A taquilla (La estrategia suicida)

Resumen: Las condiciones económicas que están proponiendo a las compañías muchos teatros y festivales (la mayoría con financiación pública) son una vergüenza y están destruyendo la posibilidad de tener un tejido teatral profesional, independiente, sano, crítico y arriesgado. Shame on you, bloody bastards.

Amamos nuestro trabajo. Como muchos otros actores, directores, performers o creadores escénicos en general, amamos lo que hacemos. Nos gusta exprimir nuestra creatividad; nos gusta poner a prueba nuestras capacidades físicas y mentales en busca de aquel gesto, aquel efecto, aquella palabra que exprese exactamente lo que queremos transmitir; nos gusta ver como a veces la gente que viene a nuestros espectáculos ha percibido aquel gesto, aquel efecto, y se ha sentido sacudido por él; nos gusta la desazón que nos invade cuando no estamos seguros de por donde tirar con un nuevo espectáculo, cuando dudamos del contenido de una escena; nos gusta cuando de repente encontramos la solución y todo cuadra; nos gusta hacer teatro y estamos convencidos de que lo que hacemos tiene una utilidad social (o como se llame), de que generar belleza, asco, rabia, conmoción, sosiego, crítica, es esencial para tener una sociedad más sana. Nos gusta pensar que somos parte de la solución y no del problema.

Y por eso, porque amamos lo que hacemos y creemos que es útil para la colectividad, la mayoría de nosotros aceptamos las penurias e incertidumbres que nuestra elección profesional conlleva. Sí, sí, ya sabemos, la típica pataleta de los comediantes. Pues no, no es una pataleta, es una descripción de las cosas como son. En general, conocemos nuestro futuro, con suerte, a ocho o nueve meses vista. Por muy bien que a alguien le pueda ir, es perfectamente factible que al cabo de seis o siete meses la situación cambie radicalmente y no tenga ni un sueldo ni un trabajo. No tenemos ninguna seguridad ni estabilidad, dependemos constantemente de la llegada de un nuevo proyecto, hay meses entre proyectos en que no cobramos nada y en los meses de creación y ensayo se cobra muy poco porque donde realmente se hace dinero (al menos nosotros, y sabemos que muchas compañías más también) es con la explotación de la pieza. Y que dicha explotación amortizará la inversión de horas infra-remuneradas realizada durante la creación del espectáculo. Repetimos, amamos nuestro trabajo, así que aceptamos esta situación de incertidumbre y precariedad con placer porque todo lo demás nos compensa.

Pero desgraciadamente, desde hace unos años el peso de la incertidumbre está aumentando tanto que empieza a ser difícil de soportar. Y muchos colegas han tenido que abandonar sus carreras porque éstas se habían vuelto económicamente insostenibles. ¿Por qué? Porque el sistema que permitía la existencia de muchas compañías de teatro se ha desmantelado. Desde la congelación de las ayudas públicas a la creación y la producción, hasta el aumento del IVA de las entradas, todo nos está llevando a un desguace total del sector de las artes escénicas, dejando a los creadores desnudos en la más desoladora de las intemperies. Hoy en día, actuar en este país es un suplicio. Excepto contadas excepciones, la mayoría de programadores han dejado de pagar cachés o de asegurar un mínimo diario, sustituyéndolo por un sistema de taquillaje que es a todas luces un abuso.

Vamos a aclarar una cosa. El ecosistema teatral en este país es muy amplio. Y cuando estamos hablando de la precarización y del abuso que supone el sistema de taquillaje no estamos refiriéndonos a los grandes musicales, a las comedias que año tras año abarrotan los grandes teatros con autocares, no nos referimos a los grandes hits de navidad en los teatros que venden merchandising, palomitas y tienen un photocall para hacerte las fotos con tu estrella preferida. Estamos hablando de propuestas de riesgo, de autor, que los grandes medios han decidido que son para minorías pero que en realidad no excluyen a nadie.

Volvamos al asunto. Entendemos que las estructuras teatrales que acogen este tipo de propuestas no masivas, tienen unos gastos, que ellas mismas se han visto obligadas en muchos casos a recortar plantillas y salarios, pero que los creadores, que estamos en la base de la “cadena alimenticia” teatral, seamos los peor parados es una política que no nos puede llevar a nada bueno. Que con la excusa de que se nos está dando visibilidad se nos pida, prácticamente, que trabajemos siempre y constantemente gratis, es una situación que no se merece ningún trabajador de ningún sector. Y eso es lo que está pasando.

Hagamos un poco de teatro ficción. Un programador de tu ciudad se pone en contacto contigo. Gestiona un teatro público, financiado a medias entre la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento. El teatro está en un bonito edificio de propiedad municipal, con muy buenas instalaciones y ubicado en una zona chachi de la ciudad. En ese teatro trabajan unas siete personas entre dirección, producción, comunicación y técnicos, todos ellos con un contrato y un sueldo. Seguramente algunos de ellos estarán mal pagados, porque el horno no está para bollos, y trabajarán más horas de las que pone su contrato, asumiendo con toda probabilidad el trabajo que tendrían que hacer dos personas. Pero tienen un contrato que les garantiza un sueldo estable y cotizan a la seguridad social, al paro y a las pensiones. Ese programador te propone hacer temporada en su teatro, cuatro semanas de miércoles a domingo, casi un mes, vamos. Tú te sientes feliz, vas a actuar en tu ciudad. Después de arrastrar tus huesos por medio mundo de gira en gira, por fin vas a hacer temporada en casa. Por fin tus amigos, familiares, colegas de profesión, prensa, conocidos, las amigas de tu madre, tus compañeros de ESO o EGB, van a poder venir a ver tu trabajo. En vivo y en directo. No tendrás que pasar más tiempo dando explicaciones abstractas e incomprensibles sobre lo que haces. Estás muy feliz, vamos. Entonces empezáis a hablar de dinero y antes de decirle lo que sueles cobrar, el programador te corta en seco y te dice las palabras mágicas: “A taquilla”. Tú te quedas petrificado. Pero por cortesía, preguntas y se acaba produciendo la siguiente conversación:

– ¿El 100% de la taquilla?
– No, 50% para nosotros, 50% para ti hasta llegar a 3.700€.
– ¿Después, todo para mí?
– No, 60 para nosotros, 40 para ti.
– ¿Taquilla neta?
– No, taquilla después de impuestos, descontando los derechos de autor, los gastos de gestión y la tasa de vasallaje.
– ¿Pero nos aseguras una recaudación diaria mínima?
– No.
– ¿Al menos haréis una buena campaña de promoción?
– Sí, claro. Lo ponemos en facebook y mandamos un mailing a los abonados del teatro (que como tienen un abono anual no pagan entrada específica para tu espectáculo y por tanto no computan de cara al taquillaje).

