Pieza por encargo

Escribo hoy para promocionar un poco lo que viene en Lo que sigue. Estaré haciendo la segunda fase en residencia creativa en el Salón Teatro de Compostela del 7 al 17 de Enero, donde abriré el proceso al público el jueves 17. Aprovechando esta cesión de espacio ofreceremos Manu y yo el viernes 11 y el sábado 12 dos funciones de Masa madre + sal marina y el domingo 14 Manu presentará su pieza Eso que vi. Hemos bautizado estas dos semanas con el nombre Ciclo Proxecto Pank con descuentos populares para quien se anime a tragarselo todo ya que vamos a taquilla. También hemos sido seleccionados en el Cicus de Sevilla donde estaremos el 1 de febrero con Masa madre, y,  para mi sorpresa me han convocado para realizar una pieza dentro del ciclo Mulleres en Acción.  Por todo ello estoy muy agradecida.

“E estaría ben que o público participase dalgunha forma…”

Me sugiere amablemente una gestora sobre una adaptación de Lo que sigue para calle que aún no tengo y que haré a mi eleción en mi pueblo natal Cambados, terra de albariño, fariña e ameixas. Y como en las biografías de las artistas famosas yo también quiero actuar en el lugar que me vio nacer encima de una concha de vieira como la venus de Boticcelli. Yo nací en un bar a diez metros del mar, fecundada por Zeus y el Espíritu Santo. Llevo el sino de las bastardas de las Rías Baixas y, como buena bastarda puede parecer que no le tengo amor a mis raíces ya que mis recuerdos de Cambados se reducen a cuando pasábamos con el coche por el Pazo de Fefiñanes de camino al churrasco Umia, un par de fiestas do Albariño con mis colegas de la uni, tres o cuatro salidas de pubes cuando Portonovo estaba de capa caída y Cambados empezó a estar de moda, alguna visita a casa de mi colega Irene, a la que mando un abrazo, que esta misma semana ha sido madre. Una se alegra cada año viendo cómo sus congéneres van dejando su particular semilla de esperanza para el mundo, viendo las maravillas que hacen estos extraterrestres bajitos con unas ceras manley, como Cora, la hija de la Martis, una amiga de esas a las que todas consideramos mejor amiga y que mañana está de cumpleaños. La Navidad está en el aire, a eso atribuyo estos ataques de sensibilidad y nostalgia hacía una tierra que me vio nacer pero que no me vio crecer. Pero es que tampoco era de Cambados Cambados, viví hasta los 5 años en O Facho de Castrelo, una aldea marisqueira por lo menos hasta que montaron dos depuradoras enormes y acabaron con los berberechos de la contorna, y donde mis actividades fundamentales eran saltar alacranes y bañarme en bragas en las rocas. Esto lo saben de sobra mis fans pues siempre hablo del desapego en mis trabajos, de lo que cuesta reconciliarse con el estado puro y salvaje de una misma. Y es una pena porque practicaba un gallego auténtico con su gheada, seseo y todo, un galego bonito que me extirparon los malvados niños de Sanxenxo al llamarme montuna. Montuna yo? que era más de mar que las bateas.

Pero vamos a lo que íbamos,  me quedé pensando en lo participativo, en lo conveniente que es que el público siempre escaso y preciado pueda sentirse incluido en mis trabajos. Y es que no hay nada más participativo que una obra de teatro al aire libre con una intérprete dejada de la mano de dios, por llevarlo siempre todo atado con pinzas. Me imagino que pediré al Concello de Cambados unas redes de pescar, unas cien, mil o así, y me las ataré a la cintura como si fuera una falda enorme, para, acto seguido, pedirle a mis vecinos que se metan debajo  a la voz de: venid y comed todos de él, porque este es el camino, la verdad y sobretodo la gloria. Les pediré que me cuenten qué ha pasado durante todos estos años en mi patria, qué necesito saber para dar fé de donde he nacido sin tener que hacer una investigación en google. Voy a intentar terminarme Fariña para empaparme bien, que la dejé a medias porque coincidía con Ven a Cenar Conmigo, Gourmet Edition.

