Sergi Fäustino
GREATEST HITS
Sábado 1 de octubre a las 23h
Reina Victoria Bar
C/ la rasa, 48, Terrassa
Sergi Fäustino tiene un blog (en TEATRON) pero no lo utiliza jamás para anunciar sus actuaciones. Me ha explicado mil veces sus argumentos pero nunca los he acabado de entender. Así que cuando me entero, cosa que no pone fácil, las publico yo en el mío. Porque me gusta mucho lo que hace y me parece una pena que otros que pudieran disfrutarlo tanto como yo no vayan a verlo porque ni se han enterado de que actúa. Tampoco está actuando todos los días, así que si te pilla cerca de casa es una lástima perdérselo. Incluso aunque tengas que hacer algunos kilómetros, como es mi caso esta vez.
El mismo día también estrena Pere Faura. Tengo mucha curiosidad por ver lo que hace.
Pere Faura
DaNsa real ja!
Sábado 1 de octubre a las 19h
Raval de Montserrat, enfrente del mercado de Terrassa
Me recuerdo como una vieja emocionada presenciando la última performance de la historia de MAPA. A las 7 de la tarde, domingo, Pontós, Alt Empordà. No me imagino mejor elección que Nilo Gallego para clausurar definitivamente este entrañable festival con 8 años de historia. No sólo porque Nilo sea un crack. O porque suela juntarse con una familia de colaboradores igual de cracks que él, como Chus Domínguez y Noemí Fidalgo. Ni por lo fino que hila. Sobre todo porque que Nilo estuviese al frente del último recorrido de MAPA por los bosques de Pontós es super coherente. Coherente con el estilo propio de MAPA. Al menos hasta donde a mí me alcanza la memoria, MAPA se ha caracterizado por lanzarse por el sendero salvaje del site-specific poniendo patas arriba el pequeño pueblo de doscientos y pico habitantes donde se celebra el festival. Y después de todos estos años han conseguido implicar a todo Pontós en su movida, una movida modernilla que al principio me imagino que debió levantar suspicacias de todo tipo entre los lugareños (y aún las levantará, seguro) pero que, con el paso de los años, parece que ha dejado huella. El pueblo que al principio les decía «a mí no me engañáis, vosotros sois de una sexta». Ese pueblo, precisamente, era el tema de esta edición y estuvo presente más que nunca. A mí me pareció un homenaje, un homenaje al pueblo, en todos los sentidos.
Llegué a Pontós el domingo a la una y pico, así que ni siquiera vi el episodio final entero. Pero cuando llegué ya me encontré con la primera sorpresa: Barbara i Els Morenos cantando cancioncillas para un público infantil. No voy a molestarme en defender el género, me pilla bastante lejos. Pero escuchando a Barbara y sus colegas pensé que los pobres chavales no se merecen el tormento al que los intentan someter cuando les exponen al género de la canción infantil en sus peores manifestaciones. Yo mismo recuerdo haberlo pasado bastante mal cuando era niño y comenzaba a estudiar música. Estuve a punto de dejarlo por las torturas en forma de canción infantil a las que me sometieron durante un año seguido. Los niños no se merecen eso. Pero por suerte hay gente en este mundo que se encarga de dignificar un género seguramente necesario, alejándose de los peores vicios. Barbara Van Hoestenberghe, músico belga de exquisita sensibilidad, es una de ellas. Vive en Pontós y, según dice, para aprender catalán se ha dedicado a aprender canciones populares infantiles viajando en furgoneta con su grabadora en mano. Una vez instalada en Pontós los vecinos le han enseñado más canciones y algunos hasta las cantan en el CD libro que ha hecho Barbara con sus versiones. Vale, la primera en la frente. Canción infantil folk-pop-experimental exquisita, que te deja con cara de tonto pensando en la coherencia de dedicarle un festival al pueblo comenzando por ahí, por los niños del pueblo, sin bajar el listón ni tratar a los niños como si fuesen tontos.