Hagamos números. Actuando 20 días en un teatro con 120 plazas, con una media de ocupación del 50% (casi nos da la risa, porque es fácil comprobar que en ese teatro “imaginario” la ocupación media de los últimos tres años no ha llegado al 40%), con precio medio de la entrada de 12€, recibirás unos 4.353€ (el porcentaje de la taquilla que te toca después de impuestos, derechos de autor y demás). Pongamos que en tu compañía trabajan 5 personas (3 actores, 1 productor y 1 técnico) y que el espectáculo gasta 15€ por función en fungibles porque durante el espectáculo empapeláis la escenografía con papel de váter (300€ en un mes). Descontados éstos, nos quedan 4.053€ entre 5 personas: 810€. Lógicamente, todos los miembros de la compañía son autónomos porque hoy en día es inviable cualquier otra opción y porque es la manera de cotizar a la seguridad social, y a un paro y una pensión ridículos. A 810€ quítale el 21% de IRPF: 640€. Quítale la cuota de autónomos, que cuesta 261,08€. Quedan 379€ netos por persona por un mes de trabajo. Vayamos más a fondo. “Sí, claro, pero son 379€ por trabajar sólo un ratito al día”.

Bien, no vamos a contar todas las horas de trabajo que exige mantener activa la compañía a nivel de producción, promoción, comunicación, contabilidad, creación y ensayos (que ya hemos dicho que están muy poco remunerados). Nos vamos a concentrar en las horas relativas a la explotación, que son aquellas en las que deseablemente la compañía debería obtener el mayor provecho económico y amortizar así toda la dedicación anterior. En realidad como en cualquier otro sector empresarial, donde una empresa invierte recursos en crear un nuevo producto o servicio y confía en amortizar la inversión con los rendimientos y beneficios del producto creado. Economía básica I.

Recuento de horas de explotación: Trabajo de planificación previa, 15 horas; actos de prensa y promoción, 6 horas; montaje, 11 horas; desmontaje, 3 horas. Durante los días de función: preparación del bolo, más pase técnico, más función, más recogida y cierre, 4 horas al día. Total: 115 horas, 5 horas y 45 minutos de media al día. 19€ por día trabajado. 3,30€ la hora. Sin contar, repetimos, todo el trabajo continuo que implica mantener la empresa. Perdón, la compañía independiente.

 En resumen, el sistema nos está pidiendo que trabajemos, prácticamente, gratis. Coartadas: porque se nos da visibilidad, porque las cosas andan muy mal para todos, porque es la lógica capitalista que dicta que cada cual cobre por lo que genera (bueno, cada cual no, porque el programador del teatro no cobra en función de los espectadores que atrae su teatro), etc. Y mientras tanto se siguen dedicando fondos públicos a la construcción de nuevos espacios culturales que servirán, eso sí, para albergar el trabajo de creadores que cobrarán una mierda por hacerlo.

 Un sistema como éste, lo que está haciendo es acabar con el tejido profesional, obligando a actores, creadores, performers y demás a convertirse en pluriempleados (bueno, más de lo que ya son muchos) o a abandonar definitivamente la carrera. De esta manera, las salas de teatro acabarán llenas de propuestas semi-amateur donde las ganas puedan más que la calidad. O convirtiendo al teatro en un simple entretenimiento sin ninguna carga social. En un sistema como el del Off Broadway donde musicales,  comedias y teatro naturalista de bajo presupuesto se esfuerzan por parecer los hermanos pretendidamente díscolos de la programación de los grandes teatros comerciales. Un mundo así, donde la práctica del taquillaje puro esté generalizada, es una perspectiva terrible.

Que conste que no estamos diciendo que el pasado fuese el paraíso, en absoluto: era ya un mundo precario. Y tampoco decimos que la taquilla no tenga que formar parte de nuestros ingresos, para incentivar el trabajo de promoción de las compañías y llevarlas a buscar maneras de conectar con el público (hacer taquilla inversa, incluir en el precio un rato de post-función con el público, organizar momentos de encuentro con él, etc.). Pero seamos realistas, sólo con la taquilla, no basta. Trabajando así se impide completamente que una compañía pueda sobrevivir más allá de un empuje inicial de dos o tres años y por tanto pueda realizar un trabajo de desarrollo de su lenguaje y sus ideas de manera continuada y profunda.

Recientemente, nuestra compañía se ha encontrado en una situación parecida a la descrita aquí arriba. Después de pensarlo detenidamente, porque nos hacía mucha ilusión jugar en casa, hemos decidido que no, que no vamos a hacer temporada en Barcelona porque estamos convencidos de que trabajar en estas condiciones es ponerle una fecha de caducidad a nuestra ilusión, a nuestro aguante y a nuestra compañía. Si queremos seguir trabajando, si queremos seguir jugando y hacerlo con la misma pasión y ganas de siempre y con alguna perspectiva de futuro para nosotros y nuestras familias, en estas condiciones no es posible.