Estoy cagada con esto de la participación, con controlarlo todo pero dejar espacio a que ocurra algo más, con que se me pueda ir la olla y saque mi rollo clown para sostenerme con el ánimo de la risa fácil. Eso sí, lo de las redes es mío, no me lo robéis, que nadie lo ha hecho nunca.

En próximas entregas  os hablaré de cómo nos fue a Manu y a mi por Montevideo con Masa madre y con un taller de escritura escénica para un grupo reducido de tres personas, de las cuales al final quedaron dos. También mandaré unos besos a mis querides bullshiters deseando que pronto volvamos a armar otro encuentro. Y del encuentro que supuso la experiencia en Nido, un paraíso donde les artistes podemos estar, pensar y hacer, si queremos, dándonos folgos para el resto del año que estamos tan soles. También dedicaré unas breves líneas a la presentación subidita de decibelios que hice sobre Lo que sigue para otro encuentro, el de las Residencias Paraíso.

Parecerá que no paro con tantas cosas por contar, pero para nada, en lo cotidiano me siento perdida en el ensimismamiento de mi esfuerzo baldío.

 

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Teatro del nicho

He escrito tres entradas para lo que sigue y no he posteado ninguna ya que no las consideraba a la altura de las expectativas de mi público, teniendo en cuenta la repercusión que está teniendo este blog.  Es lo malo del éxito, que luego tienes que superarte siempre. Me salían cosas muy de lugares comunes, que pese a sus sentencias ingeniosas e irónicas se quedaban en una suerte de autoexpresión banal, una cantinela quejosa y pervertida del hastío vital. Y de verdad  no me puedo quejar porque soy la tía más vaga del planeta. Lo cierto es que soy seguidora de Ven a cenar conmigo y pesadilla en la cocina, veo infinidad de series y películas, tengo netflix y spotify,  tengo un e-book con unos 115 títulos y un cargador portátil para salir de casa tranquila. Voy a festivales con voluntad alternativa, a conciertos, a charlas coloquio, a los pinchos de las inauguraciones del CGAC. Soy de la firme convicción que para llenar la vasija del arte con contenido que dé paso al florecimiento del engendro de la obra necesitamos las artistas un período de ingesta cultural demasiado grande. Porque sobretodo soy una  prosumidora, concepto adoptado del libro La cultura como reserva india de Jorge Linheira, que significa que la consumidora cultural es también productora en una simbiosis perfecta de toma y daca. Sobre las proporciones entre consumo y producción no se especifica nada, en mi caso sería un 98 por ciento consumo y un 2 por ciento de producción, que no es por prosumir, aunque la  prosumidora que prosume buena prosumidora será. Paso más tiempo cocinando que creando e intento comer bien, amaso la masa de mis propias pizzas y compro maca y cacao crudo por internet. Me gusta más una ganga que comer con los dedos y me puedo pasar 30 horas buceando en amazon y ebay para conseguir una riñonera, la mejor, la más bonita, la más barata, la más ganga. Y aunque produzco muy poco a nivel artístico, lo que produzco es arte con letras mayúsculas, del que se valorará después, más específicamente arte del nicho o teatro del nicho, un término nuevo que he adoptado para definir mi trabajo después de un encuentro de distribución teatral aquí na miña terra galega. Y es que  no me di cuenta y fui a un encuentro de distribución de teatro, no de teatro del nicho. Ya me parecía a mí raro que los de Santa Lucía me llamaran tres veces en el último año para que me afiliara.  Eran las señales, no las veía. Pero no nos quedemos con la parte gráfica del asunto, que podría aludir aun teatro muy íntimo, muy de dentro de una misma o de una caja, teatro pompa de jabón o pompa fúnebre. Quedémonos con la vanguardia, lo raro, lo marciano que hay en ser la precursora de la nueva generación de teatro del nicho y que sé que dentro de 35 años lo va a petar. Es que tienes que buscar el nicho de tu teatro, Cristina – me dice un gestor… que puede que no sea aquí… y yo digo que claro, que seguro es en otro sitio, en el Pais de las Maravillas, en Ítaca o en un lugar muy lejano de cuyo nombre no puedo acordarme allí en la Mancha. Quién sabe dónde está el nicho de mercado de mi arte. Yo me voy a dedicar a lo artístico como me aconsejaron hoy, que al final las cosas salen.

