Me llamo Rubén Ramos Nogueira, como todo el mundo. Erik Satie.

El título de la intervención es mi versión del original Me llamo Erik Satie, como todo el mundo.

En el Fòrum se nos pedía que hablasemos sobre lo común en la cultura. Se me pidió un título provisional para utilizarlo en la difusión del acto. Creo que lo primero que pensé fue en hacer una acción que hablase por sí misma, sin necesidad de demasiadas explicaciones. Pensé en gente que me gusta que había intentado hacer las cosas de otra manera. No pretendía ser original en ese sentido, por supuesto.

Pensé en conferencias y entonces me acordé de Erik Satie, que también daba conferencias muy raras. Leí a Satie hace muchos años. Para muchos de los que tenemos una formación musical clásica supongo que Satie nos sacó del hoyo en algún momento. Al descubrir a Satie descubres que hubo gente rarita en todas las épocas. Y luego descubres que Cage también descubrió a Satie. Tuve una época de descubrimiento asociada a la música de Satie. Un día me compré toda su obra para piano. Hay un libro que recoge algunos de sus textos: Memorias de un amnésico y otros escritos, publicado por Ediciones Árdora, Madrid 1998. Está prologado por Llorenç Barber. Cuando lo leí aún no sabía quién era Barber. Más tarde, supongo que por la época en la que Barber hizo uno de sus impresionantes conciertos de campanas en Barcelona, leí un libro en el que le entrevistaban (no sé dónde lo tengo). Ahí descubrí quién era Llorenç, sus anécdotas con John Cage, como la de que Cage se fue un día de un concierto de Barber diciéndole en voz baja al de al lado “esto es Wagner” y cómo Llorenç no le guarda rencor por eso, más bien lo disculpaba diciendo que era normal, que cómo un neoyorkino iba a entenderse a la primera con unos valencianos como ellos. Un día me presentaron a Llorenç Barber en el Festival Escena Contemporánea de Madrid y no pude resistir preguntarle si él había conocido a Cage, aunque ya sabía que sí, sólo para oír la anécdota de su boca. En fin, no pretendo liarla más. Simplemente quiero poner encima de la mesa cómo empiezas a pensar en algo y la cabeza se te va a otra cosa que te lleva a otra cosa y así todo. Supongo que así llegué hasta Enrique Vila-Matas, que utilizaba esa frase de Erik Satie en una conferencia que escuché en el MUSAC de León hace unos años. Me pareció que podía apropiarme de lo que habían dicho otros antes que yo para hablar de lo común en la cultura, del remix, de las versiones. Pensé, entre otros, en Vila-Matas, que lo hace muy bien, pero también en Txalo Toloza-Fernández, sobre quien había escrito hace casi tres años cuando presentó su pieza “Todos los grandes tiene problemas de piel” en (tachán!) el Convent de Sant Agustí, precisamente donde estaba convocado el Fòrum Indigestió 2012. Justo el mes pasado Txalo la volvió a presentar en La Pedrera y eso me hizo recordarlo.

Esa frase de Erik Satie iba muy bien para todo esto. Dice muchas cosas aunque es un poco críptica. Sólo tenía que cambiarle el nombre y de un plumazo decía ya mucho de lo que yo quería decir.

Esa frase la encontraréis en Razonamientos de un testarudo. Y también esta:

Signo de estos tiempos: los artistas se han convertido en profesionales del gremio; los aficionados se han convertido en artistas.

Estamos hablando de principios del siglo XX. Pero parece de ayer, ¿a que sí?

En la contraportada del mismo libro leí que Satie también había dicho:

el piano, como el dinero, solo resulta agradable a quien lo toca.

Eso no sé dónde lo dice, quizá en el prólogo de Llorenç Barber (por eso os he hablado de él, pero no me lo hagáis buscar porque el prólogo es muy largo y, en el fondo, da igual dónde lo diga). Pero también lo robé porque mola.

Alguien me dijo que después de la intervención en el Fòrum le entraron ganas de ver Entr’acte, una peli de René Clair con música de Satie, donde aparece el propio Satie junto a Marcel Duchamp, Picabia, Man Ray. Para el que tenga curiosidad aquí la tenéis. Para los que tengan prisa, el bueno de Satie sale sobre el minuto 1. Es el del sombrero.

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