No, no vamos de rebeldes ni de radicales, somos sólo un grupo de profesionales preocupados por la deriva que está tomando el panorama de la programación teatral en este país y queríamos compartirlo con vosotros, porque sabemos que es una realidad que no siempre sale a la luz y que a menudo queda enterrada por la sensación que transmitimos de divertirnos haciendo nuestro trabajo (que también es verdad). Y que vaya por delante nuestra solidaridad y cariño hacia los profesionales que por una razón u otra aceptan trabajar en esta precariedad. Estamos seguros de que lo hacen, una vez más, poniendo por delante su amor por la profesión y su voluntad de servicio público. Sin embargo, eso no quita que aceptar esta lógica como algo inevitable sea una estrategia suicida.

PS: recientemente se ha aprobado la inversión pública de 3,5 millones de euros para la reubicación en un nuevo edificio de un histórico teatro de Barcelona. Seguramente como premio a su trayectoria. Estamos hablando de un teatro donde hasta ahora se ha ofrecido a las compañías ir a taquilla. Ya sabéis que nos encantan los números. Si se destinasen 3,5 millones de euros a garantizar un mínimo de 1.000€ por cada día de representación en ese mismo teatro, se podría mantener la programación, y por consiguiente a las compañías programadas, durante 17,5 años. ¿No está mal verdad? Esperemos que los gestores de dicho teatro sean conscientes de ello.

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23 Respuestas a A taquilla (La estrategia suicida)

  1. Perro Paco dijo:

    ¡Plas, plas, plas!

  2. Jesús Villanueva dijo:

    ¡Plas, plas, plas!

  3. Rubén Ramos Nogueira dijo:

    Hay dinero para lo que quieren. Sólo hace falta repartirlo con mejor criterio. El dinero destinado a lo que la administración llama “cultura” debería ir sobre todo para los que se dedican a eso y no para los que se dedican al negocio de la construcción o de la especulación o similares. Es de cajón. Si repartiésemos mejor todo ese dinero, no sólo de ese edificio del que habláis sino de todos los demás, habría dinero de sobras para vivir decentemente de nuestro trabajo, a pesar de todas las crisis reales o ficticias. Hay que exigirlo.

  4. Jordi Soler Quintana dijo:

    Be dit! A vegades la vergonya aliena t’ennuega i a vegades t’afluixa la llengua i acabes analitzant la situació de molts treballadors (no només artístics) d’una forma tant lúcida com aquesta. La pregunta és: ara, tots aquells a qui se’ns estreny la nou amb aquestes paraules què farem per canviar això? Perquè ser radical o rebel o revolucionari potser ja és hora d’entendre-ho com una actitud cívica, raonable i conscient.

  5. Marc dijo:

    Sí, de acuerdo, pero hace falta hablar con cifras y nombres.
    ¿Cuánto cobra el director artístico del Lliure, Nacional, Romea, Villaroel? Salas públicas o concertadas con grandes presupuestos para producción, ellos no van por taquilla, ¿por qué?
    ¿Cuánto cobran, además, por sus montajes que ellos mismos se programan?
    (Por ejemplo, en Francia, lo ha explicado Rodrigo García, los directores de teatros no cobran extra por mostrar sus montajes en sus teatros)
    ¿Por qué la programación de un teatro eminentemente comercial como el Goya es subvencionada? ¿Es Iaia acaso una obra de arte (del tipo que sea) o es puro entretenimiento (asunto éste que ya cubre la iniciativa privada)?
    ¿Lograremos cambiar algún día esta cultura de contenedores “culturales” y funcionarios “artistas?
    Ojalá.