Luego, paella popular al aire libre resguardados bajo los árboles de la casa de colonias y antiguo convento. Está bien comprobar cómo los del pueblo se mezclan con los forasteros culturetas que forman el público del festival, además de con los artistas que llevan ya unos días en el convento preparando sus actuaciones. Como suele pasar, al final nos acabamos conociendo todos y los que no saludas te suenan de vista. Es verdad que MAPA nunca se ha caracterizado por el virtuosismo gastronómico. Excepto el restaurante Can Cassoletes, donde sirven unas comidas excelentes, el rancho de la casa de colonias calma el hambre pero no alimenta el espíritu. Con la paella pasa lo mismo, suele ser de batalla, los valencianos no quieren ni oír hablar de que le llamen así, paella, pero se diría que este año hasta sabía mejor y, como tirando la casa por la ventana, si te quedabas con hambre había butifarra de segundo. Vivimos en un trozo del mundo donde el pueblo ha dedicado mucha energía y creatividad a la cultura gastronómica, uno de los placeres más populares que hoy en día está al alcance de todos. La paella de MAPA tenía algo de romería de final del verano. En ese sentido siempre ha valido la pena. Otro día hablamos de los festivales y encuentros que llevan el placer gastronómico más allá. En este caso me quedo con la emoción de la abuela cuando ve al pueblo reunido alrededor de unas mesas. Pueblo de Pontós y pueblo de modernos culturetas, que forman un pueblo transgeográfico, lo queramos o no, una comunidad en la que estamos metidos hasta el cuello. Para bien y para mal. Adentrémonos en estos pensamientos.
Y bien, después de la paella, el café y la tertulia, subimos al castillo para presenciar Pueblo, la creación colectiva, que algunos pensábamos que era de David Cauquil y que otros decían que no, que Cauquil sólo era el responsable de una instalación tipo monumento turístico que también estaba colocada en lo alto del monte donde están las ruinas del castillo y que mostraba la panorámica de Pontós dibujada junto a algunos hitos de la historia del pueblo. En fin, hay cierta confusión al respecto que también parece coherente con lo que allí presenciamos, que fue maravilloso. El pueblo convertido en un escenario vasto e impresionante y sus habitantes convertidos en actores de un magnífico y emocionante cuadro vivo, una especie de cine sin pantalla, muy Tati, con banda sonora de película, a veces de spaghetti western, a veces de musical de los 60, con extraordinarios y sencillos efectos especiales, un despliegue creativo de una coherencia enorme con todo este festival y con el tema de este año. Yo qué sé, durante toda esa jornada, igual que en los días previos al festival, me dio la impresión que nadie quería darle mayor importancia a que MAPA se muriese. No se utilizaron argumentos económicos para justificar el cierre, al contrario, no se le quiso dar más importancia. Me parece bien esta actitud pero yo me emocionaba como una vieja sin remedio. Esto que se ha liado en MAPA durante estos años ha sido muy gordo, que lo sepáis. Y eso me lleva a pensar en la importancia de todo esto. En la importancia de seguir montando movidas, en la actividad que cada cual lleva a cabo en el seno de la, llamémosla así, «comunidad». No encuentro otra palabra para definirla, veo comunidad por todas partes, quizá esté algo enfermo. Dudo constantemente del valor de tanta acción. Pero ante fenómenos como este último episodio de MAPA, por ejemplo, me rindo ante la evidencia: el mundo sería mucho más jodido si renunciásemos a la acción.
Y para acabar, Nilo y sus secuaces: Chus y Noemí, siento no conocer el nombre de los demás. No tengo palabras y me quito el sombrero ante su trabajo. Hace un año me dejaron mudo en la fábrica Beta de Bilbao. Esta vez, imagino que absolutamente conscientes de lo que es este festival, porque lo conocen muy bien, ya han estado otras veces, ya han hecho talleres de percusión con los chavales hace años y se nota un huevo porque, como se vio en el recorrido final, en este pueblo parece que todos lo chavales tocan la batería como si Pontós fuese Seattle en los 90, pues conscientes como son, homenajearon al pueblo y su entorno natural, de nuevo, poniéndolos en el centro de su creación: mayores y niños, el alcalde y las bestias. Las acciones que proponen no suelen ser lo que se entiende por espectaculares, al contrario. Pero pones una detrás de otra y la cosa se va llenando, se va llenando, y al final siempre hay algún momento en que, de nuevo te descubres como una vieja emocionada y no sabes por qué. Puedes ser muy bueno en lo que haces, puedes ser el mejor, el más hábil, pero hay gente que construye cositas que, además de ser bellas e ingeniosas, transmiten algo alrededor de la humildad, la sencillez, el buen rollo, la emoción y el respeto y la consciencia a través de la contemplación de lo humano y el mundo en el que vivimos, que va más allá, precisamente gracias a no darle mayor importancia, a no darse mayor importancia. No sé si con estas torpes palabras, a las que los críticos les pueden sacar toda la punta que se propongan, no sé si con este encendido elogio hago algún favor a Nilo, a Chus y a Noemí. Pero como lo digo lo siento.
