Entrevista a Los Voluble: “Hay que salir del pesimismo distópico de esta época”

Desde finales de los noventa, Pedro y Benito Jiménez (Los Voluble) llevan remezclando el folclore digital, el live cinema y el political remix video. Tras su estreno en el festival Tachán, el colectivo sevillano presenta Democracia Total el 22 de julio en la Capella del MACBA dentro del Grec, agitando la cultura crítica para revisar la Transición española con una propuesta “entre el ensayo escénico, el concierto audiovisual y la coreografía expandida que no se construye como conmemoración, sino como disputa por las imágenes y los relatos”. Acompañados en escena por Juan Luis Matilla, Laura Morales, Teresa Garzón y Paula Quintana, los hermanos Jiménez convierten el escenario en una mezcla de atracción de feria y Congreso de los Diputados ravero. A través del reciclaje audiovisual, la sátira política, la electrónica, y contra el pesimismo distópico de la época, Los Voluble recuperan genealogías de luchas y figuras como Ocaña o Val del Omar para recordar que la remezcla no es solo una técnica, sino una forma urgente de pedagogía política. Fernando Gandasegui habla con Los Voluble sobre cómo escapar de la nostalgia reaccionaria, de la importancia de la cultura libre, y de seguir reconstruyendo el relato oficial a partir de los movimientos que nos preceden y pueden guiarnos entre la niebla actual.

Fernando Gandasegui: “No somos músicos, no somos realizadores audiovisuales, no somos artistas digitales: somos remezcladores”, habéis dicho. También describen el modo de trabajar de Los Voluble desde el “found footage, el apropiacionismo y el reciclaje electrónico de imágenes”. Vuestro statement reza: “enredando con la remezcla, el live cinema, el folclore digital y el political remix video”. ¿Cómo se declinan todas estas cuestiones en Democracia Total? ¿Cómo operan el remix y el archivo en vuestra nueva obra?

Pedro Jiménez: Si normalmente trabajamos desde esas claves que has nombrado, cuando nos llamaron para esta obra dijimos lo de “si sabes cómo me pongo, ¿para qué me invitas?”. La diferencia con otras piezas es que nos hemos acotado a un marco espacio-temporal concreto, la Transición española. Aunque no hay un consenso sobre cuándo empieza y acaba la Transición, no nos hemos quedado en la muerte de Franco: hemos explorado hacia atrás, pero sobre todo hacia delante, insertando la actualidad.

Queríamos salirnos del relato oficial en torno a la Transición, como esos niños a los que nos contaban la historia en la tele. Esta obra nos ha servido para encontrarnos con historias diferentes. Sobre todo, con historias y violencias personales que, aunque las intuyéramos, no las teníamos tan presentes. Ese es el trabajo que hemos hecho con el archivo y el que se despliega en Democracia Total.

Mark Fisher planteaba el esquivo término de “modernismo popular” para, frente a la melancolía propia del realismo capitalista, describir artistas experimentales que en su momento supieron remezclarse con la cultura popular generando nuevas formas. ¿Es el trabajo de Los Voluble quizás uno de los exponentes del modernismo popular en nuestro territorio?

Pedro Jiménez: Nosotros nos sentimos cómodos situándonos a la vez en la experimentación y en la tradición. Reivindicamos eliminar o connotar negativamente la nostalgia; de hecho, en otras obras proyectamos la frase “Fuck nostalgia”. Por otro lado, la heterodoxia o lo contemporáneo está presente en todo momento. No nos interesa la categoría de “lo nuevo” o la novedad por sí misma. Es mucho más referente para nosotros Val del Omar, un artista que experimentaba en los años 50 con el flamenco, el cine y los espectáculos expandidos, que algo más tecnológico o digital hecho hace dos años. Nos parece importante reivindicar que siempre ha habido experimentación.