  6. Mingo Albir dijo:

    Este tema da como para hablar y debatir dos o tres años como mínimo. No, no os asustéis, mi cabeza no da más que para mil o dos mil líneas. La decisión que habéis tomado de no actuar me parece la más honrosa y sobre todo la más práctica a corto, medio y largo plazo. El voluntariado, el microteatro, las cooperativas, la inversión a fondo perdido en teatro (“artes y oficios” escénicos en general) con el dinero ganado haciendo otras cosas, etc, etc, me parecen fórmulas muy válidas y respetables, pero lo que no pueden ni deben hacer es encubrir, tapar o disimular la ausencia de “normalidad” en el sector. Ya hay gente muy quemada con estos inventos, sobre todo en Madrid, ciudad donde se movieron bastante en esa dirección. Políticos y seudo gestores culturales varios andan ahora muy contentos con todas estas iniciativas. Ellos desmantelan y nosotros les montamos el decorado para que parezca que aquí no ha pasao ná, así turistas y población autóctona, cada vez más cateta y ausente, creen encontrarse en ciudades estupendasdelamuerte y envidiadetóParís, como por ejemplo el mismo Madrid o nuestra queridísima y cosmopolita Barcelona. Lo han hecho de putamadre, como siempre, y todos, absolutamente todos sabíamos que lo iban a hacer. Nunca les hemos interesado demasiado y ahora mismo preferirían directamente que desapareciéramos. Thomas Ostermeier hará cosa de un año hablaba de que sin la implicación del estado en la cultura cierto tipo de teatro y espectáculos corrían peligro de desaparecer. Eso dicho desde Berlín, ejemplo a seguir y paraíso europeo para muchos. Aquí el derribo se inició hace mucho, cuando los poderes públicos hicieron dejación de sus funciones y empezaron a ceder sus responsabilidades al sector privado. Cedieron la pasta y los criterios. Pocos tenían nuestros gestores pero imagínate los de los catetazos de nuestra industria cultural privada. Salvo raras y honrosas excepciones, hemos padecido a gestores absolutamente incultos y por tanto inoperantes. Para nuestra desgracia en nuestra zona existen particularidades autóctonas que hay que añadir, como l’Esperit Botiguer de la derecha y centro-derecha catalana, o sea de todos los que han gobernado en los últimos treinta y cuatro años. Teniendo un escaparate aparente, el interior de la tienda no importa demasiado. Me refiero a la política del “Amb un de cada ja ens ho fem”. Un teatro nacional grande y hermoso, un teatro privado con fondos públicos, una sala alternativa, una compañía de musicales, una de teatro de calle kumbayá con máscaras y petardos, otra “transgresora” con taparrabos, un payaso, una compañía de danza contemporánea, un performer, un, un, un……………….
    Nuestro gremio y sus agremiados no somos diferentes de otros colectivos, se dan las mismas virtudes y miserias como personitas que acabamos siendo y nos ha pasado lo mismo que a todo el mundo. Al tren lo han hecho descarrilar y la mayoría de nosotros llevábamos billete de tercera. Nos hemos bebido destilerías enteras despotricando del sistema, quedan ya muy pocas cosas por decir sobre el tema para bien y fortuna de nuestros hígados y riñones. A los “Malos” ya los conocemos, no hace falta hurgar más por ahí, solo estar atentos a sus nuevas tácticas post desastre nuclear.
    Quizás debiéramos hablar ahora de “nosotros”, de qué coño hemos estado haciendo todos estos años atrás. Que parte de responsabilidad tenemos en esa ausencia clarísima de tejido cultural en nuestra propia casa, país, nació o lo que sea (crece en mí la sospecha de que en otras reencarnaciones fui protestante, no sé si cabra luterana o acelga calvinista, pero protestante fijo, no paro de culpabilizarme). En estos momentos, después de treinta años de profesión, tengo la certeza de haber hecho un “viaje a ninguna parte”. Para los que en los 80′ y 90′ salimos con las compañías de danza a comernos las Europas y el Mundo Mundial, a trabajar con más ilusión que medios con una mano delante y otra detrás, con muchas ganas de currar, aprender y de traernos a casa otras formas de hacer y de entender lo que hacíamos, vivir a fin de cuentas, todo esto que sucede ahora nos produce una profunda tristeza. En mi caso añadiría también el desánimo y las ganas de mirar definitivamente hacia otro lado, dedicarme a otra cosa. ¿Sabes de qué hablo, no, Beatriu Daniel? (como sé que es colega del Feisbul del Serrano e igual se mira el blog, aprovecho para saludarla y enviarle un beso. Me gustaría dedicarle una canción pero creo que eso es más cosa de la radio).
    En resumen, no estamos otra vez en el lugar de partida pero casi. Igual peor. Hace treinta años estaba todo por hacer y ahora está todo por cambiar. Derribar y reconstruir es generalmente más costoso que la nueva planta. Profesionalmente siempre me sentí de segunda división, soy consciente de mis preferencias, gustos, apetencias, y también de mi mediocridad. Pero siempre defendí la primera y la tercera división así como la regional y la regional preferente. Pero resulta que tanto creadores, intérpretes y demás oficiantes, aspiran en su mayoría a llegar a la división de honor. Unos “porque yo lo valgo” y otros porque es la única manera de vivir con cierta holgura y dignidad. El tema es el siguiente: con dos “nacionales” al año y un par más en “sala alternativa” y las clases de nosequégaitas, paso toda la temporada. Y el lustro que viene ya veremos. Es lo que se llama visión de futuro.
    Luego están las subvenciones, que han sido el gran temazo de las compañías “independientes”, chollo para algunos pero que al final en muchos casos han sido una verdadera trampa y una pesadilla para muchos creadores. Depender única y exclusivamente de ellas es una agonía. La tiranía del famoso espectáculo por año para justificar la pasta que te dan me parece una locura.
    A ti Alex, igual que a mí y a unos cuántos, lo que más nos gusta de nuestro trabajo es eso, el trabajo, en mi caso las luces. Y creo que uno crece, disfruta y se enriquece a medida que va haciendo, no a medida de que engorda su cuenta corriente. Lo de trabajar poco y ganar mucho mola un montón y es el máximo anhelo de muchos profesionales y esto me lo han comentado en múltiples ocasiones y sin ningún tipo de pudor colegas del ramo . Pues ahora nos jodemos todos, ni mucho ni poco ni ná de ná. Yo no quiero ir al TNC, es una pesadilla y más ahora que anda medio desmantelado. Sencillamente quiero currar, hacerle las luces a alguien con quien me entienda, ser útil a algún director de escena, músico, coreógrafo o compañía y finalmente ser útil al público, que a ellos va destinado todo esto. Me da igual el local. Prefiero continuidad y un mínimo de estabilidad económica, no ahora un pastón y luego cero. Creo que hay mucha gente que piensa como yo y también creo que podría haber un hueco para todos los que nos dedicamos a esto ya sea de manera profesional, semiprofesional o amateur.
    Y hablando del público entraríamos en la tercera pata del invento y la más importante. No sé si hablar del nopúblico tal como está la situación. Es cierto que mucha gente no tiene un duro, negarlo sería estúpido. Eso influye mucho a la hora de decidir en qué se gasta uno la poca pasta que tiene. Pero mi pregunta es ¿está igual de educado nuestro respetable que el de otros países de nuestro entorno? Yo diría que no y también diría que entre unos y otros de nuevo está la casa por barrer. Nos falta mucho por caminar y mucha pedagogía por hacer. Este es un tema muy peliagudo. ¿Quién no ha tenido la sensación más de una vez en España y en Catalunya de haber ido a actuar al sitio equivocado con el público equivocado? Hablo del famoso bolo de treinta personas, un clásico en nuestra geografía. Hay programadores y concejales de cultura con muy buena voluntad pero igual deberían antes formar un poquito a sus vecinos. Tú hacías tu trabajo e incluso lo cobrabas pero te volvías a casa con cara de póker. Con dinero para llenar la nevera pero con la sensación de estar haciendo algo mal. La famosa rentabilidad cultural. Creo que en alguna ocasión en vez de crear público lo que hemos provocado es su huida.
    Y ahora hablemos de política o mejor dicho, sigamos hablando de política. Muchos de nosotros y creo que tú el primero por tu trayectoria, hemos salvado el pellejo y la economía gracias a los guiris y a unos cuantos heroicos y excepcionales programadores y gestores locales. Su ausencia y escasez en el momento actual es trágicamente patente. Para empezar a arreglar todo esto necesitaríamos como agua de mayo gobiernos con una gran sensibilidad hacia la cultura y la educación, misión imposible en este momento, aún están celebrando el desguace. A continuación vendrían aquellos que están sobre el terreno, programadores y técnicos en la materia. Gente con ganas de hacer bien su trabajo y no de calentar el sillón. Son los encargados de generar público y buscar lo más adecuado para cada momento y lugar. Gente también que asuma riesgos, que tenga ganas de evolucionar y de que también lo hagan sus convecinos. Ahora vendríamos los del gremio que por una vez en la vida deberíamos ubicarnos un poquito y dejar de mirarnos el ombligo y otear el horizonte para ver cuál es el panorama general, la puta realidad del país. Solo así y con mucha suerte encontraremos el lugar adecuado a nuestros intereses y a los del respetable. Casi ná, lo que no ha pasado en la vida. Pero debería pasar, en algunos sitios así ha sido y les ha ido bien. Requiere mucha inteligencia y mucha generosidad por parte de todos. De momento seguiremos con el 21% de IVA cultural sabiendo que el 21% de nada = nada y el 50% de 0 entradas en taquilla = 0. Nadie debería trabajar gratis o a precio de esclavo, ni nosotros, ni la conductora de autobús, ni el cajero de Consum, ni los maestros……………………………………………………………….
    Si alguno llegó hasta aquí le pido disculpas. Ni la escritura ni la síntesis fueron nunca mi especialidad. El tema me parece muy serio, tan serio como la vida.

