¡El teatro ese esplendor! #2

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Sigamos adentrándonos en las fauces del monstruo. Pinchando con un palo para ver si sale sangre. En algún momento inesperado quizá saquemos algo en claro. Lo más probable es que sí. Para bien o para mal. Siempre se puede hacer mejor, el reto está en hacerlo. Adelante.

Nota antes de continuar: meter en cajones/categorías/etiquetas es utópicamente absurdo, pero puede ser divertido y puede que sirva para tener la cabeza algo organizada (tipo almacén) por un momento. Además esta clasificación es claramente materialista, nada de valores artísticos ni por aquí ni por allá.

Teatro académico.

El teatro académico es aquel que necesita del mecenazgo de una institución, es decir, aquel que se desarrolla por y para una institución, normalmente pública, y cuyo objetivo -por favor, no neguemos la vanidad- es engordar los anales del Arte. Un objetivo, a fin de cuentas, incontrolable, antropocéntrico y algo mezquino. Las instituciones suelen ser de renombre.

El teatro académico es el teatro que directamente financia la administración. El teatro académico es el teatro de los aspirantes al olimpo. El teatro académico es el teatro de las referencias y de los homenajes. El teatro académico, comparado con el teatro comercial, es el teatro de las invitaciones.

Una de las singularidades de este teatro es que necesita tiempo para establecerse; nadie nace teatro académico, el teatro académico se hace, se consigue y se necesita para ello de algunos agentes externos. Cuando se establece añora los tiempos de independiente porque la academia suele aplanar sus obras, las achata; aunque sin su parné -pues son inviables en el mercado cultural– serían imposibles tales propuestas. Debido a esto es lógico y comprensible que para formar parte de tan selecto club haya que pasar por algún aro y pagar alguna cuota. Nada muy diferente de los demás tipos de teatro, por otra parte.

Este es el teatro de los elegidos por la crítica. En el teatro comercial los programadores son los empresarios privados; en el teatro académico los programadores son funcionarios en un sentido amplio del término. En el teatro académico el dinero es público, en el teatro comercial privado; mientras en el teatro comercial los empresarios juegan y apuestan con sus ganancias (de ahí el conservadurismo del mismo), en el teatro académico el dinero puede esfumarse sin complicaciones mientras la obra adquiera una categoría artística que se presupone elevada.

También hay un teatro académico de corte histórico-antropológico: el teatro clásico, la zarzuela, etcétera; cuyos objetivos distan solo en apariencia.

¿Dónde debemos meter el teatro de La Liddell?

Respondiendo al comentario de la entrada anterior (gracias Jose), no creo que Angélica sea teatro comercial en el sentido que aquí expongo. Sus propuestas no se rigen por el éxito económico -sus propuestas no son viables en el teatro comercial- si no que necesita de un respaldo superior al del público, necesita del respaldo de una institución y su dinero. Necesita de ciertos avales que digan que es apta para estar donde está. Angélica es un producto claro que está en el mercado, pero ese producto no se vende por sí solo (por decirlo de algún modo), como sí lo pueden hacer las producciones del Reina Victoria sostenidas únicamente por el público al que se dirigen.

Mientras el teatro comercial es el teatro de los elegidos por el gran público (si acaso podemos emplear hoy en día esa categoría en el teatro) y necesita de él para mantenerse en la picota, algo nada sencillo. El teatro académico necesita del crítico, a pesar de la falta de público. Necesita de la crítica de periódico, pero más si cabe de la sesuda universitaria. Hasta ahí se llega después de un recorrido, de un proceso, de un viaje. Normalmente antes fue alternativo y luego le salieron pelos en los huevos. La academia es lenta, pero tiene el poder de fagocitar todas aquellas propuestas que pasados los años considera válidas; buscando aquí y rebuscando allá. El teatro académico es propenso a crear corrillos.

También es el teatro de los festivales nacionales, de los festivales internacionales, de las muestras de tres días hasta la bandera, del paso corto por una ciudad con las localidades agotadas. Es el teatro del Teatro Nacional y de los Teatros Públicos de Ayuntamientos y Comunidades. Es el teatro de los premios, el teatro del Premio Nacional de Teatro, es el teatro del Premio Valle-Inclán, es el teatro del Premio Nacional de Literatura Dramática. Porque en el teatro académico se publican los textos de las obras para que formen parte del canon por los siglos de los siglos hasta que nos olvidemos de ellos. Es el teatro que se estudiaría en los colegios si en las escuelas se estudiase teatro.

Es el teatro que reflexiona sobre sí mismo. Es el principal objeto de los ensayos y la teoría teatral.

El teatro académico es el teatro que añoran buena parte de los teatreros con formación (aunque no solo ellos), por esto, en ocasiones, las críticas hacia él de parte de la profesión se convierten en rabieta y pataleo al no poder ocupar un puesto que muchos consideran de intrínseco derecho.

Por otra parte. El público del teatro académico es aquel que tiene inquietudes culturales, el público que compra libros y va a bibliotecas, el público cultureta de toda la vida de dios, los que creen en el objetivo espiritual del arte y piensan que el teatro debe ser, por ejemplo, una herramienta social o política (cualquier tiempo pasado fue mejor).

Madrid antiguo - elefantes en cibeles

¿Goza de buena salud el teatro académico?, ¿podrá seguir existiendo?, ¿hasta cuándo?

El teatro académico, al ser mayoritariamente financiado con dinero público, ¿debería tener unas obligaciones?

¿Quiénes ostentan la posición de poder -los que dicen quién entra y quién sale-?, ¿son claramente visibles?, ¿quién los pone a ellos a desempeñar ese papel?, ¿la viabilidad sólo reside en sus manos?

Aquí lo dejo por hoy. El próximo día el teatro alternativo: cantera del teatro académico y del comercial.

Otro Perro Paco

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