Estamos muy pegados a la actualidad, pero la entendemos en contexto con muchas otras cosas. Esto se evidencia en Democracia Total: por ejemplo, en un momento dado, una de las coreógrafas-bailarinas tira un panfleto que es el voto en contra del referéndum de 1986 sobre la entrada en la OTAN. Para nosotros no hay mayor actualidad que recuperar ese referéndum y preguntarnos si tendríamos que volver a hacerlo. Ese es nuestro lugar y desde ahí nos movemos.

En Democracia Total planteáis una suerte de genealogía de las luchas. Utilizáis la memoria audiovisual de la Transición para releerla desde el presente, recuperando figuras como Ocaña. La obra propone “una disputa por las imágenes y los relatos. Qué memoria produce una democracia. Qué cuerpos deja fuera. Qué archivos la sostienen. Qué fiesta, qué duelo y qué violencia siguen latiendo en sus montajes.” ¿Qué clase de genealogía buscáis trazar con esta obra?

Benito Jiménez: Si hacemos el ejercicio de recordar lo que ha pasado y lo que han reivindicado otras personas en otras épocas, no es para dejarlo en el pasado, sino para recuperar a quienes fueron vanguardia y siguen siendo importantes ahora. Por ejemplo, nosotros somos de Sevilla y, si bien la figura de Ocaña fue más conocida en Barcelona que en Cantillana, llevamos años reivindicándola. Aunque ahora está más presente que nunca, ha estado muy olvidada. Ocaña hizo cosas en el carnaval de Sevilla que aún no han sido recuperadas, cosas que la ciudad no ha conseguido igualar.

La obra está llena de fogonazos, como esa intervención de Rafael Alberti en la que dice: “Yo soy patriota de España. Patriota de Andalucía, patriota de Cádiz, patriota del Puerto de Santa María. Y del Puerto de Santa María, soy patriota de la calle de las Neverías, donde nací. Y de la calle de las Neverías, soy patriota de una silla donde me sentaba cuando era pequeño.” 

Benito Jiménez: El patriotismo al que se refería Alberti en el congreso del Partido Comunista es de una actualidad absoluta. Sin ser patriotas ni nacionalistas españoles ni andaluces, es como lo entendemos nosotros. ¿Por qué no recuperar lo que dijo Alberti hace décadas para no olvidarnos y no creernos que somos los más vanguardistas de la nada?

Democracia Total también invoca “futuros cancelados” (Fisher) que en su momento encerraban presentes radicales que pudieron hacerse realidad, y que bien hoy podrían volver a despertar y movilizarnos. ¿Cómo se conjugan estos presentes alternativos con el pesimismo político actual?

Pedro Jiménez: Lo que intentamos es no caer en aquello de que no es posible imaginar un futuro político diferente; hay que salir del pesimismo distópico de esta época. Nuestra herramienta para eso es el humor y la ambivalencia. Intentamos construir las imágenes y los sonidos apelando a esas contradicciones.

El mejor ejemplo quizás sea Pepa Flores o Marisol. Fue el icono construido por el franquismo de la España turística, con todos los problemas que eso ha generado a día de hoy, pero luego también se convirtió en icono del activismo contra la OTAN. Hay juegos en la obra que forman parte de la búsqueda constante a la que queremos llegar: generar espacio para la imaginación, la posibilidad y la creación de otro tipo de relaciones con lo que nos pasa. Tampoco somos optimistas ni puramente hedonistas; estamos en un triángulo complejo al usar la música de baile, el humor y, al mismo tiempo, las imágenes de la policía dando palos. Este lugar contradictorio es nuestra zona de confort.

La máquina escénica de Democracia Total está compuesta de muchas capas, unas de ellas es el trabajo coreográfico y dancístico de Juan Luis Matilla, Laura Morales, Teresa Garzón y Paula Quintana. ¿Cómo se articula este trabajo del cuerpo en la maquinaria de la obra? 

