Notas sobre «La casa de la fuerza» de Angelica Liddell

La pieza que pude ver ayer noche con una duración de 5 horas y media en Matadero está estructurada en tres actos. Me gustaría escribir algunas notas sobre cada uno de las partes:

Primer acto.
Tres personajes [casi diría tres personas] están sentadas alrededor de una mesa tomando cervezas. Beben, escuchan a unos mariachis, ríen, charlan sobre películas, callan, fuman,…están.
La presentación de unos hechos que suceden sin impostura, sin esfuerzo. Unos hechos que no deben su origen a nada que no sea el aquí y el ahora. Esta presentación de acciones se opone a la construcción dramática de re-presentación y es una de las características relacionadas con el teatro posdramático[1], en el que Angélica Liddell se enmarca.
Los personajes se emborrachan, callan, hacen ruidos, desarrollan una serie de mini-acciones sin ningún tipo de orden ni finalidad ni tampoco ningún tipo de interés por mostrarse como algo más que lo que son: pequeñas acciones de una personas delante de otras.
El primer acto consiste en llevar al límite esa situación. Pareciera que Liddell ha querido convertirse en el ejemplo más ortodoxo de este tipo de piezas teatrales. Pareciera una clase de teatro donde se aglutinara todo aquello que se ha pensado sobre la mesa de trabajo y se ha leído en los libros. Un largo espacio de tiempo de silencio de unos 10 minutos ocupa el tramo final del primer acto. Un largo y sostenido espacio de nada. Un destensado Cage llevado a los 10.32.
Roger Bernat, en referencia a su espectáculo LA LA LA LA LA LA, presentado en el Mercat de les Flors, en 2004, dijo:

“Yo encuentro mucho placer en esas dilaciones, en esas esperas. Porque es en esas esperas donde los textos se enraizan, adquieren sentido. El pensamiento se produce en situaciones de inactividad.” O también: ”El espectáculo es moroso porque está hablando más de lo que no ocurre que de lo que ocurre, de lo que desearías que ocurriera y no ocurre, de todo aquello que te provoca la no acción, todos esos pensamientos que no te dejan actuar…»

Segundo acto.
En su más potente tramo la pieza deriva en un diario personal donde la artista presenta sus experiencias traumáticas, dudas, miedos, odios, a través de, entre muchas otras cosas, una serie de imágenes tomadas por ella misma en un viaje que hizo a Venecia en enero de 2009. Aparecen textos, una impresionante interpretación de Vivaldi a cargo de Pau de Nut, monólogos [donde Liddell se siente como pez en el agua y donde afloran los momentos más fácilmente digeribles], carreras, cortes en brazos y rodillas [marca de la casa al modo del accionismo vienés], canciones pop [de nuevo Bernat] y pesas, muchas pesas y ejercicios y cansancio. Porque ese es quizás uno de los núcleos de la obra. La redención de los males a través del esfuerzo físico puro y duro. Lo físico frente al pensamiento, -“frente a la inteligencia”, se referirá Liddell en uno de los monólogos-. Ese esfuerzo es el que va aflorando a medida que se va desarrollando este segundo acto cansino, con demoras, alargado hasta más no poder. El esfuerzo es llevado al límite durante todo el segundo acto tanto en el terreno físico como psíquico. Los tres personajes-personas sufren un desgaste físico palpable[2] al mover una quincena de sofás varias veces a pulso, hacer ejercicios de gimnasio con una serie de pesas y de vaciar sacos y más sacos de carbón en el centro del escenario para posteriormente volver a trasladar el contenido a palazos.
El movimiento inútil como catarsis emocional. Los sofás son metidos y sacados del escenario sin objetivo del mismo modo que se hacen flexiones. Se traslada el carbón desde la pared al centro y del centro al fondo de nuevo. El sinsentido y el absurdo asociado al esfuerzo. Es quizás esta última escena la más potente visualmente donde los personajes caen exhaustos sobre la montaña de carbón para poco a poco ser sepultadas por sus propias compañeras entre una humareda aplastante que se desliza suavemente por toda la nave.

Tercer acto.
En un modo más reposado, más concreto, relacionado con la memoria y lo político, este tercer acto se centra en las sucesivas violaciones y asesinatos de niñas entre 13 y 16 años en México. Angélica Liddell ha hecho una serie de talleres en México durante este verano y toda la obra está repleta de comentarios y asociaciones provenientes de esa experiencia, desde la aparición de una orquesta de mariachis en el primer acto, continuas referencias a la huida hacia México para encontrar el amor o la muerte de muchachas ya citada.
De un tiempo a esta parte este se ha convertido en un tema recurrente. En “2666”, Roberto Bolaño se explayaba durante una terrorífica “Parte de los muertos” en todos estas violaciones describiendo una a una a las víctimas y el modo en que se encontraron los cuerpos. Posteriormente Alex Rigola llevó al teatro dicha novela con un montaje con demasiados altibajos y demasiado oportunismo. Ahora Angélica Liddell nos vuelve a colocar en el escenario las mismas cruces rosas en el Matadero ¿Serán incluso las mismas?
Un tercer acto pues demasiado previsible y con falta de la fuerza que se había podido percibir en los actos anteriores.

