Archive for Diciembre, 2008
No he podido evitarlo… ¡Felices fiestas a todos!
Navidades en Gotham
Gotham es una ciudad sin superhéroes,/ un montón de villanos/ y policías con coches de juguete. / Desde la fachada Patrick Swayze nos apunta con una pistola./ Sobre la nieve hay gente que camina descalza y perros con zapatos. / Hay también ancianas con orejeras,/ guardias de seguridad con rulos,/ un príncipe disfrazado de botones./ De los sex-shops brotan villancicos eléctricos/ Que resuenan por escaleras en llamas./ De un momento a otro, Heimlich,/ Vas a morir ahogado./ Aquí no se construyó para los hombres./ Con tanta arrogancia no es de extrañar/ Que las Torres de Babel cayeran./ Todo se quiere grandioso y por eso/ Resulta insignificante.
Un cuento de Brooklyn
Es un edificio como los demás,/ Pero podría ser la casa de la bruja,/ El palacio de la princesa/ O el taller de Pinocho./ Tiene un jardín encantado/ Y mil tesoros recogidos en la basura./ Aquí nacen las estrellas del rock/ Y los revolucionarios de estraza.
Santa Claus jam session
Santa Claus, Santa Claus, Santa Claus,/ ¡Oh yeah! ¡All together right now!/ Chaquetas cebradas y bastones de caramelo./ Santa Claus, Santa Claus, Santa Claus,/ ¡You’d better be good baby!/ Monedas verdes y una luz blanca./ Santa Claus, Santa Claus, Santa Claus,/ ¡You don’t want his foot in your mouth!/ Guirnaldas que brillan y metros que pasan./ Santa Claus, Santa Claus, Santa Claus…
Nana de las cañerías
Es un tren que avanza,/ Un barco que se despide,/ Un intestino que ruge,/ La mucosa que se rasca/ Una cisterna que no cesa,/ Una válvula que estalla.
Miguel Gutierrez, Tarek Halaby, Michelle Boulé, work-in-progress, 20/12/2008, Abraham Art center
Algunos work-in progress te permiten ver por donde van los tiros, otros no. ¿Qué pasa cuando se llevan al escenario escenas de películas de James Dean? ¿Qué ocurre cuando se hace algo similar al cabaret desde el arte contemporáneo? ¿Qué significa un escenario naturalista de poliestireno y un pollo de goma en una bandeja? ¿Y qué transmiten unos travestíes trash con valores de los años 50? ¿Qué sucede cuando se baila un remix de Madonna como si fuera danza clásica? Pop, sátira, cabaret, trash, parodia y contemporáneo en la batidora… Habrá que esperar un año para ver los resultados…
“All this physical information is stored in my body”, Kayvon Pourazar, The Kitchen, NY, 19/12/2008

Este work-in-progress de unos veinte minutos de duración gira alrededor de la autoría. Diversos intérpretes efectúan coreografías que pertenecen a obras anteriores mientras una voz en off nos explica cómo surgió cada uno de los fragmentos de la pieza. Sin embargo, apenas adivinamos el movimiento de los bailarines, porque bailan tras un lienzo en blanco donde están recortados los nombres de todos los artistas que intervinieron en el proceso. Así se evitan posibles problemas de copyright.
Hay frases coreográficas de un creador que se inscribieron dentro del trabajo que firmaba otro artista, versiones, solos que se transforman en duetos, citas, variaciones… La estrategia de tapar gran parte de lo que ocurre funciona muy bien, porque dispara el interés del espectador. Nos esforzamos por vislumbrar qué ocurre a través de las rendijas del lienzo. Y aunque no lo percibimos en su totalidad, basta para que nos hagamos una idea de lo que nos hablan. El resultado es irónico e inteligente, porque evidencia hasta qué punto resulta imposible determinar con exactitud dónde comienza la creación personal y dónde termina la influencia de la gente que nos rodea. Señores y señoras de la SGAE, ¿han tomado nota?
Me gusta la cultura
Tras “Por Navidad haz el pavo“, Edu y yo presentamos nuestro nuevo hit “Me gusta la cultura”, que introducíamos en “Mi novio y yo“.
Il retorno d’Ulisse, William Kentridge, T. Municipal de Girona, 04/12/2008
Siempre enfatizo el carácter subjetivo de estos apuntes, pero esta vez debo subrayarlo más aún. Conseguimos butacas de pésima localización y vi la pieza encaramado en el lateral del segundo piso, en una posición tan incómoda que resulta muy posible que mi percepción se viese afectada.
La ópera de Claudio Monteverdi “Il retorno de Ulisse” en la que se basa este montaje es espléndida. La versión que se ofrecía contaba con músicos en directo, cantantes de primera línea, manipuladores de marionetas, proyección de imágenes en una pantalla y sombras chinescas.