No he hablado de todo lo que sucedió en MAPA porque no estuve en todo: Raúl Alaejos, Accidents Polipoètics, la experiencia de poner un espectador en las mesas de la gente del pueblo (que me han dicho que en algún caso elevó el nivel gastronómico del festi), etc…
Parece mentira como este tipo de eventos increíbles permanecen tan ocultos. Como es habitual en estos casos, poco he encontrado por ahí publicado sobre el tema (excepto el vídeo que grabó Txalo Toloza). Sólo he encontrado esta entrevista a Tomàs Aragay para Hoy empieza todo, de Radio 3, que comparto aquí con vosotros.
En fin, que no se pierda toda esta energía, por favor. MAPA vivirá en nuestra memoria de viejas emocionadas.
le parc parallèle
una creación site-specific de cristina blanco y rubén ramos para el parque que rodea al castillo de Chamarande, Francia
domingo 5 de junio, a las 16h30
festival dedans dehors
un recorrido, un audio tour de ciencia ficción, con la inspiración de “código 7 ” de Nacho Vigalondo
Publicado enTodo lo demás|Comentarios desactivados en le parc parallèle
Esta noche hemos escuchado esta obra de Roman Signer en directo interpretada por él mismo desde la habitación de al lado, donde dormía.
Esta tarde hará una performance en el castillo de Chamarande para inaugurar una exposición colectiva. No nos la perdemos. Para quien no lo conozca, mirad la videoplaylist de Susana Zaragoza y veréis.
El domingo pasado Cristina Blanco presentó Teletransportation en un pueblo francés de Essone, Lardy, en Francia, dentro del Festival Dedans-Dehors. Teletransportation es como ha acabado llamándose el recorrido sola ante el peligro que Cris creó site-specific para la última edición del Festival MAPA. Si no lo visteis en su momento, os remito al blog de Cris para que le echéis un vistazo a un extenso reportaje fotográfico que explica bastante bien lo que allí sucedió. Esta vez se trataba de adaptar el recorrido a un parque precioso de este pueblecito francés a 45 minutos al sur de París. Si en MAPA el público fue teletransportado (con éxito) a Enciñeira, una aldea gallega, esta vez, para asegurar el éxito de la teletransportación, parecía conveniente elegir un lugar más cercano a Lardy, como por ejemplo, Le Guilvinec (en bretón Ar Gelveneg), en la Bretaña francesa. Tengo el placer de trabajar como asistente de Cris durante su estancia en Francia en una residencia para artistas situada en los impresionantes dominios del castillo de Chamarande, justo al lado de Lardy, donde en estos días hay que realizar un nuevo site-specific, dado que el lugar no reúne las condiciones para hacer otra versión de Teletransportation. Como ayudante de la señorita Blanco, he realizado un mínimo making of, robando algo de tiempo a la producción y el montaje, que espero que os permita haceros una idea de lo que ha sucedido durante esta última semana en Lardy.
El recorrido comenzó después de un picnic en el parque. Hacia las 14h30 el público seguía a un guía con paraguas que los guiaba por las zonas de leyes físicas alteradas, gravedad dudosa (donde los árboles eran sujetados por cuerdas atadas a grandes piedras para impedir que saliesen volando), antigravedad selectiva (un huerto de coliflores con algunas de ellas flotando desafiando a la ley de la gravedad), multiplicación y clonación (donde Cris se clonó dos veces con gran riesgo para su salud) y la zona de posible teletransportación (donde el público atravesó la cortina de teletransportación concentrándose en su destino: Bretaña). A continuación un par de autobuses recogían a la gente en el parking de entrada al parque y la llevaban hasta el ayuntamiento de Lardy. Por el camino observaban cómo algunos auténticos bretones aparecían por las calles del pueblo, la bandera bretona ondeaba (en solitario) en el ayuntamiento y la señalización de tráfico y de las calles era la de un auténtico pueblo bretón. Cris, vestida con el traje regional bretón, apareció en la cabina telefónica delante del ayuntamiento para después entrar en él y aparecer en el balcón, donde interpretó un breve tema con su gaita bretona y dedicó unas palabras en bretón a la concurrencia. El público fue invitado a pasar al jardín del ayuntamiento donde fue recibido con música bretona interpretada por un par de músicos, además de cuatro bretones que bailaron para ellos mientras el público degustaba una auténtica sidra bretona y algunos pastelitos.
