas de movimiento, fundiéndose con ellas- el cuerpo se reconcilia con la potencia.

El estudio de los patrones de tensión de los cuerpos se centra en las texturas y figuras a través de las cuales el movimiento organiza y convulsiona la presencia del cuerpo: cómo informan su carácter y el surgimiento de la identidad. Hablo de khoreones -a modo de entretenimiento* intelectual- como vórtices virtuales para establecer diferencias en cómo el movimiento se pliega y vibra en distintas disposiciones formales, para establecer un lenguaje propioceptivo que me permita analizar, estudiar y analizar sus diferencias. No son más que atractores, torbellinos o espirales de todo tipo y condición. Un repertorio virtual posmoderno, un brumario o catálogo de espectros vibrátiles, para espabilar a lo inherente del movimiento y cómo se expresa, acompañándolo a través de un acercamiento abstracto y figural.

Las texturas en el movimiento se refieren a vibraciones, tensiones, mioclonos, parestesias, ataxias, balismos, distonías, tics, rigideces -constelaciones, solapamientos y entrelazamientos-, convulsiones, intenciones, actitudes, velocidades, intensidades, devenires, hormigueos, etc. Calidades, grados en el temblor de los cuerpos. Coreografías que sostienen circuitos que revelan capas de memorias matriz, un caos sensible en sus diferencias; configurando cuerpo y psique, desubjetivando al forzar a los significantes para que resuenen. En este proceder, el tacto corrobora la respiración de tales vibraciones, la cinestesia su realidad.

En mis años universitarios me apliqué en la Química optando por el itinerario de la Mecánica Cuántica: y lo real no son partículas, ni ondas, ni campos… Uno de los grandes malentendidos de la Cuántica es el lío de que el observador influye sobre el objeto observado, que equivocadamente se piensa que defiende que todo es relativo -relativismo- tendiendo a caer en un nihilismo absurdo por barato. Lo que en realidad afirmó Niels Bohr fue que lo real se expresa en atención a la tecnología a través de la cual experimentamos o nos relacionamos. Y que no significa que sea una respuesta arbitraria: es subjetiva al artefacto, aka sentido. La relación es lo trascendente y lo que opera. Es decir, tratamos con una nueva objetividad en la que hay que tener en cuenta la performatividad de nuestras herramientas o aparato sensorio-somático en el estudio de cómo la materia se expresa. La materia responde en atención a nuestras preguntas, mostrándose particular en coherencia con el modo que tenemos de sentirla, mostrando una de sus partes, acoplándose o solapándose al sesgo sensible. Es el giro performativo, no es tan difícil.

Por ejemplo, cualquier fulcro o vórtice inercial desviado de la zona media del cuerpo puede generar una fuga de energía capaz de formar un desfase o defecto en nuestra percepción del propio cuerpo y en la activación del mismo; lo que conlleva influencias mecánicas en otras partes del cuerpo desde las fascias, tejidos conectivos y relaciones sistémicas de todo tipo, organológicas; que se mantienen en constantes tensiones que consumen energía y desvían a su vez, mediante la acción del fulcro, nuestra materia del centro o eje del cuerpo; provocando más giros, estatismo concentrado y un largo etcétera. Con el tiempo, nuestro calibre propioceptivo irá cambiando, aumentando el umbral del dolor y subjetivizando el cuerpo, distorsionándolo. Si uno tiene topologías para acompañar estos afectos, adquiere agencia.

*Podemos pensar los koreones como “las distintas configuraciones vibrátiles” cuya articulación, coordinación o superposición permite generar las diferentes calidades de movimiento, grados en el temblor de los cuerpos. Bien en sus distintos patrones armónicos o modos normales, los atractores clásicos; o bien en movimientos anormales, atractores extraños -fractales- que arman los sistemas complejos. En su carácter efímero, es decir en su devenir ausencia, los koreones crean formas y vacíos a través de eventos de interferencia y entrelazamiento. En su reactualización constante, escapan al cierre de su significado, de ahí su potencia para romper con el aceleramiento dirigido, con los modos de hacer inerciales, con las formas y los ritmos impuestos externamente.

Para esta obra trabajas con colaboradoras habituales como Sabela Mendoza y Octavio Más. ¿Podrías contar más sobre el equipo y el proceso de creación de Figuras del umbral?  

Compañeras. Mi trabajo arremolina talento y amistad. Es un orgullo poder sentirlo y decirlo. Nada de todo esto sería posible sin ellas, son 20 años sobre los escenarios, más de 30 creaciones…

Sabela baila, piensa la danza, escribe, crea performances, diseña proyectos, es productora de un sin fin de manifestaciones culturales… No conozco a mucha gente como ella. Tengo la suerte de que acompaña mis procesos de creación desde hace 10 años. Me ayuda a afinar el movimiento, entrando en oblicuo. Tiene conocimiento historiográfico que interpela y me ayuda a tomar perspectiva y continuidad con el plural de creadoras cuya estela continuamos: uno nunca baila solo. En Figuras del umbral fue divertido ir investigando juntas los atuendos, yendo a través de las capas de residuos tradicionalistas para trasladar su esencia no aparente y que pone en relación estas figuras con el acervo cultural de otros pueblos del planeta. También encontrar el centro de gravedad de cada figura, su laberinto de movimiento. Acudir a los fondos del (ex)Centro Coreográfico Galego, ir a estudiar a Museos etnográficos, contactar con artesanos – el espactáculo cuenta con una hermosa coroza de Álvaro Leiro-, diseñar los artefactos de emplean las figuras -fabricados en el atelier de Manolo Cremallera…: buscamos entre las sombras.

