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La Distance de Tiago Rodrigues en el CDN

La Distance de Tiago Rodrigues | 15 al 18 de enero en el Teatro María Guerrero (Centro Dramático Nacional) de Madrid

Sobre el espectáculo

En el año 2077, una humanidad dividida se enfrenta al colapso económico y climático mientras una parte de la especie busca refugio en Marte. En este contexto, un padre lucha por sostener el vínculo con su hija, separada por millones de kilómetros. La Distance se presenta como una pequeña pieza vital perdida en la inmensidad cósmica. Con esta premisa distópica pero cercana, la obra reflexiona sobre el impacto de nuestros actos y sobre la posibilidad de entendimiento entre padres e hijos. El autor enfrenta ambos mundos mediante una serie de conversaciones espaciales que desafían la soledad del cosmos y convierten la distancia interplanetaria en una metáfora de la desconexión humana.

Nota del autor y director

Comienzo cada proyecto intentando responder a dos preguntas a la vez. La primera es: ¿con quién quiero trabajar? Pero no se trata solo de trabajo. Sabiendo que la vida es corta, que el tiempo es precioso y que hacer teatro es una actividad intensamente social, donde se solapan las esferas profesional y personal, la pregunta adquiere una forma diferente: ¿con quién quiero pasar una parte significativa de mi vida, trabajando y compartiendo una experiencia que podría resultar transformadora? La segunda pregunta es: ¿qué problemas siento la necesidad urgente de abordar en el escenario? Aquí también, la pregunta puede tener otros significados, porque en el pasado he tendido a traducir una especie de síntesis de mis preocupaciones como ciudadano con mis propias ansiedades privadas en un sentido de urgencia artística. La pregunta, entonces, es: ¿qué asuntos de urgencia íntima y política siento la necesidad de traducir al teatro? Por lo tanto, el primer reto que me planteo en la génesis de cada proyecto es intentar conciliar las respuestas a estas dos preguntas.

La primera respuesta es Adama Diop. Trabajé con Adama por primera vez en 2021, en la única producción de una obra del repertorio que he realizado hasta la fecha, El jardín de los cerezos de Chéjov. Su Lopakhin, tan complejo, auténtico y lleno de humanidad, mereció plenamente el premio al Mejor Actor de la Asociación de Críticos de Francia y conmovió al público de numerosos países. Mi deseo de volver a trabajar con Adama responde al deseo de prolongar la colaboración que iniciamos hace tres años y de profundizar en una complicidad artística basada en una comprensión compartida de la responsabilidad y la libertad de un actor en escena. Reunir un equipo de colaboradores artísticos habituales en iluminación, sonido, escenografía y vestuario en torno a la presencia artística de Adama es un punto de partida fundamental para este proyecto. La segunda respuesta se compone de varias respuestas fragmentarias, que se unen en un laberinto de coincidencias temáticas y poéticas. Me interesa explorar la distancia que puede desarrollarse entre un padre y una hija como sujeto concreto, pero también como metáfora de un conflicto generacional que, en el contexto de la crisis climática actual, a veces puede traducirse en un conflicto existencial.

Quiero hablar sobre la idea de que la humanidad ha llegado a un punto en su historia en el que ya no podemos esperar que las generaciones futuras tengan una vida mejor que las recientes, una aspiración que ha sido la base de las organizaciones sociales y políticas durante siglos. Necesito preguntar cuán grande será la brecha generacional en un futuro distópico, pero cada vez más realista, una época de lucha por los recursos y catástrofe ambiental. Quiero comprender si los jóvenes de hoy y del futuro verán el mundo (o los mundos) de forma tan diferente a nosotros y a nuestros antepasados ​​que les resultará difícil comprendernos. También me interesa proyectar una narrativa hacia un futuro relativamente lejano, dentro de cincuenta años, en un intento de interrogar qué camino debería tomar la humanidad si colonizáramos Marte. ¿Cómo se seleccionará a los colonos? ¿Cómo será la vida en Marte y en la Tierra? ¿Qué significa pertenecer a una especie que vive en dos planetas? ¿Cómo cambiarán los comportamientos familiares, sociales y privados este proyecto de diáspora espacial? Uno de los temas de conversación recurrentes que he compartido con Adama desde que nos conocimos es la formación teatral, basada en nuestra preocupación común por los caminos que siguen los jóvenes artistas. Además, ambos somos padres y nos interesa cómo ven el mundo nuestros hijos e hijas.

El hecho de que ambos vivamos y trabajemos en un país distinto al nuestro es otra circunstancia compartida que orienta nuestras conversaciones hacia el tema de la distancia. Cuando empezamos a reunirnos para hablar de este proyecto, tuve claro de inmediato que el terreno de nuestra colaboración sería propicio para inventar una obra que abordara la distancia entre un padre y una hija, una alegoría íntima y microscópica de asuntos de una urgencia global monumental.

Tiago Rodrigues

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