    Mingo Albir

  7. juan sempere dijo:

    Me gustaría ver que nos movilizamos todo el sector(artístico/técnico) y cerrar telón hasta, como mínimo quitar el 21% de iva y redirigir ese capital a la mejora de las condiciones laborales de los profesionales. De no ser así, ésto seguirá siendo una ZONA CERO de la cultura (extra taurina). De momento, a aprender ingles y a ahorrar para un billete de avión. Animo.

  8. Bon dia a tothom!!! Abans que res voldria saludar a en Mingo , que espero que se’n recordi de mi , i a més el voldria felicitar per plasmar en un text el que sentim molts professionals de l’espectacle.
    A més voldria donar-vos un alè d’esperança , ben bé no sé com , però la veritat és que em resisteixo a creure que el teatre pugui ser vençut per un pilot de incompetents i de dirigents fills de puta. És evident que no ens volen donant la nostre opinió sobre res , però precisament això ha de fer que no ens donem per vençuts. Els veurem amb la merda fins dalt , no ho dubteu , i el que cal és que nosaltres encara hi siguem per posar-los la corda al coll.
    Aprofito per convidar-vos al FAST (Festivalet Altempordanès Sense Trumfus), una iniciativa que precisament hem posat en marxa des de el nostre raconet de l’Empordà per posar un xic de optimisme dins la bossa del teatre. NO VOLEM DINERS PÚBLICS, i els nostres recursos són només privats , de gent que no ens demana què fem , però que si és capaç de veure l’esforç de la gent de dalt de l’escenari , els agradi o no (això són només gustos).Perdoneu l’autobombo però és que estem molt orgullosos del nostre granet de sorra.
    Hem de seguir ferms i que els donin a tots pel sac !

  9. Mingo Albir dijo:

    Txema de Figueres solo hay uno y a ti te encontré en la calle. Clar que m’en recordo. Un Abrazaco grande y de que sí, palante con orgullo y que les den por saco! (que a nosotros ya nos han dado mucho). P.D. Me acaba de salir un aviso diciéndome que haga el cálculo para verificar que soy humano. Nos han jodido, eso mismo llevo me lo llevo preguntando un montón de años. Pa mi que soy fósil.

  10. Miriam dijo:

    Nada que añadir a todo lo dicho. Lo suscribo palabra por palabra. Hemos pasado del “café para todos”, de regalar subvenciones nominativas, de construir y rehabilitar espacios escénicos de 600 personas de aforo en pueblos de 1000 habitantes a la nada más absoluta. Lo peor es que mucho personal que ocupa puestos de gestores culturales (no se sabe cómo, no se sabe cuándo…) se escudan en que ahora siguen el modelo de gestión cultural anglosajón de iniciativa y patrocinio privado cuando lo que de verdad quieren decir es que, como el presupuesto está recortado, dejemos que llenen nuestra parrilla de programación el grupo de teatro aficionado del hogar del jubilado o el evento de promoción de Loewe (o “inauguración de exposición” en su mundo paralelo) de las últimas fotos de Antonio Banderas. Hacer algo distinto significaría esfuerzo, creatividad y sobre todo una mejor formación. Quizá vea esta situación muy tamizada por mi profesión de gestora, pero creo que el origen de la catástrofe proviene de una falta de profesionalización de esos gestores, programadores, técnicos de cultura y fiestas varias que entraron en el boom cultural de los 80, muchos sin más aval que ser amigo del concejal o haberse sacado una oposición generalista tipo B que les habilita para ser técnicos de medio ambiente, de empleo, de cultura o de expertos en biología molecular hasta que se jubilen. Y muchos esperarán hasta los 70 años para hacerlo (se cobra más empleado que jubilado y el trabajo que supone a veces es prácticamente el mismo). Pues eso. Que qué hacemos entonces.