En resumen una pieza de teatro en el límite, para cerebros, estómagos y culos pacientes e iniciados. Un esfuerzo en todo el sentido de la palabra tanto para los autores como para el público. Una obra donde te da tiempo de todo: de interesarte, de aburrirte, de llorar, de mirar la sala, de odiar, de amar, de pensar en otra cosa, de estremecerte, de pensar que te están tomando el pelo, de emocionarte, de hablar con el vecino y de muchas cosas más. Todo ello, aunque arduo, interesante.
De todos modos, da una sensación de haber tenido todo este trabajo en la cabeza. De haberla pensado, de haberla conversado. De haberlo leído. De ser, al fin, demasiado canónico.
Da la sensación de ser un traslado a las tablas de todo aquello que una generación de gente de teatro ha pensado. En la mente se me aparecen el antecesor y los sucesores de Liddell: Rodrigo García por un lado y La tristura por otro. La encarnación de toda una corriente, de toda una línea creativa.
Pero, pensando en lo irrevocable del planteamiento, finalmente me aparece la duda:
¿Para qué tanto tiempo para decirme algo que ya sé?
¿No debería un espectáculo hacerme olvidar lo aprendido en vez de recordar lo leído y visto?

[1] En el libro “Artes de la escena y de la acción en España:1978-2002” [Ediciones de la Universidad de Castilla la Mancha, colección Caleidoscopio, 2006] se pueden repasar las diferentes características que José Antonio Sánchez otorga al teatro posdramático.
[2] Por cierto ¿Cómo habría sido esta misma pieza en una sala de pequeñas dimensiones? No sé qué pensar con respecto a las Naves del Español en Matadero Madrid. Por un lado la sala es fantásticamente grande y potente pero por otro lado deja a los actores alejados, siempre alejados. De hecho, parece que Lidell en esta “La casa de la fuerza” haya incluso querido acrecentar la distancia colocando el 100% de la obra a 10m. de la primera fila de butacas.
[3] La imágen utilizada proviene de la edición digital de el diario El País.

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18 Respuestas a Notas sobre «La casa de la fuerza» de Angelica Liddell

  1. cmc: parece que hemos tenido algún problema en el proceso que detecta automáticamente los cambios en los blogs de los usuarios. Esta es la razón de que no haya aparecido antes ni tu post ni el enlace a tu usuario en la portada de TEATRON. Nuestras disculpas. Bienvenido.

  2. Alberto. dijo:

    Guapa la crítica. Me acabas de regalar cinco horas de vida.

  3. masu dijo:

    coño que guay el tejido del tiempo , suficiente espacio y objetividad para atisbar y contextualizar el curro de la liddel. guapa la crítica
    (siento copiarme alberto es que he pensado lo mismo)

  4. Quim dijo:

    Un millón de gracias Cmc por el texto. Que estemos más o menos de acuerdo en distintos aspectos me parece irrelevante. Lo importante es que surjan estos textos para visibilizar piezas y creadores que misteriosamente quedan borrados de los medios de comunicación dominantes.
    Sólo comentaré que los espectadores que ya habían visto la pieza en Madrid señalaron que la tercera parte había «crecido» mucho. Así pues, igual no vimos lo mismo en la tercera sección :-/ Cosas de que el teatro sea un arte vivo…

  5. cmc dijo:

    Sí , sí. Es cierto que lo importante es que aparezcan más comentarios, más notas, más críticas y más razonamientos sobre las artes escénicas. ¡Cómo es posible que puedas leer una crítica de cine de cualquier película sólo buceando por internet durante dos minutos y no haya manera de leer nada sobre la última pieza de Angelica Liddell? No tiene sentido. Por no decir de obras más pequeñas…
    En fin, que felicidades por tu blog quim, de veras.

    No hay problema Equipo de TEATRON. Ya estoy aquí deispuesto a alimentar este brillante portal.

    Y por otro lado…guapos los comentarios! Gracias masu, alberto.

  6. tomas dijo:

    hola cmc.
    un placer leer tu critica.
    Te leemos y leeremos

  7. Bea dijo:

    yo vi la pieza en el Matadero, el tercer dia……. no conozco demasiado el trabajo de esta mujer, pero después de ver esta última si que experimenté todos esos estados de los que hablas y algunos más…ese exceso de experiencia compartida durante 5 horas y media desemboco en un a especie de catarsis emocional que en ese mismo momento final de la obra me combusionó…pero según han ido pasando los dias he podido distanciarme y pensar que lo que más me interesa es Angelica la intérprete, la escritora, pero no tanto la compositora y mucho menos la directora….no me interesó nada la dirección de actrices, las vi como niñas temerosas de que la profesora las fuera a llamar la atención si no hacían bien lo pactado….como un poco disminuidas al lado del gran bicho escénico…….y eso no me gusta verlo en una obra…..creo que es muy importante la transmision del lenguaje a los intérpretes para que todos estén jugando en escena con la misma fortaleza………( es solo una humilde y muy personal sensación o regusto que me quedó de la obra y ha empañado su totalidad….que pena no?)

  8. Julie dijo:

    Ola!
    he visto esta pieza a avignon en francia y tengo una pregunta algo sabe como se llama la cancion donde angelica liddell grita corriendo en la escena???? le he entendido en la radio espanol este verano pero no sé como se llama!Por favor ayudame!

  9. T dijo:

    No he visto aún La casa de la fuerza pero creo que es una escena que vi en la presentación de Venecia en las Nits Salvatges. Si es así, la canción es Muñeca de trapo de La oreja de Van Gogh.
    T

  10. Sí, la primera canción es Muñeca de Trapo, de la Oreja.

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