La Llamada de Londres: TESTAMENT, She She Pop

Quiero escribir un libro que lo extinga todo, mi familia, mi casa, mis hermanas,  mi pasado,  yo mismo.

Thomas Bernhard,  Extinción   (He intentado encontrar la cita pero no la encuentro.    Hay  335 páginas y ningún párrafo. Lo dice unas cuantas veces y es así más o menos.)

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Testament, She She Pop

El sábado pasado en el Lift Festival de Londres, fui a ver Testament del colectivo de performance berlinés She She Pop.                                                                                       Lugar: Barbican Centre, Pit Theatre (sala pequeña).  Aforo lleno.

En el escenario cuatro performers, tres mujeres y un hombre, nos presentan a sus padres de verdad.  Una trompeta tocada  por uno de los padres nos sitúa en palacio. Seguidamente los padres desfilan uno a uno delante de sus hijas e hijo.  Se aposentan en sus tronos. Sillones enormes de residencia de abuelos. La pieza pivota alrededor del Rey Lear de Shakespeare.  Los cuatro performers y sus respectivos padres se retuercen durante casi dos horas jugando a ser Cordelias y Reyes Lear y a ser padres  e hijas de verdad.

Hay fotocopias de la obra de Shakespeare que se filman y proyectan sobre una pantalla a la derecha del escenario. Los papás a la izquierda buscan en la distancia, afilando sus miradas longevas a través del ancho del escenario para leer a Shakespeare. Esto les gusta a los papás. Hacer clásicos les gusta.  Por eso están aquí. Pero Shakespeare ha servido de anzuelo para traer a los cuatro viejos de setenta y dos años a hacer algo bastante más incómodo que una relectura shakespeariana. Para cada papá una hija: Generil, Regan y Cordelia. venid y decidme cuanto me queréis y así podré calcular vuestras herencias.  Esta vez desfilan las hijas ante los padres. Y el colectivo berlinés She She Pop miente delante de sus papás reales tan bien como puede. Hasta que llega el turno de la hija más joven de verdad y la hija más joven del Rey Lear encarnadas en la misma persona: Cordelia, Cordelia, Codelia, Cordelia dice lo que le da la gana. ¿Como irían a saber los papás que venían a hacer un Rey Lear,  que en realidad se iban a reunir con sus respectivas Cordelias delante del pueblo llano para decirse las miserias y mirarse a sus ojos desgraciados en silencio durante largos tiempos, cantando pop y bailando coreografías estúpidas y revelando sus gustos anquilosados? Quizás solo fuera posible solo delante de nosotros.

La pieza se organiza en los cinco actos de la tragedia shakesperiana. Todos son Cordelia a partir del final del primer acto: los papás,  las hijas y el hijo. Todos son Cordelia.  Todos se reúnen atrapados en el escenario para desentrañar qué es ese acuerdo entre las dos generaciones, qué contiene realmente ese acuerdo primero y último entre las generaciones.  Ese acuerdo que no es acuerdo sino imposición que viaja en todas las direcciones. Los padres escuchan en silencio los reproches interminables y la rabia de sus hijas cordelizadas. A cambio hijas y nosotros miramos a las caras de los tres Reyes Lear desfigurarse y romperse, rompiéndose y amaneciendo en un rocío de lágrimas que bajan por caras de performers y público indistintamente tras la tormenta del tercer acto. El silencio de los padres se amplifica con cámaras de video a dos palmos de sus narices que se proyectan en vivo y en directo como retratos baconianos sobre tres marcos enormes delante de nuestras narices.

Es injusto comparar las actuaciones entre las dos generaciones, ¿Como no van a hacerlo mejor los padres, que además son Reyes? ¿Como no lo van a hacer mejor los padres que están ahí para recibir hostias, hostias de verdad, hostias como coronas de espinas, hostias que hablan solas, hostias de tamaño Real y dimensión humana? Caras hostiadas por sus hijas y delante de nosotros. Así entran los padres, Reyes derrotados a los ojos de un pueblo. Tan derrotados y traspasados por la tragedia que el pueblo acaba por amarlos. Entonces mueren todos y todas una encima del otro repitiendo  un “te quiero” unánime, entre todos y todas muriendo.  Todos y todas muriendo entre aplausos incansables. El pueblo decide con su aplauso casi eterno, elevado medio foro de la sala pequeña del Barbican.

Easter 01

Mi mamá y sus hermanas, 1956

El Príncipe que ahora será Rey no escoge ser Rey. Nace Rey. El Príncipe que nace para heredar la corona escoge ser Rey, el dice sí y se hace Rey de todos los españoles. El lo dice y él lo decide. No escoge ser Rey, escoge ser Rey.  Nosotros necesitamos un Príncipe valiente. Un Príncipe honrado. Noble. Un Príncipe que habiendo nacido Rey,  habiendo sufrido el impuesto sucesorio,  entrenado toda su vida para este momento,  para subirse al trono y coronarse Jefe de Estado, tenga la nobleza de renunciar al cargo. No solo de renunciar al cargo de Rey de todos los españoles, sino que tenga la Real nobleza de hacer una campaña masiva para contra su propia corona. Lo que necesitamos es un Príncipe con los ovarios de Cordelia. Porque nosotros, en lo que somos expertos los españoles, es en soñar esto: que venga un Príncipe y nos salve de la miseria decapitándose él solo. Que todos los Príncipes de la historia de España se guillotinen sin intervenir el pueblo.