  11. Litus dijo:

    Mingo, fantàstica reflexió! Argumentada en moltes direccions, i que aglutina a gran part dels professionals escènics. Suposo que algunes de les respostes i/o solucions al problema, esdevindran quan obrem de la manera més compacta possible. Cadascú parteix de dificultats laborals pròpies, barrejades amb el conflicte personal artístic: què vull fer, de quina manera, on hi tinc cabuda, a qui pot interessar, per què serveixo, etc. Cal que mai perdem l’orgull de pertànyer a un sector humà dificilment definible a priori, però absolutament necessari quan materialitzem les idees. No som res si no podem portar a terme el que il•lusionem. No existim sense col•lectivitzar els nostres enginys. No servim de manera individual, ja que l’ego només és un producte que funciona endins, i nosaltres busquem l’expansió exterior. Però, tenim dret a exigir millores en les eines i mitjans que ens sustenten. Apel•lar a polítiques, a consumidors, i sobretot exigir-nos a nosaltres mateixos la responsabilitat de sobreviure. No serveix de gaire crear per espais que no tenen els seus espectadors. No té sentit sacrificar-se si després no posem un preu a la nostra feina. I no tindrem massa radi d’acció, mentre des de dins entorpim la projecció. Trobem masses dificultats dels que, en millors posicions perquè els projectes prenguin volada, qüestionen o obvien l’esforç conjunt que hi ha al darrera. Ser actor, músic, ballarí, tècnic, pintor, escriptor, o ser qualsevol professional de les arts, de l’escena i la cultura, implica còrrer riscos d’estabilitat i obliga a haver de prendre decisions doloroses de cara a un present o futur. Però, és veritat que quan ens permeten desenvolupar-nos, no hi ha diners ni paraules per expressar la nostra felicitat. Lluitem per felicitat (que no és poc) i alhora l’exigim, no sols per nosaltres sinó per qui en vulgui gaudir. Titànic objectiu és el que hauria d’ajudar-nos a superar els moments més dubtosos, i empènye’ns a ser cada cop una mica més actius que no pas dependents. La veritat és que amb el pas dels anys valorarem la nostra feina, no tant per on haguem treballat, amb qui, o quant vem cobrar, si no, per com ens vem sentir i quant vem gaudir del que feiem amb la gent que érem.

  12. Aimar dijo:

    En el MOV-s de Galicia, en la isla San Simón, se hablaron de muchas cosas relacionadas con las necesidades y realidades del sector. Algunas de muy urgentes, otras utópicas, pero siempre desde un intento de pensar en constructivo y viendo por donde podemos establecer contratos de mejora. Se escribieron dos documentos (colgados aquí en teatron en el blog de movs) sobre programación expandida y la vinculación con los museos. Eran los ejes de ese encuentro y los dos documentos que se finiquitaron en el siguiente MOV-s en Bilbao se concebían como contratos vinculantes que las instituciones tenían que firmar.
    A todo eso digo, porqué no pensamos en redactar un tercer documento directamente atacando este problema?? Estoy seguro que encontramos a gente muy dispuesta a escribirlo y distribuirlo. Porque está muy bien que se esté compartiendo en los muros de facebook y se de visibilidad, pero eso es una ola pasajera que quedará en algo anecdótico, y por lo que se intuye, el señor Serrano acaba de petar un grano gordo y molesto. Aprovechemos la oportunidad!

  13. Carles Fernández Giua dijo:

    Molt, molt productiva tota la reflexió.

    Només volia afegir que, des de fa uns mesos, arrel del fet que algunes companyies varen començar a col.laborar, compartint públic, fent-se publicitat recíproca etc… hem començat a organitzar una sèrie de trobades per compartir idees.

    La feina feta, a través d’algunes comissions, ja ha donat alguns resultats.

    En tot cas, tenim la idea de convocar una altra trobada general a finals de novembre. Un dels temes que discutirem seria, resumint, la possibilitat d’establir un canal directe amb l’administració, amb els gestors culturals públics. Sovint semblen conèixer només una versió de la situació. Això pot ser farragós però hem d’intervenir d’alguna forma en el procés de negociació i assignació de recursos als teatres, sales alternatives etc. Perquè les companyies fan bona part de la feina.

    La convocatòria, a banda de la llista de correu que gen servir, correrà per FB.

    Seria molt útil combinar la perspectiva de professionals amb molta experiència amb enfocs més recents.

  14. Señor Serrano dijo:

    El Teatro no necesita a los teatros, sin embargo, los teatros sí que necesitan al Teatro.

    Estamos muy sorprendidos ante la reacción que está generando la carta que publicamos el otro día. No nos esperábamos que tanta gente se iba a sentir identificada con la situación que describíamos ni que tanta gente iba a aportar sus experiencias para alimentar el debate. Sabemos que en el sector cultural y de las artes escénicas en particular hay muchas batallas que librar, muchas cosas que no funcionan, pero nuestra intención es simplemente poner el foco sobre una situación muy concreta que nos afecta a todos por igual y que parte de un concepto perverso: que los teatros se presenten como los proveedores de unos servicios que las compañías tenemos que pagar. Cuando el concepto correcto es el contrario: que los teatros son en realidad consumidores de unos servicios que las compañías les ofrecemos, porque su actividad, sin nuestros contenidos, carecería completamente de sentido. Ésta es una batalla que vale la pena luchar, que tiene una solución identificable y clara y que nos puede poner a todos de acuerdo.

    Cuando desde la cultura se ha intentado organizar cualquier tipo de acción desde una perspectiva macro, se ha fracasado (demasiados puntos de vista diferentes, luchas intestinas, imposibilidad de ponerse de acuerdo sobre cómo actuar, etc.). ¿Por qué no por una vez intentamos cambiar sólo una cosa? Algo pequeño, claro, muy identificable y justo. Algo que en realidad apunta a la línea de flotación del cambio ideológico que se nos está imponiendo.

    Sabemos que los profesionales del sector se están organizando, así que contad con nosotros para continuar esta discusión en otras sedes, que no todo se acaba en el Muro de Zuckerberg o en Tea-tron (¡aunque teatron vale un mundo!). Y tomemos las decisiones que haga falta.

  15. Alex Ponte dijo:

    Interesantes todas estas reflexiones. Como técnico de Sonido que ha pasado por teatros de casi todo tipo -tanto públicos como privados, incluyendo los privados pagados con dinero público-, por televisiones, museos, empresas de directo, de convenciones etc etc, solo puedo decir que tenemos (las y los técnicos) lo que nos merecemos. Ni más ni menos. Después de haber acudido a los juzgados de lo Social unas cuantas veces y ver cómo se empequeñece todo alrededor cuando hay que dar la cara por uno mismo y en algunos casos también por los demás… pues más ganas de seguir batallando en este páramo. Aunque aún no entiendo para qué continuar pegándose con los famosos molinos. Supongo que para saber al 90% que el futuro pinta muy negro…

    Nunca hemos sabido asociarnos ni trabajar para mejorar las penosas, en general, condiciones de trabajo que tenemos desde SIEMPRE. Realmente lo que más me jode es ver cómo una mayoría de técnicos ni conocen sus derechos NI QUIEREN conocerlos…

    Aún resuena en mi mente la contestación de una regidora de un teatro de Barcelona hablando con ella de la necesidad de asociarnos para luchar por lo nuestro como, al fin y al cabo, hacen muchos colectivos profesionales: “Si aquí somos cuatro técnicos y cada uno va a los suyo, cómo quieres que piense que nos vamos a porner de acuerdo muchos…”

    Poco más que añadir. Sigamos quejándonos en público o en privado, y sigamos sin ser capaces de tomar decisiones radicales para que nos dejen de tratar como mano de obra a precio de saldo.

