
Los Boxes Alcultura, cuya sede se ubica en el puerto de Algeciras, y en especial su Box Levante – Centro escénico del Estrecho, siguen imparables en su empeño de ser un hervidero creativo internacional. Mientras se desarrollaban tres residencias distintas, tenía lugar el SUR II, Festival de escénicas del Estrecho, que aglutinó el trabajo de estas artistas residentes y el de las que solo pasaban a exhibir. Algunas venidas de una localidad cercana y otras haciendo una breve parada en lo que van de Níger a Luxemburgo. Cosas de los festivales, supongo. ¡Tiembla, Caldera!
(Junta, dadle bien de dinero a esta gente, anda).
Así pues, el sábado 13 de junio de 2026, a las 20:00, en las dársenas del puerto y a la sombra de los contenedores de barco, esperábamos el inicio de la apertura de proceso de No se trata de curar, de Juliana Jardim y Luiz Pimentel, apoyada por el Programa IBERESCENA de Ayudas a la Creación en Residencia. Por cierto, esta pieza la incluí en un episodio de Pulproject; ¡corre a darle like, guapa!
Abrió la puerta Juliana. Luiz no llegó a hacer acto de presencia en el esfínter de Europa, quedando en mi cabeza como una figura misteriosa. Juliana Jardim es docente, investigadora y artista. Por ejemplo, ha dado clase en el Máster en Pensamiento y Creación Escénica Contemporánea de la ESAD de Castilla y León. Se quedó en el umbral, nos saludó a las asistentes y colgó del marco de la puerta dos papeles de seda, uno de ellos con el título de la muestra.
El gesto ya supuso una declaración de intenciones. El título sale de una publicación del MACBA sobre la exposición dedicada al poeta, etólogo y activista antipsiquiatría Fernand Deligny. Se conoce su controvertido trabajo por sus ¿experimentos? con personas autistas en la tentative des Cévennes. Desde aproximadamente 1967 hasta su muerte 30 años después, monta una especie de hogares para personas autistas a las que acoge y lleva a cabo una investigación en la que procura que las protagonistas sean ellas sin imponerles nada.
«Ese ÉL de la tercera persona atribuido de entrada a un niño cuya “enfermedad” es precisamente no ser “yo” siempre me ha parecido sospechoso. Ese ÉL, aunque sea ficticio, no deja de aguantar lo que le echen. No se trata de ser un lugar de vacantes, salvo la del lenguaje. No se trata de curar.
»Nuestro proyecto consiste en arremeter contra las palabras y sus abusos, como se podría hablar de los abusos de un poder que tuviese una molesta tendencia a tomarse por un fin».
Deligny, Fernand. La tentativa. En: Permitir, trazar, ver. Barcelona: MACBA, 2009, pág. 46.
Acto seguido entramos al box. Estaban las paredes cubiertas por láminas tapadas. Al fondo, de espaldas a las butacas, una pantalla de proyección. Al frente, una mesa y una silla delante de las butacas mirando al frente. Entre medias, la platea, quedando el público ubicado en una especie de aula con un pasillo a la izquierda para permitir el tránsito. En el centro, había un hueco delimitado con cordel y cinta de carrocero; en él, cuerdas y trozos gruesos de bambú. Juliana nos advirtió de que ese hueco era en realidad un agujero para que no nos cayéramos. La disposición del público casi inmersiva ya era distinta a la habitual que he visto en el box y la recibí con gusto.
Comenzó leyendo la etimología y unas definiciones de la palabra salvaje. Confieso ahora, a destiempo, confiando en que sigues y seguirás leyendo, que escribo muy a toro pasado. De hecho, veo que entre tanto Óscar Cornago también ha publicado sobre este trabajo. La memoria me falla en muchos detalles. No puedo asegurar que salvaje fuera la palabra, pero sí que pertenecía a esta familia semántica. Intentaré ser lo más fiel posible. Quizá entre ambos textos se recomponga mejor.
Las acciones que realizó Juliana fueron las siguientes, no necesariamente en orden: leer textos; proyectar un fragmento de Ce gamin là; pedirle a una voluntaria que construyera con ella una balsa en el agujero mientras sonaba en off el testimonio de la madre de un niño autista que se autolesionaba por culpa del sufrimiento físico (el voluntario no fue otro que Juan Navarro, muy manitas él); pedirle a una última voluntaria que saliera al frente, a la pizarra, a hacer un dictado de probablemente la frase que da título a la pieza (Carlota Bustos, en este caso, tomó la tiza); desvelar las láminas tapadas, que eran ilustraciones de las «líneas del errar» o «líneas de errancia» de Deligny. Al acabar, hubo un coloquio en el que compartió muchas de las fuentes de su investigación. Para mi disgusto, se habló más del fascinante poeta y etólogo que de la muestra en sí. Al acabar, de noche, fuimos infructuosamente a un restaurante del puerto y después muy fructíferamente a la Peña Cine Cómico (RECOMENDADÍSIMA) a disfrutar la preferia algecireña.
Sola en escena, a Juliana la vimos de espaldas, sentada delante de las demás, como la alumna aventajada de la clase. La vimos acurrucada en una esquina. La vimos entre nosotras, atando las ramas de una balsa. A Juliana la vimos en distintos rincones del box, que es un espacio angosto y alargado. Algo que disfruté fue cuánto viajó mi mirada en esta muestra. Por todas partes había detalles que nos obligaban a variar el punto de vista.
Oficialmente Juliana lleva investigando a Fernand Deligny desde 2014. Y se nota. Pienso ahora en las líneas de errancia por las Cevenas; son rutas sobre el mapa de esa zona, trazos dibujados por integrantes del equipo de Deligny que siguen los pasos diarios de cada una de estas infancias sin nombre por el lugar. Me imagino a Juliana con una investigación gigantesca detrás trazando mapas escénicos de qué mostrar. Me imagino que No se trata de curar es la línea de su errar por el material delignyniano (permítaseme el palabro); una línea fragmentada y multidisciplinar que traza la performer sobre las tablas. Si el objetivo es divulgar a este investigador y despertar cierto interés, en mi caso sin duda lo consigue.
Viéndola, recuerdo que me chocaba el dispositivo, que me recordaba a un aula. ¿Por qué un símbolo tan disciplinado y formal cuando el referente es tan rupturista? Saber que Juliana es profesora me dio una respuesta que a mí me sirve. La tensión entre la figura del docente y la de Deligny me parece interesante y sobre todo me parece algo honesto. Me pregunto si lo que vimos es otra especie de academia o si constituye algo escénico. En cualquier caso, las posibilidades prometen.
Carlos Pulpón
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