Aunque parezca mentira ayer contamos más de 35 personas implicadas en la realización de esta performance, contando a técnicos, jardineros, extras, gente de producción del festival, del ayuntamiento de Lardy, etc… Es imposible reflejar todo eso en este mini making of, pero quiero dejar constancia porque me parece increíble el lío que se monta para esta pequeña movida. En realidad es una «pequeña superproducción».
Comenzó el Festival de otoño en primavera de Madrid. Sí, otoño en primavera. Me acerqué a las Naves del Español en Matadero a ver una del reconocidísimo Romeo Castellucci: On the concept…, un evidente homenaje no declarado a Xubileo 2008 de Antonio de la Rosa, pero en caro y algo más largo. El artista homenajeado asistió a la representación desde la más absoluta discreción.
Esta fue la máquina de escribir de Henry Miller (según dicen).
A mí me pasa lo contrario de eso que dicen por ahí que les pasa a algunos que publican en sus blogs “a la antigua”: hoy tengo que escribir este post en un Word y me siento raro porque no puedo escribir desde mi propio blog. Escribo en un avión después de un sueñecito reparador y en el avión no dispongo de conexión a Internet. Cuando me despierto, por la mañana o después de una siesta, como hoy, me suele pasar que tengo unos minutos de subidón que si aprovecho para escribir suelen dar mucho de sí para lo que es mi nivel habitual. Si no aprovecho ese estado y me subo a la ola, lo más normal es que lo que quería escribir no lo acabe escribiendo jamás. Es como si estuviese un poco borracho, también dicen por ahí que los borrachos dicen la verdad. Bueno, la verdad… dirán lo que les pasa por la cabeza en ese momento, un momento en el que van bastante sueltos y se atreven a decir inconveniencias de las que luego se arrepienten a menudo cuando están sobrios y les recuerdas las “verdades” que dijeron. Si tuviera Internet ahora buscaría en google cómo se llama exactamente ese discursito de disculpa que pronunciaban antiguamente en el teatro al inicio de la función,“captatio benevolae”, creo que se llama, en el que el autor de la pieza se disculpaba por si acaso lo que los espectadores iban a contemplar no era de su completo agrado. Me parece que yo estoy haciendo algo parecido con toda esta larguísima introducción, más acorde con el tamaño de lo que es apropiado escribir en el medio impreso, según creen algunos, y no apta para el medio digital, según la misma gente (¿o no son los mismos?). A mí me da igual, vuelvo de Budapest a Madrid y aunque me he pegado una siesta de tres cuartos de hora y he tardado un rato en decidirme a escribir, aún me quedan dos horas de viaje y la batería del mac que le he pillado a mi novia dura que te cagas. Tengo mucho tiempo y nada más que hacer.
No es cierto, podría hacer otras cosas. Podría leer una novela de Henry Miller de los años 30, si no me equivoco, como no tengo Internet no puedo comprobarlo, aunque quizás lo ponga en la tapa del libro, pero para llegar hasta el libro tendría que buscarlo en la bolsa del ordenador y me da mucha pereza porque en los aviones cualquier movimiento es muy costoso y hay que molestar a mucha gente, entendedme, comprobad vosotros de qué año es “Trópico de Cáncer”, vosotros sí que debéis tener Internet si estáis leyendo esto porque al final me he decido a publicarlo cuando se me haya pasado el subidón.