    En Francia por ejemplo -que tampoco es que estén de maravilla- se plantearon que había que parar, y se paró. Aquí haces una propuesta así y te miran como si fueras Bender Rodríguez después de tomarse muchas cervezas.

    Y, últimamente, como todos sabemos, las cosas ya son de risa, elevada al cubo… Cada un@ a lo suyo, quejándonos por supuesto, pero sin hacer nada efectivo para cambiar esta realidad entre tod@s; y sin ser capaces de renunciar a -por ejemplo- un mes de sueldo para parar TODO de una puñetera vez con una huelga seria y cañera (y aquí incluyo a todas las profesiones de nuestro sector). En nuestro caso, en teatros y en todo lo que signifique espectáculo, comunicación, cine, TV, etc. etc… (llámenlo utopía o como más les guste).

    Tod@s sabemos lo que está pasando: se cierran teatros, cines, televisiones, radios, empresas del sector audiovisual… Pero la palabra huelga asusta de una manera alucinante (o denuncia, por poner otro ejemplo). Mucho más que en otros sectores, donde la gente sí se junta, sí discute y sí procura hacer piña (cada vez menos, claro. No levantemos los ojos de las pantallas que nos ‘colocan’ para aislarnos cada vez más).

    La guinda, y esto empieza a generalizarse en todas partes de manera realmente alarmante, es el tema de la contratación. Ahora tod@s somos empresas, ya no somos trabajadores por cuenta ajena. Aunque en muchos casos lo único que seamos es falsos autónomos como la copa de un pino-puente… Y las empresas con dinero público, o públicas directamente, las primeras en lavarse las manos y promover esta basura…

    Saludos.

  16. Mingo Albir dijo:

    Serrano, me encanta la confianza que tienes en el sector a la hora de tomar decisiones sobre temas de alto calado (no me extraña). Si se trata de focalizar la atención en un problema concreto para así simplificar las cosas y no irse por los Cerros de Úbeda, la solución es facilísima: nos pagan una mierda, pues no trabajamos, así de simple. En el mejor de los casos y suponiendo que nadie fallase en el boicot, lo más que sucedería es que cerrarían una serie de salas, lo cual sería motivo de honda satisfacción (Borbón style) para la administración pública, ansiosos como están en no dejar títere con cabeza. Cierran o reciclan centros de arte, museos, chapan teatros, dejan de ayudar a asociaciones culturales……..En Valencia no han dejado nada. Programación pública: Los del Río en el Palau de la Música, “Los Miserables” en Palau de les Arts(ÓperaCalatrava), “Hoy no me puedo levantar” en el Teatro Principal. Quedan el Olimpia que se dedica a las obras comerciales de tirón que vienen de Madrid y por último Talía y Micalet que hacen lo que pueden. El veterano festival Dansa València o el VEO han desaparecido. Tercera ciudad del estado. No he visto manifestaciones ciudadanas revindicando que esto vuelva ser lo que era, y a los que curramos en esto tampoco. Lo mismo sucedería en Barcelona. Si se plantase parar o liar una protesta contando también con toda la gente que curra en teatros públicos y privados financiados con dinero público (casi todos) el asunto tendría cierta visibilidad. Yo estoy con Alex Ponte (Boas noites amigo Ponte). De hacer algo sería “a la francesa, como las tortillas. Pero aquí si planteas un paro de todo el sector, no solo de unos cuantos afectados por algo puntual, te llaman poco menos que “So Durruti”, dinametero, alterao, “ande vas”, etc. Y organizarse y enviar con un proyecto común a unos representantes a parlamentar con las altas esferas políticas, misión imposible. Los gabachos siempre se han movido en momentos concretos cuando les han tocado las narices, pero sus reclamaciones siempre van un paso más allá porque están convencidos de que el problema está ligado a las políticas culturales, no a un caprichoso cambio de ley, norma o impuesto. Y en esas protestas están todos. Entiendo tu propuesta, ir a lo concreto y no adentrarse en aguas procelosas donde es fácil naufragar teniendo en cuenta lo “complicaditos” que somos. Respecto a lo de el Teatro no necesita a los teatros, etc , yo prefiero pensar que el “Público” debiera ser el que necesita al “Teatro” y los teatros hacen de simples intermediarios. No sé por qué leches hablamos tan poco del público, es incomprensiblemente el gran olvidado, un auténtico sinsentido. Es lógico que el personal sanitario se manifieste si los gobiernos pretenden acabar con la sanidad pública pero los usuarios de esa sanidad son los primeros que deben reclamar que eso no suceda. Por un momento imagino que hay una propuesta común por parte de todas las compañías afectadas por el sistema de contratación imperante, exigiendo un trato digno y razonable. Inevitablemente el gestor sacará el argumento de que él con los tiempos que corren no se la juega, vamos que no te paga una pasta que probablemente no va a recuperar. Inmediatamente habrá que hablar de medidas de ayuda pública para bajar el precio de las entradas y hacerlas asequibles, promoción, pedagogía, etc. Marcos Ordóñez dice en el muro de Javier Alonso que “esto es general, como los apagones”. Interpreto que cuando dice general, Marcos quiere decir GENERAL. Está todo el mundo igual se dedique a lo que se dedique. El anuncio de esta muerte o herida profunda se hizo hace mucho y con gran estruendo. Parece ser que en el momento en que decides dedicarte al teatro el tímpano se te queda automáticamente como un zapato, ya no oyes llegar ni a una manada de elefantes. Pues nada, espero que la cosa siga y se vaya haciendo grande. Si necesitan ustedes algo de mí no duden en comunicármelo, estoy lejos pero si puedo me apunto a un bombardeo.