Benito Jiménez: Nos gusta que lo llames máquina porque nosotros también la llamamos así. La propuesta escénica de Democracia Total, en relación al espacio y a sus distintas capas, plantea la estructura de una atracción de feria. Yo trabajo en las artes escénicas como iluminador y utilizo esos lenguajes a diario. La referencia escénica principal, antes de empezar a trabajar la coreografía, era el Congreso de los Diputados: la pantalla es el escudo, nosotros nos situamos como la presidencia y quienes bailan son las personas que intervienen desde el pódium.

El trabajo con el cuerpo nos resulta muy cercano, ya que venimos colaborando con artistas como Rocío Márquez, Juan Carlos Lérida o Raúl Cantizano. En este sentido, ha sido clave el Nuevo Archivo del Flamenco en el que estamos trabajando, donde se plantea una relación directa entre el cuerpo y el archivo. El proceso coreográfico ha sido grupal, han trabajado con absoluta libertad y se retroalimenta constantemente con la música y el sonido.

Además, rescatamos la idea de los “pasos estrella” de los coreógrafos que ideamos hace años junto a Juan Luis Matilla: movimientos reconocibles que se versionan y reinterpretan. En la obra hemos seleccionado “pasos estrella” que provienen del activismo, desde la ocupación de la calle hasta una señora siendo llevada por la policía en una manifestación pro-Palestina en el Reino Unido, o el Cojo Manteca.

Visualmente entrelazamos tres parámetros: lo que ve el espectador, lo que está grabado y lo que se emite en directo con la cámara. Con 30 años de experiencia en el audiovisual y las artes escénicas, seguimos descubriendo posibilidades. Y no ensayamos los espectáculos de forma cerrada: planteamos cotas a las que llegar, por lo que la obra sigue evolucionando en cada función.

Pedro Jiménez: Con respecto a las capas, también está la cuestión de los objetos ante la cámara. Al final, el escenario acaba lleno de elementos que permiten múltiples lecturas que nos interesa dejar abiertas.

Vivimos una época extremadamente conservadora en lo político y lo cultural. Frente a este panorama, ¿cómo os posicionáis y abordáis el contexto actual?

Benito Jiménez: No nos gusta comprar el relato de que todo es un desastre, porque eso nos convierte en perdedores de antemano. El fascismo ahora tiene cierto hype, y es justo cuando hay que combatirlo y enfrentarlo. Cuando nos subimos al escenario, sentimos la responsabilidad de cagarnos en los muertos de quien nos dé la gana; no tenemos miedo a las consecuencias. No somos tan importantes ni tenemos la visibilidad suficiente como para tener grandes problemas, pero si los tuviéramos, sería un éxito que prestaran atención. No puede ser que los barrios obreros voten fascismo. Tengo la esperanza de que quienes votan a la extrema derecha no son tan fascistas, sino que están haciendo un buen trabajo de marketing y comunicación.

Pedro Jiménez: No podemos decir que el lugar en el que estamos, como presentar nuestro trabajo en el Grec o en Tachán, no tiene incidencia. No estamos en el underground, hay gente que no tiene acceso a estos lugares, y podemos sentirnos privilegiados. Lo importante es no caer en el relato del derrotismo. Es evidente que lo que viene puede hacerlo pasar mal a compañeras, compañeros y compañeres, pero no queremos asumir que ya están gobernando, dejando claro que lo que hacemos está ocurriendo, como el comisionado de España en libertad, el Grec o el Ministerio de Cultura, que puede hacer las cosas mejor, pero como decía una actriz argentina que venía del futuro: “aguantad con lo que hay aunque no sea lo mejor porque hay que seguir estando ahí”.

Luego hay cuestiones estructurales que siempre han estado. En Democracia Total aparece entre otros el problema del Sahara, que ahora con un gobierno supuestamente de izquierdas está peor. Llevan 50 años pasándolo fatal porque España como estado ha decidido abandonar a gente con pasaporte español, lo que puede relacionarse con crisis humanitarias y genocidios como el que está ocurriendo en Palestina; o la violencia y fractura colonial que se conecta con el discurso racista que hemos visto estos días en el Mundial en palabras de M. Rajoy y mucha otra gente que cree que no se puede ser negro o musulmán y español. Tenemos que quitarnos la niebla mental y seguir luchando. Hay muchas cosas que están mal y mucha gente muy jodida desde hace tiempo, pero hay que seguir luchando.