 

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Septiembre

Fotos Manuel Parra García, Gift cortesía de google fotos

Necesito un millón de euros para invertir en un negocio inmobiliario. Digamos que busco uno o varios socios capitalistas que me dejen a mi comandar el hospedaje. El sitio es una maravilla restaurada y lista para recibir a gentes de posibles al lado de la Catedral.  Tantos años en el hospedaje precario me han convencido de que, como en las pelis yanquis, yo estoy destinada a regentar un espacio exclusivo con jardín y estanque y sus colecciones de objetos caros y nostálgicos. Tengo un don de gentes que se adapta a cualquier ambiente por muy angosto que este sea y digamos que las rebajas me proporcionan modelitos ideales para recibir a huéspedes sin desentonar con ninguna clase social. Soy la regenta perfecta y esto tal vez sea mi carta de presentación. Una especialista en llevar a término proyectos que en su inicio parecían destinados al ostracismo. Así es como he conseguido producir desde el 2011 cuatro proyectos escénicos, a una media de uno cada dos años. Me llevará más o menos tiempo pero producidos están.

He dejado de escribir todo el verano porque este blog se rige por el curso escolar y yo a mitad de junio echo el cierre hasta la segunda quincena de septiembre. Hoy es día trece y me estoy adelantando un poco a las expectativas. Cada inicio de curso una se llena de ilusión y ganas de hacer cosas, de organizar el caos creativo en una suerte de genialidades. Hoy me he levantado inquieta, no sé si quiero componer un tema, escribir una entrada maravillosa sobre lo que sigue, o hacer un plato que no haya hecho nunca tutorada por google. Sólo sé que quiero ofrecer algo al mundo, un pequeño regalo a mi comunidad. Así que voy a hacerlo todo, un tema, una entrada y un plato con cilantro.

Me gustaría contar un montón de historias de todo lo ocurrido este verano pero en este blog no hay pasado ni futuro, sólo el momento actual. Así que no disertaré sobre el alquiler vacacional y la ampliación de negocio que realizo durante julio y agosto, un momento donde la acumulación de tareas me vuelven un ser antipático y agobiado, ni cómo intento superar el estrés con la música, asistiendo tanto a conciertos multitudinarios de pago como gratuitos. Tampoco os contaré como me han afectado los cambios hormonales pasando dos de mis menstruaciones más demoledoras y planteándome muy seriamente procrear para no tener que sufrir los estertores de mi útero, durante nueve meses al menos. Tampoco pienso hablar de los excesos vacacionales ni de la desidia que siento cada vez que me presento a una convocatoria, o del dolor en el alma cada vez que se me pasa un plazo. No hablaré de mi visita a las islas Cíes, ni de la admiración que siento hacía los buenos campistas, que piensan en todo y se acuestan cuando se acaba la luz, ni de cómo me perdí al ir al baño en medio de la noche y del pinar con mis siete dioptrías sin lentillas. No hablaré de la mala calidad de los colchones del decatlón, porque fue un regalo. Ni siquiera diré nada sobre la inmensa alegría que me han dado las visitas de mis amigos o del atentado para los oídos que supone la Mala Rodríguez. No contaré nada sobre mis ataques de ira ni sobre cuántas veces he contenido la expresión: que me coman el coño, sobre todo a organizadores de festivales de la contorna y el extranjero que no ha apreciado mi trabajo y a otras personas que han visitado mi espacio. No diré nada sobre las obras del piso de abajo que han durado el mes y medio de más afluencia del verano, ni sobre cómo intenté ahorcarme con una sábana a causa de la contaminación acústica. No hablaré sobre mi reciente adicción a la coca cola ni de la contaminación del río Tapia…ni tampoco diré nada de la  gustosa cena de aniversario en Casa Marcelo que nos obsequiamos Manu y yo, donde nos encontramos a Chicote y le dije: somos muy fans.

Es la hora de comer.

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Regalo de cumpleaños

Esta semana fue mi cumpleaños y hay varias cosas sobre las que debería reflexionar a estas alturas de la vida, aunque me da pereza. Tengo unos años que no aparento gracias a que duermo bastante y tomo muchos líquidos, o eso cree mi camarero preferido de mi cafetería preferida.