  17. Alex Ponte dijo:

    Unos pocos apuntes más, ya que estamos…

    – A la última reunión que acudí de Marea Roja (verano de 2013) para hablar del famoso IVA cultural, me sorprendió que acudió una señora que estaba allí como ‘público’, y así se definió… En un principio me despistó, pero luego me di cuenta de que no era nada disparatada su presencia… Eso sí, por aquella ya éramos solo un@s 15 reunid@s… Comparando con la otra asamblea a la que fui, que éramos más de 200… ¿alguien dijo ‘tejido asociativo’…? La verdad, hacía mucho calor ese día como para juntarse con más gente…

    -¿A alguien le suena un ente llamado SindicArt…? Estuvimos dos años y pico -o más, igual fueron tres o cuatro- intentando unirnos los asociados del sector ‘espectáculos’ de Catalunya: Regidores, actores y directores, bailarines, técnicos, escenógrafos… Si hasta funciona aún lo que quedó de la página web y todo… [http://sindicart.wordpress.com/about/]

    El caso es que se fue al carajo, claro, como casi todo lo demás… Falta de pasta, falta de ayudas, falta de ganas, falta de -quizás- tomar decisiones radicales… Demasiado tiempo esperando subvenciones / migajas de los poderes públicos… (ya tienen a sus sindicatos preferidos con los que arreglar lo que toque, de todas formas).

    Resumiendo, digamos que SindicArt fue el intento de poder representarnos sindicalmente a nosotr@s mism@s. Simplemente. Las personas que trabajamos y conocemos el percal. No gente de los ‘sindicatos mayoritarios’ que no saben de qué va todo esto. Etc etc…

    Nos fuimos al Parlament, al CoNCA, a ver a estos, a las otras, la Conselleria, el conseller… Hasta conseguimos que se comprometieran a hacer un Censo de los profesionales del espectáculo de Catalunya, que nosotras no podíamos pagar, para tener una base legal que reconociera nuestra representatividad… Pero… Malos tiempos para la lírica… Se cesó a la gente del CoNCA. Se convocaron elecciones anticipadas al Parlament y vuelta a empezar…

    Podría contar mucho más de todo esto… las desavenencias internas, lo descompensados que estábamos las asociaciones de SindicArt en cuanto a afiliadas, el centrarnos demasiado en esperar que el famoso Poder nos soltara unas migajas…

    ¡Seguro que con la independencia se arregla todo…! Y la cultura florecerá y volverá a las calles y teatros, y seremos felices y…

  18. Mario Caballero dijo:

    Está perfecto. Gracias por plasmar de esta forma lo que pensamos bastantes profesionales de la cultura, mil gracias.

  19. diego dijo:

    gracias por deprimirme la mañana…

    laconchitumae

  20. Javierdeyork dijo:

    Hola a todos: soy Javier Ortiz. Durante año y medio estuve en la sala madrileña El Sol de York, donde asegurábamos a los actores el salario según el convenio de la Unión de Actores de Madrid. Cerramos muy orgullosamente, aunque no directamente por esa razón. Digo esto para que sepàis que hablo desde la experiencia y que se puede pagar a los artistas, aunque sea lo mínimo.
    Por eso no creo que la solución sea que los creadores dejen de trabajar, sino que lo hagan juntos y de otra manera. Y coordinados con las salas, que no siempre son el enemigo. Digo juntos porque es muy difícil exigir que las cosas se hagan de otra manera cuando las propias compañías, año tras año, venden en barato sus trabajos a los Frinjes,Talent y Surge de turno (escribo desde Madrid) para mayor gloria de un tercero, Ayuntamiento o Comunidad Autónoma. Y porque , como decís en el post el ecosistema teatral es muy amplio, y todos debemos poder convivir, pero no en las mismas condiciones. Y esto vale para salas y compañías. Algunas propuestas: (los de Madrid os las podéis saltar; las he repetido hasta la aburrición en todo tipo de encuentros, asambleas, francachelas y mítines improvisados)
    1.- generar una App con un mapa geolocalizado donde aparezcan los equipamientos culturales de la ciudad. TODOS. Para que la gente sepa que existimos y dónde estamos. Si està asociado a un sistema de venta de entradas, mejor .
    2.- cambiar la calificación de los pequeños espacios para que sean lanzaderas de emprendimiento cultural y estén bonificadas por la administración. No se les aplicaría el IVA y así podrían subir el porcentaje de taquilla. La concesión es estas ayudas debería estar asociada a un proyecto de gestión cultural y a la firma de un código de buenas prácticas a la hora d los contratos, especialmente seguridad social y condiciones de pago.
    3 Que el consumo cultural desgravara en el IRPF
    Son sólo 3 de las cientos de posibles medidas. Os animo a debatir y repensar estas o a proponer otras. No soy ejemplo de nada. El Sol de York cerró, o sea que no lo hicimos suficientemente bien. Pero nos fuimos a casa antes de bajar las condiciones salariales. Y seguimos en la brega. Porque como ha demostrado la política cultural de las últimas décadas, construir continentes es más fácil que generar contenidos ( y público). Toca pensar para que no desaparezca nadie que no quiera. Porque, parafraseando “Amanece que no es poco”, aunque en el teatro todo es contingente, todos somos necesarios.
    PD: Para cuàndo un puente aéreo cultural Madrid-Barcelona?

  21. Antonio dijo:

    Querido Javier Ortiz. Me parece una vergüenza que alardees de que en Sol de York pagabas un salario según convenio (una miseria, a fin de cuentas, por mucho convenio que fuese). Eso es lo que vendías. Pero la realidad era muy diferente. Podían pasar más de dos años sin cobrar ese dinero firmado y prometido. No creo que puedas dar lecciones a nadie. Por no hablar de calidad artística y otros mamoneos. Un saludo.

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