UNOS BUENOS CABRONES. Comentario de Pau de Nut sobre el espectáculo «La cultura» de Los Torreznos en el Antic Teatre

El sábado fui al Antic Teatre a ver la única función de «La Cultura» por Los Torreznos y salí muy contento. Hay esperanza.

Asistir a la muestra del catálogo de desporpósitos alrededor del hecho cultural, a la exposición de los lugares comunes, al desenmascaramiento de la petulancia, de la vacuidad que rodea el discurso hegemónico y dominante sobre la cultura, asistir a todo esto y mucho más, contado con mucho menos, decía, me da esperanza y renueva mi fe en el ser humano, bastante maltrecha en los últimos tiempos.

El principal combate que se sucede en el escenario de «La Cultura» es contra la complacencia, esa especie de ritual masturbatorio que es capaz de acabar con cualquier cuestionamiento, con cualquier pregunta y que se presenta a menudo tomando la forma ora de discurso oficial, ora de onanismo ególatra, ora de supremacía de clase.

La libertad ni se guarda, ni se consume, ni se vende. La libertad se ejerce y, como dejó escrito Leo Strauss en algún lugar, la democracia ha dado también la libertad a quienes pretenden mantener a los hombres vueltos hacia lo alto. Esa es la piedra fundacional del esnobismo: esa pretensión perpetua de mirar hacia lo alto. Establecer una maldita cultura elevada produce inmediatamente y por oposición elemental una cultura deprimida, un residuo. Lo elevado, exclusivo y edificante VS lo deprimido, gregario y denigrante.

Pues bien, con dos sillas y una mesa de caballetes, y durante tres asaltos y un prólogo, Los Torreznos se esforzarán hasta la extenuación para que entiendas que todo eso es mierda, que todo análisis queda derogado por el ejercicio de la libertad que tú y solamente tú puedes realizar. El resto será márketing, esa maldita estrategia que usan los cabrones malos para hacerte confundir el beneficio ético con la Distinción, esa basura discursiva que clasifica a los seres humanos entre cultos, merecedores de reverencia y honores, e ignorantes, acreedores de burla e ignominia social. Quien trabaja (o ha trabajado) en entornos cercanos a la gestión o creación cultural sabe bien de qué hablo. Sí.

Lo peor que puede pasar —y estoy seguro de que pasa— es que más de uno de los cabrones malos estará entre el público, riendo las gracias como un gilipollas sin pensar siquiera en la posibilidad de que los cabrones buenos de Los Torreznos estén hablando de él. Pero siempre queda la esperanza de que algun mediocre, después de ver «La Cultura», decida meterse las manos en los bolsillos en lugar de intentar convencernos de lo elevado de su pensamiento.

 

Pau de Nut 

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