Nuestro lugar es pequeñito, es un escenario, pero lo consideramos igual de importante que quienes se suben a una grúa en contra de las listas negras en la bahía de Cádiz y otras cuestiones más micro. No por ponernos en el mismo lugar, sino por reivindicar que si excavas en la Transición, en el objetivo común de derrocar al franquismo ya muerto Franco, está compuesta de muchas y múltiples formas de lucha, que si no parece que nos salvó Felipe González y su chaqueta de pana.

Por ejemplo, si buscas en el archivo Vídeo-Nou, un colectivo de video-activistas barceloneses de los años 70 del que nos nutrimos, te encuentras con una manifestación de bicicletas pidiendo que desaparezcan los coches de las ciudad. El ecologismo no aparece en el relato oficial de esa época, ¿no? Ahora vivimos en ciudades con campanas de calor extremas por estar precisamente hechas para los coches. Hay que recuperar las esperanzas en la lucha que nos hagan ver que las cosas suceden y que hay que seguir ahí. 

En Democracia Total aparecen varias imágenes del 15M. En ese momento uno de los agentes que marcó la cultura crítica del estado era ZEMOS98, del cual formáis parte fundamental. A mí el 15M me atravesó de pleno, y de ZEMOS98 recuerdo sobre todo lo concerniente en cuanto cultura digital. Internet es una fuente de las que Los Voluble también bebéis en vuestras investigaciones y remixes. ¿Cómo habéis vivido y cómo ha afectado a vuestro trabajo la diferencia entre aquel primer internet de la cultura libre, en red, del hackeo, y la teletienda adictiva, paranoica y tecnofascista en que se está convirtiendo? 

Pedro Jiménez: Este internet es la putrefacción máxima. Volviendo a la ambivalencia o a las cosas complejas que nos gusta tratar, evidentemente, tenemos un internet lleno de tecnofascismos. Lo relevante de ese primer otro internet que fue clave para la construcción de nuestros imaginarios, es no perder lo importante de aquella época, que no era un software o una tecnología, sino la capacidad para entender que desde ese internet podemos hacer cosas juntas. La tendencia actual sigue siendo que el individualismo sea nuestra única forma de vida. Cada herramienta que sale fomenta más el individualismo, como por ejemplo la venta extrema de comida a gente que vive sola. Ese individualismo recalcitrante no es el que se fomentaba en el primer internet.

En el año 98 nosotros estábamos pinchando música desde nuestra habitación de El Viso del Alcor hacía la frontera de Tijuana/San Diego en un proyecto que se llamaba Borderhack. Se trata de no perder este tipo de ideas, y luego algo que para nosotros es fundamental, aunque esté casi demodé, que es reivindicar la cultura libre. Aunque tengamos que usar redes sociales y demás, para el Nuevo Archivo Flamenco estamos subiendo todo abierto, libre. Con las artistas con las que colaboramos estamos intentando hacer eso. Lo mismo que hacer entender que es importante hacer una donación a archive.org, porque es lugar que ahora mismo conserva y preserva la historia de manera más abierta. Estas cuestiones no están a la orden del día porque lo urgente es la IA, pero hay mucha gente con la que compartimos procesos que intentamos que se integren en esta serie de cuestiones. 

Benito Jiménez: Ahora mismo los jóvenes se hacen adultos muy rápido y los adultos viejos muy lento. Así que volvemos a lo de por qué recuperar cosas en teoría antiguas. Los dos tenemos hijos a los que explicar el uso de este nuevo internet. Tienen unas herramientas súper potentes que ya nos hubiera gustado tener a nosotros, pero hay que hacer mucha pedagogía de este uso colectivo de las herramientas online. El consumo de música por ejemplo, ahora a través de plataformas, antes se hacía compartiendo. Nosotros tenemos amigos de esa época por todos lados. Desde Wisconsin a Namibia.