El finde pasado fuí a Madrid para una función de Bordeando lo Imposible  en Teatro Pradillo con mis compis del Máster. Fue un vieje relampágo y a la vuelta, el sábado, en  la estación de Renfe de Santiago de Compostela al salir del baño,  mi ojo avizor detectó unos billetes de euros que estaban abandonados en un banco de la estación. No diré la cantidad pues seguramente alguien que lea esto ha perdido ese dinero y querrá reclamarlo, lo cual me parece bien porque es una cantidad importante, entre 50 y 1000 euros. La única prueba con la que cuento para identificar a la persona despistada como yo es que me diga la cantidad exacta que dejó por ahí tirada alegremente. Asumo que éste ha sido un regalo de cumpleaños anticipado de mi karma. La verdad es que me abalancé sobre el dinero por miedo a que alguien lo encontrara antes que yo, me lo metí rauda y veloz en el bolsillo y huí, huí lejos. Ya fuera de la estación me puse a contar el botín y quedé impresionada por mi suerte. La verdad, no me lo merezco pero gracias. Siempre he tenido la buena fortuna de encontrarme cada 3 o 5 años dinero tirado por la calle, aunque nunca una cantidad tan escandalosa. Coincidía que algo andaba mal en mi vida y sentía que estos ramalazos de suerte eran para compensar. Sin embargo mi comportamiento fue bastante desdeñable pues ni siquiera me quedé un rato en el lugar de los hechos para que la persona que los había perdido volviera con esa cara de enajenada que se nos pone a todos cuando perdemos dinero, nos roban la cartera o el móvil. Hubo un momento en mi travesía nocturna hacía la casa que me planteé dar la vuelta y esperar un rato en la estación por si veía a alguien llorando a moco tendido diciendo: es que hice el gesto de meterlo en el bolsillo, pero no lo metí y debió quedar tirado en el banco que estaba ahí a la salida del baño de la estación de Renfe de Santiago de Compostela. Deduzco que el olvido fue de un hombre por como estaba dispuesto el fardo de billetes.

Soy de la firme convicción de que lo que el destino te da el destino te lo quita, así que, en vez de gastármelo en mi propio disfrute, decidí usarlo para invitar a mis amiguis por mi cumpleaños y no quedarme nada para mí, quitando las 8 cañas que me tomé. En su momento me hice ilusiones claro, pensé en esa aspiradora ciclónica silenciosa de amazon que lleva tiempo en mi cesta de la compra, pensé: no sé que voy a hacer con tanto dinero. Siempre que entra dinero por algún motivo aumentan las necesidades de gastar. Los arreglos en un piso viejo de antes de la guerra parecen ser infinitos, siempre hay un espacio negro entre los azulejos que hay que limpiar y pintar con un miní pincel con pintura anti moho.

Hace una semana recibí una evaluación muy dura de un inglés que me puso un 1 en calidad y argumentaba que el desayuno tenían que hacérselo ellos mismos y aun por encima fregar sus propios cacharros. Yo le escribí llamándolo snob y recriminándole que un uno de valoración puede hacer pensar a mis próximos clientes que regento un basurero, cosa que no es cierta. También decía que había bichos, así en general, y no se si se refería a mi gata Misha, que es el bichito más adorable que he conocido, o a algún mosquito que osó entrar en su habitación de 6 metros cuadrados que da a un maravilloso valle con un abeto milenario, sus mosquitos y cosas típicas de vivir al lado del campo, con la maravillosa estampa de la catedral de Santiago de Compostela a través de la ventana. Un uno en calidad con las sábanas limpias y unas toallas recién compradas en el chino que todavía están melosas y son preciosas. Un uno en calidad y un tres en limpieza. Y se me dio por blanquear las juntas del baño con una espátula de quitar la pintura y un pincel de los ojos. Este lunes voy a pintar las habitación y todos sus muebles. Se va a cagar la perra de lo bonita y calidad 5 estrellas que va a quedar. Tengo el Pinterest que me echa humo y un montón de ideas para aplacar las aspiraciones de los ingleses ex comunitarios. Como decimos na miña terra: Deixaos que marchen!