Octavio es iluminador, pero a mí me gusta decirle que practica la performance con la luz: crea hábilmente atmósferas y ambientes que acompañan los conceptos y presencias de la obra. Y me cuida bailando abriendo el eapcio o recogiendo un movimiento: qué importante es la escucha con la luz cuando se improvisa bailando, como es mi caso. Compañero de risas y aventuras por tantos escenarios, gran conocedor de las posibilidades del artefacto teatral, pasión que compartimos, nos gustan los teatros singulares. Llevamos más de 15 años trabajando, hablando de luz y experimentándola. Figuras del umbral era un reto a nivel de luz, pues es muy fantasmática y gráfica a la vez, oscura pero preñada de matices. El próximo estreno que compartiremos será en enero 2025 en A Coruña, Beltenebros, una colaboración con la excelente pianista Haruna Takebe y la camarógrafa y performer Masako Hattori. Desde 2018 que no estreno en Galicia, por cierto.

 ¿Qué supone para Figuras del umbral presentarse en un contexto como el Mercat de les Flors dentro del Festival IF Barcelona? 

Llega a Barcelona tras girar por Bogotá, Cali, Ponte de Lima, Pamplona o Madrid… se estrenó en Valencia, por cierto, en el estupendo TEM Teatre El Musical de mano de Juanma Artigot, lugar que aprecio especialmente. Ángels Margarit, directora artística del Mercat, pensó que el contexto del IFBCN era bueno para esta pieza; Jordi Alomar y Sara Serrano ya habían contado con mi trabajo en el pasado, así que el encuentro fue feliz. Estaremos en la sala MAC dos días seguidos. Confío guste mucho. La obra ya la tengo muy calibrada en espacios grandes. Estoy contento de bailar en un espacio en el que he podido sentir tanta buena danza y aportar con mi poética, aunque no puedo evitar sentir que este teatro llega tarde en mi recorrido: confío podamos enmendar en el futuro esta situación y compartir mi obra con cierta asiduidad. A Catalunya vengo mucho, L’animal a l’esquena es lugar compañero y de respaldo fuerte para mi trabajo en cuatro de mis últimas creaciones: que por cierto, también se proyecta el documental del proceso de creación de mi coreografía El punto impropio, en la sala Pina Bausch y en conversación con Roberto Fratini, que me apetece mucho. El punto impropio se estrenó en CDMX programada por Evoé Sotelo en el Teatro Covarrubias de la UNAM Universidad Nacional Autónoma de México, y es, sin duda alguna, mi mejor trabajo hasta la fecha. El IF es un Festival estupendo, realizado con mucho cuidado y acierto: la figura de la marioneta siempre ha sido una de las figuras que acompaña al bailarín en sus aporías con la técnica, los objetos orientan nuestros afectos.

 Como gallego que vive y trabaja en Galicia, ¿cómo describirías el estado actual de las artes performativas en tu territorio? ¿Cómo te encuentras al respecto?  

Desde mi punto de vista, la danza está igual de bien o de mal en todas partes. Escribo desde Bangkok, y los comentarios de la gente colega estos días aquí, en el Unfolding Kafka Festival, los encuentro en Bogotá, me llegan desde Berlín o se respiran en Porto. Resumo: el cuerpo da miedo, el movimiento y su sensibilidad abisma, sigue imperando la inconsistencia de considerar el movimiento al margen del objeto que se mueve: es decir objetualizamos cuerpo y movimiento como entes, en vez de asumir su relación íntima. Ya lo decía Forshyte, el arabesque no existe en nigún sitio, el arabesque es virtual, se encarna y actualiza a través de cada uno de sus ejecutantes, a través de las cualidades de sus atributos somáticos, memorias y capacidades. La danza no se ve, a ver si empezamos a apuntalar bien esta idea y organizamos las temporadas desde la sensibilidad que le es propia, quizá nos sorprendamos y acuda más gente a los espectáculos. Menos programaciones y más diagramas de relación, menos discursos y más poéticas.

Yo soy activista, hay sitios en los que no quiero -por salud mental, es decir por ética- bailar: es una cuestión política. Y hay otros en los que cuelo mi trabajo porque me parece increíble lo mal que se hacen las cosas y que ya va siendo hora de dar un golpe encima de la mesa en tales espacios y deformar con una experiencia divergente lo que allí sucede. En Galicia tenemos un problema de corrupción social y política muy extendido que ha llevado a dirigir centros culturales y teatros a familares directos de alcaldes, conselleiros o presidentes de diputaciones. Asimismo el intrusismo por parte de empresas voraces, léase Eulen y otras -de la hermana de Feijóo en Galiza-, haciéndose cargo de espacios sin criterio alguno, manifiesta el poco cuidado y la desconsideración o falta de respeto hacia los comportamientos culturales que tienen las instituciones que lo permiten, y la ciudadanía por contemplarlo.

Trabajo en mi estudio en Galicia, construyo coreografías, investigo en relación con muchos territorios. Tan sólo pediría a quien quiera escucharme, que se dé cuenta de que en Galicia llevamos 20 años del Partido Popular más rancio, en línea filogenética directa con el Fraga más populista, recordémoslo, Ministro de Propaganda con Franco: cuando se dice desde Galicia que por favor no se trabaje en Cidade da Cultura es por algo; pues es un vórtice extractor de cuanto capital simbólico y económico tenemos para el arte y la cultura por estos lares. Y su sombra es tan alargada que mediatiza todas las políticas culturales ya de por si exigüas y depontenciadoras al producirse desde el marco ideológico de esta derecha disfórica y vil, viciosa de poder. He escrito en varios medios explicitando la barabarie que supone.

Pero lo peor de todo es que los derechos culturales no se aplican y las personas no los reclaman. Queda mucho trabajo por hacer para que entendamos que la cultura es un derecho humano como la vivienda, la salud, el trabajo y otros. A veces pienso que son demasiadas las personas que no saben lo que puede haber para ellas en el arte, y cómo el arte puede ayudarlas a entender qué está pasando y a sí mismas, y a transformar lo cotidiano.

En un estado donde se tiende a concentrar la actividad en ciudades como Madrid o Barcelona, ¿cómo se vincula tu trabajo con otras geografías y contextos?