Antes hablabais de la incidencia de vuestro trabajo. Mezclado con el espíritu pedagógico, de transmisión y creación de contexto y vínculo que también está en ZEMOS98, ¿qué incidencia política y sensible creéis que tiene vuestro trabajo?  

Pedro Jiménez: La conclusión más sencilla es poner en valor la importancia de la remezcla como herramienta. La remezcla te obliga a leer lo que ves, pero también a escribir, a rehacer, a construir. Lo que yo creo que está pasando ahora es que la gente joven no sabe bien cómo escribir. En los talleres que hemos hecho, en Cádiz o Bruselas, trabajamos siempre la remezcla, a veces simplemente cambiando el sonido a una imagen, viendo cómo eso te hace y hace pensar. Entonces sí, confiamos en que introducir este tipos de cuestiones sirve para cambiar. Son urgentes los aprendizajes mediáticos. Abrir un periódico digital hoy es una jungla que hay que enseñar a desbordar. Venimos de ahí, de ZEMOS98, es nuestra familia y nuestra forma de pensar. 

Producida por la iniciativa España en libertad, después de su estreno en Madrid dentro del festival Tachán, la obra se presenta en la Capella del MACBA dentro del Grec. Siendo el vuestro un trabajo contextual y de relaciones, ¿cómo creéis que dialogará la obra con el público y el contexto barcelonés y catalán? 

Pedro Jiménez: Todo hizo clic porque se acaba de inaugurar una exposición sobre Vídeo-Nou en el MACBA. No se ha hecho esa conexión en el programa, pero invitamos a la gente a que antes o después de ver nuestra obra se dé un paseo por la expo, precisamente porque incluir todas estas cuestiones de las que hablamos, el componente político y documental, suele no ser importante para el arte contemporáneo. Al mismo tiempo que Vídeo-Nou hacía vídeo con un carácter social, grabando a vecinos, yendo a grabar a chavales en los barrios hablando de droga, otras personas hacían videoarte a veces con la pomposidad del cubo blanco, y es interesante cómo Vídeo-Nou llega al museo. Creo que esto no lo habíamos dicho hasta ahora, pero para nosotros es muy importante todo el trabajo que Ana Ramos, Roc Jiménez de Cisneros y otras personas hacen en Radio Web MACBA. Por un lado está presente en la obra el trabajo musical de su sello ALKU, pero también hemos escuchado, leído y conversado con el grupo de trabajo de la radio sobre los archivos, sobre el flamenco y otras muchas cuestiones, por lo que será muy especial mostrar el trabajo en el MACBA. 

Como añadido, decir que el Grec nace a partir de la ocupación de un teatro que estaba abandonado. Evidentemente, lo que es hoy no es lo que fue, pero es importante reivindicar las artes escénicas en los 70, con eventos como las Jornadas Libertarias Internacionales en el Parc Güell donde intervino también Ocaña, como parte de un lugar de hegemonía cultural con respecto al régimen. Buscando, nos encontramos con una imagen del Mercat de les Flors con pintadas, descubriendo que antes de ser lo que es fue un ateneu. En Barcelona y Cataluña hubo mucho movimiento, el nacionalismo catalán ha sido muy importante para la construcción de la sociedad actual. Y sobre todo, porque existe una hegemonía visual, en cuanto a que no hay tantas imágenes de otros territorios, ya nos gustaría que las hubiera de Galicia, Baleares o Canarias, pero hay un cierto respeto y rendición de cuentas de todo el material que usamos que principalmente viene de Madrid, País Vasco, Andalucía o Cataluña. Así que entendemos que el MACBA, en colaboración con Grec, también estará contento de poner a jugar ese archivo o imaginario en su Capella. 

Fernando Gandasegui

Fotos de Estudio Perplejo

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5 Responses to Entrevista a Los Voluble: “Hay que salir del pesimismo distópico de esta época”

  1. PetrBegun says:

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