Se me está haciendo largo este post porque llevo mucho tiempo sin escribir y se me van mezclando unas cosas con otras sin conclusión, por lo que voy a terminar pidiéndoos un favor: que penséis en la ducha como una necesidad y no un placer, y procuréis cada día bajar vuestro consumo de agua caliente y cerrar el grifo cuando os enjabonéis. He comprobado que tres minutos son más que suficientes para una ducha en la que no te lavas el pelo. Ante todo quiero hacer del mundo un lugar mejor y comer sardinas gratis en la noche de San Xoan!

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Mis huéspedes han intentado matarme

Mis huéspedes han intentado matarme, aunque sé que no lo han hecho a posta porque no son unos asesinos sino unos temerarios que dejan la llave del gas abierta mientras yo hago yoga en el salón. En medio de mi relajación empecé a sentir que me transportaba a un campo de amapolas donde olía a gas y, aunque pude haberme dejado llevar por la sensación de desapego y llegar al Valhalla, me levanté y seguí el rastro de gas hasta el foco. Un hornillo soltando gas sin fuego.

Todo olía a gas y empecé a marearme mientras abría las ventanas para salvar a mi familia. Menos mal que mi gata estaba durmiendo la siesta en la habitación más alejada del foco. He ido  a pedir cuentas a los huéspedes que estaban preparándose para asistir a una boda, ahí tan tranquilos, como si no estuvieramos a punto de palmarla todos carbonizados -que yo después del yoga me suelo encender un cigarrito. Normalmente a esa hora estamos tomándonos el café en nuestra terraza preferida de Galeras, pero la noche anterior se nos hizo tarde viendo los cuatro capítulos seguidos de Matar al padre. Me levanté a deshora y por eso estaba en casa para atajar la inutilidad alemana. No me gusta hacer juicios nacionalistas -hay inútiles en todas partes -pero conocer a estos alemanes que se ponen a secarse el pelo en el baño con la puerta abierta a las 8 de la mañana un domingo me ha convencido de que son unos limitados. Y no lo digo solo por eso, de hecho son de ese tipo de gente que tira la comida, que se hacen una ensaladera llena de avena, manzana, kiwi y leche y que luego, como no les gusta, la dejan en la nevera sin tapar y con la cuchara en riste a ver si alguien aprovecha ese manjar.  Y no tengo nada contra los alemanes, igual contra los franceses sí, pero este es un ejemplo perfecto de cómo un pequeño incidente de posibles consecuencias catastróficas puede empañar años de experiencias gratificantes con tantos otros germanos.

La alemana me dice taconeando que ella no tiene gas en casa at all como haciendo ver que esa es una cosa muy antigua, a pesar de que sea una de las formas más saludables de cocinar después del fuego de leña, no es que yo no me pueda pagar una cocina de inducción.  Yo le digo por lo mismo more take care que nos matas a todos y ni siquiera podría ponerte una evaluación en airbnb diciendo cuidadín. Además, intenta no ser tan noisy que aquí hay personas durmiendo, ¡que es sunday por el amor de dios!

La verdad, hay gente que debería simplemente usar booking para ir a hoteles donde no tengan acceso a la manipulación energética de ningún tipo y no sean un atentado para nadie, ni para si mismos.

El peligro acecha por todas partes y nadie está a salvo de los pijos de Dresden.

Nota al pie:

He escrito esto en un grado de shock importante por lo que pudo haber pasado, pero hoy, al irse los alemanes, nos han dejado unos paquetitos con licor de chocolate, unos caramelos, un par de sobres de café instantáneo, un cupón de masaje con descuento  (precio normal 72 euros, con descuento 36 por una hora) y un paracetamol. Algo me dice que han renunciado al detallito de la boda en señal de arrepentimiento y compensación. Con lo cual retiro todo lo anteriomente dicho, sobretodo los apelativos, quizás duros, hacía un pueblo que después de todo sabe enmendar sus errores.

 

 

 

 

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Artista total

   Facho de Castrelo: betún sobre cartón.

