el punto impropio

«Fiebre / que de rocío / humedece cada poro de la piel / hace ondular en el pecho / un campo de amapolas / y conjura el delirio / en pluscuamperfecto / ¿Ahora en qué modo?» Abdellatif Laâbi, Los frutos del cuerpo.

  Ante el error de cosificar el formalismo y el consecuente miedo del metodólogo, un poder más antiguo que el tiempo aguarda. Pertenece al momento del olvido, pues «conocer» significa nacer juntos, ser generado o regenerado por la cosa conocida.

Según Platón, «el fantasma surge cuando se quiebra la relación entre el sujeto y su imagen». Yo sólo he instalado en mi cuerpo técnicas abiertas que están afuera del paradigma de esta imagen del mundo que compartimos. Sin embargo, nunca notamos aquello que está a punto de cambiarnos: fantasmas hambrientos de todo cuanto ya no está. 

«Las entrañas siguen sumergidas en el tiempo.» María Zambrano

Me explico:

Grabó, talló, permutó, pesó y transformó. Rara, por tanto interesante. Está escrita sin vocales. Hay heridas que ayudan a saltar en el tiempo, como un modo de equilibrar desde la distancia. Definición al azar: «Formas dañinas y catárticas de reducir la tensión de afectos negativos y sentimientos diletantes, de resolver las dificultades interpersonales o fallas percibidas». Una solución intensa y radical al síntoma que, asumible o no por la subjetividad que la experimenta, produce variaciones en el condicionamiento que horadaba su propio destino. 

Mediocridad dorada: «la materia es parte de la mente; y la mente, de la materia».

«Los síntomas psíquicos perduran no sólo porque tienen un sentido oculto. Perduran porque tal sentido conlleva una satisfacción inconsciente, que se vive como displacer consciente, como sufrimiento. Se ha de acceder al núcleo de satisfacción que el síntoma encierra, una satisfacción paradójica.» apuntes psicoanalíticos

Una dialéctica del polvo. Que recolecta aguas grises como pensamientos sin forma. De los golpes ignotos, los afectos aleatorios, de la materia confusa y los afuera del tiempo: piezas que nunca llegan a encajar y que están ahí sin más. Hacen cuerpo.

Cada día los recuerdos nos la juegan: la mente en el laberinto y el cuerpo hace síntoma. Una performance en la carne. Técnicas -maestras- e inercias que se organizan en -y desde- la acción: pues, en realidad, los actos y los gestos nos definen; no los recuerdos, que son sombra e imagen.

Lo que sucede en el accidente no es sólo conmovedor o afectivo, sino que también simbólico: pues moviliza masa crítica y la elabora; decantando acción, técnica y discurso. Emerge el cuerpo.

El cuerpo como fragmento y performance. 

Con el fin de aminorar la tensión emocional del laberinto vivencial, el cerebro envía distintas órdenes a las partes del cuerpo que manifiestan las creencias y asociaciones semióticas de nuestro tiempo; enlazadas, con mucha probabilidad, como símbolo de un modo inconsciente; y, con las emociones que no han sido expresadas, en su acción contrariada, se organiza la respuesta sintomática. 

Transcorporalidad también va de encontrar una salida al síntoma que pueda resultar asumible: aprendizaje y cambio de las coordenadas conceptuales y afectivas, sin que ello destruya el complejo egoico.

Paracelso: «No hay venenos, hay dosis».

Un golpe, con potencia de cura, abrió el tiempo. El precio a pagar siempre es el mismo: asumir el plural adentro. Lo real y lo irreal -lo imaginario (a)simétrico- se funden en intensidades y reescriben la cognición.

Corazón e hígado en purga, tras verter sangre de carga densa y bilis negra en los propios ojos: metodología alterna en dosis precisa que, en su hibridación con la instrumentación clínica, conforma horizonte, arte y paciencia.

¿Cómo se tiene una potencia? No se puede tener una potencia, sólo se la puede habitar.

 

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