Vivimos en un mundo donde ya no opera la retórica de centro y periferia: lo que hay son redes con sus nodos y grados de intensidad en sus flujos. Somos interdependientes. Así que sin reproducir las estrategias del centro. En veinte años sobre los escenarios me ha dado tiempo a bailar por Iberia en Murcia, Burgos, Braga, Málaga, Bilbao, Lisboa, Porto, Alicante, Lanzarote, Tenerife, Mallorca, Barcelona, Oviedo, Ourense… entre tantas ciudades. Me vinculo a través del reconocimiento mutuo. Creo que intereso más a la gente que tiene claro que el Arte no tiene nada que ver con la comunicación o el entretenimiento -cuánto mal ha hecho el paradigma de las industrias culturales-, y que sabe reconocer el trabajo, que a día de hoy no todo el mundo lo hace. Eso sí lo sé, lo mucho que me lo curro.

Me gusta aportar con mi investigación, en Universidades y otros Centros Culturales. Conferencias, laboratorios o grupos de investigación me ayudan a crear afectos y amplian las relaciones, buscando despertar la sensibilidad del movimiento en contextos no propios de la danza y generar comunidad: quiero que la gente piense en el movimiento como un arco material que ayuda a entender y elaborar sus propias disciplinas. Y desde aquí me han pasado muchas cosas.

Me gusta contar que ahora me han publicado un poemario, en la línea editorial de la Plataforma De Corpos Presentes. Y que presentamos también estos días en La Caldera BCN, por cierto. Estamos haciendo gira de librerías, es divertido.

Fernando Gandasegui

Imágenes de Leo López

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Georgia Vardarou: «A veces nos olvidamos de que sería sencillo reconstruir la sociedad porque somos sus constructores»

Georgia Vardarou

La coreógrafa griega Georgia Vardarou presenta The moment she hovers over the ocean en la sala OM del Mercat de les Flors desde el jueves 24 hasta el sábado 26 de octubre, a las 19h. La entrevistamos en una cafetería cercana al Mercat, de buena mañana, en un hueco que nos hace amablemente, inmersa en los últimos preparativos para el estreno.

Hace un año y medio tuvimos la oportunidad de conversar en el podcast de La Poderosa, la Radio visible, sobre los primeros apuntes de The moment she hovers over the ocean, la pieza que estrenas esta semana en el Mercat de les Flors, de la que pudimos ver una primera muestra, contigo y con Blanca Tolsà en escena, en los IN_prescindibles que organiza La Poderosa en la Fabra i Coats. ¿Cómo ha evolucionado el trabajo desde entonces?

Entonces estábamos muy al inicio del trabajo. Allí había ya unas ideas e incluso unas escenas, pero ha cambiado mucho. No había encontrado todavía el feeling de esta pieza. Eso es muy importante para mí. El ambiente, la estética… Al principio de una investigación estás muy abierta. Te preguntas ¿por qué no esto? No quiero estar cerrada y hacer lo mismo en lo que ya confío o lo que ya sé, abres mucho. Y luego vas pensando que, bueno, hay una razón por la que no hago esto y vas encontrando otra vez, no lo mismo que en las piezas anteriores pero sí lo que realmente quieres para esta pieza, la economía de la coreografía que quieres. Tienes que probar, tienes que estar abierta. Ahora ya lo tenemos.

¿Y cómo ha sido el proceso de creación? ¿Cómo habéis encontrado ese tono que buscabais?

Lo hemos encontrado en La Caldera. Es un espacio que me inspira mucho, la sala 1 especialmente, cuando está vacía, cuando no hay nada. No sé, lo encontramos allí, no te puedo explicar por qué. Hicimos una presentación muy bonita. Abrimos las puertas porque en esta pieza hay un poco este factor del interior y el exterior, dos realidades: el interior del teatro y el exterior del teatro. ¿Cómo hacer esta transición? Era de noche, no teníamos el ruido de la mañana (cuando se escucha el ruido del patio de un colegio), abrimos las puertas, estaba oscuro pero había lucecitas, llovía. Entró un nuevo ambiente por las puertas, para quedarse.

Lo que no ha cambiado es el punto de partida de la pieza. Según contabas en aquel podcast, todo parte de un personaje de Un mundo feliz, la novela de Aldous Huxley, cuando Lenina sobrevuela el océano en un helicóptero, siente algo, como una revelación, y comienza a cuestionar la realidad. Dices que ese primer momento de conciencia es similar al que se experimenta justo antes de un despertar, de una revolución o incluso al enamorarse. Y esta pieza pretende capturar ese momento. ¿Cómo se hace eso? Me recuerda a la canción de The Doors, Break on Through (To the Other Side).

Sí, total. No sé cómo se hace. Este es el núcleo pero hay muchos otros ejes. He cogido temáticas muy precisas de ese libro y de La construcción social de la realidad (1966), de Peter L. Berger y Thomas Luckmann, y pensaba ¿cómo hago esto sin representarlo? Me interesa hacer piezas que hasta cierto punto estén abiertas a la interpretación. Tenía estos elementos muy concretos (temas, ideas, personajes) pero, en cambio, este momento de consciencia que experimenta Lenina es abstracto, no lo puedes explicar mucho con palabras. Para empezar, me conmovió cuando lo leí. ¿Qué le pasa a Lenina? Simplemente un tío le ha dicho que mire el océano con las luces apagadas. Eso provoca que Lenina se encuentre con ella misma durante unos instantes, algo que no se experimenta en esa sociedad, una sociedad atiborrada de drogas de la felicidad.

Hablas de la sociedad que retrata Un mundo feliz pero podríamos hablar de la nuestra, ¿no?