El hecho de querer ser la artista total puede que sea la causa de no haber podido ganarme la vida nunca por ninguna de las artes que desempeño. Acabo de hacer un cuadro con un cuadrado plastificado entre poliespan y foam que no chupa la pintura. El típico en el que puedes meter el dedo y transformarlo según tu estado de ánimo. Soy muy impaciente y he desarrollado mi obra en unos diez minutos aunque el resultado me haya quedado bastante profesional y por supuesto muy superior a los cuadros abstractos que venden en los chinos por 18 euros. He hecho unas rayitas donde se van mezclando los colores porque no limpio nunca el pincel cuando cambio de tono. Luego he usado un tinte no convencional basado en betún de zapatos azul marino al que no le estaba dando salida porque hace muchos años que no me limpio los zapatos. Es la técnica del chorro: sueltas el chorro y luego la gravedad y el movimiento del soporte hacen el resto. En todas las artes que desempeño la optimización del tiempo es fundamental. Digamos que busco un resultado inmediato en el que los materiales que empleo se revelen usando diferentes técnicas de pintado rápido. Me vanaglorio de tener mi piso decorado con materiales de desecho que encuentro al lado de los contenedores y que luego transformo en arte contemporáneo. Por ahora nunca he llegado a rebuscar en la basura aunque sí he abierto alguna bolsa apilada fuera del contenedor que parecía contener oro. Una vez encontré una tapa de cristal sin asa del tamaño exacto de una cacerola que tenía sin tapa, y que, después de un tiempo de uso más que amortizado, ya no se encuentra entre nosotras. También suelo reutilizar las cajas de Amazon y esos materiales acolchados con tantas posibilidades que vienen dentro.

Los caminos de arte son inescrutables y yo me paseo por ellos intermitentemente con la esperanza de que algún día alguien me busque en la Wikipedia y aparezca mi nombre al lado de actriz, creadora, compositora, cantante, artista plástica, decoradora de interiores, videorealizadora, escritora e inversora inmobiliaria. No quiero dinero, solo fama.

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Un texto para mi hermana que baila

Hace un tiempo vengo siguiendo la carrera de mi hermana que baila. Tengo miedo que, a pesar de ser menor que yo y haber empezado más tarde en esto de show bussiness, me supere en su desarrollo artístico. La tía le da a la pata que da gusto y hace unos videos donde se la ve pepino de la danza. Yo, que me alimento de la rivalidad típica de las hermanas Cruz, tengo miedo a que un día me inviten a maestros de la costura y me pongan a coser flores de puntilla en un traje de novia. Mientras mi hermana triunfa en series de Netflix hablando en italiano. ¡Que la que vivió un año en Italia fui yo! ¡por favor!

Mi hermana tiene la garra Balboa. Yo una vez también la tuve, era una tía graciosa con una ironía muy refinada. Y esto no lo digo yo, me lo dicen amigas que me conocen de aquella época. Entonces qué invento es este que hice en la presentación de lo que sigue. Igual es que me pudo el deseo de ser considerada una artista conceptual que sigue una investigación exhaustiva con principios profundos que serán revelados en una suerte de genialidad. Manu dice que tengo mi público y que ellos saben lo que quieren de mi aunque yo insista en hacer otras cosas. Tengo que aceptar que yo soy buena bailando en las discotecas y que mi brother es la que baila y yo tengo que escribirle textos. Hermana, me dice, ayúdame con esto que quiero que sea irónico y a ti eso se te da bien. Una forma sutil de llamarme mosca cojonera. Y es que desde nuestra tierna infancia que jugábamos a pressing catch para canalizar nuestras afrentas cotidianas. Y siempre ganaba ella. Incluso cuando me hacían bulling en el cole, mi hermana, que es 5 años menor, cogía piedras y amenazaba a los niños malditos con el puño en alto para defenderme. Una fuerza de la naturaleza es mi bro, que necesita un texto porque quiere guiar a su público hacía las normativas del movimiento y de la forma, que nunca podrán contener tantas ganas de vivir.

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Delfines

Delfines jugáis en el mar pero las olas son amargas

 ¿a veces brota mi alegría?

la vida es siempre despiadada.

Apollinaire.

He estado guardando unos pañuelos de papel con delfines dibujados durante más de 15 años y hoy por fin les he dado uso. La verdad es que me levanté muy triste, derrotada, mal, lo que se dice chungo que te cagas. Después de la presentación de lo que sigue me ha dado el bajón normal de estos procesos tan emocionales y artísticos que me pongo a hacer porque me da la gana. Pero ésto es otra cosa, es una pena honda, un cante jondo. Así empezaba mi presentación con una escena a la que yo denominaba cante jondo.