Nos vamos acercando al tema del que quería hablaros. No es cierto, nos vamos acercando a la experiencia que ha dado pie a que escriba desde hace un rato en círculos concéntricos alrededor de lo que ha provocado en mí asistir a la representación de “Mikrokosmos” de Anne Teresa de Keersmaeker, ayer por la noche en Trafó, Budapest. Como no tengo Internet ni ningún programa de mano, no puedo ni contrastar el nombre de su autora, ni ningún dato sobre la pieza, pero recuerdo que una de las programadoras de Trafó dijo que era de los 80, de hace 24 años, recuerdo haber hecho ese cálculo mientras me acomodaba como podía en una de las escaleras laterales desde donde nos permitieron asistir a la representación. “Mikrokosmos” es una obra para piano de Béla Bartók, para quien no lo conozca, compositor húngaro y uno de los compositores más destacados de la primera mitad del siglo XX. Bartók fue un renovador, con un lenguaje propio que parte de múltiples referencias, de los creadores musicales que le rodeaban en su tiempo, un tiempo de profundos cambios en el lenguaje musical, Schoenberg, Satie, Debussy, Stravinsky, por citar unos ejemplos, pero también de un profundo conocimiento del pasado musical europeo, con Bach a la cabeza, y de una investigación de campo muy personal sobre el folklore húngaro y de otros pueblos vecinos y no tan vecinos. Bartók, antes de los años 30, salió a grabar a la gente de los pueblos para registrar esa creación popular y colectiva, casi infinita, anónima y sin derechos de autor, que es el folklore. Encontró de todo, encontró formas que no se encontraban ya en la llamada música culta (si es que en algún momento se llegaron a encontrar ahí, algunas sí y otras no: ¿quién decidirá eso? ¿los señores con barba y mallas?), ritmos complejos, armonías extrañas, contrapuntos muy locos… Y todo ese material que recopiló lo estudió, lo procesó, perdió unas cuantas maletas repletas de él cuando los nazis entraron en Hungría y él tuvo que escapar a los Estados Unidos por haber pertenecido en algún momento al partido comunista, creo (no tengo Internet para comprobarlo pero me leí un par de biografías sobre su vida hace más de 10 años, no recuerdo de quién) y, lo más valioso, para mí y para muchos otros, es que partiendo de ese material creó su propia música, una música moderna que, para los que no conozcan a Bartók y estén comenzando a poner cara de escepticismo, en muchos casos no recuerda para nada a las danzas y coros húngaros, sino que se sitúa en la vanguardia de comienzos del siglo XX de un modo absolutamente personal.
Por cierto que no fue el único folklorista que se dedicó a investigar lo que pasaba por los pueblos húngaros. Nuestra traductora de español en Budapest, Imola, nos explicó que su madre fue una de ellas. No quiero apartarme mucho del tema pero, por lo visto, encontró a una mujer en Transilvania que escribió la tercera parte de la Biblia. Si la primera parte, el Antiguo Testamento, es la del Padre, Yahvé, y la segunda, el Nuevo Testamento, la del hijo, Jesús, ella escribió la parte que falta, la del Espíritu Santo y eso dio pie a una comunidad de simpáticos herejes que la siguió en esos pueblos recónditos y que se dedicaron a hacer el bien solidario en una zona donde hasta hace poco aún trabajaban la tierra con arados. Ay, el Imperio Austrohúngaro. Pero volvamos a Bartók.
El Mikrokosmos de Béla Bartók es una obra de seis volúmenes concebida como un método pedagógico para enseñar a uno de sus hijos a tocar el piano moderno desde el nivel cero hasta un nivel de virtuosismo bastante elevado. Por lo visto, según explica su propio hijo, Bartók escribía en un momento las primeras piezas sencillas incluídas en ese libro, delante del alumno, su propio hijo, y a continuación se las enseñaba a tocar. Mikrokosmos te enseña a tocar el piano, pero te enseña a la manera de Bartók, es decir, mientras aprendes a tocar también aprendes un sistema musical propio de Bartók con un lenguaje moderno en su momento que es un compendio del ecosistema creativo de Bartók en los años 30-40. Yo aprendí a tocar con el Mikrokosmos en los años 80 y me eduqué con él hasta los años 90, por en medio Anne Teresa de Keersmaeker creó para Rosas la pieza que ayer vi, que toma su nombre, aunque sólo en un principio dos pianistas interpretan algunas piezas del Mikrokosmos a dos pianos, luego también hay música de Bartók para dos pianos y uno de sus cuartetos de cuerda, pero lo que se interpreta en medio, con dos pianos también, es de Ligeti, otro tremendo compositor húngaro, que murió hace cinco años. Amo a Bartók, me he educado con él, me abrió la puerta a la música contemporánea y, de paso, al arte contemporáneo (es lo mismo) y es mi mayor conexión con Hungría, un país que abandono hoy después de vivir en él la última semana.
Anne Teresa de Keersmaeker también debe amar a Bartók, o al menos lo debió amar en su día, cuando creó esta pieza. No sé si los excelentes intérpretes de su compañía, con los que he compartido hotel y desayuno estos días, lo aman también, pero estoy seguro que quienes sí que lo aman son los músicos que actuaban ayer. Es una música de una interpretación en algunos casos muy compleja, no apta para todos los paladares. Ellos la interpretaron muy bien y creo que hay que amar esa música para interpretarla de esa manera, no creo que se metan en estos berenjenales pudiendo escoger. Aunque no tengo ni idea de nada de lo que escribo, por supuesto.