Sí, también, si quieres. Hay algunas cosas muy parecidas. ¡Pero en el mundo occidental! Porque esta pregunta ya me la hiciste en aquel podcast y me quedé pensando en eso, porque depende de dónde. Y estuve pensando en eso porque creo que realmente no te contesté. En el mundo occidental, sí, eso parece, porque está basado en el placer. No nos preocupa lo que pasa en Palestina o en Líbano o en Sudán o donde sea porque nuestra cultura está basada en el placer: pasarlo bien, que todo vaya bien, que mi trabajo vaya bien, que a mis hijos les vaya bien, que por la noche pueda tomarme una cerveza con mis amigos, que todo esté bien y que además me dé placer. Y, más allá del placer, nuestra vida también está orientada hacia el consumismo, que también da otro tipo de placer. No hay espacio para pensar, para la crítica, sólo buscas la satisfacción, también en el consumismo. Así que sí que creo que la sociedad del mundo occidental se parece muchísimo porque, si no, no puedo explicar por qué no somos más críticas y más políticas con cosas que están pasando, con cosas que les pasan a otros humanos. Creo que es porque en el mundo occidental estamos muy concentradas en nuestro placer. Ahora, otras partes del mundo no, no se parecen. De hecho, se parecen más a 1984, de George Orwell. Es algo que escuché en una entrevista a unos filósofos que hablaban sobre las diferencias entre Un mundo feliz y 1984. Decían que Orwell imaginó la distopía futura sustrayendo cosas, con gente que no tiene cosas, que no sabe cuál es el sabor real del chocolate, que no dispone de esos placeres. Es una distopía en la que la gente solo trabaja, todo está ordenado por el sistema. En cambio, Aldous Huxley imaginó la distopía a través del placer. Hay tanto placer que nadie quiere ocuparse de temas importantes, más profundos, de qué le pasa al otro. Creo que el mundo occidental se parece más a Un mundo feliz y otras partes del mundo que no están tan desarrolladas se parecen más a 1984.

¿Y cómo habéis trasladado todo esto a la pieza? Me refiero a ese núcleo y esos ejes de los que hablas.

Propuse al equipo que pensasen sobre cómo romper el sistema, la realidad, la distopía, cómo crear ese espacio en el tiempo, ese ambiente en el que un pensamiento más crítico pueda aparecer. Y que cada uno se aproximase a su manera. No les dije exactamente cómo lo haría yo. Lo dejé abierto y luego, en colaboración con ellas, como siempre, decidimos exactamente de qué manera lo implementaríamos.

¿Pero se traduce en una forma, en un cambio formal, en algo diferente o nuevo?

No lo sé. Pasa todo el rato. Como te decía, he intentado aproximarme al tema desde diferentes puntos. El tema aparece en diferentes momentos, de diferentes formas y a través de diferentes medios en cada momento. Como no trabajo con una dramaturgia lineal completamente representativa no es que pase en un solo momento, las diversas temáticas de la pieza están constantemente apareciendo y desapareciendo.

Y esas otras capas que se superponen, esos otros ejes, ¿cuáles son?

Surgen de ese libro de Huxley y también de ese otro libro, La construcción social de la realidad, que también me ha ayudado muchísimo porque, aunque lo que se dice ahí es algo ya establecido, no algo particularmente nuevo, es de una claridad preciosa. Y esa idea principal de que somos constructores, de que podemos ver a la bailarina también como una constructora. En la pieza vemos este paralelismo: construimos la pieza pero también la podemos deconstruir. Es una metáfora de toda nuestra sociedad, que a veces nos olvidamos de que es una construcción humana y que sería tan sencillo reconstruirla, aunque realmente parece que eso no esté en la mente de nadie, porque somos sus constructores, cada sociedad es un producto humano. No lo tenemos en mente. En nuestro día a día todos intentamos seguir las normas, entrar en la estructura, para tener éxito, dinero, felicidad, todo eso. Cuando, realmente, desde la educación primaria deberíamos comenzar a pensar cómo queremos que sea este mundo, cómo queremos construirlo. No lo hacemos. Llegamos a adultos y ¿cómo es el mundo? Ya no podemos hacer nada. Ya tenemos nuestro trabajo, tenemos que salir ahí fuera y no tenemos tiempo ni para ir a una manifestación. No tenemos la energía para construir el mundo en el que vivimos. Es fuerte. Una vez más, no es nuevo pero es muy fuerte. Tenemos que vivir con esto. Es demasiado tarde para hacer nada. Y aquí entra ese sentimiento de insatisfacción social, que siento mucho y que es la primera vez que he dejado que entre en una de mis piezas. Siempre me han preocupado cuestiones mucho más formales, contemplar y pensar de manera poética el movimiento, investigando siempre en estos parámetros más dancísticos. Esta vez he permitido que entre en mi trabajo esta sensación y este deseo de esperanza.

¿Supone entonces un cambio en la manera de crear con respecto a tu trayectoria anterior?

Sí, hay momentos mucho más poéticos, y no quiero decir más representativos pero sí más guiados. Si antes dejaba al movimiento que hablase por él mismo ahora lo he guiado más hacia el feeling por el que quiero pasar. Es más preciso, lo he guiado más.

Y en esa construcción de la realidad de la que hablas, ¿qué papel juega el público?

Para mí, el público siempre está construyendo la pieza en su cabeza, al menos en la manera como yo veo la danza. Hay directores que crean piezas que pretenden que el público las lea de una manera específica. Yo, no sé por qué, evito eso, porque hago danza, porque eso el teatro lo hace mejor. No cuento una historia. Son momentos que comparto a través de la danza y la yuxtaposición con otros medios que están dirigidos de manera que haya una dramaturgia que no sea historia. Sí que están estos temas, este feeling, este momento que quieres tratar justo antes de romper, esa ruptura, y hay una dramaturgia, basada en construcción y deconstrucción, pensada desde la perspectiva del público también. Lo hemos trabajado de manera muy material con el cuerpo, con el movimiento. Son cosas que al final, quizás, no llegan a la audiencia pero para nosotras es importante que haya ese concepto en el movimiento. Son temas que se han trabajado desde su perspectiva, desde cómo ven una coreografía, el espacio, por ejemplo, hemos hecho un stage-on-stage, que no es que sea algo innovador, cosas pequeñas que al final suman y cambian un poco la perspectiva de cómo se puede hacer una coreografía. Y eso, haciendo autocrítica, podría llevarlo más lejos, me dan ganas de ir más allá.