La verdad, fue mejor cualquier día con Manu que el día de la mostra, me mareé, cambié cosas y no disfruté lo que me hubiera gustado. Pero es un trabajo en proceso, y no hay que exigirse tanto, que de ahí vienen las migrañas en los laterales de la cabeza. Como dice Manu, has conseguido reunir a las personas, y eso es lo importante.

El hecho de tener que encender la calefacción el uno de mayo, a petición de mi huésped llamado ART, también me puso mal. Empecé a cuestionar al mundo y al clima, y a gritar mirando al cielo ¿por qué?

Me disgusta reconocer que lo que me puso triste fue que no seleccionaran Masa madre + sal marina en el Galicia Escena Pro- (¿vida?), nombre en clave del mercado escénico gallego. Cada vez que pido una ayuda a AGADIC o me apunto a alguna convocatoria y no me conceden ren clamo al cielo y digo ¿por qué señor? Soy católica para lo que conviene, dirás tú, y es verdad. Tengo que hacer acto de contricción, y desde aquí, desde mi libertad soy fuerte porque soy volcán y pido perdón.  Sí, pido perdón por alterarme aquel día en la cidade da cultura de Galicia con una trabajadora de AGADIC, porque no quería hacerme unas fotocopias de un artículo que salía en la RGT de mi segundo espectáculo Sigue Buscando, que iba sobre el fracaso. Pido perdón porque ahí estaba la persona que corta el bacalao y creo que ese día le caí mal y por eso no he triunfado aquí na miña Terra Galega. ¿Ese fue el error que cometí señor? No he conseguido nada por pedir unas fotocopias y decir que AGADIC pone atrancos para que yo me pueda hacer un clipping de mi trabajo como es debido. Pido perdón a AGADIC y al señor, por expresar mi deseo, alterada a lo Vivian Leigh, de tener fotocopiado un artículo sobre mi trabajo, para que cuando sea mayor pueda decirle a lxs jóvenxs de mañana en día: mirad, que una vez me hicieron un artículo en una revista de teatro.

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La misteriosa desaparición del pulsador del wáter

La vida sigue aunque una esté de residencia muchas horas. Ayer llegué a casa después de un fructífero día de ensayo y había desaparecido el botón de descarga del wáter. Manuel me había dicho que había desaparecido, pero en mí yacía la esperanza de que se hubiese caído y estuviese oculto en el suelo.

Llegó una pareja de huéspedes navarros y les pregunté amablemente -dando por hecho que habían sido ellos y deseosa de conocer los pormenores del altercado- si habían sido ellos. El chico dijo no, la chica tampoco, y ella aseguró que cuando llegaron fue al baño y estaba el pulsador. La otra huésped alemana tenía curso de alguna movida a la hora de comer, así que era imposible que fuera la responsable del accidente-hurto-suceso paranormal.

Me sorprendió un poco la soltura con la que el chico dijo que en su casa tenían uno igual. Por mi mente pasó la idea de que se lo hubiese agenciado porque el de su casa estaba roto. Y lo entendería, porque estas griferías son de antes de la guerra y es muy difícil encontrar repuestos en internet. De todas formas pensé que igual la alemana había venido y había sido ella y, como buena alemana, se había llevado el botón de wáter para que le dieran uno igual en la ferretería. Al día siguiente, hoy, llegó la alemana a las doce de la mañana de reenganche, había sido el último día de curso y se le fue de las manos la celebración. Después de decirle onte foi boa en inglés le pregunté amablemente si sabía algo de la misteriosa desaparición del pulsador de descarga del wáter. Me dijo que no, que ningún problema con eso, que ayer se había ido a la mañana y que ni flowers. Y yo la creí. Acto seguido salían los navarros de la habitación muy sonrientes diciendo que les había encantado la casa y que se lo habían pasado muy bien. Yo me alegré mucho y les comenté que estaba poniéndome en contacto con Iker Jímenez porque la alemana no sabía tampoco qué había pasado con el botón de descarga del wáter y que esto era un misterio. El dijo: qué putada, pues nosotros ni idea, además se gasta mucha agua así… Lo dijo con ese tono de persona resignada que en su casa tiene el botón de descarga del wáter roto y que sabe muy bien de lo que habla.

