Mientras mi gata se lava las patas

No sé si habréis oído algo al respecto pero Lo que sigue está pendiente de un hilo ante la amenaza global de un virus que se propaga por el aire. Tengo un bolo en mayo en La Coru y parece que voy a tener que cancelar si la cosa sigue así. Aconsejan darse una maratón de Netflix comiendo ganchitos durante unos quince días consecutivos sin salir de casa para evitar la pandemia. Yo puedo decir que ese hábito lo llevo manteniendo unos 3 años porque ya me lo veía venir, aunque en vez de ganchitos yo tomo apio con humus de diferentes legumbres de tarro, para que me duren el semestre de encierro. Solo salgo para ir a la piscina y darme unos baños turcos cuyos vapores poseen propiedades desinfectantes poderosas. Entre el humo, de uno de mis malos hábitos, y los vapores mantengo mis pulmones oxigenados para que puedan hacer frente a los patógenos. También tuve que salir hoy a llevar el rúter de Jazztel pues por estas fechas siempre suelo cambiar de compañía al mejor postor. No he hablado con nadie, ni si quiera con los de Acnur y la cruz roja, que siempre me echo unas risas. En boquita cerrada no entran virus. Luego he mantenido una distancia prudencial con la dependienta de la tienda ojeando el nuevo Iphone XI. He cogido el recibo de papel y se me ha corrido la tinta al ponerle el gel desinfectante, que lo tienes a disposición gratis en todo negocio que se considere preparado para la pandemia. De camino a casa siempre suelo hacer muchos recados ya que me gusta aprovechar el tiempo y de paso que voy pues ya hago todo. Me acordé que me quedan tres cápsulas de probióticos y me metí en una farmacia. Un señor que también debía de estar enterado de la movida que os estoy contando se quedó a una distancia prudencial de mi persona para pedir una mascarilla. Parece ser que se han agotado las mascarillas y, como las que quedan vienen de China, nadie se fía. Porque esto, como todo, viene de China. Me dio un poco de vergüenza ajena el señor aunque me entró el canguele al saber que las farmacias no tienen recursos ante tal amenaza.

Tengo que confesar que el finde semana me fui a ver a Laurent Garnier en un evento multitudinario de La Coru, yo creo que de más de 1000 personas, así que puede que os estéis infectando ahora mismo al leer esto porque compartí mi botella de agua rellenada del grifo del baño con varias personas que tenían sed, y yo he sido siempre muy cristiana. Ya sabéis, después de usar el ratón enjabonaros las manos durante al menos 5 minutos y haceros unos baños derivativos que, por lo que llevo investigado, valen para cualquier mal al acecho. Qué son los baños derivativos, os preguntaréis. Se trata de una técnica que llevan desarrollando los gatos durante miles de años al lamerse los genitales. Es el mismo principio, sólo que aquí en vez de usar nuestra lengua, que no llegamos por culpa de las costillas, usamos un pañito y nos frotamos el pubis con agua fría de arriba abajo. Esto durante diez minutos al día durante dos o tres semanas y se os cura todo. Los hombres lo podéis hacer frotando el glande, de arriba abajo. Si no os fiais buscad más información en Google para que veáis que esto es algo serio. Soy un servicio social, qué le voy a hacer.

Lo único positivo que le veo a esto es que he dejado de recibir a coreanos en mi casa, a coreanos y a todo el mundo, por lo que puedo disfrutar de un período de intimidad en mi propio hogar al que no estaba acostumbrada desde hacía cuatro años. Me paso en pijama todo el día, experimento en la cocina con mi nueva olla de cocción lenta, sigo mis rutinas con Elena Malova, de diez a veinte minutos al día, intento echar alguna convocatoria, le rasco la panza a mi gata, miro por la ventana mientras el mundo se acaba, vamos… todo como siempre. La misma pena, el mismo desasosiego, las mismas cuitas cotidianas…Acabo de recordar que tengo un par de mascarillas de la última vez que pinté las sillas de forja de mi casa. Os las vendo baratas. Contacto por privado.

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