Quim Pujol

T E A T R O N

“The rehearsal” de Cuqui Jerez, 14/03/09, Mercat de les flors  

 

Calderón de la Barca

Aviso que si no habéis visto “The rehearsal” y créeis que podréis asistir a la pieza en el futuro es mejor que no sigáis leyendo. Mi pequeño análisis acabará con el factor sorpresa.

Esta obra empieza con Cristina en escena realizando unos movimientos que pertenecen al anterior “Real fiction” de Cuqui Jerez, aunque los objetos han padecido una metamorfosis al estilo de “The movie“. Pronto Amaia interviene para corregir algunos aspectos: estamos en un ensayo. Pero al cabo de nada María corta la acción para pulir ciertos elementos de las acciones de las otras dos actrices. Estamos en el ensayo de una pieza que simula un ensayo. No mucho más tarde Cuqui, desde las gradas, hace parar a las otras tres y les hace repetir las acciones. Se trata del ensayo de una pieza donde hay un ensayo dentro de otro ensayo. Más tarde, la última intérprete que hacía el papel de directora  (Cuqui) se cuestiona si estaba haciendo bien su papel hasta ahora. Hablamos ahora del ensayo dentro de otro ensayo dentro de otro ensayo dentro de otro ensayo. Ésta es para mí la primera parte de la pieza, donde aún podemos seguir bastante bien las capas de ficcionalidad.

Pero el juego no se detiene aquí. Aprovechando que algunas de ellas abandonan el escenario, se vuelven a erigir como directoras sucesivas del ensayo dentro del ensayo dentro del ensayo dentro del ensayo dentro del ensayo, etc, etc, etc. Llegan incluso a introducir personajes ficticios que interrumpirían el juego de los demás para seguir dirigiendo el ensayo. Es como poner un espejo frente a otro. Los niveles de ficcionalidad se vuelven infinitos.

Para mí, el “Real Fiction” de Cuqui Jerez (si léeis en francés aquí tenéis un interesante artículo de Catherine Kintzler al respecto) trataba en mayor medida del error que de este contraste entre realidad y ficción. Por eso “The rehearsal” quizás sea aún más “Real fiction” que la anterior, pero claro, no se puede repetir título.

Cuando los niveles de ficcionalidad se vuelven inextricables para el espectador, la atención sufre una primera caída. A pesar de que las variaciones sobre cada nueva escena abren una nueva expectativa (verificar hasta qué punto se siguen las indicaciones de la directora), todo es ensayo dentro de otro ensayo y el conjunto se vuelve un poco plano. La creadora lo sabe y palia esta circunstancia explotando situaciones que se dan realmente en los ensayos (el enfrentamiento, el pie que se pasa por alto, el ensayo de los aplausos) e introduciendo otras divertidas escenas kitsch que sirven de contrapunto para la densidad de la estructura central de la obra.

Naturalmente, al cabo de un rato esta estrategia llevada al límite desencadena un cierto desespero en el espectador, aunque se trata de algo diminuto si se compara con el desafío del anterior “Real fiction”. Es incluso una provocación muy tolerable porque, al igual que en “Real fiction”, sabes que es intencionada y sientes la maquiavélica, irónica y lúcida inteligencia de la creadora tras cada nuevo vuelco. Al final sólo puedes quitarte el sombrero y rendirte ante el cóctel de agudeza y osadía que propone Cuqui Jerez.

Además de la diversión que surge de la reiteración de escenas con matices diferentes, de las escenas kitsch y de la retorcida astucia del planteamiento general, “The rehearsal” tiene no pocas referencias en consonancia con el tema central de la pieza. Como por ejemplo, el musical que trata sobre el mundo del espectáculo, la cita de “Matrix” (si la memoria no me falla, presentes las dos en “Real fiction”), la canción de la “Historia interminable” reconvertida en la “Historia que nunca empieza” y el monólogo de “Soñé que estaba en un after en Ibiza”, tronchante actualización (intencionada o no) del famoso monólogo de “La vida es sueño” de Calderón de la Barca. Y es que la dificultad para diferenciar la realidad de la ficción es un tema muy antiguo, muy presente en el barroco y también en nuestra época, donde predomina un desconcierto parecido al que sintieron nuestros antepasados del siglo diecisiete.

Ya que hablamos de realidad y ficción, hay que destacar el impecable ejercicio actoral de las cuatro intérpretes, que conversan y se mueven con una naturalidad aplastante. Todo es mentira, pero todo parece verdad. Definitivamente, cada vez son más los creadores que optan por un estilo sencillo y directo que se aleja irremediablemente de las casposas declamaciones del teatro más institucional.

Esta pieza brillante que aúna alta cultura, cultura pop, inteligencia y diversión merecería un análisis más exhaustivo, pero de momento no dispongo de más de tiempo. Quizás más adelante. Así que me limitaré a desearle mucha suerte por el pequeño circuito de la escena contemporánea española y aún más éxito por Europa. Y es que la función de ayer fue como ver en directo a Nadia Comaneci en los juegos olímpicos de Montreal en 1976. Un diez en todo.

De nuevo invito a todo el mundo a expresar su propia opinión y rebatir, apoyar, contradecir o ampliar todo lo que afirmo con sus propios argumentos. ¡Muchas gracias!

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Written by Quim Pujol

Marzo 15th, 2009 at 10:11 pm