
Margarida Cordeiro, António Reis. Trás –os- Montes. Película, 1976
Del 22 al 31 de enero en el Reina Sofía | Comisariado por Manuel Asín
Margarida Cordeiro (1939) y António Reis (1927-1991) son autores insólitos en el cine portugués posterior al levantamiento del 25 de abril de 1974. Sus películas, que se apartan de la corriente urbana imperante en el momento, inventan un lenguaje cinematográfico poético e hipnótico, de un estilo y una sensibilidad que marcará el rumbo de una larga tradición de cine radical en Portugal.
António Reis, reconocido en su país como un visionario y un maestro de gran influencia en el despertar del cine portugués y en la nueva generación de cineastas de los años ochenta y noventa, había destacado ya como poeta antes de que Manoel de Oliveira le invitara a trabajar con él y con Paulo Rocha en su primera obra maestra radical, Acto de Primavera (1962). El cine etnográfico y poético definido por Oliveira y Reis guiaría el curso de las cuatro obras que entre 1974 y 1989 dirigió con su esposa, la psiquiatra Margarida Cordeiro y que se reúnen en este ciclo junto a Acto de Primavera. Así, el Museo Reina Sofía profundiza en la exploración del cine de autor que ha caracterizado su programación de los últimos años, estableciendo continuidades y relaciones con la retrospectiva integral dedicada a Straub y Huillet en 2016, admiradores por otra parte de estos cineastas.
Gran parte del cine revolucionario portugués posterior a la dictadura de Salazar tuvo un marcado carácter urbano del que Cordeiro y Reis se apartaron enérgicamente, recorriendo en sentido contrario el camino de la emigración interior que estaba desfigurando el país. Si cada día llegaban a la capital campesinos empobrecidos que acababan sirviendo en la guerra colonial o malviviendo en los poblados de la periferia, los cineastas se alejaron deliberadamente de la ciudad para trabajar sobre la estructura material y mítica de la más remota de las regiones que despoblaban los que se marchaban, Trás-os-Montes.
El gesto, tajante, encerraba una provocación: los nuevos gobernantes democráticos debían comprender la dialéctica entre riqueza estética y pobreza material que determinaba las formas de vida del pueblo en cuyo nombre hablaban. La tarea de los cineastas consistía en mostrar que la región más pobre y castigada del país, la más desposeída, era precisamente aquella cuyos símbolos se habían perpetuado visiblemente a lo largo del tiempo.
Como en la retrospección revolucionaria de Straub y Huillet, hay en Cordeiro y Reis una negativa a separar el mundo naciente del que se resiste a morir. Examinan el microcosmos campesino de una manera que puede considerarse antropológica, aunque se trata de una antropología heterodoxa. Según Reis, «nadie puede saber lo que supondría hacer una película de este tipo. Implicaría una lucha cuerpo a cuerpo entre formas ancestrales y modernísimas, entre lobos y Peugeot 504, entre arados neolíticos y bombonas de gas».
Las escenas solapadas crean una especie de estratigrafía, los planos son cortes a través de las sucesivas capas del tiempo histórico, que es también el tiempo cotidiano. El trabajo se parece al de tejer un tapiz abigarrado ensamblando retales de distintas épocas. De ahí que las secuencias se articulen a menudo en torno al sentido del tacto —algo casi único en la historia del cine— y de ahí el refinamiento en el recurso al simbolismo del color como elemento capaz de generar rimas y relaciones a distancia. La composición laberíntica de las películas de Cordeiro y Reis, que desorientó y fascinó a colegas como Jean Rouch, Joris Ivens o Jacques Rivette, no obedece a fantasías sobre la realidad sino a la necesidad de reproducirla en un orden profundo, coherente, «como si el tiempo nunca hubiera existido», tal como dijo de ellas Manoel de Oliveira.
Este ciclo presenta el conjunto de su obra, calificada de breve y radical, poética y popular, decisiva y clave en la identidad del cine portugués contemporáneo por cineastas como Pedro Costa, João Cesar Monteiro y João Pedro Rodrigues.
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