Pero estoy muy sorprendido. Bartók, después de 80 años, es muy curioso pero aguanta muy bien como creador de un lenguaje propio y contemporáneo (contemporáneo de los años 30-40 originariamente) pero la pieza de Anne Teresa de Kersmaker… me huele a cursi, por decirlo suavemente y sin faltarle el respeto a esta reconocida coreógrafa. Los intérpretes están obligados a dar giros y más giros, constantemente, no les está permitido caminar recto más de dos o tres pasos. A mí, siendo bruto, en relación a la música que utilizan, me recuerda más al ballet clásico que a un lenguaje innovador del siglo XX como lo es el de Bartók, teniendo en cuenta, además, que la creación de Bartók es 40 años anterior a la de Rosas, la compañía de Keersmaeker, no así lo que escuchamos de Ligeti, que juraría que es de los 70. Es como si no le hubiese pillado el punto a la música de Bartók. Lo hace parecer ridículo o pretencioso, cuando no toca. No me parece que capte su humor o sus juegos abstractos, conceptuales o, incluso, metafísicos, como en el movimiento lento del cuarteto número 4, que los magníficos músicos interpretan en la pieza. Es una especie de parodia sobre su música. Me parece una traición y me enervo. Luego me calmo y me digo, Rubén, relájate, es su propuesta, nada más que su propuesta. Está todo super trabajado, tampoco es la gran horterada, no le quites valor, no te comportes como los nazis que tanto criticas, simplemente «no te gusta», es sólo eso, «gusto», «estética». Pero luego me vuelvo a cabrear, porque pienso que Luis Cobos también nos presenta su propuesta sobre Beethoven y, aunque le guardemos algún respeto, al menos, no lo consideramos como un gran creador contemporáneo de prestigio. Pero eso no es culpa de Keersmaeker, ¿no? Eso es culpa de los que parten el bacalao, joder. ¿O algo tendrá que ver ella? ¿Es cómplice? ¿Está de parte de las fuerzas del mal? ¿Ahora va a resultar que me molesta por temas políticos? Pero hombre, Rubén, te vas muy pero que muy lejos. Anne Teresa de Keersmaeker no es ni mucho menos Luis Cobos, por Dios. Anne Teresa se lo curra y sus pupilos no digamos, eso merece un respeto muy gordo, pero en mi opinión es una lástima que no dejen en paz al pobre Bartók y lo utilicen de esta manera, ahora que está muerto y no puede dar su opinión sobre este tipo de coreografías. Si al menos se pitorrease de él, pero es peor, es un homenaje. Me da mucha pena. Pero ¿por qué? Aplicando la misma regla de tres, Sergi Fäustino no debería utilizar a Schubert en su f.r.a.n.z.p.e.t.e.r. ¿Habrá gente a quien le pase lo mismo en ese caso? Seguramente, aunque quiero pensar que, al menos en la última versión de f.r.an.z.p.e.t.e.r. hay que ser muy retorcido para no ver el respeto que se muestra por la persona y la obra de Schubert. Pero esto seguramente es una opinión más. ¿O no? Anne Teresa seguro que le tiene mucho respeto y amor a Bartók, ¿cómo dudarlo?. Es un horror, me toca los cojones que Rosas utilice a Bartók de esta manera, con sus cien mil giros tirabuzones para avanzar en línea recta, pero tampoco me creo en el derecho de criticarlo mucho porque me parece que en este mundo tiene que haber de todo, aunque me moleste tanto reconocimiento y honores a lo que no concuerda con mi particular sentido estético y ético, como a todo hijo de vecino. Se me queda cara de tonto una vez más, me enfado, me tomo una cerveza, me pego una siesta, escribo un mega rollaco y lo publico un mi blog porque tanta represión no puede ser buena (aunque publicar lo que a uno le viene a la cabeza a menudo sólo trae que problemas, con los amigos y con los enemigos).
Pero no seamos malos y dejemos la última palabra a Anne Teresa (ver vídeo), si ella no hubiese creado esta pieza en los 80 yo me hubiese dedicado a leer a Henry Miller en el avión y no hubiese dedicado todo este tiempo a darle vueltas a la estética de Bartók y a todos estos temas tan cruciales para el devenir del planeta y la Humanidad entera. En el fondo te lo agradezco, Anne Teresa. A ti, a Rosas, a los músicos y a los señores con barba y mallas que te han programado en Budapest. Muchas gracias a todos y no me hagáis mucho caso, que iba borracho.