Si en el texto anterior hablábamos de virtuosismo, aquí podemos retomar el tema. Cada uno de estos lenguajes contaba con intérpretes y creadores con un gran dominio técnico. Por un lado las animaciones e imágenes de Kentridge eran soberbias. La música y el canto resultaban deliciosos. Aunque las marionetas remitían a una idea muy tradicional de lo que supone el teatro de objetos, esto no constituía un problema y la manipulación era intachable. Las sombras que aparecían de forma ocasional estaban muy bien articuladas y eran elegantes y estilizadas.
Sin embargo, padecí una cierta saturación de estímulos. Aunque todos los elementos eran excelentes, había tantos donde centrar la atención (la música, el canto, las marionetas, las imágenes, las sombras) que a menudo la vista iba de un lado al otro intentando apreciar todo lo que se mostraba. Tuve la sensación que en escena había material para varias obras de teatro.
Por otro lado los diferentes lenguajes escénicos no siempre se complementaban ni se potenciaban los unos a los otros en virtud de una razón concreta. A menudo se trataba de una mera superposición. El lenguaje que hacía un mayor esfuerzo por interactuar con los otros elementos era el audiovisual. Las bellas imágenes de Kentridge tomaban motivos de la leyenda original de Ulises y con cierta frecuencia servían de escenario para las marionetas en movimiento. Cuando se integraban de forma funcional o alegórica, no sólo las proyecciones cobraban mayor interés sino que el conjunto de la obra crecía considerablemente.
Pero en fin, aún padezco una cierta escoliosis y repito que quizás eso incidió en mi apreciación de la obra. La ventaja de Internet es que todo el mundo puede decir su opinión, así que si alguien estuvo allí…
“Kinkan Shonen”, Sankai Juku, 28/11/2008, Mercat de les flors
A pesar de que sé poco sobre el butoh, me gustaría escribir algunos apuntes tras asistir a “Kinkan Shonen”. De hecho, cada vez soy más consciente de que eso es lo que quiero que sean estos textos en Teatrón: reflexiones personales. El papel de los críticos parece implicar la valoración de los espectáculos a la manera de los Césares en el Coliseo. Pulgar arriba o pulgar abajo. Es cierto que a menudo incluyo una valoración personal de los espectáculos que comento, pero me gustaría que esta parte fuese marginal. Lo que me interesa es entender qué ocurre en el escenario, cómo está construido, qué reacción provoca y qué razonamientos desencadena. La valoración que yo pueda hacer sobre el espectáculo me parece la faceta menos relevante.
Así pues sólo quería dejar constancia de algunas características de esta performance butoh. En artes escénicas hay una estrategia que, si no se usa con extremo comedimiento, resulta horripilante. Se trata de la apuesta por lo espectacular. Lo espectacular es aquello que capta de inmediato la atención de los humanos. Se me ocurre una serie de ejemplos: telas que ondean, el humo, luces de colores, explosiones… Dentro de lo espectacular hay otra categoría que se podría denominar el “virtuosismo exhibicionista”. Se trata de propuestas que implican un dominio técnico extremadamente elevado y cuyo único valor estriba en esta misma dificultad técnica. En danza se trata de saltos acrobáticos, constorsiones imposibles, un equilibrio superlativo…
Hace poco vi el vídeo de Madonna de “Confessions Tour” y encajaba de pleno con esta tipología. Luces, humo, una capa ondeando, tecnología (la bola disco de donde sale), los saltos de sus bailarines, miles de globos, destellos por doquier y provocación fácil (la cantante en la cruz de cristalitos). Si todos estos elementos no están articulados, la propuesta es como un cañón que va disparando de forma monótona. El primer disparo logra captar tu interés, pero al décimo zambombazo no hay quien aguante.
En parte esto se debe a que lo espectacular siempre está relacionado con lo obvio. Si nos hemos de asegurar de que algo capte la atención de todo el mundo debe ser evidente. No hay sitio para sutilidad alguna. Así que no debe extrañarnos que a menudo las propuestas más espectaculares sean a la vez las más tontas.
¿Por qué toda esta digresión? Porque en “Kinkan Shonen” había una gran dosis de virtuosismo. Los movimientos de los bailarines a menudo eran de un bizarro extremo. Se inhibían reacciones corporales básicas (un hombre caía al suelo de espaldas y conseguía no alterar ni un milímetro la posición recta de la columna ante la inminencia del impacto), se ejecutaban gestos difíciles y se lograba un equilibrio sin temblor alguno en posiciones inverosímiles. Sin embargo este virtuosismo se ponía al servicio de una poética coherente e interesante que te arrastraba de principio a fin. Además, este dominio técnico se mostraba a menudo en elementos pequeños, en detalles, con un ritmo pausado que no buscaba la ovación fácil sino el desarrollo consecuente de la pieza.
Es decir, el virtuosismo cobra sentido si se usa con una finalidad. Y si en vez de invertirse en aquello que clama al cielo por su obviedad se emplea en lo diminuto, obtenemos una pieza inteligente y delectable, llena de contrastes y matices.
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