El peso de la corona y de todos los muertos que murieron y todos nosotros  que moriremos y todos aquellos, todos, absolutamente todos los españoles que morirán eternamente no por la corona sino para la corona, descansará pacíficamente sobre la cabeza del Príncipe de los ovarios no de Cordelia, sino de Letizia, Letizia, Letizia, Letizia, mujer mundana que traiciona  a su pueblo y se hace Princesa, Reina, jornalera de nuestra disfunción cerebral monárquica y parlamentaria.  Ninguna herencia la impulsa y ella decide ser Reina tan decidida como el Príncipe al que tampoco lo impulsa nada pues nace impulsado que de ello vive y se muere. Paradigma Letizia del servilismo: mujer que muere por, para y con la Corona, siendo ella plebeya que podría morir ni por ni con, sino solo para la Corona. Plebeya ella y trabajadora del, por y para el pueblo. Las capas de traición que Letizia traspasa día tras día son ya infinitas y se enredan laberínticamente como pasillos de Zarzuela en los que ella misma Letizia va desapareciendo.

Porque Letizia no lleva este peso de la traición sin trabajo. Letizia está desapareciendo. Letizia, la mujer menguante, traidora de su pueblo. Traidora a sus hermanas, se somete al poder del Rey. Letizia, la que sube a los estratos azules de la corona y se convierte en la cenicienta sin hora de llegar a casa. Sin perder su zapatito de cristal como sí lo pierde Cordelia. Letizia nos abandona por un Príncipe sin ovarios que a su vez la mezcla en el liquido azul y la desaparece delante de nuestros ojos plasmados sobre pantallas infinitas,  infinitos nuestros ojos repitiéndose para siempre.

Ellos dos, nuestros nuevos y flamantes Reyes de España traspasando triunfales la Era de la reproducción infinita.

Pero el Príncipe por más que quisiese, está atrapado y por no salir de la madriguera y enfrentarse al trono, se Corona y sucede a su padre en el gremio como todas y todos queremos que lo haga. Porque ha nacido para reinarnos. Ha nacido ya hecho y ya dicho, ya vivo y ya puesto. Ha nacido un Rey. El Rey de los españoles. Un Rey que muere Rey. El Príncipe, que le llena de orgullo y satisfacción ser Príncipe y luego ser Rey, obedece todas las órdenes que llegan de arriba y todas las órdenes que llegan del pueblo.  El Rey de España y nosotros los españoles encumbramos al Príncipe como capataz del Estadísimo. El Príncipe que enorgullece y satisface a propios y a mundanos jugando a la rebelión desde el sofá de palacio, casándose con una plebeya y morreándose de ella delante de todos los españoles como si Su Alteza  fuese una persona normal. El Príncipe que juega a desobedecer y sonríe travieso, casi pícaro, con el farol en la mano y el as en la manga. El Príncipe, el mejor jugador porque desfila delante de todos los españoles y a cada paso se derrota hacia su coronación. El Príncipe que esconde sus valores y sus virtudes fascistas y expone su defensa de los animales con reverencia hacia los españoles descolmillados. El Príncipe libertino, impotente, fresco y disexualizado. El Príncipe que nos entiende y se sublima en su propia apoplejía divina, infinita. El Príncipe que nació agachado de tan alto que era, agacha de nuevo la cabeza para perpetuar la victoria de la Corona sobre los  hombros de los españoles que agachan a su vez, en coro, sus cabezas, y degollados juegan a una Revolución Francesa reversa.  El Príncipe, nacido y entrenado en masturbación con iconografía principesca, sublimado en su negación como individuo, nos llevará adelante hacia la gran promesa final. Todos juntos de la mano de nuestro nuevo Rey.

Testament, de She She Pop descarga sobre el público el acuerdo inter-generacional que nunca ocurrió y nunca ocurrirá pero que es infinito, divino. Lo descarga como una losa dolorosa.  Abandona Cordelia la rueda sucesoria y se desvirtúa y se aniquila para descolgar a su padre, el Rey Lear, en la locura. She She Pop rescata a sus padres y los entierra usando sus propios cuerpos como tierra vertida sobre ellos en dulces te quieros. Porque se pueden querer y pueden querer matarlos a la vez. El Príncipe no se esconde sino que se nos muestra y nos insulta con su ahondamiento en la cadena dinástica sin concebirnos, sin abrirse las venas como soñamos todos los españoles desalmados por la idea monárquica.  Merece el Príncipe romper el acuerdo inter-generacional. Merece aposentarse en el regazo de su padre y sofocarlo con una almohada Real y deshacer su acuerdo. Y como comentaban unos ingleses tras ver Testament de She She Pop  con unas pintas en las manos en un pub guarro de la esquina de Totenham Court Road, helados por la noticia de la abdicación de nuestro Rey, soñando ellos con el derrocamiento de Buckingham Palace, decían animados que se vaya la reina, que se vaya, y no solo que se vaya, que deje todas sus pertenencias atrás, que se quede en nada más de lo que es, una vieja chafada, – Londres será, contra el discurso pragmático de los pro-monárquicos ingleses, que como argumento en defensa de su monarquía  hablan del flujo de dinero turístico que proporciona a la nación, una ciudad mucho más turística cuando las ruinas de Buckingham Palace proporcionen el morbo actualizado, contemporáneo, que necesita el pueblo llano turista eterno –  que se vaya,  que no se lleve nada y que devuelva todo lo que nos ha usurpado. Nunca hemos acordado nada.

Manchester, 11 de junio  de 2014.  00:21 horas

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2 Responses to La Llamada de Londres: TESTAMENT, She She Pop

  1. rubén says:

    Espléndida crónica. Si ves algo más del Lift, cuéntanos, por favor.

  2. soren says:

    Gracias Rubén. Volveré con algo pronto, no se si del Lift. Pero si alguien anda por ahí, del Lift me recomiendan Next Day de Philippe Quesne.

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