Háblanos de tu equipo de colaboradores.

Primero de todo, Blanca Tolsà, performer, una artista fantástica que ha entrado desde el principio, ha confiado y sería imposible haberlo hecho sin ella. Ha aportado su experiencia, la de este tipo de bailarinas que también son creadoras. Para mí eso es muy importante. Es una ejecutante fantástica pero también tiene una voz artística. Si no la tuviese sería más difícil trabajar con ella aunque fuese una gran bailarina. Blanca tiene las dos facetas. Es muy interesante trabajar con ella.

Marta Cartu, en la escenografía.

A Marta Cartu llegué por la exposición Constelación gráfica, en el CCCB, dedicada a mujeres artistas de cómic contemporáneo. Allí hablaban del ritmo en el cómic, de esta idea de dramaturgia, y eso me hizo hacer un clic y pensé que quizás podíamos hacer alguna cosa juntas. Escogí a Marta por la calidad de su obra (todas las artistas eran fantásticas) y por la manera como se aproximaba al movimiento, a base de pequeñas representaciones pero al mismo tiempo de manera muy abierta y abstracta, con elementos que puedes reconocer pero que no son como en el cómic clásico. Y con el movimiento pasa lo mismo: puedes representar cosas pero siempre se escapan porque hay movimiento, si hablamos de movimiento y no de una postura. Pensé que podían hacer una buena pareja: el cómic contemporáneo de Marta con el movimiento que a mí me interesa.

¿Y la música, Rodrigo Rammsy, qué papel tiene?

A Rodrigo Rammsy lo conocí por Blanca. Cuando llegué a Barcelona en 2017 la primera pieza que hice fue un solo. Yo tenía un bebé, era más práctico trabajar así pero me pasaba mucho tiempo en el estudio y no conocía a mucha gente. Rodrigo ha trabajado con Blanca y con mucha otra gente. Escuché cosas suyas y me gustaron. Ha sido un elemento muy importante para el ambiente y para apoyar ese feeling del que te hablaba, con mucha sensibilidad.

Y Joan Lavandeira, en las luces, vino por Rodrigo, ha sido una cadena muy chula. Ha sido el último en entrar en la producción y también me parece que entendió eso que quiero hacer con el feeling. E insisto con este feeling porque a veces hay profesionales fantásticos que no entienden lo que tú quieres hacer, que hacen cosas fantásticas pero que no tienen nada que ver con lo que tú quieres comunicar. No siempre es fácil esa comunicación entre nosotros. Yo suelo enviar textos, que a veces son muy técnicos, y luego los intento explicar. Pero luego está la química. Y, bueno, en este caso ha funcionado.

He leído que durante el proceso de creación habéis utilizado música de Alvin Lucier (del que curiosamente también hablamos en aquel podcast de La Poderosa), en concreto, Nothing is real (strawberry field forever), una composición en la que se tocan al piano fragmentos de un tema de los Beatles, Strawberry Fields Forever, que luego son reproducidos mediante un altavoz escondido dentro de una tetera y alterando la reproducción al modificar la posición de la tapa de la tetera de manera que, para el oyente, esos sonidos parecen provenir de otra realidad. Visto así parece que tiene mucho que ver con tu pieza.

Sí, la escogí porque en esa composición hay esta memoria de la canción principal y luego hay una ruptura, como si hubiésemos escapado de esta realidad, de esa canción pop fantástica. Nothing is real, evidentemente también por eso, porque habla de la construcción social de la realidad, de que hay varias realidades, no sólo una realidad. Y también por la manera como se aproxima, dejando espacio y tiempo. Las cosas pasan entre medio y entonces comienzas a ver esta realidad realmente como un pasado, como si estuvieses en otra realidad escuchando esta. Hay una separación, como si algo fuese a pasar, no estamos en esta normalidad, en la que suena la canción de los Beatles tal como es. Y ese espacio que crea entre las notas, que es un momento de suspensión y, en consecuencia, un momento de consciencia. En Un mundo feliz no existen esos momentos, esos espacios que dan para cualquier cosa menos para acatar órdenes.

Tú naciste en Grecia, has vivido trece años en Bruselas, llevas siete años en Barcelona, ¿qué diferencias te has encontrado en los respectivos ambientes de la danza y las artes escénicas?

En Atenas estudié en la escuela nacional de Grecia y sólo trabajé en un proyecto profesional, así que profesionalmente me siento más belga, mis referencias son más de allí. Atenas me proporcionó una base técnica muy fuerte y necesaria y P.A.R.T.S. me permitió realizar una exploración de mi propio lenguaje con todas las referencias que encontré allí. Por eso, me considero más flamenca, a nivel artístico, aunque suene un poco a broma. Aún intento descubrir qué me está pasando. Viendo uno de mis últimos solos, un coreógrafo flamenco me decía que yo tenía una radicalidad flamenca. Pero ahora ya no sé si eso es así. Porque estoy viendo otras cosas completamente diferentes, en un contexto cultural diferente. No sé si eso me está cambiando. Es algo que me preocupa de manera creativa, positiva. A veces me gustaría hacer un proyecto con gente que ha vivido fuera y ha vuelto aquí. Hay una comunidad muy grande de catalanes, españoles, que estuvieron en Bruselas y han vuelto. Me parece que hay un tema interesante ahí. Las diferencias profesionales son muy fuertes pero tampoco quiero idealizar Bélgica. Pero sí que es verdad que allí han tomado una posición política de apoyo a las artes que lo cambia todo. Aquí estoy muy contenta de estar en el Mercat de les Flors pero allí hay muchos más sitios donde se hacen producciones. Hay más posibilidades y más gente que obtiene apoyo. Y apoyo para investigar, incluso. No quiero hablar de la situación aquí porque todavía no la conozco lo suficiente. Sólo puedo hablar de mi experiencia. En mi caso, una de las dificultades en este proyecto es que, mientras estaba comenzando a trabajar, me resultaba difícil concentrarme en la investigación porque aún tenía que estar buscando dinero, becas, producciones. Y hasta hoy. La diferencia principal con mi experiencia en Bélgica es que (aunque no a todo el mundo le pasa) siempre he obtenido la producción (sea en forma de subvención o de coproducción) un año o año y medio antes. Entraba en el estudio tranquila en ese aspecto, en la investigación, en el estudio, en la magia. Y ahora esto ha sido un poco más difícil para mí.