Nota: todos los enlaces y demás elementos multimedia han sido añadidos con posterioridad a la escritura original de esta entrada, escrita rigurosamente y a pelo en Word, salvo algunas trampas (no fui capaz de escribir correctamente el apellido de Anne Teresa, lo reconozco).
Cristina Blanco lleva su Ciencia-ficción a Tesalónica (Grecia) donde vive Pandelis Perakakis, un científico amigo suyo que ha colaborado en varias fases de este proyecto. Tuve el placer de asistir a este nuevo encuentro de los dos amigos en el espacio-tiempo, en el cual Blanco y Perakakis discutieron algunos detalles sobre la última versión de Ci-fi. Fue todo un gustazo escucharles y de paso inmortalizar ese momento.
El festivalEspacio 3 – imaginaria de Tesalónica es un festival muy curioso que lleva ya 4 ediciones. La gente que organiza el festival son griegos y españoles: músicos, antropólogos, artistas plásticos… La gente a la que programan también son de lo más ecléctico. Una serie de collages como este, por ejemplo, es lo que uno se encuentra nada más entrar en el destartalado edificio, antigua caserna militar, al final de una de las bahías de Tesalónica, donde se celebra el festival.
Esto es lo que se ve desde la ventana del último piso.
En cada piso hay varias salas con instalaciones de lo más diverso, donde también se realizan talleres y actuaciones. Este fin de semana Xavi Bobés daba uno. La semana pasada actuó con uno de sus primeros espectáculos. Mucho español por aquí. Ya digo que la relación de Tesalónica con España es muy antigua. Tesalónica fue la ciudad del mundo donde se reunió la mayor colonia de judíos sefarditas, los judíos expulsados por los reyes católicos. Según algunas fuentes llegaron a haber hasta 70.000, en Tesalónica se editaban libros en castellano hasta bien entrado el siglo XX. Después del paso de los nazis por aquí sólo quedaron unos 10.000 sefarditas en Tesalónica. Pero parece que con los Erasmus la relación Tesalónica-España renació hace más de 10 años. Muchos de los españoles que vinieron a Tesalónica se quedaron. Los griegos también fueron a España, aprendieron español y volvieron. Ahora algunos organizan este festival.
Para que os hagáis una idea de lo que se puede ver en él.
Pero lo más interesante para mí es cómo se mezcla todo sin pudor. En la misma sala donde hoy actuará Cristina Blanco, un par de horas después de un pase técnico, ayer por la noche actuaba un grupo de música cretense. Y después de un descanso, unos señores del público se arrancaron a bailar como podéis ver en este vídeo.
Eso no lo he visto yo en ningún festival de la península ibérica. Y no sé si es queriendo o a posta.
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Ayer domingo fui uno de los invitados a la comida que organizó de nuevo Sergi Fäustino en el local de La Porta. Es la segunda vez que voy a una de estas comidas «temáticas» del LP’11. La primera fue el domingo pasado, acompañando a Cristina Blanco, con la que colaboro en Ciencia-ficción, recién estrenada en Barcelona la noche antes en el CCCB. Pablo Caruana hizo una crónica sobre esa comida en su Blog sin hueso, para quien le interese. Ese día, aunque no era el tema propuesto por Sergi, la conversación acabó yéndose por los cerros de Úbeda, o sea, se fue hacia Internet y más concretamente hacia TEATRON, un proyecto en el que trabajo desde sus inicios. Aunque no era la intención de nadie, ese tema vampiro acabó acaparando el protagonismo de la comida convirtiéndose en el aperitivo de la comida de ayer, a la que me invitaron para hablar de (cito textualmente) el uso de internet en lo «nuestro» junto a Roger Adam, Sonia Gómez, Txalo Toloza, Aimar Pérez Galí (que llegó al café), El conde de Torrefiel (Pablo y Tanya), Cristina Blanco, Quim Pujol, además de los colaboradores del LP’11 que están en todas las comidas (con algunas variantes): Sergi Fäustino (cocinero), Pablo Caruana (gacetillero), Cecilia Vallejos (¿documentalista?) y Carmelo Salazar (codirector de La Porta). Esta vez no hubo paella ni receta de la madre de Sergi. Éramos muchos y comimos spaghettis y ensalada. No había segundo plato, que es el momento en el que se supone que aparece la conversación temática, porque la otra era muy animada, es decir, cada uno habló con sus vecinos de mesa de lo que le dio la real gana sin preocuparse aparentemente por el tema que nos había traído allí. Sinceramente, cada