Hacer noche, de Bárbara Bañuelos

Después de su estreno en el festival TNT de Terrassa y de su reciente paso por el Kunstenfestivaldesarts de Bruselas (diez días antes), Bárbara Bañuelos, en colaboración con Carles A. Gasulla, regresa a Madrid para presentar Hacer noche en Condeduque desde el jueves 19 al sábado 21 de mayo.

Hacer noche es una pieza tranquila y reposada en una época frenética y desbocada. Como una entrevista de las de A fondo. Son casi dos horas en las que Bárbara Bañuelos y Carles A. Gasulla conversan largo y tendido sobre sus vidas, y sobre la vida, sentados en unas sencillas sillas y rodeados de público. Bárbara Bañuelos dice que si ella hubiese sido cineasta hubiese hecho un documental. Lo extraño es que la polifacética Bárbara Bañuelos no se dedique también al cine porque, además de creadora escénica, es o ha sido cantante (con su proyecto musical Elephant Pit, por ejemplo), azafata de vuelos o cooperante en campos de refugiados, entre muchas otras cosas.

Bárbara Bañuelos conoció a Carles A. Gasulla colaborando con Radio Nikosia, una radio realizada por personas que han sido diagnosticadas de problemas de salud mental. Carles A. Gasulla es una de esas personas, un hombre ciertamente ingenioso, culto y con un gran sentido del humor que podría ser traductor pero trabaja como conserje de un parking, un trabajo de mierda, en sus propias palabras, pero un trabajo de mierda de esos que te dejan tiempo para leer, para pensar o para escribir. No deja de ser una mierda pero podría ser peor. Si has tenido alguna vez un trabajo de mierda de ese estilo ya sabes de qué estamos hablando y escuchando a Carles A. Gasulla reconocerás muchos elementos comunes a todos los trabajos de mierda. Y si no has tenido nunca un trabajo de mierda quizá te interese lo que alguien inmerso en un trabajo de mierda te pueda contar. ¿Puede ser que gente que jamás haya tenido un trabajo de mierda se acerque a ver esta pieza algún día? Es posible. ¿Es necesario haber pasado por un trabajo de mierda para sacar algo en claro de todo esto? No creo. Lo del trabajo de mierda, como lo de la enfermedad mental, son, en realidad, señuelos. Sí, son temas que están ahí, de los que se habla bastante, son temas envueltos en sufrimiento, pero no son más que puntos de partida. Si a alguien le interesa mi opinión, Hacer noche, en realidad no va de esto. Sigue al conejo blanco.

Durante la pieza, como separación e introducción de las diferentes secciones, oímos extractos del diario de Carles A. Gasulla en su propia voz. En ese diario habla a menudo del escritor francés Céline y de las miserias de su trabajo (el trabajo de conserje de parking, no el de escribir libros, que también tiene sus miserias pero son otras). Esos cortes, los cambios de silla o pequeñas acciones, como hacer caer los obstáculos en forma de cortinas que los separan del público o los fluorescentes que iluminan la escena, van componiendo y dando un ritmo a la pieza mientras la conversación, evidentemente pautada y conducida, se desarrolla con aparente espontaneidad abarcando una cantidad ingente de temas: precariedad, enfermedad mental, relaciones de poder, el sistema, la vida en general, su propia vida y la relación entre ellos dos. Diría que esa es la demostración de que todo es un fractal, que puedes pillar un pequeño cachito de vida de cualquier persona en cualquier parte del mundo y observar cómo se refleja en ese fragmento el Universo por completo. A mí me parece que, más bien, Hacer noche va de eso.

Es curioso comprobar cómo, partiendo de la vida de Carles A. Gasulla, adentrándose en su historia personal y en su intimidad, Bárbara Bañuelos se ve reflejada en muchas cuestiones a pesar de todas sus diferencias. Es interesante comprobar cómo el interés apasionado y obsesivo de Bárbara Bañuelos en Carles A. Gasulla la confronta a sus dudas éticas sobre la utilización de una persona como sujeto de estudio en una investigación (artística en este caso) y cómo expone sus propias trampas sin eludir mostrar ciertos aspectos íntimos que dejan al descubierto capas que no suelen compartirse con el público. Es emocionante comprobar cómo, si conectamos profundamente con otro ser humano, nos encontramos a nosotros mismos en él.

Lo más interesante del asunto es que todo lo que cuentan Bárbara Bañuelos y Carles A. Gasulla podría ser inventado y nos daría igual porque en realidad, por haberse puesto ahí ante nosotros, habría sido verdad.

Rubén Ramos Nogueira

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