
Taller Placer presenta en Espai Inestable y en el contexto de Dansa València, la que quizás sea la pieza más atrevida de un festival que este año tiene el lema ‘momento de ternura’. Entre programadores, periodistas, creadores y por supuesto, público de a pie, la sala presentaba un aforo reducido de 40 personas para ver ‘Una idea inacabada’.
Esta ‘idea’ sin forma definida hasta que llega al espectador, tiene relación con el concepto de punctum que esboza Roland Barthes en la ‘Cámara lúcida’. En el teatro postdramático, el cuerpo (y en este caso también, el objeto) destaca por su presencia y no por su cualidad de significar algo. Esta pieza de Miralles y Arlandis tiene mucho de ese ‘punzante’ que hiere o conmueve, que lleva a pensamientos difíciles de definir y que mueren si se les intenta conceptualizar o encontrar un significado. Como dice la compañía: “Toda percepción es selectiva. Sentimos según nuestra disposición, nuestra historia, nuestros acompañantes, nuestras prácticas cotidianas, nuestra educación y, sobre todo, según lo que decidimos hacer con aquello que nos afecta.”

Hablemos entonces de lo que sí hay. En el centro del escenario totalmente aforado, hay una ventana en la que se ve el rincón formado por dos paredes de azulejo blanco, como las de un cuarto de baño. Esa blancura de las baldosas tiene algo de quirúrgico y de laboratorio. En realidad se trata de una maqueta a escala 1:10 del Cine Rialto inaugurado en 1935 en la plaza del Ayuntamiento, edificio que ahora es el teatro (y filmoteca) con el mismo nombre. No hay ningún rastro de la arquitectura art-decó ni nada que se le asemeje, lo que vemos es simplemente un rectángulo de luz en formato 16:9 que podría ser perfectamente la pantalla de ese cine, o de cualquier otro. La idea de un teatro dentro de un teatro ya aparece mientras las espectadoras nos vamos acomodando. Algo de cinematográfico, algo de teatro de marionetas, mucho de asociación libre.