Es extraño el poder de la palabra, pero si se hubiesen molestado en conocerme un poco se habrían dado cuenta de que yo soy la kgb, como me dice manu, y me he papado cuanta serie hay en este internet de thrillers y… todas.

¡Que sé que fuisteis vosotros, y vosotros sabéis que yo lo sé! Ellos se fueron y yo me quedé en shock, inmóvil. De repente supe que debía seguirlos. Empecé a correr por las escaleras, llegué a la calle y no había más que un tío con su perro. Se habían esfumado con el botón de descarga de mi wáter. Cogí el móvil y los llamé, tres veces, y no me cogieron. En ese momento todo el puzle se completó. Normalmente los huéspedes me cogen el teléfono cuando los llamo nada más salir porque saben que es muy probable que se hubiesen olvidado un calcetín entre las sábanas, y yo, que soy buena gente, los llamo para que vuelvan a buscarlo.

La mentira qué mala es. Voy a ponerles una evaluación en la que empiece diciendo: gente que miente. Voy a solicitarles dinero para cambiar todo el sistema de descarga del wáter que oscila en unos 30 euros y cuando los de la web me pregunten si recomendaría a este huésped diré no. Nada de esto tendría que pasar si me contaran la verdad, porque soy una persona que suele causar bastantes desperfectos y sé ponerme en el lugar de la gente.

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No sin mi mesa

Estoy escribiendo desde las gradas de la sala Agustín Magán con el ordenador tambaleándose sobre mis rodillas. Me han quitado la mesa de operaciones y solo me queda una silla con mesita tipo clases particulares. La lucha por la mesa ha sido muy reveladora. Los primeros días usaba una que estaba en la sala y una silla rota que estaba en la sala técnica uno. Ahí empecé a componer los hits de lo que sigue, alternando la mesa con incursiones rítmicas en el espacio.

Llegué al cuarto día de residencia y la mesa no estaba. Me dijo la gente que administra este centro que la necesitaban para exponer los libros malos de los que se deshace la gente en una especie de feria del trueque. COLLE UN E DEIXA OUTRO. Ahí yo solucioné rápidamente cogiendo una que estaba en los camerinos plegable y pum padentro, conseguí establecer mi isla otra vez. En esto que había creado algo interesante que debía ser grabado y no tenía donde apoyar el móvil, así que, fiera de mí, cogí de los camerinos una mesa camilla redonda cubierta de papel de periódico en tiras, tipo mesa caribeña o cosa muy fea que usa la gente de teatro, para apoyar el móvil y grabarme. Ese fue el error, porque la dejé en el ESPACIO y no la devolví a su sitio. Al día siguiente gente que administra este sitio vino a decirme, tan pronto entraba por la puerta quitándome las legañas, que tenía unas normas que cumplir y que no podía usar la mesa redonda feísima que era de otra gente. Le expliqué que no la usaría nunca, más que como apoyo para grabar con el móvil, y que sentía mucho haberme olvidado de meterla en su sitio. Acto seguido, seguí con mi trabajo y, ayer exactamente, que iba a hacer el primer pase de lo que sigue in progress para Manu y Maca, llegué al espacio y había desaparecido la última mesa que estaba en camerinos y que ahora está escondida en algún sitio, porque, según gente que administra este sitio, las personas que están en residencia deberían traer el material que necesitan de casa, que el centro solo deja cosas a usuarios del centro. Y yo me pregunto por qué no soy considerada una usuaria del centro si me paso 8 horas aquí creando, comiendo y bailando. Y fumando en la puerta que da al campo. ¿Qué otra usuaria más legítima tiene este centro en este momento?

Para una artista como yo, éstos son los retos de la pieza y, como buena géminis, me adapto y decido que mi isla será esta silla pupitre y que el ordenador sale de escena porque se resbala en la mesita plegable desnivelada. Con lo cual tendré que aprenderme los textos de memoria, cosa que se me da bien, y no hay por qué hacer que leo si ya me los sé. Así, el espacio escénico preliminar de lo que sigue parece ser: una silla pupitre con mesita integrada de clases particulares, un micrófono con cable bien largo, mi iphone reacondicionado para soltar mi música y, por su puesto, yo.

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