¿Algún deseo para el futuro?

Quiero hacer una pieza de gran formato. Este proyecto lo comencé pensando en hacer una pieza más grande. Lo intenté después de la pandemia pero está claro que estratégicamente no era la mejor decisión. Escribí un proyecto pero aquí no me conocían mucho, no habían visto mi trabajo y era difícil que diesen apoyo a una persona que apenas conocían. Lo entiendo perfectamente. Este dúo con Blanca Tolsà surgió de reinventar ese proyecto, y no es exactamente el mismo proyecto pero surge de los mismos materiales. Al final ha sido fantástico pero me he quedado con las ganas de jugar con la idea de construcción y deconstrucción en un escenario más grande, con una escenografía con objetos que me permita trabajar en el movimiento de objetos. Me he quedado con las ganas de hacer algo más grande, no porque sea más grande sino para que esta idea se vuelva más visible.

Rubén Ramos Nogueira

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Diana Niepce: «Estamos en un bucle constante de resistencia»

Foto: Vera Marmelo

Entrevistamos a la coreógrafa, escritora y activista Diana Niepce, que presenta su pieza La otra cara de la danza en el Mercat de Les Flors los días 29 y 30 de mayo. En este solo extiende los límites de lo que puede un cuerpo y nos aproxima al archivo de la danza hecha por cuerpos no normativos evocando la representación de los invisibles de la historia de la danza.

*Optamos por mantener el término «deficiencia» en la traducción de la entrevista del portugués al castellano ya que es la manera como la artista se autodefine.

Carolina Campos- Es la primera vez que presentas tu trabajo en Barcelona. ¿Cómo te gustaría ser presentada aquí?

Diana Niepce – Soy coreógrafa, bailarina, activista y autora. Trabajo en torno a los estudios de la deficiencia y me autodenomino crip artist. Utilizo esta designación porque está relacionada con una forma de darle la vuelta a un término peyorativo, como queer, por ejemplo, un término ofensivo que ha sido reapropiado para subvertir el concepto.

CC- Tú también eres escritora, ¿no?

DN- Sí, He escrito varios libros y suelo escribir también artículos. Tengo artículos publicados en Corea, un periódico portugués de artes escénicas, en la revista del Teatro Nacional D. Maria II y en el libro Anne Teresa de Keersmaeker en Lisboa (ed. Egeac/INCM), que era un diario de ensayos de cuando ella estuvo trabajando con la Companhia Nacional de Bailado. Para la misma compañía he escrito Bayadére (ed. CNB), que es una adaptación del ballet para un cuento infantil. He ido escribiendo otras cosas, además de los artículos, mucha literatura…

CC – El libro Anda, Diana (ed. Sistema Solar) se encuentra en la categoría de ‘diario ficcional’. ¿Cómo fue ese cruce entre la autobiografía y la ficción?

DN – Anda, Diana es literatura, pero también es una historia personal. Es un relato, pero al mismo tiempo es un ensayo que refleja mi perspectiva después del accidente de mi cuerpo en el mundo. Es autobiográfico, pero tiene un aspecto ficcional porque tengo un gran sentido del humor, así que entro en lugares un poco extraños, que no son reales. Sin embargo, se puede entender como que contiene mi relato personal de lo que me ocurrió.

CC – ¿Cómo relacionas esta práctica de la escritura con la práctica coreográfica?

DN – Para mí, enfrentar el texto en escena es una crisis existencial porque organizo mi pensamiento en el mundo a través de la escritura y la literatura, pero también vengo del ámbito de la danza y a veces esto entra en conflicto. La manera como manejo la palabra dentro de los códigos del teatro, cómo implementarla en escena, son cuestiones que me generan conflictos. Por otro lado, la palabra es importante para mí, siempre estoy escuchando el texto, leo y escribo textos literarios, y luego surge toda la cuestión de cómo adaptarlo para la escena. En mis obras hay un espacio poético donde a veces la palabra no es necesaria, cuando trabajo desde el cuerpo, a veces no la echo en falta en absoluto. Pero también la puedo utilizar a favor de las obras. En Anda, Diana hay un poema en bucle cuando las personas llegan. En Utopía hay un texto corto, de 10 minutos. Enfreakment trae la antihistoria, es una talk performance, así que hay mucho texto, pero muchas veces es una voz en off o está proyectado. En La otra cara de la danza había pero lo eliminé en el ensayo general. Otras personas escribieron sobre ese texto y luego desapareció, pero está por ahí…

Foto: Paulo Pimenta

CC – En La otra cara de la danza, la obra que presentarás en el Mercat de les Flors, estás acompañada de mucha gente, ¿verdad? Has hecho un estudio profundo sobre artistas no normativos como Artur Zmijewski, Bill Shannon, Claire Cunningham, David Toole, Neil Marcus, Michael Turinsky, Lisa Bufano y Raimund Hoghe. ¿Qué estrategias se utilizaron para evocar estos cuerpos dentro de tu proceso de creación?

DN – Estaba buscando trabajar en torno a la historiografía de artistas internacionales con deficiencia, cuerpos no normativos y formas de comunicación no convencionales. Como es obvio, cuando me volví deficiente, el trabajo de los normativos se volvió muy poco inspirador para alguien como yo. Extrañaba saber dónde están, cómo se puede acceder a esa información, entonces esta pieza también surge de esa necesidad de reconocer que no estoy sola, que existen más artistas como yo. Luego trabajé un tiempo con el coreógrafo e investigador portugués Carlos Oliveira, y durante la investigación notamos que la forma como se comunica sobre los artistas con deficiencia, con más o menos proyección, a menudo tiene aspectos de explotación detrás. Existe un gran lugar de tokenismo en torno a los artistas con deficiencia principalmente a lo largo de la historia. Son artistas que no son referenciados.

