Supernaturel, Alix Eynaudi, Mercat de les flors, 24/2/2008

 

Dentro del Festival Complicitats, esta obra sintoniza con la preocupación contemporánea de por qué y cómo presentar el movimiento en un escenario. La estrategia que se adopta aquí consiste en escoger un tema que sirva de hilo conductor. En efecto, todo en esta pieza se desarrolla alrededor de lo «sobrenatural» que da el título a la obra.

La artista presenta la pieza mediante una voz en off y subrayando que «ella no está aquí». A continuación se nos presenta un escenario vacío que evolucionará mediante cambios en la iluminación. Una escena deliciosa a medio camino entre el poltergeist y una obra de James Turrell. Ella no está aquí y quedamos perplejos observando los cambios de luz, preguntándonos qué fuerza sobrenatural causa estos cambios lumínicos y por qué.

Luego surge la intérprete en medio de un flash de luz, como una aparición fantasmagórica. Al principio casi no se mueve, y sólo gira la cabeza en algunas ocasiones, fijando la mirada en un punto del escenario. Nuestra mirada se ve arrastrada junto a la suya y quedamos mirando el vacío. ¿Qué hay allí, que ella puede ver y nosotros no? El juego se sostiene lo suficiente para que resulte inquietante.

Poco a poco la intérprete empieza a danzar de una forma más convencional dentro de los códigos de la danza contemporánea y esta escena resulta un poco larga. Sin embargo, cuando ya íbamos a perder el interés, entendemos que Alix está bailando con alguien que no podemos vemos ver y una fuerte e invisible presencia invade de nuevo el escenario.

La intérprete se marcha y entre las cortinas del fondo surge un chorro de humo con una pulcra iluminación blanca. El humo toma el escenario lentamente y cambia de forma ante nuestros ojos de manera pausada. Una curva hacia la derecha, una pequeña nube abombada, volutas que surgen, crecen, se estiran y se desvanecen ante nuestros ojos con un efecto hipnótico. No se trata de un recurso original y resulta algo efectista, pero remite a los códigos de las películas de terror y coincide plenamente con la idea de lo sobrenatural. Por eso no está de más y, sin lugar a dudas, resulta bellísimo.

Antes de que el humo se desvanezca por completo vuelve la voz en off del principio del espectáculo.  Esta voz que surge de la nada nos interpela y realiza fáciles adivinaciones que remiten a nuestra experiencia como espectadores. Por ejemplo, «hay alguien en este teatro a quien conoces» o bien «hay alguien en este teatro con quien no te apetece hablar», o aún «no te sientes cómodo en la silla». La sugestión es progresiva y consigue que el público se sienta interpelado a título indvidual. Se juega mucho con la evocación de percepciones físicas, así que la presencia invisible se materializa de nuevo. Luego siguen una serie de posibilidades como «el espectador detrás de ti podría golpearte», lo cual hace que te plantees por un segundo que te van a golpear por detrás o que podrías atacar al espectador de delante. Nunca pasó tan poco y, sin embargo, en las mentes de los espectadores pasan multitud de cosas.

Una de las sugestiones es «te sientes incómodo porque voy a llamar a alguien al escenario» y al cabo de un rato algunos espectadores cómplices se levantan lentamente y entran en el escenario, atravesando la luz blanca entre las cortinas, adentrándose en el más allá. La pieza ha terminado.

La estructura es algo tosca ya que se tratan de pocas escenas de larga duración y que no están muy bien imbricadas las unas con las otras, pero el conjunto es un gran acierto. En primer lugar hay momentos de una gran plasticidad (la iluminación de la primera escena, el humo)y por otro lado el todo está ligado con coherencia alrededor de una sola idea (lo sobrenatural). Además, al apoderarse de referentes de las películas de terror esta obra adquiere un tono pop muy placentero. También resulta interesante su categoría como pieza, en un terreno de nadie entre la danza, las artes plásticas y el teatro de objetos (la protagonista a penas pasa 15 minutos en escena).

Pero la mejor cualidad de esta obra nada pretenciosa es su posición a medio camino entre lo hermético y lo obvio, es decir, un planteamiento de lo más sugerente donde se requiere una posición activa por parte del espectador para reconstruir lo que ocurre y embarcarse en un continuo juego de posibilidades.  Inteligente, socarrona e inquietante: un auténtico disfrute.

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Una Respuesta a Supernaturel, Alix Eynaudi, Mercat de les flors, 24/2/2008

  1. Rubén dijo:

    Leyéndote dan ganas de ir a verla.

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