vez dudo más de la utilidad de estos encuentros para hablar, discutir y reflexionar sobre el tema que sea. Me parecen muy forzados. Me siento como si tuviese la obligación de ir, como si fuese a una comida de compromiso, de trabajo, o a un bautizo, lo que me apetece en realidad es irme con mi chica a nuestro rollo, a comernos una paella delante del mar, a hablar de algo que no tenga que ver con «lo nuestro» sino que sea «nuestro» de verdad. Me cansa tanta relación social y tanta presunta reflexión constante, cuando lo que detecto es que algunos de nosotros lo que tenemos es ganas de «vivir», ya nos pasamos el día trabajando en algo que nos apasiona (si tenemos suerte) y estamos cansados de que algunos workalcoholics que nos rodean y que, por otra parte, a menudo son nuestros amigos, a los que queremos, no tengan nunca suficiente y nos arrastren a su terreno, el de no vivir más que para «lo nuestro». Pero esto es un pequeño desarreglo que padezco yo y que sólo viene al caso para deciros que no tenía ningunas ganas de hablar de nada que tuviese relación con el tema propuesto y, sinceramente, creo que no era el único, porque nadie dijo ni mu sobre el tema en cuestión hasta el café. Pero no porque llegase el café sino porque, cuando llegó, Quim Pujol tomó la palabra y nos metió en cintura. Hemos venido aquí a hablar de un tema y no os vais a escapar tan fácilmente. Bueno, lógico. El caso es que Quim sí que tenía ganas de decirnos algo, vamos, que soltó ahí un speech de 10 minutos lleno de sustancia que imagino llevaba estancada en su interior el suficiente tiempo como para que la violencia de su liberación nos causase a todos cierta impresión. Bueno, hablo por mí. Habló de temas bien interesantes que le preocupan como, por ejemplo, el tema de la necesidad, utilidad y conveniencia de la documentación, el registro, el streaming, o la complacencia que detecta en lo que se publica en TEATRON cuando unos hablan de otros, de la exigencia que él defiende que deberíamos aplicarnos todos a la hora de publicar lo que sea, de cómo aprovechar mejor el medio, de cómo discutir sobre lo que sea sin que nadie se ofenda, sin llevarlo a un terreno personal. Espero no traicionar mucho sus palabras pero me da igual si lo hago porque hoy escribo esto porque he pensado en pedirle partido a Quim. Casi no hablé cuando comenzaron a sucederse las reacciones a lo que Quim dijo. La muestra de vídeo de Sobrenatural 4 tenía que comenzar a las 6 de la tarde y justo entonces nuestra conversación comenzaba a animarse. Yo ya he dicho que no tenía ganas de hablar, además creo que precisamente porque formo parte del equipo de TEATRON, prefiero escuchar primero, me parece que es mejor así, para no influir demasiado en el camino que pueda tomar la conversación, para que salga todo, que es algo que me parece más enriquecedor. Pero al final hablé porque si no lo hacía me parecía que estaba escurriendo el bulto. Hablé dos minutos y nos echaron de la sala porque debía comenzar el Sobrenatural. Hoy he pensado que estoy de acuerdo con Quim en una cosa: hay cierta complacencia en lo que publican los usuarios de TEATRON cuando hablan de otra gente. El propio Quim ha padecido lo que sucede cuando se es crítico con alguien (por poco que se sea) y ese alguien se lo lleva a lo personal. Yo soy partidario de que salga todo pero reconozco que prefiero hablar en positivo de lo que me interesa que no de lo que detesto, por decirlo a lo bruto. Pero creo que esto pasa porque no somos capaces aún de discutir sobre las ideas sin ofendernos y convertirlo en una batalla personal. Como yo sé que Quim sí es capaz y como creo que yo también soy capaz, como sé que a Quim le interesa mucho este tema y como a mí me pasa lo mismo, como Quim y yo somos lo suficientemente amigos y tenemos la suficiente confianza como para no temer por un conflicto personal entre nosotros, y como además creo que estamos en desacuerdo o al menos tenemos puntos de vista muy diferentes en este momento sobre algunas cuestiones que Quim puso sobre la mesa en la comida de ayer, por todo eso, quiero pedirle a Quim que publique en TEATRON lo que nos dijo ayer y me propongo contestarle desde aquí, para debatir sobre todo ese caldo de ideas que ayer nos trajo, de una manera constructiva pero sin eludir el conflicto, que lo hay. Espero que te apetezca hacerlo, Quim. Igual sirve para algo.