Alicia Bajo Tierra

El mundo de debajo de la tierra acoge la visión adulta a la que Alicia ha de enfrentarse, camuflada bajo un funcionamiento que recuerda el del sueño, la visión, el trance, un funcionamiento que Alicia no comprende y al que se va amoldando sin llegar a integrarse en él. Un mundo sucio, cruel y demente. Alicia baja a la tierra y su proceso de iniciación comienza.
Una vez abajo, Alicia empieza a dudar sobre la validez de las órdenes que cumplía en la superficie, rechaza los estereotipos infantiles sobre el mundo y sobre ella misma, las banalidades y las medias verdades. Empieza la búsqueda de su nuevo ego, intentando definirse. Debajo de la tierra se encuentra con la muerte y la sexualidad, descubre los mecanismos sociales, que antes la incluían sin revelarse, y ahora le parecen tremendamente absurdos. Un choque contra el mundo antes escondido, prohibido, que no se había manifestado a pesar de su presencia. Bajo tierra se destapa el tabú.
En este mundo no hay nada constante ni cierto, el tiempo sigue su propio ritmo, como también los personajes y el espacio. El tiempo acelera o frena según su propia voluntad, los personajes se convierten unos en otros, evolucionan como el espacio también lo hace, los sonidos de las palabras importan más que su significado. La importancia y la falta de importancia están pegadas a los eventos, a los cosas, a los asuntos, en lugar de salir de su verdadera naturaleza. Tanto la relación entre las causas y los efectos como la cronología de los eventos están desequilibrados: los efectos suceden antes que las causas, todo gana un valor nuevo. La historia no sigue la trama sino el movimiento de una hormiga.
En un primer momento, Alicia intenta imitar el comportamiento de los seres que encuentra y seguir las reglas del mundo bajo tierra, pero es rechazada. Por lo tanto, se dispone a asimilar las nuevas órdenes y a funcionar dentro de ellas. En este proceso, Alicia gana distancia sobre el mundo bajo tierra y lo rechaza. La pesadilla se convierte en una banalidad: “No sois nada más que una baraja de cartas”, dice Alicia; “Entonces ya no nos necesitas más”, concluye la reina.
Alicia vuelve a la superficie cambiada, pero la realidad intenta reintroducirla en la forma infantil que abandonó al meterse por el agujero. Esta forma resulta ser demasiado estrecha ahora, pero no hay ninguna otra a su disposición por el momento. La faldita rosa aprieta mucho y los poemas infantiles no le gustan tanto como antes. Esto se manifiesta en Alicia como un presentimiento, un impulso fuerte e irracional, ansioso, que no le permite ser una niña nunca más. Pero, ¿qué otra cosa ser?
“He tenido un sueño tan bonito”,
intenta convencerse Alicia a sí misma.
Intenta sin éxito.
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