Me interesaba saber y comunicar lo que ellos hicieron y de qué manera trabajaron sus técnicas en términos de cuerpo y prácticas coreográficas. Cómo se comporta el cuerpo en términos de física cuando no es normativo y cómo desarrolla una técnica muy propia. Al mismo tiempo, la historiografía de los artistas con deficiencia es muy violenta, hay una gran cantidad de artistas muertos, las carreras son cortas, mueren muy temprano. Quería honrar, hacer referencia a esas personas.

Mi cuerpo siempre será diferente al de los demás, entonces la idea no es reproducir, apropiarme de los lenguajes, sino comprender y conocer la historia para configurarla de otra forma. Mi aproximación fue a través de documentales, vídeos de las obras y lecturas de todo lo que había sobre ellos. Fui tratando de entender, a través de lo que la imagen me transmitía y lo que ellos decían, lo que me llevaría de todo eso.

La pieza surgió de ese flujo de información pero también me interesa reflexionar sobre la violencia del dominio en el que te colocan en estos tiempos de creación que son muy rápidos y muy eficientes y que para artistas con deficiencia no siempre son compatibles.

CC – La otra cara de la danza se estrenó en 2022, luego creaste dos obras más, Enfreakment y Utopía, y ahora mismo estás en un nuevo proceso de creación. ¿Cómo te relacionas con la cuestión del tiempo y la productividad? La dinámica del mercado impone la necesidad de hacer una obra tras otra, en residencias cortas y en lugares distintos. ¿Cómo manejas eso?

DN – A veces tenemos que ser como una fábrica… Creo que el mercado y el mundo están muy enfermos, por lo que es complicado por varias razones. Los gastos de un artista con deficiencia son mucho mayores que los de un artista normativo. Debo tomar muchas decisiones en función de mis necesidades y mi salud, pero también de las posibilidades que esas decisiones brindan a otros artistas, y de cómo lo que hago se refleja en las personas con deficiencia, en función del activismo.

Estoy un poco burnout, en un constante estado de agotamiento desde hace mucho tiempo porque siempre me pongo en segundo plano en función de todo lo demás. Es muy fácil caer en esquemas que te enferman. Es una máquina perversa y complicada. Por ejemplo, para crear mi propia estructura de producción necesito dinero y termino teniendo que aceptar muchas cosas. Este semestre estoy trabajando en tres creaciones, un ciclo de formación y viajando internacionalmente con al menos diez presentaciones. Si no lo hiciera de esta manera no podría establecer mi propia estructura ni proporcionar condiciones de trabajo a las personas que están viajando conmigo. Voy manejándolo, pero tengo algunas dificultades porque siempre estoy previendo pérdidas y viviendo con el miedo a la falta de posibilidades. Mis padres no son ricos y tengo muchos gastos. Entonces, estas cuestiones más pragmáticas son fundamentales para que el artista tenga una vida saludable con el trabajo. Depende mucho de tu red de apoyo y del nivel de responsabilidades que tengas.

CC – Con ese volumen de trabajo tan elevado estás circulando por muchas instituciones y países diferentes. ¿Están preparados estos espacios artísticos por donde circulas en términos de accesibilidad? ¿Cómo percibes esta relación de atención a las especificidades de los artistas con cuerpos no normativos?

DN – Las personas no tienen mucha conciencia al respecto. Tengo una especie de plan que intento seguir para que las cosas salgan lo mejor posible, pero eso no significa que no vayan a salir mal. Los derechos y el bienestar en el trabajo no están garantizados porque estamos en prácticas capitalistas neoliberales en las que las personas con deficiencia han sido invisibles durante mucho tiempo. Además, tenemos una larga historia de eugenesia. Los cambios que están ocurriendo son sutiles, son significativos pero recaen en muy pocas personas, lo que hace que el trabajo sea muy violento en ese sentido.

Siempre intento enviar un guión sobre cómo comunicar sobre artistas con deficiencia, por ejemplo. Los periodistas pueden escribir cosas altamente problemáticas sobre mí, pueden invalidar mi trabajo o ser altamente condescendientes y paternalistas. Pero la mayoría de las personas no lo leen, a menudo dicen que prefieren hablar en persona. Voy a hacer una conferencia este sábado y hoy me dijeron que no hay baño accesible. Tuve que decir que no podría ir. Estas dinámicas siempre están ocurriendo. Tengo un documento de accesibilidad que detalla horarios de trabajo, tiempos de descanso, cómo viajo, si es en coche, cuáles son las medidas de mi silla de ruedas, etc. Es lo que creo que cualquier artista debería tener, pero eso no significa que esas cosas se aseguren. Sin embargo, ya fui a Leiria, en Portugal, a hacer mi trabajo y rompieron una pared para que pudiera bañarme. Puede haber voluntad, pero siento que hay muchos espacios que no tienen absolutamente ninguna voluntad y que funcionan según una agenda rígida y obsoleta.

CC – El campo de las artes, en algunos territorios, está muy comprometido en una especie de reparación para visibilizar cuerpos disidentes y no normativos, lo cual es muy positivo, pero por otro lado, fetichiza ciertos cuerpos y termina convirtiendo ciertas singularidades en productos. ¿Cómo ves esa paradoja?

DN – Vivimos en una sociedad que nos convierte en objetos de marketing, en la que tenemos que vender más, producir más. Por supuesto, hay mucha tokenización de las comunidades marginadas porque no hay un interés real en cambiar las cosas en profundidad. En realidad, todos estamos en un sistema muy precario, cada vez más precario, y dentro de esa precariedad, si todo el mundo está en esta mentalidad de intentar sobrevivir, es muy difícil conseguir tiempos más justos.

Para que las cosas cambien, a menudo tenemos que ser muy violentos. El problema es que las comunidades marginadas son violadas constantemente y es muy difícil estar siempre en ese lugar de violencia. Especialmente en el sector cultural, la comunidad de artistas con deficiencia es la más pequeña de todas, y no siempre estamos integrados en las otras comunidades como la queer, la trans… Somos los más excluidos y eso acaba cargando el peso sobre las espaldas de unos pocos. Y cuando se cansan no hay nadie que los sustituya.

Estamos en un bucle constante de resistencia, como el ratoncito dentro de la rueda. Creo que a veces hay que parar la rueda, pero esta dinámica es compleja. Es difícil decir que no. No creo que estemos educados para decir que no. Una de las prácticas que hago con mis bailarines es saber decir no en el escenario. En la performance, a veces tenemos protocolos en los que todo vale, y a veces hay cosas con las que no estamos de acuerdo. Quizá ayer estaba bien, pero hoy no, hay que aprender a lidiar con ello. Es un sistema tan viciado que a veces ni siquiera nos damos cuenta de que no estamos de acuerdo con ciertas cosas.

Foto: Paulo Pimenta

CC – Tus piezas traducen de manera poderosa esas cuestiones que mencionas. La tensión entre violencia y fragilidad, las relaciones de poder entre cuerpos. Parece que das una vuelta a la idea de pasividad y a la noción de agencia sobre las cosas. ¿Es este un lugar de investigación para ti?

DN – Trabajo mucho en torno a juegos de opresión y manipulaciones físicas y psicológicas, dominación y sumisión. Ese «inbetween» que es el lugar donde siempre se está. Para mí, esa es la forma en que las masas son dominadas. Somos ovejitas, no somos ovejitas, siempre estamos en ese lugar intermedio que me interesa mucho. También trabajo con los cuerpos como objeto, carcasa, devenir. Me interesa la filosofía de Deleuze, Artaud, Foucault y cómo ese pensamiento se compone en la danza. Mi trabajo es danza, pero a veces son esculturas visuales, a veces estoy alrededor de la práctica del Butoh y de la dilatación del tiempo. De dónde vienen las cosas, a dónde van, qué estoy haciendo, qué significa eso. Siempre tiene varios significados y en la creación no siempre se pueden obtener respuestas increíbles. Es un poco ese lugar de paisaje en el que vivo. Esa resistencia psicológica de los cuerpos. Ese lugar donde nada es fácil y, de alguna manera, todo es misterioso y precioso. Es un poco ese lugar en el que intento trabajar los objetos performativos.

CC- En El otro lado de la danza hay una exploración de límites, de hasta dónde puede llegar tu cuerpo, y eso genera una relación muy particular con el tiempo.

DN – Sí, el tiempo es importante para mí, esta noción del tiempo en disidencia, distendido, tenso. Mi trabajo es tenso, denso, sobre la tensión, sobre la resistencia, sobre estar, permanecer, romper piedras. Siempre estoy metiendo el dedo en la llaga. Por eso a menudo pongo mi cuerpo en peligro. Mi trabajo no trata de imponer cosas a los demás, trata de mi cuerpo pero también del de los demás, de sus propias identidades y deseos. Me interesa esta relación empática y al mismo tiempo tensa con el espectador. En La otra cara de la danza creo que te das cuenta de que cada movimiento tiene su propio significado e importancia, aunque no puedas entenderlo debido a tu propia historia o experiencia en el mundo. Así que, para mí, la idea de performance está estrechamente ligada a experimentar los cuerpos en este lugar de trabajo casi empático. El espectador comienza a experimentar lo que allí sucede. Por supuesto, esto también depende de su permeabilidad, de su atención y del lugar desde el que pueda ver.

CC – Sí, tú creas las condiciones para que esta puerta esté abierta.

DN – Eso es lo que me interesa cuando creo cosas. La idea de experiencia y, al mismo tiempo, discurso, debate, pensamiento, reflexión. La gente experimenta mis obras pero se lleva muchas cosas a casa para pensar.

CC- ¿Puedes hablar un poco sobre el trabajo que realizas en pedagogía, creando contextos y condiciones laborales para otras personas?

DN – Eso me interesa porque estoy haciendo lo que me hubiera gustado que alguien hiciera por mí cuando tuve el accidente. En 2020 organicé una formación en artes escénicas para artistas con deficiencia en Lisboa y Loulé. En 2023, también en Lisboa, realicé el proyecto Fuera de la Norma, donde reunimos a artistas no normativos y normativos que tuvieron acceso a formadores y apoyo técnico para crear una práctica que reflexionara sobre los cuerpos políticos. Ese mismo año, realicé Norma en el Teatro Nacional D Maria II, donde, durante cuatro meses, varios artistas fueron invitados a participar en prácticas somáticas, inclusión y representatividad, disability arts, cuestiones de género y prácticas de artes performativas. Fue una formación para un grupo de 18 personas. En 2024 fui curadora del ciclo Cuerpos políticos, de conferencias y performances, en la Fundación Culturgest, en Lisboa. Y, al menos una vez al año, intento ofrecer talleres gratuitos.

Siento que si tengo acceso a un lugar, una voz y una serie de contextos, es mi responsabilidad como artista dar acceso a otras personas. Y no voy a estar aquí para siempre y no quiero ser la única. Este sentido de comunidad y la deconstrucción del pensamiento normativo del sector son cosas importantes para mí. También me interesa construir puentes, darme cuenta de que hay más aliados de los que se piensa. Creo que tenemos más beneficios con aliados que si estamos solos. Lo que intento a través de la formación es dar fuerza, conocimiento y discurso, ya sea para cuerpos normativos o no normativos. Creo que es necesario emprender este tipo de acciones porque, de lo contrario, el sector está dominado por una heteronormatividad blanca privilegiada que durante muchos años ha predominado en el ámbito. Ahora las comunidades marginadas están ingresando y teniendo más acceso, pero también es un lugar muy frágil y peligroso porque tienes que estar constantemente justificando tu lugar, tu voz y tu existencia. Es muy duro tener que justificar constantemente tu existencia.

Carolina Campos

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